Publicamos a continuación el mensaje del Santo Padre a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para la protección de los menores (24-28 de marzo de 2025):
Mensaje del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:
Les envío de corazón mi saludo y algunas indicaciones para su precioso servicio. De hecho, este es como «oxígeno» para las iglesias locales y las comunidades religiosas, porque donde hay un niño o una persona vulnerable a salvo, allí se sirve y se honra a Cristo. En la trama cotidiana de su trabajo, sobre todo en los ámbitos más desfavorecidos, se concreta una verdad profética: la prevención de los abusos no es una manta que se extiende sobre las emergencias, sino uno de los cimientos sobre los que se construyen comunidades fieles al Evangelio. Por eso les expreso mi gratitud.
Su trabajo no se reduce a protocolos que aplicar, sino que promueve medidas de protección: una formación que educa, controles que previenen, una escucha que devuelve la dignidad. Cuando implementan prácticas de prevención, incluso en las comunidades más remotas, están escribiendo una promesa: que cada niño, cada persona vulnerable, encontrará en la comunidad eclesial un ambiente seguro. Este es el motor de lo que debería ser para nosotros una conversión integral. Hoy les pido tres compromisos:
1. Hacer crecer el trabajo conjunto con los dicasterios de la Curia romana.
2. Ofrecer a las víctimas y a los supervivientes hospitalidad y cuidado de las heridas del alma, al estilo del buen samaritano. Escuchar con el oído del corazón, para que cada testimonio no encuentre registros que rellenar, sino entrañas de misericordia de las que renacer.
3. Construir alianzas con realidades extraeclesiales —autoridades civiles, expertos, asociaciones—, para que la protección se convierta en un lenguaje universal.
En estos diez años han hecho crecer en la Iglesia una red de seguridad. ¡Sigan adelante! Sigan siendo centinelas que velan mientras el mundo duerme. Que el Espíritu Santo, maestro de la memoria viva, nos preserve de la tentación de archivar el dolor en lugar de sanarlo.
Les agradezco su recuerdo en la oración. Yo también los acompaño y pido al Señor y a la Santísima Virgen que los sostengan, para que puedan continuar con dedicación y esperanza el camino emprendido.
Roma, Policlínico «A. Gemelli», 20 de marzo de 2025.
FRANCISCO