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Documento de la Reunión pre-sinodal para la preparación de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (Roma, 19-24 marzo 2018), 24.03.2018

«LOS JÓVENES, LA FE Y EL DISCERNIMIENTO VOCACIONAL»

ROMA, 19-24 DE MARZO 2018

 

INTRODUCCIÓN

El joven de hoy se encuentra con una gran cantidad de desafíos y oportunidades internos y externos, muchos de ellos son específicos de su ambiente, mientras otros son compartidos en todo el mundo. A la luz de esto, es necesario que la Iglesia reflexione sobre su concepción de los jóvenes y el modo de interactuar con ellos, para ser una guía que sea efectiva, relevante y portadora de vida.

Este documento es una síntesis donde expresamos algunos de nuestros pensamientos y experiencias. Es importante destacar que estas son las reflexiones de jóvenes del siglo XXI, de religiones y ambientes culturales diversos. Con esto en mente, la Iglesia debería ver estas reflexiones, no como un análisis empírico de un tiempo pasado, sino como una expresión de dónde estamos ahora, hacia dónde vamos, y como un indicador de lo que ella tiene que hacer para avanzar.

Para iniciar, es importante clarificar los parámetros de este documento. No se trata de componer un tratado teológico, ni de establecer una nueva enseñanza de la Iglesia. Más bien, es una reflexión sobre realidades específicas, personalidades, creencias, y experiencias de jóvenes de todo el mundo. Este documento está destinado a los Padres Sinodales, como una orientación que les ayude a comprender mejor a los jóvenes: una hoja de ruta para el Sínodo de los Obispos sobre “Jóvenes, Fe y Discernimiento vocacional” de octubre de 2018. Es importante que estas experiencias sean vistas y entendidas de acuerdo a los distintos contextos en que los jóvenes se encuentran.

Estas reflexiones surgen de la reunión de más de 300 jóvenes representantes de todo el mundo, convocados en Roma del 19-25 de marzo de 2018, en la Reunión Pre-Sinodal de Jóvenes.

Este documento es un resumen de los aportes de todos los participantes, basado en el trabajo de 20 grupos lingüísticos y en la participación de 15,000 jóvenes conectados online a través de grupos de Facebook. Este documento es una de las fuentes, entre otras, que conformarán el Instrumentum Laboris, que contribuirá al trabajo del Sínodo de Obispos de 2018. Esperamos que la Iglesia y otras instituciones puedan aprender de este proceso Pre-Sinodal y escuchar la voz de los jóvenes.

Una vez aclarado lo anterior, podemos avanzar para explorar con apertura y fe dónde se encuentra el joven hoy, dónde el joven se ve en relación con otros, y cómo nosotros como Iglesia podemos acompañarlos de la mejor forma hacia una comprensión más profunda de ellos mismos y de su lugar en el mundo.

 

PARTE I

DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES DE LOS JÓVENES EN EL MUNDO ACTUAL

 

1. La formación de la personalidad

Los jóvenes buscan el sentido de su vida en comunidades que los apoyen, los inspiren, que sean auténticas y abiertas: comunidades que les empoderen. Reconocemos varios lugares que nos ayudan al desarrollo de nuestra personalidad, principalmente la familia. En muchas partes del mundo, el rol de los adultos y la reverencia por los antepasados, son factores que contribuyen a la formación de la identidad. Sin embargo, esto no es universal, ya que el modelo tradicional de familia está en crisis en algunas partes y esto hace sufrir a los jóvenes. Algunos dejan atrás sus tradiciones familiares esperando ser más originales de aquello que consideran como “estancado en el pasado” y “pasado de moda”. Por otro lado, en algunas partes del mundo, los jóvenes buscan su propia identidad permaneciendo enraizados en sus tradiciones familiares y luchando por permanecer fieles a la forma en que fueron criados.

La Iglesia necesita, por tanto, apoyar más a las familias y su formación. Esto es particularmente relevante en algunos países donde no hay libertad de expresión, y donde se les impide participar en la Iglesia, teniendo que ser formados en la fe por sus padres en el hogar.

El sentido de pertenencia es un factor significativo a la hora de formar la propia identidad. Muchos experimentan que la exclusión social es un factor que contribuye a la pérdida de autoestima y de identidad. En el Medio Oriente, muchos jóvenes se sienten obligados a convertirse a otras religiones para ser aceptados por sus pares y el ambiente de una cultura dominante. Las comunidades de inmigrantes en Europa también sienten esto agudamente, pues la presión social los empuja a dejar su propia identidad cultural y asimilar la cultura dominante. Ésta es un área en la cual la Iglesia debe ser ejemplo y proveer espacio de sanación para nuestras familias; al afrontar estas situaciones, la Iglesia demuestra que hay lugar para todos.

Vale la pena destacar que la identidad del joven también se forma por nuestras relaciones externas y pertenencia a grupos específicos, asociaciones y movimientos activos también fuera de la Iglesia. A veces, las parroquias ya no son lugares de conexión. Reconocemos el rol de educadores y amigos, por ejemplo, líderes de grupos juveniles que pueden llegar a ser para nosotros buenos ejemplos. Necesitamos encontrar modelos atractivos, coherentes y auténticos. Necesitamos explicaciones racionales y críticas para los asuntos complejos. Las respuestas simples no nos satisfacen.

Actualmente, algunos consideran la religión un asunto privado. A veces, sentimos que lo sagrado resulta lejano de nuestra vida cotidiana. La Iglesia suele aparecer como demasiado severa y excesivamente moralista. En otras ocasiones, en la Iglesia, es difícil superar la lógica del “siempre se ha hecho así”. Necesitamos una Iglesia acogedora y misericordiosa, que aprecie sus raíces y patrimonio, y que ame a todos, incluso a aquellos que no siguen los estándares. Muchos de los que buscan una vida pacífica acaban entregándose a filosofías o experiencias alternativas.

Otros lugares clave de pertenencia son grupos como las redes sociales, los amigos y compañeros, como también nuestro ambiente social y cotidiano. Estos son lugares en los que muchos de nosotros pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. A menudo, nuestras escuelas no nos enseñan a desarrollar nuestro pensamiento crítico.

Momentos cruciales para el desarrollo de nuestra identidad son: decidir qué vamos estudiar, elegir nuestra profesión, decidir nuestras creencias, descubrir nuestra sexualidad, y asumir compromisos decisivos para nuestras vidas.

También nuestras experiencias con la Iglesia pueden modelar y afectar la formación de nuestra identidad y personalidad. Los jóvenes están profundamente involucrados e interesados  por temas como la sexualidad, las adicciones, los matrimonios fracasados, las familias rotas; como también por otros temas de mayor alcance social como el crimen organizado, el tráfico humano, la violencia, la corrupción, la explotación, el feminicidio, las diversas formas de persecución y la degradación del medio ambiente. Todo esto es una preocupación grave para comunidades vulnerables en todo el mundo. Tenemos miedo porque en muchos de nuestros países existe una inestabilidad social, política y económica.

Al afrontar estos retos, necesitamos inclusión, acogida, misericordia y ternura de parte de la Iglesia como institución y como comunidad de fe.

 

2. La relación con otras personas

Los jóvenes están tratando de encontrar el sentido a un mundo muy complicado y diverso. Tenemos acceso a nuevas posibilidades para superar las diferencias y divisiones en el mundo, pero esto se está llevando a cabo en varios niveles, dependiendo de las realidades. Muchos jóvenes están acostumbrados a ver en la diversidad una riqueza, y encuentran una oportunidad en el mundo plural. La multiculturalidad tiene el potencial para facilitar un ambiente que propicie el diálogo y la tolerancia. Valoramos la diversidad de ideas en nuestro mundo globalizado, el respeto por el pensamiento ajeno y la libertad de expresión. Aun así, queremos mantener nuestra identidad cultural y evitar la uniformidad y la cultura del descarte. No debemos temer nuestra diversidad, sino celebrar nuestras diferencias y lo que nos hace únicos. A veces, nos sentimos excluidos por ser cristianos en un ambiente adverso a la religión. Somos conscientes de que tenemos que encontrarnos con nosotros mismos y con los otros para generar lazos profundos.

En algunos países, la fe cristiana es minoría, mientras que otra religión es la dominante. Los países con raíces cristianas tienen actualmente la tendencia de rechazar gradualmente la Iglesia y la religión. Algunos jóvenes están tratando de buscar el sentido de la fe en una sociedad cada vez más secular, donde la libertad de conciencia y la religión están siendo atacadas. El racismo, a diferentes niveles, afecta a los jóvenes en las diversas partes del mundo. Incluso aquí hay una oportunidad para la Iglesia de proponer otro “camino” para que los jóvenes vivan su vida, aunque esto se debe realizar a menudo en un marco social complicado.

De este modo, a veces es difícil para los jóvenes escuchar siquiera el mensaje del Evangelio. Esto se acentúa en aquellos lugares donde las tensiones sociales pueden llegar a ser muy comunes, a pesar de un aprecio general por la diversidad. Se necesita una particular atención hacia nuestros hermanos y hermanas cristianos perseguidos en todo el mundo. Recordamos nuestras raíces cristianas en la sangre de los mártires y, mientras rezamos para que termine todo tipo de persecución, estamos agradecidos por su testimonio de fe al mundo. Además de eso, aún no existe un consenso unánime sobre la cuestión de la acogida de migrantes y refugiados, ni sobre las causas de este fenómeno. Este desacuerdo se da a pesar del reconocimiento de la llamada universal a cuidar de la dignidad de cada persona.

En un mundo globalizado e interreligioso, la Iglesia necesita, no sólo ser un modelo, sino también trabajar sobre las directrices teológicas ya existentes, para un diálogo pacífico y constructivo con personas de otras creencias y tradiciones.

 

3. Los jóvenes y el futuro

Los jóvenes sueñan con seguridad, estabilidad y plenitud. Muchos esperan una vida mejor para sus familias. En muchos lugares del mundo, esto significa buscar seguridad física; para otros, esto se relaciona más específicamente con encontrar un buen trabajo o un cierto estilo de vida. Un sueño común en todos los continentes y océanos es el deseo de encontrar un lugar al cual el joven pueda sentir que pertenece.

Vislumbramos mejores oportunidades de una sociedad que es coherente y que confía en nosotros. Buscamos ser escuchados y no meros espectadores en la sociedad sino participantes activos. Buscamos una Iglesia que nos ayude a encontrar nuestra vocación en todos sus sentidos. Tristemente, no todos nosotros creemos que la santidad sea algo alcanzable ni un camino a la felicidad. Necesitamos revitalizar el sentido de comunidad que nos conduzca a un sentido de pertenencia.

Algunas situaciones concretas hacen difícil nuestra vida. Muchos jóvenes han experimentado grandes traumas de diversas formas. Muchos sufren todavía el peso de enfermedades físicas y mentales. La Iglesia necesita apoyarnos más y proveer vías que ayuden a nuestra salud. En algunas partes del mundo, la única forma de asegurarse un futuro es recibiendo una educación superior o trabajando excesivamente. A pesar de que esto es un estándar comúnmente compartido, no es siempre posible, debido a varias circunstancias en las que los jóvenes se encuentran. Esta idea es una noción predominante que ha afectado nuestra concepción del trabajo. No obstante esta realidad, los jóvenes desean afirmar la dignidad inherente al trabajo. A veces, terminamos abandonando nuestros sueños. Tenemos demasiado miedo, y algunos de nosotros hemos dejado de soñar. Esto se ve en muchas presiones socio-económicas que pueden robar el sentido de esperanza de los jóvenes. En ocasiones, ni siquiera tenemos las oportunidades para seguir soñando.

Por esta razón, los jóvenes buscan comprometerse y afrontar la problemática de la justicia social en nuestro tiempo. Buscamos la oportunidad de trabajar para construir un mundo mejor. En este sentido, la Doctrina Social de la Iglesia es una herramienta particularmente informativa para los jóvenes católicos, quienes también quieren seguir esta vocación. Queremos un mundo de paz, que armonice una ecología integral con una economía global sustentable. Los jóvenes que viven en regiones inestables y vulnerables, desean y esperan acciones concretas de parte de sus gobiernos y de la sociedad: poner fin a la guerra y la corrupción; afrontar el cambio climático, la desigualdad social y la inseguridad. Lo que es importante destacar es que más allá del contexto, todos comparten el mismo deseo innato por altos ideales: paz, amor, confianza, equidad, libertad y justicia.

Los jóvenes sueñan con una vida mejor, pero muchos se ven forzados a emigrar para encontrar una mejor situación económica y ambiental. Buscan paz y son especialmente atraídos hacia el “mito occidental”, como lo presentan los medios de comunicación. Los jóvenes africanos sueñan con una Iglesia local autónoma, que no requiera de la ayuda que los lleve a la dependencia, sino una que sea capaz de dar vida a sus comunidades. A pesar de las muchas guerras y las intermitentes propagaciones de violencia, los jóvenes mantienen la esperanza. En muchos países occidentales, sus sueños están centrados en el desarrollo personal y la auto-realización.

En muchos lugares existe una gran brecha entre los deseos de los jóvenes y su capacidad de tomar decisiones a largo plazo.

 

4. La relación con la tecnología

Cuando nos referimos a la tecnología hay que entender la dualidad que conlleva su uso. Aunque los avances tecnológicos modernos han mejorado bastante nuestras vidas, tenemos que ser prudentes en su uso. Como en todas las cosas, su uso desconsiderado puede traer consecuencias negativas. Mientras que para unos, la tecnología ha mejorado sus relaciones, para otros se ha convertido en una forma de adicción, sustituyendo la relación humana e incluso a Dios. Ante todo, la tecnología es ahora una parte permanente de la vida de los jóvenes y tiene que ser entendida como tal. Paradójicamente, en algunos países, la tecnología, y en particular el internet, son accesible mientras que se carece de las necesidades y servicios más básicos.

El impacto de las redes sociales en la vida de los jóvenes no puede ser subestimada. Las redes sociales son una parte significativa de la identidad y del estilo de vida de los jóvenes. Los ambientes digitales tienen un gran potencial para unir personas distantes geográficamente como nunca antes. El intercambio de información, ideales, valores, e intereses comunes actualmente es más posible. El acceso a herramientas de aprendizaje online ha abierto oportunidades educativas para jóvenes en zonas remotas y ha traído el mundo del conocimiento al alcance de un clic.

La ambigüedad de la tecnología, sin embargo, se hace evidente cuando lleva a ciertos vicios. Este peligro se manifiesta por medio del aislamiento, la pereza, la desolación y el aburrimiento. Es evidente que los jóvenes del mundo están consumiendo obsesivamente productos virtuales. A pesar de vivir en un mundo híper-conectado, la comunicación entre jóvenes permanece limitada a aquellos que son similares entre sí. Hay una falta de espacios y oportunidades para el encuentro de las diferencias. La cultura de los medios de comunicación sigue influyendo mucho en la vida e ideales de los jóvenes. La llegada de las redes sociales ha traído nuevos desafíos dado el grado de poder que las compañías de estos nuevos medios ejercen sobre la vida de los jóvenes.

A menudo, los jóvenes tienden a separar su comportamiento online y offline. Es necesario ofrecer a los jóvenes formación sobre cómo vivir su vida digital. Las relaciones online pueden volverse inhumanas. Los espacios digitales nos ciegan a la vulnerabilidad del otro y obstaculizan la reflexión personal. Problemas como la pornografía distorsionan la percepción que el joven tiene de la sexualidad humana. La tecnología usada de esta forma, crea una realidad paralela ilusoria que ignora la dignidad humana.

Otros riesgos incluyen: la pérdida de la identidad causada por una falsa comprensión de la persona, una construcción virtual de la personalidad, y la pérdida de una presencia social concreta. Además, riesgos a largo plazo incluyen: la pérdida de la memoria, de la cultura y de la creatividad ante el acceso inmediato a la información, y una pérdida de concentración causado por la fragmentación. También, existe una cultura y dictadura de las apariencias.

La temática de la tecnología no se limita al internet. En el campo de la bioética, la tecnología pone nuevos desafíos y riesgos para la vida humana en todas sus etapas. La llegada de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías, como la robótica y la automatización, conllevan riesgos para las oportunidades de empleo para las clases trabajadoras. La tecnología puede ser dañina para la dignidad humana si no es usada conscientemente y con cuidado y si la dignidad humana no está en centro de su interés.

Ofrecemos dos propuestas concretas en lo que respecta a la tecnología. En primer lugar, al involucrar a los jóvenes en un diálogo, la Iglesia debe profundizar en su comprensión de la tecnología para asistirnos en el discernimiento sobre su uso. Además, la Iglesia debería ver la tecnología –particularmente el internet—como un lugar fecundo para la Nueva Evangelización. Los resultados de esas reflexiones deberían ser formalizados en un documento oficial de la Iglesia. En segundo lugar, la Iglesia debería expresarse sobre la crisis extendida de la pornografía, que incluye el abuso online de niños, como también el ciber-bullying, y el daño que esto causa en nuestra humanidad.

 

5. La búsqueda del sentido de la existencia

Muchos jóvenes, al ser preguntados sobre cuál es el sentido de su vida, no saben qué responder. No siempre hacen la conexión entre vida y trascendencia. Muchos jóvenes, habiendo perdido la confianza en las instituciones, se han desvinculado de la religión institucionalizada y no se ven a sí mismos como “religiosos”. Sin embargo, los jóvenes están abiertos a lo espiritual.

Muchos también se lamentan por lo poco que los jóvenes buscan respuestas al sentido de la vida en el contexto de la fe y la Iglesia. En muchos lugares del mundo, los jóvenes vinculan el sentido de sus vidas a su trabajo y al éxito personal. La dificultad de encontrar estabilidad en estas áreas produce inseguridad y ansiedad. Muchos tienen que emigrar para encontrar un buen lugar para trabajar. Otros, dada la inestabilidad económica, abandonan familia y cultura.

Finalmente, otros notan que mientras los jóvenes se cuestionan sobre el sentido de la vida, esto no quiere decir que estén preparados para comprometerse decisivamente con Jesús o con la Iglesia. Actualmente, la religión ya no es vista como el principal medio a través del cual el joven busca sentido, y a menudo se dirigen hacia otras corrientes e ideologías modernas. Los escándalos atribuidos a la Iglesia –tanto reales como percibidos—afectan la confianza de los jóvenes en ella y en las instituciones tradicionales que representa.

La Iglesia puede jugar un rol vital asegurando que estos jóvenes no sean marginados, sino que se sientan aceptados. Esto sucede cuando buscamos promover la dignidad de la mujer, tanto en la Iglesia como en la sociedad. Hoy en día, existe un problema general en la sociedad en la cual la mujer aún no tiene un lugar equitativo. Esto también es cierto en la Iglesia. Existen grandes ejemplos de mujeres que sirven en comunidades religiosas y como laicas, en puestos de liderazgo. No obstante, para algunas mujeres jóvenes, estos ejemplos no son siempre visibles. Una pregunta clave surge de estas reflexiones: ¿Cuáles son los lugares en los que la mujer puede florecer en la Iglesia y en la sociedad? La Iglesia puede abordar estos problemas con discusiones concretas y apertura de mente a diferentes ideas y experiencias.

Suele haber bastante desacuerdo entre los jóvenes, tanto dentro como fuera de la Iglesia, sobre algunas de sus enseñanzas que hoy en día son especialmente polémicas. Ejemplos de éstas son la contracepción, el aborto, la homosexualidad, el concubinato, el matrimonio y cómo el sacerdocio es percibido en diferentes realidades en la Iglesia. Es importante hacer notar que, independientemente del nivel de compresión que se tenga sobre la enseñanza de la Iglesia, sigue habiendo desacuerdo y discusión entre los jóvenes acerca de éstos temas polémicos. Como resultado, muchos jóvenes quisieran que la Iglesia cambie su enseñanza o, al menos, desearían tener acceso a una mejor explicación y formación en estas cuestiones. Aunque existe un debate interno, los jóvenes católicos, cuyas convicciones están en conflicto con la enseñanza oficial de la Iglesia, siguen deseando ser parte de la Iglesia. Muchos jóvenes católicos aceptan estas enseñanzas y encuentran en ellas una fuente de alegría, y desean que la Iglesia no sólo se aferre a ellas en medio de la impopularidad, sino que también las proclame y enseñe con mayor profundidad.

En todo el mundo la relación con lo sagrado es complicada. El cristianismo se suele ver como algo que pertenece al pasado, y su valor o relevancia para nuestras vidas ya no es comprendido. Mientras tanto, en ciertas comunidades, se le da prioridad a lo sagrado, ya que la vida cotidiana se estructura en torno a la religión. En algunos contextos asiáticos, el sentido de la vida puede ser asociado con filosofías orientales.

Finalmente,  muchos de nosotros tenemos un gran deseo de conocer a Jesús, pero muchas veces nos cuesta darnos cuenta de que sólo Él es la fuente del verdadero descubrimiento de uno mismo, ya que es en la relación con Él que la persona humana llega finalmente a descubrirse a sí misma. Por ello, recalcamos que los jóvenes quieren testigos auténticos, hombres y mujeres que expresen con pasión su fe y su relación con Jesús, y al mismo tiempo que animen a otros a acercase, encontrarse y enamorarse de Él.

 

PARTE II

FE Y VOCACIÓN, DISCERNIMIENTO Y ACOMPAÑAMIENTO

 

Es a la vez una alegría y una sagrada responsabilidad acompañar a los jóvenes en su camino de fe y discernimiento. Los jóvenes son más receptivos a una narrativa de la vida que a un discurso teológico abstracto; son conscientes y receptivos y también están comprometidos en estar activamente involucrados en el mundo y en la Iglesia. Con este fin, es importante comprender cómo los jóvenes perciben su vocación, y sus desafíos frente al discernimiento.

 

6. Los jóvenes y Jesús

La relación de los jóvenes con Jesús es tan variada como el número de jóvenes en este mundo. Existen muchos jóvenes que conocen y tienen una relación personal con Jesús como su Salvador y el Hijo de Dios. Además, muchos jóvenes se sienten cercanos a Jesús a través de la relación con su Madre, María. Otros puede que no tengan una relación de este tipo con Jesús, pero lo ven como un líder moral y un buen hombre. Muchos jóvenes perciben a Jesús como una figura histórica de un cierto tiempo y cultura, que no es relevante para sus vidas. Todavía, otros lo perciben distante de la experiencia humana, para quienes es una distancia perpetuada por la Iglesia. Las falsas imágenes de Jesús que algunos jóvenes tienen, les lleva a no sentirse atraídos por Él. Ideales erróneos de modelos cristianos aparecen inalcanzables para personas comunes, así como los preceptos establecidos por la Iglesia. Por lo tanto, para algunos, el cristianismo es percibido cono un estándar inalcanzable.

Una forma de superar la confusión que los jóvenes tienen con respecto a quién es Jesús, implica regresar a las Escrituras para comprenderlo más profundamente en su vida y en su humanidad. Los jóvenes necesitan encontrarse con la misión de Cristo, no con lo que pueden percibir como una expectativa moral imposible. No obstante, se sienten inseguros sobre cómo hacerlo. Este encuentro necesita ser fomentado en los jóvenes y abordado por la Iglesia.

 

7. La fe y la Iglesia

Para muchos jóvenes, la fe se ha convertido en un asunto privado en vez de comunitario, y las experiencias negativas que algunos jóvenes han tenido con la Iglesia han contribuido a eso. Existen muchos jóvenes que se relacionan con Dios sólo a un nivel personal, aquellos que son “espirituales pero no religiosos”, o están enfocados sólo en una relación con Jesús. Para algunos jóvenes, la Iglesia ha desarrollado una cultura que se enfoca fuertemente en la relación institucional entre sus miembros, y no con la persona de Cristo. Otros jóvenes ven a los líderes religiosos desconectados y más centrados en la administración que en la construcción de la comunidad, y todavía algunos ven irrelevante a la Iglesia. Podría parecer que la Iglesia olvida que son las personas quienes conforman la Iglesia, y no el edificio. Otros jóvenes experimentan una Iglesia muy cercana a ellos, en lugares como África, Asia y América Latina, así como en diferentes movimientos globales; inclusive algunos jóvenes quienes no viven el Evangelio se sienten conectados a la Iglesia. Este sentido de pertenencia y familia sostiene a estos jóvenes en su camino. Sin el apoyo y la pertenencia a la comunidad como punto de referencia, los jóvenes se pueden sentir aislados frente a los desafíos. Existen muchos jóvenes que no sienten la necesidad de formar parte de la comunidad eclesial y quienes encuentran sentido a su vida fuera de la misma.

Desafortunadamente, existe un fenómeno en algunas áreas del mundo en las cuales un gran número de jóvenes está dejando la Iglesia. Es crucial comprender el por qué para ir hacia adelante. Los jóvenes desconectados o que se han alejado, lo hacen porque han experimentado la indiferencia, o se han sentido juzgados y rechazados. Se puede asistir, participar e irse de la Misa sin experimentar un sentido de comunidad o familia como Cuerpo de Cristo. Los cristianos profesan un Dios vivo, pero algunos asisten a Misas, o pertenecen a comunidades, que parecen muertas. Los jóvenes son atraídos por la alegría que debería ser el sello distintivo de nuestra fe. Los jóvenes expresan el deseo de ver una Iglesia que sea testimonio viviente de lo que enseña, que sea testigo auténtico en el camino hacia la santidad, lo que incluye el reconocer los errores y el pedir perdón por ellos. Los jóvenes desean líderes en la Iglesia –sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos—que sean un ejemplo evidente de esto. El saber que los modelos de fe son auténticos y vulnerables, permite que los jóvenes, a su vez, puedan serlo con libertad. Con esto, no se quiere destruir la sacralidad ministerial, sino que los jóvenes puedan verse inspirados por ellos en el camino hacia la santidad.

En muchas ocasiones, los jóvenes tienen dificultad para encontrar un espacio en la Iglesia en el que puedan participar y ser protagonistas. Los jóvenes, a partir de sus experiencias, perciben una Iglesia que los considera demasiado jóvenes e inexpertos para liderar o tomar decisiones, ya que se piensa que sólo cometen errores. Hay una necesidad de confiar en que los jóvenes pueden ser protagonistas de su propio camino espiritual. Esto no se refiere sólo a imitar a sus mayores, sino de asumir verdaderamente la responsabilidad de su propia misión y de vivirla seriamente. Los movimientos y las nuevas comunidades en la Iglesia han desarrollado vías enriquecedoras, no sólo para evangelizar a los jóvenes sino también para empoderarles, para que sean los primeros embajadores de la fe hacia sus pares.

Otra percepción común que muchos jóvenes poseen es la poca claridad del rol de la mujer en la Iglesia. Es difícil para los jóvenes tener un sentido de pertenencia y liderazgo dentro de la misma, y esto se da sobre todo en las jóvenes. Para este fin, sería provechoso para todos los jóvenes si la Iglesia no solamente aclarara el rol de la mujer, sino que a su vez ayudara a explorarlo y entenderlo con mayor claridad.

 

8. El sentido vocacional de la vida

 

Existe la necesidad de una comprensión sencilla y clara sobre la vocación, subrayando el sentido de la llamada y la misión, del deseo y la aspiración, lo cual lo hace un concepto más asequible para los jóvenes en esta etapa de su vida. La “vocación” ha sido presentada algunas veces como un concepto abstracto, percibido por muchos como algo inalcanzable. Los jóvenes comprenden el sentido general de darle significado a la vida, y el de existir por una razón, pero muchos no saben cómo comprender la vocación como un don y llamada de Dios.

El término “vocación” se ha convertido en sinónimo de sacerdocio y de vida religiosa en la cultura de la Iglesia. Si bien estas son llamadas sagradas que deben ser celebradas, es importante para los jóvenes saber que su vocación es intrínseca a su propia vida, y que cada persona tiene la responsabilidad de discernir aquello que Dios le llama a ser y a hacer. Existe una plenitud en cada vocación que debe ser subrayada, con el fin de abrir el corazón de los jóvenes a sus posibilidades.

Los jóvenes de varias creencias ven la vocación como algo que abarca la vida, el amor, las aspiraciones, su lugar y contribución en el mundo, y la manera de dejar una huella. El término vocación no es muy claro para muchos jóvenes, de ahí que sea necesario una mayor comprensión de la vocación cristiana (sacerdocio, vida religiosa, laicado, matrimonio y familia, rol en la sociedad, etc.) y el llamado universal a la santidad.

 

9. El discernimiento vocacional

Descubrir la propia vocación es un desafío, especialmente a la luz de las distintas interpretaciones de este término. Sin embargo, los jóvenes desean asumir este desafío. El discernimiento de la propia vocación puede convertirse en toda una aventura durante el viaje de la vida. Dicho esto, muchos jóvenes no saben cómo emprender procesos de discernimiento; ésta es una gran oportunidad para que la Iglesia les acompañe.

Muchos factores influyen en la habilidad de los jóvenes para discernir su vocación, entre los cuales se encuentran: la Iglesia, las diferencias culturales, las exigencias del trabajo, el mundo digital, las expectativas de la propia familia, la salud y el bienestar mental, el ruido, la presión de sus compañeros, los escenarios políticos, la sociedad, la tecnología, etc. Muy pocos jóvenes aprovechan las oportunidades que el silencio, la introspección, la oración, la lectura de las Escrituras, y el mayor conocimiento de uno mismo, pueden ofrecerles. Existe la necesidad de una mejor introducción en estas prácticas. Involucrase en grupos de fe, en movimientos y en comunidades con intereses comunes, también pueden ayudar a los jóvenes en su discernimiento.

Reconocemos particularmente los desafíos singulares que las mujeres jóvenes tienen que afrontar para poder discernir su vocación y su lugar en la Iglesia. Así como el “sí” de María a la llamada de Dios es fundamental para la experiencia cristiana, hoy en día, las mujeres jóvenes necesitan ese espacio para poder decir “sí” a su vocación. Por ello, animamos a la Iglesia para que puedan profundizar en su comprensión del rol de la mujer y valorizar las mujeres jóvenes, laicas y consagradas, con el mismo espíritu de amor que la Iglesia tiene por María, la Madre de Jesús.

 

10. Los jóvenes y el acompañamiento

 

Los jóvenes están buscando a hombres y mujeres fieles que les guíen en su caminar y que expresen la verdad, dejando al joven la capacidad de articular la comprensión de su fe y de su vocación. Dichas personas no tienen que ser ejemplos a imitar, sino testimonios vivos, que evangelicen con su propia vida. Son muchos los que pueden cumplir estas expectativas; rostros familiares que están en sus hogares, colegas en la comunidad local, o mártires que dan testimonio de su fe a través de la entrega de su vida.

Las cualidades de dicho mentor incluyen: que sea un auténtico cristiano comprometido con la Iglesia y con el mundo; que busque constantemente la santidad; que comprenda sin juzgar; que sepa escuchar activamente las necesidades de los jóvenes y pueda responderles con gentileza; que sea muy bondadoso, y consciente de sí mismo; que reconozca sus límites y que conozca la alegría y el sufrimiento que todo camino espiritual conlleva.

Una característica especialmente importante en un mentor, es el reconocimiento de su propia humanidad. Que son seres humanos que cometen errores: personas imperfectas, que se reconocen pecadores perdonados. Algunas veces, los mentores son puestos sobre un pedestal, y por ello cuando caen provocan un impacto devastador en la capacidad de los jóvenes para involucrarse en la Iglesia.

Los mentores no deberían llevar a los jóvenes a ser seguidores pasivos, sino más bien a caminar a su lado, dejándoles ser los protagonistas de su propio camino. Deben de respetar la libertad que el joven tiene en su proceso de discernimiento y ofrecerles herramientas para que lo hagan bien. Un mentor debe confiar sinceramente en la capacidad que tiene cada joven de poder participar en la vida de la Iglesia. Por ello, un mentor debe simplemente plantar la semilla de la fe en los jóvenes, sin querer ver inmediatamente los frutos del trabajo del Espíritu Santo. Este papel no debería de ser exclusivo de los sacerdotes y de la vida consagrada, sino que los laicos deberían poder igualmente ejercerlo. Por último, todos estos mentores deberían beneficiarse de una buena formación permanente.

 

PARTE III

LA ACCIÓN EDUCATIVA Y PASTORAL DE LA IGLESIA

 

11. El comportamiento de la Iglesia

Los jóvenes de hoy anhelan una Iglesia que sea auténtica. Queremos expresar, especialmente a la jerarquía de la Iglesia, que debe ser una comunidad transparente, acogedora, honesta, atractiva, comunicativa, asequible, alegre e interactiva.

Una Iglesia creíble es aquella que no tiene miedo de mostrase vulnerable. La Iglesia debe ser sincera en admitir sus errores presentes y pasados, que sea una Iglesia conformada por personas capaces de equivocaciones y de incomprensiones. La Iglesia debe condenar acciones como los abusos sexuales y los malos manejos de poder y dinero. La Iglesia debería continuar a fortalecer su posición de no-tolerancia hacia los abusos sexuales dentro de sus instituciones; y su humildad sin duda aumentará su credibilidad frente al mundo juvenil. Si la Iglesia actúa de esta manera, entonces se diferenciará de otras instituciones y autoridades de las cuales los jóvenes, en su mayoría, ya desconfían.

Aún más, la Iglesia atrae la atención de los jóvenes al estar enraizada en Jesucristo. Cristo es la Verdad que hace a la Iglesia diferente de cualquier otro grupo mundano con el que nos podemos identificar. Por lo tanto, pedimos a la Iglesia de continuar proclamando la alegría del evangelio bajo la guía del Espíritu Santo.

Deseamos que la Iglesia difunda este su mensaje a través de medios modernos de comunicación y expresión. Los jóvenes tienen muchas preguntas acerca de la fe, pero desean respuestas que no sean diluidas o con de fórmulas pre-fabricadas. Nosotros, la Iglesia joven, pedimos a nuestros líderes que hablen con una terminología concreta acerca de temas incómodos como la homosexualidad y cuestiones de género, sobre las cuales ya los jóvenes discuten libremente sin tabú. Algunos perciben una Iglesia como anticientífica, por esto su diálogo con la comunidad científica también es importante, ya que la ciencia puede iluminar la belleza de la creación. En este contexto, la Iglesia también debería preocuparse por cuestiones ambientales, especialmente la contaminación. También deseamos ver una Iglesia que es empática y en salida hacia quienes están en las periferias, los perseguidos y los pobres. Una Iglesia atractiva es una Iglesia relacional.

 

12. Jóvenes protagonistas

La Iglesia debe involucrar a los jóvenes en sus procesos de toma de decisiones y ofrecerles mayores roles de liderazgo. Estas posiciones deben darse en todos los niveles: parroquias, diócesis, a nivel nacional e internacional, inclusive una comisión ante el Vaticano. Sentimos con grande pasión que estamos preparados para ser protagonistas, que podemos crecer y dejarnos enseñar por los miembros de la Iglesia que son mayores que nosotros, por religiosos, religiosas, hombre y mujeres laicos. Necesitamos programas de liderazgo juvenil para la formación y continuo desarrollo de jóvenes líderes. Algunas mujeres jóvenes sienten que hacen falta mayores ejemplos de liderazgo femenino dentro de la Iglesia y desean contribuir con sus dones intelectuales y profesionales a la Iglesia. También creemos que los seminaristas, los religiosos y las religiosas deberían tener una mayor capacidad para acompañar a los jóvenes líderes.

Más allá de la toma de decisiones institucional, queremos ser una presencia alegre, entusiasta y misionera dentro de la Iglesia. También expresamos nuestro fuerte deseo de ser una voz prominente y creativa. Esta creatividad a menudo se encuentra en la música, la liturgia y las artes, pero, de momento, este es un potencial sin explorar, estando este aspecto creativo de la Iglesia dominado por sus miembros más antiguos.

También existe el deseo de comunidades sólidas en las que los jóvenes puedan compartir sus dificultades y testimonio entre ellos. En muchos lugares, esto ya está sucediendo a través de iniciativas de laicos, movimientos y asociaciones, pero los jóvenes desean ser más apoyados oficial y financieramente.

La Iglesia joven también mira hacia afuera; los jóvenes tienen una pasión por la política, la vida civil y las actividades humanitarias. Como católicos quieren actuar en la esfera pública para mejorar toda la sociedad. En todos estos aspectos de la vida de la Iglesia los jóvenes desean ser acompañados y tomados en cuenta como miembros plenamente responsables de la misma.

 

13. Lugares a privilegiar

 

Quisiéramos que la Iglesia salga a nuestro encuentro en aquellos lugares donde actualmente su presencia es poca o nula. Sobre todo, el lugar en el que queremos ser encontrados por la Iglesia es en la calle, donde todas las personas se encuentran. La Iglesia debería buscar nuevas y creativas formas de salir al encuentro de las personas ahí donde se sienten cómodas y donde naturalmente socializan: en los bares, cafeterías, parques, gimnasios, estadios y en todos los centros culturales y populares. También se deben tener en cuenta aquellos espacios menos accesibles como son el mundo militar, el mundo laboral y rural. Además de estos ambientes, necesitamos la luz de la fe en lugares más difíciles como los orfanatos, hospitales, barrios marginados, regiones destruidas por la guerra, cárceles, centros de rehabilitación y barrios en zonas rojas.

Mientras la Iglesia ya nos encuentra a muchos de nosotros en las escuelas y universidades en todo el mundo, quisiéramos ver una presencia más fuerte y efectiva en esos lugares. Los recursos no se desperdician cuando se invierten en estas áreas, ya que en ellas es donde el joven emplea el mayor tiempo y donde además comparte con personas de variados contextos socioeconómicos. Muchos de nosotros ya somos fieles miembros de nuestras comunidades parroquiales o miembros de varias instituciones, asociaciones u organizaciones dentro de la Iglesia. Es imperativo que aquellos que ya están comprometidos estén apoyados por la comunidad eclesial, de tal modo que se vean fortalecidos e inspirados para evangelizar el mundo externo.

Además de los muchos lugares físicos en los que puede ser encontrado el joven, la Iglesia debe tomar en consideración el mundo digital. Queremos ver una Iglesia a la que se pueda acceder a través de las redes sociales y de otros espacios digitales, para ofrecer información sobre la Iglesia y su enseñanza de manera más fácil y efectiva. Esto contribuirá a la formación del joven. En síntesis, la Iglesia debe salir a nuestro encuentro ahí donde estamos –intelectual, emocional, espiritual, social y físicamente.

 

14. Iniciativas a reforzar

Anhelamos experiencias a través de las cuales podamos profundizar nuestra relación con Jesús en el mundo real. Las iniciativas exitosas son aquellas que nos ofrecen una experiencia de Dios. Por lo tanto, respondemos a iniciativas que nos ofrecen una comprensión de los sacramentos, la oración y la liturgia, con el fin de poder compartir y defender nuestra fe en un mundo secular. Los sacramentos son de gran valor para nosotros, que tenemos el deseo de desarrollar un sentido más profundo de lo que significan ellos para nuestras vidas. Esto vale en la preparación al matrimonio, en el sacramento de la Reconciliación, la preparación para el bautismo de los niños, entre otros. A causa de una falta de claridad y de una presentación poco atractiva de aquello que verdaderamente ofrecen los sacramentos, algunos de nosotros los recibimos pero sin valorizarlos adecuadamente.

Algunas iniciativas que consideramos fecundas son: eventos como la Jornada Mundial de la Juventud; cursos y programas que ofrecen respuestas y formación, especialmente para aquellos que se inician en la fe; pastoral de frontera, catecismos juveniles; retiros durante los fines de semana y ejercicios espirituales; eventos carismáticos, coros y grupos de alabanza, peregrinaciones; ligas de deporte católicas; grupos juveniles parroquiales y diocesanos; grupos para estudiar la Biblia; grupos universitarios católicos; “apps” sobre la fe; y la inmensa variedad de movimientos y asociaciones dentro de la Iglesia.

Nosotros respondemos a eventos bien organizados a gran escala, aunque también consideramos que no todos los eventos tienen que ser de esa magnitud. Pequeños grupos locales donde podemos expresar nuestras preguntas y compartir en fraterna comunión, también son indispensables para mantener nuestra fe. Estos eventos más pequeños en varios contextos sociales pueden ayudar a hacer de puente entre los grandes eventos eclesiales y aquellos parroquiales. El encontrarnos de esta manera es especialmente importante para aquellos jóvenes que viven en países donde los cristianos son menos aceptados.

Los aspectos sociales y espirituales de las iniciativas de la Iglesia pueden ser complementarios entre sí. También existe un gran deseo de salir al encuentro y evangelizar a las personas que sufren de enfermedades y adicciones, estando al mismo tiempo en diálogo con distintos contextos religiosos, culturales y socioeconómicos. La Iglesia debería fortalecer iniciativas que combatan el tráfico humano y la migración forzosa, así como el narcotráfico, lo cual es especialmente importante en América Latina.

 

15. Los instrumentos a utilizar

La Iglesia debe adoptar un lenguaje que asuma las costumbres y las culturas de los jóvenes, de modo tal que todos tengan la oportunidad de escuchar el mensaje del Evangelio. Sin embargo, a nosotros nos entusiasman las diferentes expresiones de la Iglesia. Algunos de nosotros experimentamos una atracción por “el fuego” de los movimientos contemporáneos carismáticos, que ponen en el centro al Espíritu Santo; otros nos dejamos guiar por el silencio, la meditación y las liturgias tradicionales y reverenciales. Todo esto es positivo en la medida en que nos ayudan a orar de distintas formas. Fuera de la Iglesia, muchos jóvenes viven una gozosa espiritualidad, pero la Iglesia podría también incluirlos con los instrumentos adecuados.

· Multimedia – El internet ofrece a la Iglesia una oportunidad evangélica sin precedentes, especialmente con las redes sociales y los videos online. Nacidos en la cultura digital, nosotros, como jóvenes podemos ser guías en este camino. El mundo digital es un gran espacio para encontrar y conectarse con gente de otras religiones y también con no creyentes. Los constantes videos del Papa son un buen ejemplo de la potencialidad del internet para evangelizar.

· Experiencias anuales – Los años de servicios dentro de los movimientos y las obras de caridad dan a los jóvenes una experiencia de misión y un espacio para el discernimiento. Esto también ofrece a la Iglesia la oportunidad de encontrar personas no creyentes y de otras confesiones religiosas de todo el mundo.

· El Arte y la Belleza – la belleza es reconocida universalmente y la Iglesia tiene una historia de compromiso y evangelización a través del arte, como por ejemplo: la música, el arte visual, la arquitectura, diseño, etc. Los jóvenes responden con facilidad y disfrutan siendo creativos y expresivos.

· Adoración, meditación y contemplación – También apreciamos el contraste del silencio que, desde siempre, la Iglesia ofrece a través de la Adoración Eucarística y de la oración contemplativa. Ello ofrece un espacio lejos del constante ruido de la comunicación moderna y es ahí donde podemos encontrar a Jesús. Es en el silencio donde podemos escuchar la voz de Dios y discernir su voluntad para nosotros. Muchos, fuera de la Iglesia, aprecian la meditación y esta rica cultura de la Iglesia puede ser un puente para aquellos que no siendo personas de fe, se reconocen espirituales. Esto puede parecer alternativo a la cultura actual, pero resulta eficaz.

· Testimonio – Las historias personales en la Iglesia son caminos efectivos de evangelización en cuanto son experiencias personales verdaderas que no pueden ser discutidas. Los testigos cristianos modernos, así como la persecución de los cristianos en Medio Oriente, constituyen testimonios particularmente fuertes de la plenitud de la vida en la Iglesia. Las vidas de los santos siguen siendo hoy relevantes para nosotros como caminos de santidad y plenitud.

· El proceso sinodal – Nos ha sorprendido gratamente ser tomados en cuenta por la jerarquía de la Iglesia, y sentimos que este diálogo entre la Iglesia joven y antigua es un proceso vital y fecundo de escucha. ¡Sería una pena si este diálogo no tuviera la posibilidad de continuar y crecer! Esta cultura de la apertura es extremamente saludable para nosotros.

Al comienzo de este encuentro pre-sinodal y en el espíritu del diálogo, el Papa Francisco citó en su conversación con nosotros este versículo de la Biblia: “Yo derramaré mi Espíritu sobre cualquier mortal. Tus hijos y tus hijas profetizarán, los ancianos tendrán sueños y los jóvenes verán visiones.” Joel 3,1.