A las 10.10 horas de esta mañana, el Santo Padre León XIV partió de la Casa Arzobispal de Barcelona y se trasladó en automóvil al Centro Penitenciario Brians 1.
A su llegada, el Papa fue recibido por el director del centro y juntos se dirigieron a la sala de conferencias, donde le esperaban tres capellanes, un grupo de reclusas y un grupo de voluntarios.
Tras un canto, las palabras de bienvenida del director del centro penitenciario, el testimonio del delegado diocesano de la pastoral penitenciaria, el padre Jesús Bel, y los testimonios de dos reclusas, Montse y Josefina, León XIV dirigió su saludo a los presentes.
Al término del encuentro, tras la bendición, el intercambio y el canto final, el Pontífice saludó a algunos reclusos del centro.
A las 11:20 horas, el Santo Padre León XIV se trasladó en automóvil y posteriormente en carrito de golf a la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat para el rezo del Santo Rosario.
Publicamos a continuación el saludo que el Papa pronunció durante la visita al Centro Penitenciario Brians 1:
Saludo del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:
Gràcies a tots pel vostre acolliment tan ple de simpatia i cordialitat!
Me siento edificado por el testimonio que nos han compartido Montse y Josefina. Muchas gracias. Agradezco también las palabras del padre Jesús, que ponen de manifiesto el compromiso de los capellanes y voluntarios de la pastoral penitenciaria diocesana de Sant Feliu de Llobregat.
Todo ser humano es “digno” por el mero hecho «de haber sido querido, creado y amado por Dios» (cf. Magnifica humanitas, 52). No existe, pues, ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho.
Esto es válido, de manera particular, para vosotros queridos hermanos y hermanas, que lleváis el peso de estar lejos de vuestros seres queridos y sufrís, además, a causa de vuestra actual condición. Cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no vale la pena seguir adelante, “alzad vuestra mirada” hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía.
Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. San Agustín, en sus Confesiones, nos comparte su itinerario vital y nos habla de ello; si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones.
Hagamos espacio al Señor en nuestro corazón y busquemos su rostro. Dejémonos acompañar por su amor. Aferrémonos a Él, que nos invita continuamente a la esperanza y nos muestra un horizonte maravilloso que ninguna barrera física puede impedirnos alcanzar. Hoy, Él continúa hablándonos en lo profundo de nuestras conciencias para hacernos descubrir que tiene su morada en medio de nosotros. Sólo espera que le demos una oportunidad.
Queridos amigos y amigas, os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar.
Os encomiendo de modo particular a la intercesión maternal de Nuestra Señora de la Merced y con todo afecto pido al Señor que os bendiga. Muchas gracias.