Esta mañana, en el Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre León XIV recibió en audiencia a una delegación de la organización deportiva "Special Olympics".
Publicamos a continuación el saludo que el Papa dirigió a los presentes durante el encuentro:
Saludo del Santo Padre
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
¡La paz esté con ustedes!
Buenos días a todos.
Me alegra mucho encontrarme con ustedes esta mañana y compartir, en este momento, la alegría de los eventos deportivos que han vivido. Como saben, a mí también me encanta el deporte, y estoy convencido de su gran valor formativo, porque educa a la persona en valores nobles y auténticos; además, ofrece la posibilidad de dar testimonio de estos valores tanto en la actividad competitiva como en la recreativa, y ante todo en la experiencia de los atletas.
Practicar deporte significa comprometerse con seriedad y esfuerzo, y luego compartir los frutos de la propia perseverancia con lealtad, confianza, apertura, espíritu de equipo y valentía. Ustedes hacen todo esto y muestran su belleza de una manera verdaderamente especial, tanto a quienes participan y asisten a las competencias como a quienes los conocen y se encuentran con ustedes.
El Papa Francisco, precisamente al recibir a un grupo de atletas de Special Olympics, dijo que «el deporte es uno de esos lenguajes universales que supera las diferencias culturales, sociales, religiosas y físicas, y logra unir a las personas, haciéndolas parte del mismo juego y protagonistas juntos de victorias y derrotas» (13 de octubre de 2017), y les confió de manera especial este testimonio.
Hoy yo también lo hago, porque nuestro mundo necesita tanto de personas que, como ustedes, recuerden a todos cuáles son los verdaderos valores de la vida; de hombres y mujeres que muestren con el ejemplo cómo el camino del compartir y del amor es el único que realmente conduce a la felicidad y a la paz.
Por eso les agradezco su presencia, la alegría genuina que traen, el mensaje positivo que encarnan, y los aliento —atletas, entrenadores, responsables, asistentes, colaboradores— a continuar con entusiasmo su labor.
Queridísimos, los encomiendo a la intercesión de María y de San Piergiorgio Frassati, un joven deportista como ustedes que, enamorado de Jesús, junto con muchos amigos, supo traducir los valores del deporte en una vida buena y generosa, en una vida santa. De todo corazón los bendigo, y con ustedes a sus familias y a todas las personas que les son queridas. ¡Gracias!