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Audiencia a las delegadas del Capítulo General electivo de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret, 26.10.2026

Esta mañana, en el Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre León XIV ha recibido en audiencia a las delegadas del Capítulo General electivo de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret.

Publicamos a continuación el saludo que el Papa ha dirigido a las presentes durante el encuentro:

Saludo

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. La paz esté con ustedes.

¡Queridas hermanas, bienvenidas!

Las recibo con gran alegría en este momento importante para su Congregación. Saludo a la Superiora general electa, la felicito y la encomiendo al Señor, junto con las hermanas encargadas de aconsejarla y asistirla en su servicio.

El Capítulo General de una familia religiosa es siempre un ámbito privilegiado de la acción del Espíritu Santo para el bien del Pueblo de Dios. Durante los días de gracia que han vivido, en actitud de docilidad a sus inspiraciones, han ejercido el discernimiento comunitario, que ya de por sí constituye una experiencia edificante. Los frutos de su escucha —de Dios y entre ustedes— son el don más hermoso que hoy me traen: como una cesta de primicias que, juntos, queremos ofrecer al Señor.

Santa Juana Antida Thouret había comprendido muy bien la importancia de este «dar juntos» en la Iglesia, manifestando, a lo largo de toda su vida, un gran amor y respeto por el Sucesor de Pedro, incluso a costa de afrontar dolorosas incomprensiones y renuncias por el bien y la unidad de las personas que le habían sido confiadas.

Queridas hermanas, es muy hermoso el tema que han elegido para sus trabajos: «En Cristo, las raíces; en el mundo, la misión». Este describe adecuadamente la esencia de su consagración y de su apostolado. Tener las raíces en Cristo significa, en efecto, siguiendo el ejemplo de Santa Juana Antida, ponerlo solo a Él en el centro de la propia existencia y de los propios pensamientos, habituándose a percibir y celebrar su presencia en cada instante, con la confianza de que, unidos estrechamente a Él, estaremos cada vez más cerca también unos de otros y seremos más capaces de ayudar a los demás según sus designios.

A este respecto, quisiera destacar otro aspecto importante de la herencia carismática que su santa fundadora les ha dejado: prestar atención al bien integral del prójimo, tanto espiritual como temporal. Lo recuerdo porque, en una sociedad como la nuestra, que tiende a fragmentar al ser humano, dividiendo a las personas no solo entre sí, sino también, y de manera más grave, dentro de sí mismas, esta dimensión de la caridad es fundamental para la recuperación, la promoción y el respeto auténtico de la dignidad de cada uno, especialmente de los más pobres y necesitados (cf. Francisco, exhort. ap. Evangelii gaudium, 186). Atesórenla, cultívenla y difúndanla.

Queridísimas hermanas, en este año bicentenario del nacimiento al Cielo de la Santa Madre Thouret, es motivo de consuelo constatar cuánto ha bendecido y acompañado el Señor su camino a lo largo del tiempo. Así lo testimonian la riqueza y la variedad de su expansión apostólica, presente hoy en treinta y dos países, en los que mantienen vivo el «carisma de la Caridad» gracias a la labor de religiosas, laicos, jóvenes, voluntarios y colaboradores de todas las edades y procedencias.

Continúen generosamente su labor: es valiosa a los ojos de Dios y de la Iglesia. ¡Gracias por lo que hacen! Encomendándolas a la intercesión de la Virgen María y de Santa Juana Antida, las bendigo de corazón. Gracias.