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Audiencia a los niños de diferentes partes del mundo con ocasión del evento “Los niños encuentran al Papa. Aprendamos de los niños y de las niñas” , 06.11.2023

Esta tarde en al Aula Pablo VI, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a los niños de 84 países del mundo con ocasión del evento patrocinado por el Dicasterio para la Cultura y la Educación “Los niños encuentran al Papa” con el lema: Aprendamos de los niños y niñas.

A su llegada al Aula el Papa fue recibido por los cantos y por el saludo de cinco niños representantes de los 5 continentes procedentes de Siria, Ucrania, Benín, Guatemala y Australia. Después el Santo Padre pronunció Su discurso y respondió improvisando a las preguntas que les formularon 14 niños de distintas nacionalidades.

Publicamos a continuación el texto del discurso que el Papa Francisco dirigió a los presentes durante el encuentro:

Discurso del Santo Padre

¡Queridos niños y niñas, buenos días y bienvenidos todos! ¡Bienvenidos!

Gracias de corazón a todos vosotros por haber venido, a vuestros acompañantes y a los organizadores de este encuentro: el cardenal José Tolentino y al Dicasterio para la Cultura y la Educación, al Padre Enzo Fortunato – un buen napolitano –, a vuestras familias y a todas las personas y asociaciones que han contribuido – a Aldo, que ha trabajo mucho, y a todos aquellos que están aquí. ¡Gracias a todos!

El tema de nuestro encuentro es “Aprendemos de los niños y de las niñas”. ¿Pero qué podemos aprender de vosotros? ¿Podemos aprender algo? ¿Qué pensáis? ¿Se puede aprender o no se puede aprender de vosotros? [responden gritando] No oigo… [gritan: “¡sí!”] ¡Es así! Y hay necesidad de aprender de vosotros. Yo siempre estoy feliz cuando os encuentro, porque me enseñáis cada vez algo nuevo. Por ejemplo, ¡me recordáis qué hermosa es la vida en su sencillez, y me enseñáis también qué hermoso es estar juntos! Son dos grandes dones de Dios: estar juntos y con sencillez.

Y nosotros queremos decir al mundo, y entonces digámoslo juntos, ahora, y vosotros repetidlo conmigo: “¡La vida un don!” Todos juntos: [repiten]. No se oye bien… [repiten más fuerte] Es así: la vida es un don, un don muy hermoso y nosotros somos hermanos, todos. ¿Nosotros somos enemigos? [responde: “¡No!”] No oigo… ¿Somos enemigos? [gritan más fuerte: “¡No!”] ¿Somos hermanos? [responden: “¡Sí!”] Muy bien, muy bien. Habéis respondido bien. Y de hecho habéis venido aquí desde todo el mundo, precisamente como muchos hermanos que se encuentran en una casa grande. Es la casa grande que nos ha donado Jesús: la Iglesia es la casa de la familia, y el Señor nos recibe siempre con un abrazo, con una caricia.

Yo quisiera acoger a todos vosotros así, uno por uno, pero sois muchos, y entonces a todos juntos os digo, niños y niñas, que vosotros sois algo maravilloso, vuestra edad es maravillosa y os digo que vayáis adelante. Y vosotros estáis precisamente en la Iglesia. Pensemos en los niños que en este momento están sufriendo – no lo olvidemos – por los desastres climáticos, por el hambre, por la guerra y por la pobreza. Vosotros sabéis que hay gente mala que hace el mal, que hace la guerra, destruye… vosotros, ¿queréis hacer el mal? [responden: “¡No!”] ¿Vosotros queréis ayudar? [responden: “¡Sí!”] Me gusta esto, me gusta.

Queridos niños, vuestra presencia aquí es un signo que llega directo al corazón de todos nosotros adultos, y nosotros, las personas grandes, debemos mirar vuestra espontaneidad y escuchar vuestro mensaje,

vosotros habéis preparado alguna pregunta: para no ser aburrido con el discurso, escuchamos las preguntas y qué me habéis preparado.

Y muchas gracias, gracias, queridos niños. Y recordad: la vida es un don estupendo. ¿Lo decimos juntos? La vida es un don estupendo.

Otra vez: la vida es un don estupendo. Dios nos ama mucho, y es hermoso estar juntos, comunicar, compartir y donar. Hacedlo siempre así, la Virgen os ayudará. Os lo pido: ¡rezad siempre a la Virgen! ¿Vosotros rezáis a la Virgen? [responden: “¡Sí!”] ¿Vosotros rezáis a la Virgen? [responden más fuerte: “¡Sí!”] Así es, siempre, no lo dejéis. Y rezad también por mí.

Gracias.