CARTA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
CON MOTIVO 325.° ANIVERSARIO
DE LA FUNDACIÓN
DE LA ACADEMIA ECLESIÁSTICA PONTIFICIA
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A la comunidad de la Academia Eclesiástica Pontificia
Con motivo del 325.º aniversario de su fundación, junto con ustedes, doy gracias al Señor por la larga y fructífera historia de esta meritoria institución al servicio del Sucesor de Pedro.
En 1701, por voluntad del papa Clemente XI, se inició una misión de gran mérito, cuyo espíritu han conservado y cuyo crecimiento han guiado muchos de mis predecesores, acompañando su desarrollo a la luz de las necesidades que la Iglesia y la diplomacia han manifestado a lo largo de los siglos. En años más recientes, el papa Francisco, con la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium, confirmó la ubicación de la Academia dentro de la estructura de la Secretaría de Estado, poniéndola en conexión con la Sección para el Personal de la Carrera Diplomática de la Santa Sede; posteriormente, con el Quirógrafo El Ministerio Petrino, del 25 de marzo de 2025, la calificó como centro avanzado de alta formación académica e investigación en Ciencias Diplomáticas, como instrumento directo de la acción diplomática de la Santa Sede.
Estas últimas reformas manifiestan el propósito de ofrecer un plan de estudios que, con una sólida base científica, sea capaz de integrar competencias jurídicas, históricas, políticas, económicas y lingüísticas y conjugarlas con las dotes humanas y sacerdotales de los jóvenes presbíteros. Agradezco a los Superiores y a los alumnos de la Academia Eclesiástica Pontificia el camino de comunión y renovación emprendido con espíritu de fe y disponibilidad, acogiendo los cambios sin olvidar las raíces.
Espero que esta feliz ocasión suscite en ustedes un renovado compromiso de perseverar en el camino formativo, recordando que el servicio diplomático no es una profesión, sino una vocación pastoral: es el arte evangélico del encuentro, que busca caminos de reconciliación allí donde los seres humanos levantan muros y desconfianzas. Nuestra diplomacia, de hecho, nace del Evangelio: no es táctica, sino caridad pensante; no busca vencedores ni vencidos, no levanta barreras, sino que recompone vínculos auténticos.
Para edificar esta comunión, cada palabra pronunciada debe ir precedida de la escucha: la escucha de Dios y la escucha de los pequeños, de aquellos cuya voz a menudo no se oye. Los diplomáticos del Papa están llamados a ser puentes: puentes invisibles para sostener, puentes firmes cuando los acontecimientos parecen difíciles de contener y puentes de esperanza cuando el bien vacila.
Imitando a san Antonio Abad, su patrón, que supo transformar el silencio del desierto en un diálogo fecundo con Dios, sean sacerdotes de profunda espiritualidad, para sacar de la oración la fuerza del encuentro con los demás. Y mientras la mirada se abre a la misión que les espera, encomiendo a cada uno de ustedes a María, Madre de la Iglesia, para que vele por ustedes y los haga dóciles a la voluntad de Dios en el servicio a la sede de Pedro.
Con estos deseos, imparto de corazón la bendición apostólica a ustedes y a todos los que participan en esta significativa celebración.
Desde el Vaticano, 21 de noviembre de 2025
LEÓN PP. XIV
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 17 de enero de 2026
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