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Videomensaje del Santo Padre con motivo de la XII Asamblea Plenaria de la «Federación de Conferencias Episcopales de Asia» (FABC), 25.07.2026

Publicamos a continuación el texto del videomensaje que el Santo Padre León XIV envió a los obispos y a los miembros de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia, con motivo de la Asamblea Plenaria que se celebra del 20 al 26 de julio de 2026 en Yakarta, Indonesia:

Videomensaje

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Les dirijo un cordial saludo a todos ustedes que participan en la Asamblea Plenaria de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia en Yakarta. Al reunirse para debatir los importantes temas que atañen a la vida y el futuro de la Iglesia católica en Asia, les aseguro mi cercanía espiritual y rezo para que el Espíritu Santo inspire y guíe su tiempo juntos.

El tema elegido para su Asamblea Plenaria se inspira en las palabras de Jesús dirigidas a Natanael: «¡Verás cosas más grandes todavía!» (Jn 1, 50). Al llamar a Felipe y a Natanael a seguirlo y a convertirse en sus discípulos, el Señor se refiere a sí mismo como el único mediador entre Dios y la humanidad (cf. Jn 1, 51) .

Como sus discípulos hoy, sabemos que Jesús no es solo la fuente de nuestra comunión con Dios, sino también de nuestra comunión entre nosotros. De hecho, en la Carta Encíclica Magnifica humanitas, publicada recientemente, escribí que la solidaridad cristiana tiene su fuente en el misterio de Cristo y nace de nuestra comunión en los sacramentos, en particular en la Eucaristía (cf. n. 88). Por esta razón, deseo animarlos a seguir promoviendo una espiritualidad eucarística en sus Iglesias locales, es decir, una espiritualidad de unidad eclesial basada en la caridad que brota del don del Señor en la Eucaristía. Espero, por lo tanto, que los lazos de comunión dentro de las Iglesias locales y entre ellas se fortalezcan y se conviertan en un signo cada vez más grande de la presencia de Dios en sus distintos países, ayudándoles así a ser juntos constructores de puentes en toda Asia.

Queridos amigos, al encomendar a todos ustedes y a sus deliberaciones a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, invoco de todo corazón sobre ustedes los dones de sabiduría y fortaleza del Señor.

Y que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca siempre con ustedes.

Amén.