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Saludo del Santo Padre al término del Concierto organizado en su honor en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo por la Diócesis de Albano, 19.07.2026

Publicamos a continuación las palabras de saludo que el Santo Padre León XIV dirigió en la noche de ayer al término del concierto organizado en su honor por la Diócesis Suburbicaria de Albano, en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo:

Saludo del Santo Padre

¡Buenas noches a todos! ¡Bienvenidos!

Demasiadas palabras en este momento serían realmente "anticlimáticas". Es mejor decir dos o tres palabras muy breves, pero que salen del corazón.

Ante todo, un profundo agradecimiento a los artistas, que merecen otro fuerte aplauso. ¡De verdad han estado magníficos! ¡Gracias, gracias! Gracias también a la Diócesis de Albano, que ha ofrecido este concierto, este hermoso regalo. Gracias a los benefactores y a todos ustedes que están aquí presentes, porque realmente hemos podido experimentar en estos minutos de belleza algo muy grande: adentrarnos, de muchas maneras, en aquello que Dios quiso en la Creación, es decir, en la belleza misma.

Vivimos hoy en un mundo donde muchas veces falta la belleza: hay tantos problemas, guerras, conflictos, odio, violencia, falta de trabajo y muchas otras dificultades. Tener la oportunidad de reunirnos para una ocasión como esta es verdaderamente un gran don, porque nos recuerda que existe algo mejor y que el hombre y la mujer, cuando así lo deseamos, todos juntos podemos ofrecer belleza, una belleza que, desde el corazón, nos ayuda a elevarnos hacia Dios.

Como saben, hace poco más de un mes realicé un viaje apostólico a España. El lema del viaje era: «Alzad la mirada». Elevemos los ojos, nuestra mirada, hacia el Cielo. La música, el arte y la belleza son verdaderamente instrumentos que nos ayudan a mirar hacia Dios, con un movimiento que constituye una de las expresiones más nobles del ser humano.

Por eso, una vez más, les agradezco de todo corazón por brindarnos esta oportunidad, esta noche, de experimentar la belleza y de reencontrarnos verdaderamente con aquello que Dios ha querido regalar a todos nosotros.

¡Muchas gracias a todos! ¡Que tengan muy buenas noches!

Bien, ahora podemos concluir esta velada pidiéndole a Dios su bendición sobre cada uno de ustedes y sobre todos sus seres queridos, llevando en el corazón y en el espíritu la certeza de que el Señor realmente está siempre con nosotros.

[Bendición]