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Viaje Apostólico de Su Santidad León XIV a España (6-12 de junio de 2026) – Oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, 08.06.2026

Oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena

Durante la tarde de hoy, en la Nunciatura Apostólica de Madrid, el Santo Padre León XIV se reunió con seis víctimas de abusos por parte de miembros del clero y de la Iglesia en España, acompañadas por personal eclesiástico dedicado a la labor de acompañamiento a las víctimas.

Durante la conversación, que duró casi una hora, partiendo de sus dolorosas experiencias personales, cada uno de los presentes ofreció al Papa algunas propuestas para que la respuesta de la Iglesia ante casos tan dramáticos sea más eficaz.

El Papa escuchó con afecto y atención, aseguró su cercanía, y la de toda la comunidad eclesiástica, así como su compromiso para que las propuestas recibidas sirvan de base para nuevos esfuerzos y la Iglesia pueda ser realmente un lugar seguro y espiritualmente sano, donde las heridas encuentren consuelo y sanación.

Al término, León XIV mantuvo un breve encuentro primero con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y posteriormente se reunió para un breve saludo con el jefe de la oposición y líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo.

Finalmente, antes de abandonar la Nunciatura Apostólica para dirigirse a la Catedral de Santa María la Real de la Almudena para la oración y el homenaje a la Virgen, el Papa se reunió con la Reina emérita Sofía y, junto a ella, saludó a otros miembros de la familia real.

A su llegada a la Catedral de Madrid, León XIV fue recibido por el arzobispo metropolitano de Madrid, el emérito cardenal José Cobo Cano, y por dos niños que le obsequiaron con un ramo de flores. A la entrada de la Catedral, el obispo auxiliar de Madrid le entregó la cruz y el rector de la Catedral, el agua bendita para la aspersión; a continuación, el Papa atravesó la nave central para tomar asiento en el altar.

Tras un canto, las palabras de bienvenida del cardenal arzobispo de Madrid, una oración y la lectura del Evangelio, el Santo Padre pronunció su discurso.

Posteriormente, el Papa se detuvo en oración ante la imagen de Santa María la Real de la Almudena, ofreciendo en ofrenda una rosa de oro.

La ceremonia concluyó con el Himno a la Virgen de la Almudena, la oración en asamblea, el Padrenuestro, la bendición y un canto final. A la ceremonia también asistió la Reina emérita Sofía.

Al término, antes de abandonar la catedral recorriendo la nave central, el Papa se retiró brevemente a la sacristía.

A continuación publicamos el discurso que el Papa León XIV pronunció en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena:

Discurso

Agradezco a Su Eminencia, el Arzobispo de Madrid, las palabras que me ha dirigido. Os saludo con afecto a todos vosotros, hermanos y hermanas que, con alegría y fervor, os unís hoy al homenaje a Nuestra Señora de la Almudena, Madre y Protectora de esta Archidiócesis, durante el cual pondré a sus pies la rosa de oro, símbolo del filial amor del Papa a la Virgen María.  

Son numerosas las generaciones de madrileños que, a lo largo de los siglos, han venerado esta imagen de Santa María que lleva a su Hijo divino en brazos y nos lo presenta. Cuenta la tradición que, en tiempos difíciles para la comunidad cristiana, para proteger la talla de la Virgen, la escondieron en un recinto de la muralla de la Ciudadela, donde permaneció oculta durante mucho tiempo, hasta que, tras el derrumbe milagroso de una parte de los muros, fue hallada intacta.

Esta milenaria devoción mariana, tan sentida por todos vosotros, es un signo de las raíces cristianas que os caracterizan y os dan vida, pero también de la gran esperanza que continúa animándoos para seguir adelante. Fue gracias a una muralla demolida que se produjo el reencuentro de la Madre con su pueblo. Y este hecho es providencial, porque señala el camino que Jesús, a través de su Madre Santísima, nos invita a recorrer. En un primer momento, una muralla que cae provoca ruido, caos, desorden; pero también abre espacios, restaura posibilidades e impulsa restablecimientos. En nuestras sociedades actuales siguen existiendo aún muchas murallas que no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan. Y, a veces, al pensar en que derribarlas supone tener que enfrentar lo que no nos gusta, preferimos la comodidad de sólo apuntalarlas y, más frecuentemente, de ignorarlas.

Sin embargo, Nuestra Señora de la Almudena, con su presencia y la seguridad de su protección, nos dice otra cosa: para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros, porque para reemprender la ruta son necesarios espacios que nos permitan vislumbrar el horizonte.

Persuadidos de que el Señor camina con su Pueblo santo, escucha sus temores y acoge con solicitud todos sus esfuerzos de bien, os exhorto a no desfallecer en vuestro testimonio de fe, para contemplar el designio de amor del Padre; de caridad, para uniros como una única familia de hermanos y hermanas; y de esperanza, para sosteneros en vuestra acción en el mundo. Y que con el ejemplo y la intercesión de Santa María la Real de la Almudena, la Virgen del Magníficat que sigue proclamando la grandeza del Señor y exultando en Dios su Salvador, Él custodie y fortalezca vuestro amor a Jesús y a la Iglesia, de modo que podáis ser constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia.

Y, haciendo mías algunas palabras del himno a ella dedicado, os encomiendo al potente auxilio de su maternal amor:

Santa María de la Almudena,
Virgen y Madre del Redentor,
Reina del Cielo, Madre de Amor,
bajo tu manto, Virgen sencilla
buscan tus hijos la protección,
Madre amorosa, Templo de Dios,
ampáranos Señora y ayúdanos a ser
constructores de paz y reconciliación.

Amén.