Publicamos a continuación el texto del videomensaje que el Santo Padre León XIV envía a los participantes del 16.º Simposio Nacional de las Familias, promovido por la Comisión de Vida y Familia de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), que se celebra hoy en Aparecida, Brasil:
Videomensaje del Santo Padre
Con gran alegría dirijo este mensaje a todos los participantes en este Simposio Nacional, organizado por la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil en la Casa de la Madre de Aparecida, un lugar especial para todos los brasileños y también para los católicos de todo el mundo. Me siento profundamente en sintonía con ustedes y con la labor que están realizando juntos, con la oración y la reflexión de cada uno, sobre un tema de tan gran importancia: la familia.
La Iglesia enseña que la familia es la «primera y esencial célula de la sociedad» (Pío XII, Summi pontificatus, n. 47) y, por ello, debe ser protegida y promovida. Llamada a anunciar el amor de Dios en el mundo de hoy, la singular comunidad de personas formada por un hombre y una mujer —tan unidos en el amor que llegan a ser «una sola carne» (Gn 2, 24)— comprende plenamente su identidad solo cuando mira al Señor Jesús y al sacrificio que Él hizo de sí mismo en la cruz por su Esposa, la Iglesia (cf. Ef 5, 21-33; san Juan Pablo II, Familiaris consortio, n.º 13). Es en Cristo donde aprendemos a ver en el otro la imagen de Dios, amando al prójimo como Él nos ha amado (cf. Jn 13, 34).
Sin embargo, es necesario mirar a las familias con realismo y compasión, conscientes de las innumerables dificultades que las afligen, es decir, de sus fragilidades, crisis, angustias y tantas otras situaciones de sufrimiento. Todo ello exige de la Iglesia y de los agentes pastorales un enfoque misericordioso y un discernimiento prudente y maduro (cf. Francisco, Amoris laetitia, cap. VIII).
Por lo tanto, prestemos atención al ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret. Las pequeñas y fundamentales virtudes del hogar en el que Jesús nació y creció, aprendiendo de San José y de la Virgen María, deben servir de inspiración y modelo para todas nuestras familias y ser fuente donde se busque la verdadera paz. De hecho, como señaló Benedicto XVI, la familia desempeña una misión primordial e insustituible como «educadora para la paz» (Mensaje para la XLI Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2008, n.º 3).
En vista de ello, queridos hermanos y hermanas, como prenda de los más abundantes dones celestiales y por intercesión de Nuestra Señora de Aparecida, Reina y Patrona de Brasil, les envío mi bendición a los obispos, a los participantes en este Simposio y a todas las familias.
¡Que Dios los bendiga!