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Palabras improvisadas al término de la primera sesión del Consistorio Extraordinario, 08.01.2026

Publicamos a continuación las palabras que el Santo Padre León XIV dirigió ayer, de forma improvisada, al Colegio Cardenalicio, al término de la primera sesión del Consistorio Extraordinario (7 de enero de 2026):

Palabras del Santo Padre

Buenas tardes de nuevo y muchas gracias por todo el trabajo realizado ya en esta primera sesión.

Quisiera comenzar repitiendo las palabras de uno de los secretarios, el primero en intervenir, quien sugirió que el camino ha sido tan importante como la conclusión del trabajo en la mesa. Quisiera partir de ahí para decir, en primer lugar, ¡gracias por estar aquí! Creo que es muy importante la participación de todos ustedes en esta experiencia como Colegio Cardenalicio de la Iglesia, que ofrece no solo a nosotros —no es para nosotros—, sino a la Iglesia y al mundo un cierto testimonio de la voluntad, del deseo, reconociendo el valor de encontrarnos juntos, de hacer el sacrificio de un viaje —para algunos de ustedes muy largo— para estar juntos y poder buscar juntos lo que el Espíritu Santo quiere para la Iglesia hoy y mañana. Por eso creo que es realmente importante, aunque sea un tiempo muy breve, pero es un tiempo muy importante también para mí, porque siento, experimento la necesidad de poder contar con ustedes: ¡son ustedes quienes han llamado a este servidor a esta misión! Por eso, me gustaría decir que creo que es importante que trabajemos juntos, que discernamos juntos, que busquemos lo que el Espíritu nos pide.

Si me permiten, repito algunas palabras de la homilía de ayer, en la fiesta de la Epifanía. Muchos de ustedes estaban presentes, pero lo repito de nuevo. «Preguntémonos: ¿hay vida en nuestra Iglesia?». Estoy convencido de que sí, sin duda. En estos meses, si no lo había vivido antes, ciertamente he tenido muchas experiencias hermosas de la vida de la Iglesia. Pero la pregunta está ahí: ¿hay vida en nuestra Iglesia? «¿Hay espacio para aquello que nace? ¿Amamos y anunciamos a un Dios que pone en camino?». No podemos cerrarnos y decir: «Todo está ya hecho, terminado, hagan como siempre hemos hecho». Realmente hay un camino y con el trabajo de estos días estamos caminando juntos.

«En el relato, Herodes teme por su trono; se agita por lo que se le escapa de su control. Intenta aprovecharse del deseo de los magos manipulando su búsqueda en beneficio propio». Herodes «está listo a mentir, está dispuesto a todo. El miedo, en efecto, enceguece. La alegría del Evangelio, en cambio, libera. Hace prudentes, sí, pero también audaces, atentos y creativos; sugiere caminos distintos de los ya recorridos». Este [encuentro] es para mí una de las muchas expresiones en las que podemos vivir verdaderamente una experiencia de la novedad de la Iglesia. El Espíritu Santo está vivo y presente también entre nosotros. ¡Qué hermoso es encontrarnos juntos en la barca! Esa imagen que el cardenal Radcliffe nos ha ofrecido en su reflexión de esta tarde, como diciendo: estemos juntos. Puede que haya algo que nos dé miedo; hay dudas: ¿adónde vamos?, ¿cómo vamos a terminar? Pero si ponemos nuestra confianza en el Señor, en su presencia, podemos hacer mucho.

Gracias por las elecciones. Creo que la elección de todas las mesas por amplia mayoría está bastante clara. Y me parece muy importante también, por los demás comentarios que se han hecho, que no se puede separar un tema de otro. De hecho, hay mucho que podremos ver juntos. Pero queremos ser una Iglesia que no se mira solo a sí misma, que es misionera, que mira más allá, a los demás. La razón de ser de la Iglesia no es para los cardenales, ni para los obispos, ni para el clero. La razón de ser es anunciar el Evangelio. Y por lo tanto, estos dos temas: el Sínodo y la sinodalidad, como expresión de la búsqueda de cómo ser una Iglesia misionera en el mundo de hoy, y Evangelii Gaudium, anunciar el kerygma, el Evangelio con Cristo en el centro. Esta es nuestra misión.

Por eso les doy las gracias. Esto nos ayudará a organizarnos para el trabajo de mañana en las dos sesiones. Los demás temas no se pierden. Hay cuestiones muy concretas, específicas, que aún debemos ver. Espero que cada uno de ustedes se sienta verdaderamente libre de comunicarse conmigo o con otros, y continuaremos este proceso de diálogo y discernimiento.

Entonces, nada más. Gracias por este servicio. No sé si he superado los tres minutos. ¡El moderador ha sido muy amable! Buenas noches y nos vemos mañana por la mañana.