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Audiencia a los directivos y al personal de la Florería y de la Oficina de Edificación, 08.02.2026

Esta mañana, en el Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre León XIV ha recibido en audiencia a los directivos y al personal de la Floristería y de la Oficina de Edificación.

Publicamos a continuación el saludo que el Papa ha dirigido a los presentes:

Discurso del Santo Padre

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

¡La paz esté con ustedes!

¡Buenos días a todos! ¡Feliz domingo y bienvenidos!

Queridos hermanos y hermanas de la Floristería y de la Oficina de Edificación, junto con sus familiares. También nos acompaña el canto, que es muy bonito... Que siga cantando.

Dentro de poco compartiremos la oración del Ángelus con todos los fieles que se han reunido en la Plaza de San Pedro. Pero antes, tengo el placer de saludarlos y agradecerles el trabajo que realizan con tanta dedicación. Como directivos, empleados y trabajadores de estos dos sectores operativos de la Ciudad del Vaticano, han demostrado una gran pasión por sus tareas, especialmente durante el Año Jubilar que acaba de concluir. Gracias también a su compromiso común, millones de peregrinos han podido vivir con orden y serenidad el paso por la Puerta Santa, participando fructíferamente en las celebraciones litúrgicas, las audiencias y otros eventos.

El agradecimiento que les expreso de corazón se convierte en estímulo para los proyectos futuros, que se refieren tanto a la constante actualización de los servicios técnicos y logísticos como al cuidado atento de los ambientes vaticanos, sobre todo de los espacios dedicados a la oración y a los encuentros con el Papa. El decoro de los espacios y la seguridad de las estructuras encuentran, en efecto, su sentido más elevado en el apoyo que brindan a la devoción de los fieles y a la labor pastoral de la Iglesia. En particular, la Basílica de San Pedro es un lugar sagrado que pide ser custodiado ante todo como templo de contemplación, recogimiento y asombro espiritual. La plaza que se encuentra frente a ella, que abraza al mundo con su maravillosa columnata, es la «tarjeta de presentación», como se suele decir, de nuestra acogida a todos.

Por eso los invito, mientras realizan su trabajo diario, a unirse a mí para pensar en quienes pasan por los lugares que ustedes cuidan y a orar por ellos. De hecho, la fe y la oración dan sentido pleno a todo lo que hacemos.

Queridísimos, la labor que realizan cada día representa sin duda un servicio discreto y valioso para la misión apostólica del Papa. De hecho, se inscribe en la compleja actividad del Gobernadorado y de la Dirección de Infraestructuras y Servicios, a los que alabo por la diligente gestión de muchas tareas dentro del Estado del Vaticano. Cada uno por su parte, sobre todo en los momentos de prueba, recordemos que somos miembros de un único organismo, cuyo fin es dar testimonio del Evangelio según el mandato del Señor, buen Pastor y Cabeza de la Iglesia.

Como signo de mi gratitud, los bendigo de corazón a ustedes, a sus familiares, que hoy los acompañan, y a su trabajo. Muchas gracias.