Alrededor de las 13:10 horas, el papa León XIV llegó en automóvil a la Casa de acogida de las Pequeñas Hermanas de los Pobres en Annaba, Argelia.
A su llegada, el Santo Padre fue recibido por la Superiora de la Comunidad. En la sala de reuniones, donde se encuentran reunidas las aproximadamente 40 personas atendidas, las hermanas de la Congregación de las Hermanitas de los Pobres y los trabajadores del centro, tras el saludo de la Superiora, los testimonios del Arzobispo emérito de Argel, S.E. Monseñor Paul Desfarges, y de un residente argelino musulmán, el Papa dirigió su saludo a los presentes, seguido del intercambio de obsequios y de un canto. Al término, el Santo Padre saludó individualmente a los ancianos residentes del centro y, a continuación, se dirigió a pie, aproximadamente a las 13:30 horas, a la Casa de la Comunidad Agustina, donde se reunió con los miembros de la Orden y almorzó con ellos.
Publicamos a continuación el saludo que el Papa León XIV dirigió a los presentes durante su visita a la Casa de acogida para personas mayores de las Hermanitas de los Pobres:
Saludo del Santo Padre
Excelencias,
queridas religiosas,
queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! As-salamu alaykum!
Les agradezco por recibirme en esta casa. Estoy contento porque Dios habita aquí, porque donde hay amor y servicio, allí está Dios.
Agradezco a las Hermanitas de los Pobres y al personal de esta residencia. Gracias, Madre Filomena, por la bienvenida que me ha brindado.
Gracias, Monseñor Desfarges, por sus palabras, por sus conmovedoras palabras. Escuchándolo y viendo su presencia aquí en medio de los hermanos y hermanas ancianos, surge espontáneamente la alabanza y el agradecimiento a Dios. Como hizo Jesús aquel día, en el que, estremecido de gozo por el Espíritu Santo, dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido» (Lc 10,21).
Agradezco al señor Salah Bouchemel su testimonio, tan hermoso y consolador. Pienso que el Señor, desde el cielo, viendo una casa como esta, donde se busca vivir juntos en fraternidad, puede pensar: ¡pues hay esperanza! Sí, porque el corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, las injusticias y las mentiras. Pero el corazón de nuestro Padre no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios; el corazón de Dios está con los pequeños, con los humildes, y con ellos lleva adelante su Reino de amor y de paz, cada día. Como tratan de hacerlo ustedes aquí en el servicio cotidiano, en su amistad y en la vida comunitaria.
¡Gracias, queridas hermanas y queridos hermanos, por este encuentro! Los tengo presentes en mi oración y de corazón les doy mi bendición.