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Viaje Apostólico de su Santidad León XIV a Türkiye y al Líbano ((27 de noviembre - 2 de diciembre de 2025) - Visita y oración en la tumba de San Charbel Maklūf, 01.12.2025

A las 9:00 (hora local), el Santo Padre León XIV se trasladó en automóvil y papamóvil al Monasterio de San Maroun en Annaya.

A su llegada, en la entrada principal del Monasterio, el Papa fue recibido por el superior del convento y el superior general de los maronitas, quienes lo acompañaron al patio del Monasterio.

Antes de entrar en la capilla que alberga la tumba de San Charbel, el Santo Padre fue recibido por el presidente de la República y su esposa.

Tras el canto de entrada, la oración silenciosa ante la tumba, el canto y el encendido de una lámpara votiva y el saludo de bienvenida por parte del superior general de la Orden Maronita Libanesa, el reverendo abad Mahfouz Hady, el Papa pronunció su saludo.

Posteriormente, tras la oración a San Charbel, en francés, la bendición final y la entrega de un obsequio al Santo Padre, el Papa visitó el museo del monasterio, que alberga hallazgos históricos y reliquias, acompañado por el superior del convento.

Al término de la visita, León XIV se trasladó en coche al santuario de Nuestra Señora del Líbano en Harissa.

Publicamos a continuación el saludo pronunciado por el papa León XIV en el Monasterio de San Maroun en Annaya:

Saludo del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco al Superior General sus palabras y su hospitalidad en este hermoso Monasterio de Annaya. La naturaleza que rodea esta casa de oración nos atrae también con su austera belleza.

Doy gracias a Dios por haberme concedido venir como peregrino a la tumba de san Chárbel. Mis predecesores —especialmente san Pablo VI, que lo beatificó y canonizó— lo habrían deseado mucho.

Queridos hermanos, ¿qué nos enseña hoy san Chárbel? ¿Cuál es el legado de este hombre que no escribió nada, que vivió oculto y silente, pero cuya fama se extendió por todo el mundo?

Me gustaría resumirlo así: el Espíritu Santo lo moldeó para que enseñara la oración a quienes viven sin Dios, el silencio a quienes habitan en medio del bullicio, la modestia a quienes viven para aparentar y la pobreza a quienes buscan las riquezas. Son todos comportamientos a contracorriente, pero precisamente por eso nos atraen, como el agua fresca y pura atrae a quien camina por el desierto.

En particular, a nosotros, obispos y ministros ordenados, san Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación. Sin embargo, su coherencia, tan radical como humilde, es un mensaje para todos los cristianos.

Y luego, hay otro aspecto que es decisivo: nunca dejó de interceder por nosotros ante el Padre celestial, fuente de todo bien y de toda gracia. Ya desde su vida terrena, muchos acudían a él para recibir del Señor consuelo, perdón y consejo. Tras su muerte, todo esto se multiplicó y se ha convertido en un río de misericordia. También por eso, cada 22 del mes, miles de peregrinos acuden hasta aquí desde diferentes países para pasar un día de oración y descanso del alma y del cuerpo.

Hermanas y hermanos, hoy queremos confiar a la intercesión de san Chárbel las necesidades de la Iglesia, del Líbano y del mundo. Para la Iglesia pedimos comunión, unidad; empezando por las familias, pequeñas iglesias domésticas, y luego en las comunidades parroquiales y diocesanas; y también para la Iglesia universal. Comunión, unidad. Y para el mundo pedimos paz. Especialmente la imploramos para el Líbano y para todo Oriente Próximo. Pero sabemos bien —y los santos nos lo recuerdan— que no hay paz sin conversión de los corazones. Por eso, que san Chárbel nos ayude a orientarnos hacia Dios y a pedir el don de la conversión para todos nosotros.

Queridos hermanos, como símbolo de la luz que Dios ha encendido aquí por medio de san Chárbel, he traído como regalo una lámpara. Al ofrecerla, encomiendo a la protección de san Chárbel al Líbano y a su pueblo, para que caminen siempre en la luz de Cristo. Gracias a Dios por el don de san Chárbel. Gracias a ustedes que conservan su memoria. ¡Caminen en la luz del Señor!