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Viaggio Apostolico di Papa Francesco a Panamá in occasione della XXXIV Giornata Mondiale della Gioventù (23-28 gennaio 2019) – Incontro con i volontari della GMG nello Stadio Rommel Fernández Juan Díaz, 27.01.2019


 

Incontro con i Volontari della GMG nello Stadio Rommel Fernández Juan Díaz

Discorso del Santo Padre

Traduzione in lingua italiana

Traduzione in lingua francese

Traduzione in lingua inglese

Traduzione in lingua tedesca

Traduzione in lingua portoghese

Traduzione in lingua polacca

Traduzione in lingua araba

Nel pomeriggio, dopo essersi congedato dal personale della Nunziatura Apostolica di Panamá, il Santo Padre Francesco si è trasferito in auto allo Stadio Rommel Fernández Juan Díaz per incontrare i volontari della GMG. Al Suo arrivo, il Papa è stato accolto dall’Arcivescovo di Panamá che lo ha accompagnato su una mini-vettura all’interno dello stadio per il giro tra i fedeli presenti.

Alle ore 16.10 locali (22.10 ora di Roma) ha avuto luogo l’incontro con i volontari della Giornata Mondiale della Gioventù. Dopo l’indirizzo di saluto del Coordinatore Generale della GMG, hanno avuto luogo le testimonianze di un giovane volontario proveniente dalla Polonia, di un giovane volontario panamense e il saluto di un volontario proveniente dal Portogallo, Paese che ospiterà la prossima GMG.

Dopo le parole di ringraziamento dell’Arcivescovo di Panamá, il Santo Padre ha pronunciato il discorso. Al termine, dopo la preghiera e la benedizione finale, Papa Francesco si è trasferito in auto all’aeroporto internazionale di Tocumen per il congedo da Panamá.

Pubblichiamo di seguito il discorso che il Papa ha pronunciato nel corso dell’incontro con i volontari:

Discorso del Santo Padre

Queridos voluntarios:

Antes de finalizar esta Jornada Mundial de la Juventud, quise encontrarme con ustedes para agradecerles a cada uno el servicio que han realizado durante estos días y en los últimos meses que precedieron a la Jornada.

Gracias a Bartosz, Stella Maris del Carmen y Maria Margarida por compartir sus experiencias en primera persona. Para mí fue muy importante escucharlos y darme cuenta de la comunión que se genera cuando nos unimos para servir a los demás. Experimentamos cómo la fe adquiere un sabor y una fuerza completamente nueva: la fe se vuelve más viva, más dinámica y más real. Se experimenta una alegría – se está viendo aquí - una alegría distinta por haber tenido la oportunidad de trabajar codo a codo con otros para lograr un sueño común. Sé que todos ustedes han experimentado todo esto.

Ustedes ahora saben cómo palpita el corazón cuando se vive una misión, y no porque alguien se los contó, sino porque lo vivieron. Tocaron con su propia vida que «no hay amor más grande que dar la vida por los amigos» (Jn 15,13).

También han tenido que vivir momentos duros que les exigió algún que otro sacrificio. Como nos decías, Bartosz, uno también experimenta las propias debilidades. Lo bueno es que estas debilidades no te detuvieron en tu entrega ni se volvieron lo central, ni lo más importante. Las experimentaste en el servicio, sí; intentando entender y servir a los otros voluntarios y peregrinos, sí; pero tuviste la valentía de que esto no te frenara, no te paralizara, seguiste adelante. Que nuestros límites y nuestras debilidades no nos paralicen, seguir adelante con nuestros defectos – ya los corregiremos -, con nuestras debilidades, para seguir adelante y así es la belleza de sabernos enviados, la alegría de saber que por encima de todos los inconvenientes tenemos una misión que llevar adelante. No dejar que las limitaciones, las debilidades e incluso los pecados nos frenen e impidan vivir la misión, porque Dios nos invita a hacer lo que podamos y a pedir lo que no podemos, sabiendo que su amor nos va tomando y transformando de manera progresiva (cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 49-50). No se asusten si ven sus debilidades, no se asusten incluso si ven sus pecados, se levantan y adelante, siempre adelante. No se queden caídos, no se cierren, vayan adelante con lo que tengan encima, vayan adelante, que Dios sabe perdonar todas las cosas. Aprendamos de tantos que como Bartosz pusieron el servicio y la misión en primer lugar, el resto vas a ver que vendrá por añadidura.

Gracias a todos, porque en estos días han estado atentos y pendientes hasta de los más pequeños, los más cotidianos y hasta los más aparentemente insignificantes detalles, como ofrecer un vaso de agua, y ―a la vez― atendieron las cosas más grandes que requerían mucha planificación. Han preparado cada detalle con alegría, creatividad y compromiso, y con mucha oración. Porque las cosas rezadas se sienten y se viven con hondura. La oración le da espesura, le da vitalidad a todo lo que hacemos. Rezando descubrimos que somos parte de una familia más grande de lo que podemos ver e imaginar. Rezando le “abrimos la jugada” a la Iglesia que nos sostiene y acompaña desde el cielo, a los santos y santas que nos han marcado el camino, pero sobre todo rezando “le abrimos la jugada” a Dios para que Él pueda actuar y pueda entrar y pueda vencer.

Ustedes han querido dedicar su tiempo, su energía, recursos, a soñar y armar este encuentro. Podrían perfectamente haber optado por otras cosas, ustedes quisieron comprometerse. Esa palabra que la quieren borrar: compromiso. Eso los hace crecer, eso los agiganta, como estén, pero compromiso. Dar lo mejor de sí para hacer posible el milagro de la multiplicación no solo de los panes sino de la esperanza. Y ustedes dando lo mejor de sí, comprometiéndose, hacen el milagro de la multiplicación de la esperanza. Necesitamos multiplicar la esperanza. ¡Gracias, gracias por todo eso! Y en esto demuestran una vez más, que es posible renunciar a los propios intereses en favor de los demás. Como también lo hiciste tú, Stella Maris. Yo había leído los testimonios ante, por eso pude escribir esto, y cuando leí el tuyo sentí algo como ganas de llorar. Renunciaste a tus intereses, habías juntado pesito a pesito para poder participar en la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, pero renunciaste para ir a cubrir el sufragio de tus tres abuelos. Renunciaste para honrar tus raíces y eso te hace mujer, te hace adulta, te hace valiente. Renunciaste a participar en algo que te gustaba y que habías soñado para poder ayudar y acompañar a tu familia, para honrar tus raíces, para poder estar ahí; y el Señor, sin que vos lo esperaras ni lo pensaras, te estaba preparando el regalo de la Jornada Mundial de la Juventud en tu tierra. Al Señor le gusta hacer estos chistes, al Señor le gusta responder de esta manera a la generosidad, siempre gana en generosidad: Vos le das un poquito así y Él te da un montón así. Así es el Señor, qué le vamos a hacer, así nos quiere. Como Stella Maris, muchos de ustedes también realizaron renuncias de todo tipo. Tantos de ustedes renunciaron... Piensen ahora, a qué renuncié yo para meterme de voluntario. Piensen un minuto. Ustedes con lo que han pensado han tenido que postergar sueños para cuidar su tierra y sus raíces. Eso siempre el Señor lo bendice, no se deja ganar en generosidad. Cada vez que postergamos algo que nos gusta por el bien de los otros y especialmente por los más frágiles, o por el bien de nuestras raíces como son nuestros abuelos y nuestros ancianos, el Señor lo devuelve ciento por uno. Te gana en generosidad, porque nadie le puede ganar a Él en generosidad, nadie lo puede superar en amor. Amigos: den y se les dará, y experimentarán cómo el Señor «les volcará sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante» (Lc 6,38), como dice el Evangelio.

Queridos amigos, han tenido una experiencia de fe más viva, más real; han vivido la fuerza que nace de la oración y la novedad de una alegría diferente fruto del trabajo codo a codo incluso con personas que no conocían. Ahora llega el momento del envío: vayan cuenten, vayan testimonien, vayan contagien lo que han visto y oído. Y esto no lo hagan con muchas palabras sino, como lo hicieron aquí, con gestos simples y con gestos cotidianos, esos que transforman y hacen nuevas todas las cosas, esos gestos capaces de armar lio, un lio constructivo, un lio de amor. Les cuento una cosa, cuando venía el primer día por el camino había una señora con un bonete, una señora mayor ya, abuela, ahí en la reja por donde yo pasaba con el auto y tenía un cartel que decía: “Nosotras las abuelas también sabemos armar lio”. Y ponía: “Con sabiduría”. Júntense con los abuelos para armar lio, va a ser un lio contundente, un lio genial, no el tengan miedo, vayan y hablen. Me parecía muy viejita la señora y le pregunté la edad: tenía 14 años menos que yo, qué vergüenza.

Pidámosle al Señor su bendición. Que bendiga a sus familias y a sus comunidades y a todas las personas con las que ustedes se van a encontrar en el futuro próximo. Pongamos también bajo el manto de la Virgen Santa nuestro corazón, lo que siente nuestro corazón. Que ella los acompañe. Y como les dije en Cracovia, yo no sé si en la próxima Jornada Mundial de la Juventud voy a estar, pero les aseguro que Pedro va a estar y los va a confirmar en la fe. Sigan adelante, con coraje y valentía y, por favor -soy pecador de alma-, no se olviden de rezar por mí. Gracias.

[Oración]

Y ahora les doy la bendición. Ponemos en nuestro corazón lo que somos, lo que deseamos, a las personas con las cuales trabajamos en este tiempo, a los otros voluntarios, a la gente que hemos visto. Ponemos en nuestro corazón a los amigos para que reciban la bendición; y también ponemos en nuestro corazón a los que no nos quieren, a los enemigos, cada uno de nosotros tiene alguno, para que Jesús los bendiga también, y todos juntos podamos ir adelante.

[Bendición]

[00120-ES.02] [Texto original: Español]

Traduzione in lingua italiana

Cari volontari:

Prima di terminare questa Giornata Mondiale della Gioventù, ho voluto incontrarmi con tutti voi per ringraziare ciascuno del servizio che avete compiuto in questi giorni e durante gli ultimi mesi che hanno preceduto la Giornata.

Grazie a Bartosz, Stella Maris del Carmen e Maria Margarida per aver condiviso le loro esperienze in prima persona. Per me è stato molto importante ascoltarvi e rendermi conto della comunione che si crea quando ci uniamo per servire gli altri! Sperimentiamo come la fede acquista un sapore e una forza completamente nuovi: la fede diventa più viva, più dinamica e più reale. Si sperimenta una gioia – lo vediamo qui – una gioia diversa, per aver avuto l’opportunità di lavorare fianco a fianco con gli altri per raggiungere un sogno comune. So che tutti voi avete sperimentato tutto questo.

Voi ora sapete come batte il cuore quando si vive una missione, e non perché qualcuno ve l’ha raccontato, ma perché l’avete vissuto. Avete toccato con mano che «nessuno ha un amore più grande di questo: dare la vita per i propri amici» (Gv 15,13).

Avete dovuto anche vivere momenti duri che vi hanno richiesto diversi sacrifici. Come ci dicevi, Bartosz, uno sperimenta anche le proprie debolezze. Il bello è che queste debolezze non ti hanno fermato nel tuo impegno e nemmeno sono diventate la cosa centrale, né la più importante. Le hai sperimentate nel servizio, sì; cercando di capire e di servire gli altri volontari e i pellegrini, certo; però hai avuto il coraggio di non farti frenare da questo, di non farti paralizzare, e sei andato avanti. Che i nostri limiti, le nostre debolezze non ci paralizzino! Andare avanti, con i nostri difetti – poi li correggeremo – con le nostre debolezze…, andare avanti, e così è la bellezza di saperci inviati, la gioia di sapere che al di sopra di tutti gli inconvenienti abbiamo una missione da portare avanti. Non lasciare che i limiti, le debolezze e nemmeno i peccati ci frenino e ci impediscano di vivere la missione, perché Dio ci chiama a fare quello che possiamo e a chiedere quello che non possiamo, sapendo che il suo amore ci prende e ci trasforma in maniera graduale (cfr Esort. ap. Gaudete et exsultate, 49-50). Non spaventatevi se vedete le vostre debolezze; non spaventatevi neanche se vedete i vostri peccati: rialzatevi e avanti, sempre avanti! Non rimanete a terra, non chiudetevi, andate avanti con quello che avete di più importante, andate avanti, che Dio sa perdonare ogni cosa! Impariamo da tanti che come Bartosz hanno messo il servizio e la missione al primo posto e il resto vedrai che verrà in aggiunta.

Grazie a tutti, perché in questi giorni siete stati attenti e disponibili fino ai più piccoli, ai più quotidiani e fino ai dettagli apparentemente più insignificanti, come offrire un bicchier d’acqua, e – contemporaneamente – avete seguito le cose più grandi che richiedevano molta pianificazione. Avete preparato ogni particolare con gioia, creatività e impegno, e con molta preghiera. Perché le cose pregate si sentono e si vivono in profondità. La preghiera dà spessore e vitalità a tutto quello che facciamo. Pregando scopriamo di far parte di una famiglia più grande di quanto possiamo vedere e immaginare. Pregando “apriamo il gioco” alla Chiesa che ci sostiene e ci accompagna dal cielo, ai santi e alle sante che ci hanno segnato il cammino, ma soprattutto pregando “apriamo il gioco” a Dio, perché Egli possa agire e possa entrare e possa vincere.

Avete voluto dedicare il vostro tempo, la vostra energia, le risorse a sognare e costruire questo incontro. Avreste perfettamente potuto scegliere altre cose, voi avete voluto impegnarvi. Questa parola, che vogliono cancellare: impegno. Questo vi fa crescere, questo vi fa diventare grandi, così come siete, ma impegno. Dare il meglio di sé per rendere possibile il miracolo della moltiplicazione non solo dei pani ma della speranza. E voi, dando il meglio di voi stessi, impegnandovi, fate il miracolo della moltiplicazione della speranza. Abbiamo bisogno di moltiplicare la speranza. Grazie! Grazie per tutto questo! E in questo dimostrate, ancora una volta, che è possibile rinunciare ai propri interessi a favore degli altri. Come hai fatto anche tu, Stella Maris. Io avevo letto le testimonianze prima, per questo ho potuto scrivere questo; e quando ho letto la tua ho sentito qualcosa come una voglia di piangere. Hai rinunciato ai tuoi interessi: avevi raccolto centesimo su centesimo per poter partecipare alla Giornata Mondiale della Gioventù a Cracovia, ma hai rinunciato per poter coprire le spese dei funerali dei tuoi tre nonni. Hai rinunciato per onorare le tue radici, e questo ti fa donna, ti fa adulta, ti fa coraggiosa. Hai rinunciato a partecipare a qualcosa che ti piaceva e che avevi sognato per poter aiutare e sostenere la tua famiglia, per onorare le tue radici, per poter essere lì; e il Signore, senza che te lo aspettassi né lo pensassi, ti stava preparando il regalo della Giornata Mondiale della Gioventù nella tua terra. Al Signore piace fare questi scherzi, al Signore piace rispondere in questo modo alla generosità: Lui sempre vince in generosità. Tu gli dai un pochino così, e Lui ti dà un mucchio così! Così è il Signore, che ci possiamo fare?, ci ama così. Come Stella Maris, anche molti di voi hanno fatto rinunce di ogni tipo. Tanti di voi avete fatto rinunce… Pensate adesso: a che cosa ho rinunciato io per diventare volontario? Pensateci un momento... Voi, con quello che avete pensato, avete dovuto accantonare sogni per prendervi cura della vostra terra e delle vostre radici. Questo il Signore lo benedice sempre, non si lascia vincere in generosità. Ogni volta che rinviamo qualcosa che ci piace per il bene degli altri e specialmente dei più fragili, o per il bene delle nostre radici come sono i nostri nonni e i nostri anziani, il Signore ce lo restituisce al cento per uno. Ti vince in generosità, perché nessuno può vincerlo in generosità, nessuno può superarlo nell’amore. Amici, date e vi sarà dato, e sperimenterete come il Signore vi verserà in grembo «una misura buona, pigiata, colma e traboccante» (Lc 6,38), come dice il Vangelo.

Cari amici, avete fatto un’esperienza di fede più viva, più reale; avete vissuto la forza che nasce dalla preghiera e la novità di una gioia diversa frutto del lavoro fianco a fianco anche con persone che non conoscevate. Adesso viene il momento dell’invio: andate, raccontate, andate, testimoniate, andate, trasmettete quello che avete visto e udito. E questo, non fatelo con tante parole ma, come avete fatto qui, con gesti semplici, con gesti quotidiani, quelli che trasformano e fanno nuove tutte le cose, quei gesti capaci di creare un “chiasso”, un “chiasso” costruttivo, un “chiasso” d’amore. Vi racconto una cosa: quando sono arrivato, il primo giorno, per la strada c’era una signora con un cappello, una signora anziana, una nonna; era lì, vicino alla recinzione dove io passavo con l’auto, e aveva un cartello che diceva: “Anche noi nonne sappiamo fare chiasso!”. E aggiungeva: “Con saggezza”. Unitevi ai nonni per fare “chiasso”, sarà un chiasso incisivo, un chiasso geniale! Non abbiate paura, andate e parlate. Mi sembrava tanto vecchietta la signora e le ho chiesto l’età: aveva 14 anni meno di me. Che vergogna!

Chiediamo al Signore la sua benedizione. Che benedica le vostre famiglie e le vostre comunità e tutte le persone che incontrerete nel prossimo futuro. Mettiamo anche sotto il manto della Vergine Santa il nostro cuore, quello che sente il nostro cuore. Che lei vi accompagni. E come vi ho detto a Cracovia, non so se ci sarò alla prossima Giornata Mondiale della Gioventù, ma vi assicuro che Pietro ci sarà e vi confermerà nella fede. Andate avanti, con forza e coraggio e, per favore – sono un’anima peccatrice –, non dimenticatevi di pregare per me. Grazie!

[Preghiera]

E adesso vi do la benedizione. Mettiamo nel nostro cuore quello che siamo, quello che desideriamo, le persone con cui abbiamo lavorato in questi giorni, gli altri volontari, la gente che abbiamo visto. Mettiamo nel cuore i nostri amici, perché ricevano anche loro la benedizione; e mettiamo nel nostro cuore anche quelli che non ci vogliono bene, i nemici – ognuno di noi ne ha qualcuno –, perché Gesù benedica anche loro; e tutti insieme possiamo andare avanti.

[Benedizione]

[00120-IT.02] [Testo originale: Spagnolo]

Traduzione in lingua francese

Chers volontaires

Avant de terminer ces Journées Mondiales de la Jeunesse, j’ai voulu me retrouver avec vous, pour vous remercier, chacun de vous, du service qui a été accompli durant ces jours et dans les derniers mois qui ont précédés ces Journées.

Merci à Bartosz, à Stella Maris del Carmen et à Maria Margarida pour le partage de leurs expériences de première main. Pour moi, ça a été très important de vous écouter et de me rendre compte de la communion qui est engendrée quand nous nous unissons pour servir les autres. Nous expérimentons comment la foi acquiert une saveur et une force complètement nouvelles: la foi devient plus vivante, plus dynamique et plus réelle. On fait l’expérience d’une joie – on le voit ici – une joie différente pour avoir eu l’opportunité de travailler côte à côte avec les autres pour réaliser un rêve commun. Je sais que vous avez tous vécu tout cela.

Vous savez maintenant comment le cœur palpite quand on vit une mission, non pas parce que quelqu’un vous l’a dit, mais parce que vous l’avez vécu. Vous avez touché dans votre propre vie qu’« il n’y a pas de plus grand amour que de donner sa vie pour ses amis» (Jn 15,13).

Vous avez eu à vivre aussi des moments durs qui ont exigé l’un ou l’autre sacrifice. Comme tu nous as dit, Bartosz, on expérimente aussi ses propres faiblesses. La bonne chose, c’est que ces faiblesses ne t’ont pas arrêté dans ton dévouement, ni ne sont devenues l’essentiel, ni le plus important. Tu en as fait l’expérience dans le service, oui; en essayant de comprendre et de servir les autres volontaires et les pèlerins, oui; mais tu as eu le courage que cela ne te freine pas, ne te paralyse pas, tu es allé de l’avant. Que nos limites et nos faiblesses ne nous paralysent pas, aller de l’avant avec nos défauts – puis nous les corrigerons – avec nos faiblesses…, aller de l’avant et ainsi c’est la beauté de nous savoir envoyés, la joie de savoir que par-dessus tous les inconvénients nous avons une mission qui nous porte de l’avant. Ne pas laisser les limites, les faiblesses, y compris les péchés, nous freiner et nous empêcher de vivre la mission, parce que Dieu nous invite à faire ce que nous pouvons et à demander ce que nous ne pouvons pas, en sachant que son amour nous prend et nous transforme de manière progressive (cf. Exhort. Ap. Gaudete et exsultate, n.49-50). N’ayez pas peur, si vous voyez vos faiblesses; n’ayez pas peur, même si vous voyez vos péchés; relevez-vous et en avant, toujours en avant. Ne restez pas à terre, ne vous fermez pas, allez de l’avant avec ce que vous avez de plus important, allez de l’avant, car Dieu sait pardonner toutes choses! Nous retiendrons de beaucoup que, comme Bartosz, ils ont mis le service et la mission à la première place, le reste, vous verrez, viendra en plus.

Merci à tous, parce qu’en ces jours, vous avez été attentifs et ouverts jusqu’aux plus petits détails, les plus quotidiens, et jusqu’aux plus insignifiants détails en apparence, comme offrir un verre d’eau, et, en même temps, vous vous êtes occupés de choses plus importantes qui requièrent beaucoup de planification. Vous avez préparé chaque détail avec joie, créativité et engagement, et avec beaucoup de prière. Parce que les choses priées sont ressenties et se vivent avec profondeur. La prière donne une épaisseur, donne une vitalité à tout ce que nous faisons. En priant, nous découvrons que nous faisons partie d’une famille plus grande que ce que nous pouvions voir et imaginer. En priant, "nous ouvrons le jeu" à l’Eglise qui nous soutient et nous accompagne du ciel, aux saints et aux saintes qui ont marqué notre chemin, mais surtout, en priant, "nous ouvrons le jeu" à Dieu, pour qu’Il puisse agir et puisse entrer et puisse triompher.

Vous avez voulu consacrer votre temps, votre énergie, vos moyens à rêver et à construire cette rencontre. Vous pourriez parfaitement avoir choisi d’autres choses, vous avez voulu vous engager. Ce mot, vous voulez l’oublier : engagement? Ça vous fait grandir, ça vous fortifie, comme vous êtes, mais engagement. Donner le meilleur de soi-même, pour rendre possible le miracle de la multiplication non seulement des pains mais de l’espérance. Et vous, en donnant le meilleur de vous-mêmes, en vous engageant, vous réalisez le miracle de la multiplication de l’espérance. Nous avons besoin de multiplier l’espérance. Merci! Merci pour tout cela! Et par cela, vous avez montré, une fois de plus, qu’il est possible de renoncer à ses propres intérêts en faveur des autres. Comme tu l’as fait toi aussi, Stella Maris. J’avais lu les témoignages avant, c’est pourquoi j’ai pu écrire cela; et quand j’ai lu le tien, j’ai ressenti quelque chose comme l’envie de pleurer. Tu as renoncé à tes intérêts, tu as rassemblé pesos après pesos pour pouvoir participer aux Journées Mondiales de la Jeunesse à Cracovie, mais tu as renoncé pour aller payer les obsèques de tes trois grands-parents. Tu as renoncé pour honorer tes racineset ça fait de toi une femme, ça fait de toi une adulte, ça te rend courageuse. Tu as renoncé à participer à quelque chose qui te plaisait et dont tu avais rêvé, afin de pouvoir aider et accompagner ta famille, pour honorer tes racines, pour pouvoir rester là ; et le Seigneur, sans que tu ne l’attendes ni ne le penses, te préparait le cadeau des Journées Mondiales de la Jeunesse dans ton pays. Il plait au Seigneur de faire ces plaisanteries, il plait au Seigneur de répondre de cette manière à la générosité: il gagne toujours dans la générosité: tu lui donnes un peu comme ça et lui il te donne un tas comme ça. Ainsi est le Seigneur, - que peut-on y faire ? -, il nous aime comme ça. Comme Stella Maris, beaucoup d’entre vous ont réalisé des renoncements de tout type. Beaucoup d’entre vous ont renoncé… Pensez maintenant: à ce à quoi j’ai renoncé moi pour devenir volontaire. Pensez-y une minute. Vous, avec ce à quoi vous avez pensé, vous avez eu à reporter des rêves pour prendre soin de votre terre, et de vos racines. Cela le Seigneur le bénit toujours, il ne se laisse pas vaincre par la générosité. Chaque fois que nous reportons quelque chose qui nous plaît pour le bien des autres et spécialement pour les plus fragiles, ou pour le bien de nos racines comme le sont nos grands-parents et nos anciens, le Seigneur nous le rend à cent pour un. Il te bat dans la générosité, parce que personne ne peut le battre dans la générosité, et personne ne peut le surpasser dans l’amour. Mes amis: donnez et il vous sera donné, et vous connaitrez comment le Seigneur «versera dans le pan de votre vêtement une mesure bien pleine, tassée, secouée et débordante» (Lc 6,38), comme dit l’Evangile.

Chers amis, vous avez fait une expérience de foi plus vivante, plus réelle; vous avez vécu la force qui naît de la prière et une joie différente, fruit du travail côte à côte, y compris avec des personnes que vous ne connaissiez pas. Maintenant vient le moment de l’envoi: allez, racontez, allez, témoignez, allez, transmettez ce que vous avez vu et entendu. Tout cela, ne le faites pas avec beaucoup de paroles mais, comme vous l’avez fait ici, avec des gestes simples et quotidiens, ceux qui transforment et rendent nouvelles toutes choses, ces gestes capables de faire du "vacarme", un "vacarme" constructif, un "vacarme" d’amour. Je vous raconte une chose: quand je suis arrivé, le premier jour, sur la route il y avait une femme avec un chapeau, une femme déjà âgée, une grand-mère; elle était là près de la barrière où je passais en voiture et elle avait une pancarte qui disait: "nous les grands-mères, nous savons aussi faire du vacarme". Et elle ajoutait: "avec sagesse". Rassemblez-vous avec les grands-parents pour faire du vacarme, ce sera un vacarme fort, un vacarme génial! N’ayez pas peur, allez et parlez. Elle me semblait bien vieille cette femme et je lui ai demandé son âge: elle avait 14 ans de moins que moi. Quelle honte!

Demandons au Seigneur sa bénédiction. Qu’il bénisse vos familles et vos communautés et toutes les personnes que vous allez rencontrer dans un avenir proche. Mettons également sous le manteau de la Vierge Sainte notre cœur, ce que ressent notre cœur. Qu’elle vous accompagne. Et comme je vous l’ai dit à Cracovie, je ne sais pas si je vais être aux prochaines Journées Mondiales de la Jeunesse, mais je vous assure que Pierre va y être et il va vous confirmer dans la foi. Continuez d’avancer, avec audace et courage, et s’il vous plaît – je suis une âme pécheresse -, n’oubliez pas de prier pour moi. Merci.

[Prière]

Et maintenant, je vous donne la bénédiction. Nous mettons dans notre cœur ce que nous sommes, ce que nous désirons, les personnes avec lesquelles nous avons travaillé ces derniers jours, les autres volontaires, les gens que nous avons vus. Nous mettons dans notre cœur nos amis, pour qu’ils reçoivent la bénédiction; et nous mettons aussi dans notre cœur ceux qui ne nous aiment pas, nos ennemis, -chacun de nous en a un -, pour que Jésus les bénisse également; et tous ensemble nous pouvons aller de l’avant.

[Bénédiction]

[00120-FR.02] [Texte original: Espagnol]

Traduzione in lingua inglese

Dear Volunteers,

Before we conclude the celebration of World Youth Day, I wanted to meet you to thank every one of you for the service you rendered during these days and in the months preceding WYD.

Thanks to Bartosz, Stella Maris del Carmen and Maria Margarida for sharing their personal experiences. For me it was very important to listen to them and to appreciate the fellowship that comes about when we join together to serve others. We experience how faith takes on a completely new flavour and force: faith becomes more alive, more dynamic and more real. We experience a kind of joy – the one being lived here – a different kind of joy that comes from the opportunity of working side by side with others to achieve a shared dream. I know that all of you have experienced this.

Now you know how our hearts beat faster when we have a mission, not because someone told you this, but because you experienced it for yourselves. You experienced in your own life that “no one has greater love than this, to lay down one’s life for one’s friends” (Jn 15:13).

You also experienced some difficult moments that called for additional sacrifice. As you told us, Bartosz, we also became aware of our own weaknesses. The good thing is that you did not let those weaknesses get in the way of your service, or bother you too much. You experienced them in serving others, yes; in trying to understand and help other volunteers and pilgrims, yes; but you were determined not to let this stop you or paralyze you, you went ahead. May our limits and weaknesses not paralyze us, let us go on ahead with our defects, we will correct them, so as to keep moving forwards. This is the beauty of knowing that we are sent, the joy of knowing that, in spite of every difficulty, we have a mission to carry out. Let our limitations, our weaknesses and even our sins not hold us back and stop us from living the mission, because God invites us to do what we can and ask for what we cannot, in the knowledge that his love is taking hold of us and transforming us progressively (cf. Gaudete et Exsultate, 49-50). Do not be alarmed by your weaknesses, and do not fear when you see your sins. Get up and move forwards, always forwards. Don’t remain fallen down, don’t close yourselves in, but go on ahead as you are, move forwards, because God knows how to forgive all things. Let us learn from so many, like Bartosz, who put service and mission first, and you will see that everything else will follow.

I thank you all, because in these days you have been attentive to even the smallest details, the most ordinary and apparently insignificant details, like offering someone a glass of water. Yet you have also been concerned with the larger things that called for careful planning. You prepared every detail with joy, creativity and commitment, and with much prayer. The things we pray over, we feel them and live them more profoundly. Prayer gives substance and vitality to everything we do. In praying, we discover that we are part of a family larger than what we can see or imagine. In praying, we open everything we do to the Church that supports and accompanies us from heaven, to the saints who have shown us the way, but above all, in praying, we open it all to God so that he may act, enter and claim victory.

You have dedicated your time, and your energy and resources, to dreaming and putting together this meeting. You could have easily chosen to do other things, but you wanted to be involved. A phrase that others want to erase: “to be involved”. This makes you grow, makes you greater, as you are, but… involved. To give your best to making possible the miracle of the multiplication not only of loaves but also of hope. And when you give the best of yourselves, getting involved with dedication, you see the miracle of the multiplication of hope. We need to multiply hope. Thank you for all this! In this, you show us, once again, that it is possible to set aside your own interests in order to help others. As you did, Stella Maris. I had read the testimonies earlier, which is why I was able to write these words, and yet when I read yours I felt a desire to cry. You put aside your own interests, you saved up to attend the World Youth Day in Krakow, but decided not to go, so that you could care for your three grandparents. You gave up something in order to honour your roots and this makes you a woman, it makes you adult, it makes you brave. You gave up something you wanted to do and had dreamed about, in order to help and accompany your family, to honour your roots, to be there with them; but the Lord, without you imagining it or desiring it, was preparing a gift for you; the celebration of WYD in your own country. The Lord likes to joke in this way, he likes to repay generosity in this way, for in generosity he always wins: you give the Lord a little and he gives you a massive amount, just like this. The Lord is like that, what can we do about it; that’s the way he loves us. Like Stella Maris, many of you also made all sorts of sacrifices. Many of you made sacrifices… Think now, what did I set aside to be here as a volunteer? Think a minute. You who have thought about this, have had to defer your dreams to care for your land, your roots. The Lord always blesses that, and he can never be outdone in generosity. Every time we forego something that we like for the good of others and especially for those most in need, or for the good of our roots as in the case of our grandparents and our elderly, the Lord pays it back a hundredfold. He always wins in generosity, for no one can beat him in this; no one can outdo him in love. Friends, give and it will be given to you, and you will experience how the Lord “puts into your lap good measure, pressed down, shaken together, and running over” (Lk 6:38), as the Gospel says.

Dear friends, you have had a more lively and real experience of faith; you have experienced the strength born of prayer and a new and different kind of joy, the fruit of working side by side even with people you did not know. Now is the moment when you are sent forth: go out and tell, go out and bear witness, go out and spread the word about everything you have seen and heard. And don’t do this with lots of words but rather, as you did here, with simple and ordinary gestures, those that transform and renew all things. Gestures capable of creating a mess, a constructive mess, a loving mess. Let me tell you something. On my first day here I saw a woman with a bonnet, an elderly lady, a grandmother, at the barrier where we were driving by, and she had a sign saying: “We grandmothers also know how to make a mess” with the words added below, “with wisdom”. Join the grandparents to make a mess, it will be a real mess, a really clever mess, don’t be frightened of it, go out and speak. I thought the lady was quite elderly and so I asked her age: she was 14 years younger than me, what an embarrassment!

Let us ask the Lord for his blessing. May he bless your families and your communities, and all those whom you will meet and encounter in the days to come. Let us also place our hearts, and what we feel in our hearts, under the mantle of the Blessed Virgin. May Our Lady accompany you. And, as I told you in Krakow, I do not know if I will be there for the next World Youth Day, but I assure you that Peter will be there to confirm you in faith. Press on, with courage and strength, and please, I am a sinner in my soul, do not forget to pray for me. Thank you.

[Prayer]

And now I will give you the blessing. Let us place in our hearts all that we are, all that we desire, the persons with whom we have worked in this time, the other volunteers, the people we have seen. We place in our hearts our friends so that they may receive the blessing; and we also place in our hearts those who do not like us, our enemies, and each of us has some, so that Jesus may also bless them, and so that all together we may move forwards.

[Blessing]

[00120-EN.02] [Original text: Spanish]

Traduzione in lingua tedesca

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[00120-DE.02] [Originalsprache: Spanisch]

Traduzione in lingua portoghese

Queridos voluntários!

Quis, antes de terminar esta Jornada Mundial da Juventude, encontrar-me com todos vós para agradecer a cada um pelo serviço que realizou nestes dias e durante os últimos meses que antecederam a Jornada.

Obrigado a Bartosz, Stella Maris del Carmen e Maria Margarida por terem compartilhado as suas experiências pessoais. Para mim foi importante escutar-vos e dar-me conta da comunhão que se cria quando nos unimos para servir os outros! Experimentamos como a fé adquire um sabor e uma força completamente novos: a fé torna-se mais viva, mais dinâmica e mais real. Experimenta-se uma alegria – vemo-lo aqui -, uma alegria diferente pela oportunidade havida de trabalhar lado a lado com os outros para atingir um sonho comum. Sei que todos vós experimentastes tudo isto.

Agora sabeis como bate o coração quando se vive uma missão; e não porque alguém vo-lo contou, mas porque o vivestes. Pudestes verificar, palpavelmente, que «ninguém tem maior amor do que quem dá a vida pelos seus amigos» (Jo 15, 13).

Tivestes também de viver momentos difíceis, que vos exigiram vários sacrifícios. Como nos dizias, Bartosz, a pessoa experimenta também as próprias fraquezas. Felizmente, estas fraquezas não te detiveram na tua dedicação, nem se tornaram sequer o ponto central e mais importante. Experimentaste-las no serviço, é verdade; procurando compreender e servir os outros voluntários e peregrinos, é verdade; mas tiveste a coragem de não te deixares bloquear por isso, de não te deixares paralisar e continuaste para diante. Que as nossas limitações, as nossas fraquezas não nos paralisem! Continuar para diante, com os nossos defeitos – depois corrigimo-los –, com as nossas fraquezas... avançar e tal é a maravilha de nos sentirmos enviados, a alegria de saber que, apesar de todos os inconvenientes, temos uma missão a cumprir. Não deixemos que as limitações, as fraquezas e mesmo os pecados nos bloqueiem e impeçam de viver a missão, porque Deus chama-nos a fazer o que podemos e a pedir o que não podemos, sabendo que o seu amor nos agarra e transforma progressivamente (cf. Francisco, Exort. ap. Gaudete et exsultate, 49-50). Não vos assusteis à vista das vossas fraquezas; não vos assusteis sequer à vista dos vossos pecados: levantai-vos e continuai para diante, sempre para diante! Não fiqueis caídos por terra, não vos fecheis, continuai para diante com o que tendes de mais importante, continuai para diante; Deus sabe como perdoar tudo! Aprendamos a lição de muitos que, como Bartosz, colocaram em primeiro lugar o serviço e a missão… Verás que o resto vem por acréscimo.

Obrigado a todos, porque nestes dias estivestes disponíveis e atentos até aos mínimos e aparentemente insignificantes detalhes diários, como a oferta dum copo de água, e simultaneamente acompanháveis as coisas maiores que requeriam muita planificação. Preparastes cada detalhe com alegria, criatividade e empenho, e com muita oração. Porque, se for rezada, sente-se e vive-se a realidade em profundidade. A oração dá espessura e vitalidade a tudo o que fazemos. Rezando, descobrimos que fazemos parte duma família maior de quanto possamos ver e imaginar. Rezando, «abrimos o jogo» à Igreja que nos apoia e acompanha do Céu, aos santos e santas que nos apontaram o caminho, mas sobretudo, rezando, «abrimos o jogo» a Deus, para que Ele possa agir, possa entrar e possa vencer.

Quisestes dedicar o vosso tempo, a vossa energia, os recursos a sonhar e construir este encontro. Poderíeis perfeitamente ter optado por outras coisas, mas quisestes comprometer-vos. Esta palavra, que querem cancelar: compromisso. Mas é isto – o compromisso – que vos faz crescer, que faz tornar-vos grandes, assim como sois. Dar o melhor de si mesmo para tornar possível o milagre da multiplicação não só dos pães, mas também da esperança. E, dando o melhor de vós mesmos, comprometendo-vos, fizestes o milagre da multiplicação da esperança. Precisamos de multiplicar a esperança. Obrigado! Obrigado por tudo isto! E nisto demonstrais mais uma vez que é possível renunciar aos interesses próprios em favor dos outros. Como fizeste tu, Stella Maris… Antes, tinha lido os testemunhos, por isso pude escrever isto; e, quando li o teu, quase senti vontade de chorar. Renunciaste aos teus interesses! Cêntimo a cêntimo tinhas juntado o necessário para participar na Jornada Mundial da Juventude de Cracóvia, mas renunciaste a fazê-lo para poderes cobrir as despesas com os funerais dos teus três avós. Renunciaste, para honrar as tuas raízes; isto te faz mulher, te faz adulta, te faz corajosa. Renunciaste a participar no evento em que sonhavas, para poderes ajudar e sustentar a tua família, para honrar as tuas raízes, para poderes estar junto dela; e, sem que o esperasses nem pensasses, o Senhor estava a preparar-te um presente: a Jornada Mundial da Juventude na tua terra. O Senhor gosta de pregar estas partidas; o Senhor gosta de responder desta maneira à generosidade: Ele sempre vence em generosidade. Tu dás-Lhe um pouco assim, e Ele dá-te um monte assim! O Senhor é assim; que havemos de fazer? Ama-nos assim. Como Stella Maris, também muitos de vós fizeram renúncias de todos os tipos. Muitos de vós fizestes renúncias... Pensai agora: A que tive de renunciar para me tornar voluntário? Pensai uns momentos... E, nisso que acabais de identificar, tivestes de adiar sonhos, para cuidar da vossa terra e das vossas raízes. Isto sempre é abençoado pelo Senhor, que não Se deixa vencer em generosidade. Sempre que adiamos um gosto nosso pelo bem dos outros, especialmente dos mais frágeis, ou pelo bem das nossas raízes como são os nossos avós e os nossos idosos, o Senhor no-lo devolve na proporção de cem por um. Vence-te em generosidade, porque ninguém pode vencê-Lo em generosidade, ninguém O pode superar no amor. Amigos, dai e dar-se-vos-á: vereis como o Senhor lança, no vosso regaço, «uma boa medida, cheia, recalcada, transbordante» (Lc 6, 38), como diz o Evangelho.

Queridos amigos, fizestes uma experiência de fé mais viva, mais real; vivestes a força que nasce da oração e a novidade duma alegria diferente, resultante do facto de trabalhar lado a lado mesmo com pessoas que não conhecíeis. Agora chega o momento do envio: ide e contai, ide e testemunhai, ide e transmiti o que vistes e ouvistes. E isso, não o façais com muitas palavras, mas – como fizestes aqui – com gestos simples, com gestos do dia-a-dia, aqueles que transformam e fazem novas todas as coisas, aqueles gestos capazes de criar «algazarra», uma «algazarra» construtiva, uma «algazarra» de amor. Deixai que vos conte uma coisa: quando cheguei, no primeiro dia, pela estrada havia uma senhora com um chapéu, uma senhora idosa, uma avó; estava lá, junto da divisória onde eu passava no carro e tinha um letreiro que dizia: «Também nós, avós, sabemos como fazer algazarra!» E acrescentava: «Com sabedoria». Juntai-vos, aos avós, para fazer «algazarra», será uma algazarra eficaz, uma algazarra genial! Não tenhais medo! Ide e falai… A senhora, parecia-me já velhota e perguntei-lhe a idade. Tinha menos 14 anos do que eu. Que vergonha!

Peçamos ao Senhor a sua bênção. Que Ele abençoe as vossas famílias e as vossas comunidades e todas as pessoas que encontrardes no futuro próximo! Coloquemos também sob o manto da Santíssima Virgem o nosso coração, aquilo que sente o nosso coração. Que Ela vos acompanhe! E, como vos disse em Cracóvia, não sei se estarei na próxima Jornada Mundial da Juventude, mas garanto-vos que Pedro estará e vos confirmará na fé. Continuai para diante com força e coragem e, por favor – sou uma alma pecadora –, não vos esqueçais de rezar por mim. Obrigado!

[Oração]

E, agora, dou-vos a bênção. Coloquemos no nosso coração o que somos, o que desejamos, as pessoas com quem trabalhamos nestes dias, os outros voluntários, as pessoas que vimos. Coloquemos no coração os nossos amigos, para que recebam, também eles, a bênção; e coloquemos no nosso coração também aqueles que não nos amam, os inimigos – cada um de nós terá algum –, para que Jesus os abençoe também; e todos juntos possamos continuar para diante.

[Bênção]

[00120-PO.02] [Texto original: Espanhol]

Traduzione in lingua polacca

Drodzy wolontariusze,

Przed zakończeniem tego Światowego Dnia Młodzieży chciałem spotkać się z wami wszystkimi, aby podziękować każdemu za  służbę, jaką wypełnialiście w minionych dniach oraz podczas ostatnich miesięcy poprzedzających ten Dzień.

Dziękuję  Bartoszowi, Stelli Maris del Carmen i Marii Margaricie za podzielenie się swoimi doświadczeniami osobistymi. Było dla mnie bardzo ważne wysłuchanie was i zdanie sobie sprawy z komunii, która powstaje, kiedy się jednoczymy, aby służyć innym! Doświadczamy, jak wiara nabiera zupełnie nowego smaku i siły: wiara staje się bardziej żywa, bardziej dynamiczna i bardziej realna. Odczuwa się radość – widzimy to tutaj – inną radość, z powodu możliwości pracy ramię w ramię z innymi, aby osiągnąć wspólne marzenia. Wiem, że wszyscy tego doświadczyliście.

Wiecie teraz, jak bije serce, kiedy żyjemy pewną misją, i to nie dlatego, że ktoś wam o niej powiedział, ale ponieważ sami to przeżyliście. Przekonaliście się z bliska, że „Nikt nie ma większej miłości od tej, gdy ktoś życie swoje oddaje za przyjaciół swoich” (J 15,13).

Musieliście także doświadczyć chwil trudnych, które wymagały od was różnych poświęceń. Jak nam mówiłeś, Bartoszu, człowiek doświadcza także własnych słabości. To piękne, że te słabości nie powstrzymały cię w twoim zaangażowaniu, a nawet nie stały się rzeczą główną, ani najważniejszą. To prawda, doświadczyłeś ich służąc, starając się oczywiście zrozumieć i służyć innym wolontariuszom i pielgrzymom; ale miałeś odwagę, by to cię nie powstrzymało, nie sparaliżowało i szedłeś naprzód. Oby nasze ograniczenia, nasze słabości nie paraliżowały nas! Iść naprzód, z naszymi defektami – potem je skorygujemy – z naszymi słabościami…, iść naprzód, i na tym polega piękno poznania, że jesteśmy posłani, radość ze świadomości, że ponad wszystkie niedogodności mamy do wypełnienia misję. Nie pozwólmy, by powstrzymały nas ograniczenia, słabości, a nawet grzechy i by przeszkodziły nam w życiu misją, ponieważ Bóg wzywa nas, byśmy czynili to, co możemy i prosili o to, czego nie możemy, wiedząc, że Jego miłość prowadzi i przemienia nas stopniowo  (por. adhort. ap. Gaudete et exsultate, 49-50). Nie bójcie się, gdy dostrzegacie wasze słabości; nie bójcie się nawet, gdy widzicie wasze grzechy: podnoście się na nowo i do przodu, zawsze do przodu! Nie pozostańcie na ziemi, nie zamykajcie się, idźcie do przodu z tym, co macie najważniejszego, idźcie do przodu, bo Bóg potrafi przebaczyć wszystko! Uczymy się od wielu takich, którzy jak Bartosz postawili na pierwszym miejscu służbę i misję, a reszta – zobaczysz – przyjdzie jako coś dodanego.

Dziękuję wszystkim, ponieważ w tych dniach zwracaliście uwagę i byliście gotowi służyć aż po najmniejsze, najbardziej codzienne i aż po pozornie najmniej istotne szczegóły, jak podanie kubka wody, a równocześnie dokonaliście najwspanialszych rzeczy, które wymagały wielkiego planowania. Przygotowaliście każdy szczegół z radością, kreatywnością i zaangażowaniem, a także z wielką modlitwą. Sprawy przemodlone odczuwa się bowiem i przeżywa do głębi. Modlitwa nadaje treść i żywotność wszystkiemu, co czynimy. Modląc się odkrywamy, że jesteśmy częścią rodziny większej niż to, co możemy zobaczyć i sobie wyobrazić. Modląc się „zaczynamy grę” dla Kościoła, który nas podtrzymuje i towarzyszy nam z nieba, dla świętych, którzy wytyczyli nam drogę, ale przede wszystkim modląc się „zaczynamy grę” dla Boga, aby On mógł działać, by mógł wejść i by mógł zwyciężyć.

Zechcieliście poświęcić swój czas, swoją energię, zasoby, aby marzyć i zbudować to spotkanie. Mogliście doskonale wybrać inne rzeczy, ale zechcieliście się zaangażować. To słowo, które chcą wymazać: zaangażowanie. To pozwoli wam wzrastać, to pozwoli wam stać się wielkimi, jakimi jesteście – zaangażowanie. Dać z siebie to, co najlepsze, aby umożliwić cud rozmnożenia nie tylko chleba, ale i nadziei. A wy, dając z siebie to, co najlepsze, angażując się, sprawiacie cud rozmnożenia nadziei. Potrzebujemy rozmnożenia nadziei. Dziękuję! Dziękuję za to wszystko! Przez to po raz kolejny ukazujecie, że można wyrzec się własnych interesów na rzecz innych osób. Jak to zrobiłaś ty, Stello Maris. Czytałem świadectwa wcześniej, dlatego mogłem to napisać; a kiedy czytałem twoje, poczułem coś jakby mi się chciało płakać. Zrezygnowałaś z własnej korzyści: zbierałaś grosz do grosza, aby móc uczestniczyć w Światowym Dniu Młodzieży w Krakowie, ale zrezygnowałeś, aby pokryć koszty pogrzebu trojga twoich dziadków. Zrobiłaś wyrzeczenie, aby uhonorować twoje korzenie, i to czyni ciebie kobietą, czyni cię dorosłą, i czyni cię odważną. Zrezygnowałaś z uczestniczenia w czymś, co się tobie podobało i o czym marzyłaś, aby pomóc i wspierać twoją rodzinę, aby uszanować twoje korzenie, aby być w tym; a Pan, czego się nie spodziewałaś ani o czym nie myślałaś, przygotowywał dla ciebie dar Światowego Dnia Młodzieży w twojej ojczyźnie. Panu podoba się robić takie niespodzianki, Panu podoba się odpowiadać w ten sposób na wielkoduszność: On zawsze zwycięża w wielkoduszności. Dajesz Mu tak niewiele, a On daje ci ogrom! Taki jest Pan, co mamy robić?, tak nas kocha. Podobnie, jak Stella Maris, wielu z was podjęło wszelkiego rodzaju wyrzeczenia. Wielu z was podjęło wyrzeczenia… Pomyślcie teraz: z czego ja zrezygnowałem, żeby zostać wolontariuszem? Pomyślcie chwilę… Wy, przez to, o czym pomyśleliście, musieliście odłożyć na bok marzenia, aby zatroszczyć się o swoją ziemię i o swoje korzenie. Pan to zawsze błogosławi, i nie da się przewyższyć w hojności. Za każdym razem, gdy odkładamy na później coś, co się nam podoba, dla dobra innych, a zwłaszcza najbardziej kruchego, albo dla dobra naszych korzeni, którymi są nasi dziadkowie i nasze osoby starsze, Pan nam to zwraca stokrotnie. Zwycięża cię w wielkoduszności, ponieważ w wielkoduszności nikt nie może go pokonać, w miłości nikt nie może Go przewyższyć. Przyjaciele, dawajcie a będzie wam dane, a doświadczycie, w jaki sposób Pan wleje do waszego łona „miarą dobrą, natłoczoną, utrzęsioną i opływającą” (Łk 6,38), jak mówi Ewagnelia.

Drodzy przyjaciele, doświadczyliście wiary żywszej, realniejszej; doświadczyliście siły wypływającej z modlitwy oraz nowości innej radości, będącej owocem pracy ramię w ramię, także z osobami, których nie znaliście. Teraz nadchodzi chwila rozesłania: idźcie, opowiadajcie, idźcie, dawajcie świadectwo, idźcie i przekazujcie to, co widzieliście i usłyszeliście. Czyńcie to nie za pomocą wielu słów, ale tak jak czyniliście to tutaj, w gestach prostych, w gestach codziennych, które zmieniają i czynią nowymi wszystkie rzeczy, w tych gestach, które są zdolne czynić „raban”, „raban” konstruktywny, „raban” miłości. Opowiem wam jedną rzecz: kiedy przybyłem, pierwszego dnia, przy drodze była pewna kobieta w kapeluszu, starsza pani, babcia; była tam, blisko barierek na drodze przejazdu samochodu, i miała transparent z napisem: „My, babcie, też potrafimy robić «raban»”. Z dopiskiem: „Z mądrością”. Złączcie się z dziadkami, żeby robić „raban”, będzie to raban znaczący, raban genialny! Nie bójcie się, idźcie i mówcie. Wydawała mi się dość wiekowa ta pani i zapytałem ją o wiek: miała czternaście lat mniej ode mnie. Co za wstyd!

Prosimy Pana o Jego błogosławieństwo. Aby pobłogosławił wasze rodziny i wasze wspólnoty oraz wszystkie osoby, które spotkacie w najbliższej przyszłości. Schrońmy także pod płaszczem Najświętszej Dziewicy nasze serce, to, co czuje nasze serce. Niech Ona wam towarzyszy. I jak wam powiedziałem w Krakowie, nie wiem, czy będę podczas następnych Światowych Dni Młodzieży, ale zapewniam was, że Piotr tam będzie i umocni was w wierze. Idźcie naprzód, z siłą i odwagą, i proszę – jestem grzeszną duszą – nie zapomnijcie się za mnie pomodlić. Dziękuję!

            [Modlitwa]

            A teraz udzielę wam błogosławieństwa. Obudźmy w naszym sercu to, kim jesteśmy, to, czego pragniemy, osoby, z którymi pracowaliśmy w tych dniach, innych wolontariuszy, ludzi, których widzieliśmy. Obudźmy w sercu naszych przyjaciół, aby również oni otrzymali błogosławieństwo; o przywołajmy w naszym sercu również tych, którzy nas nie kochają, nieprzyjaciół – każdy z nas jakiegoś ma – aby Jezus błogosławił także im; i wszyscy razem możemy iść naprzód.

            [Błogosławieństwo]

[00120-PL.01] [Testo originale: Spagnolo]

Traduzione in lingua araba

أيّها المتطوّعين الأعزّاء،

قبل أن أختتم هذا اليوم العالمي للشبيبة، أردت أن ألتقي بكم جميعًا لأشكر كلًّا منكم على الخدمة التي قدّمتموها في هذه الأيّام وخلال الأشهر الأخيرة التي سبقت هذا اليوم.

شكرًا لبارتوش، ولستيلا ماريس ديل كارمن، ولماريا مارغاريدا، على مشاركتهم بخبرتهم الشخصيّة. كم كان مهمّا بالنسبة لي أن أستمع إليكم كي أدرك الشركة التي تنشأ عندما نجتمع لخدمة الآخرين! نختبر كيف يكتسب الإيمان نكهة وقوّة جديدة بالتمام: الإيمان يصبح أكثر حيويّة، وأكثر ديناميكيّة وأكثر واقعيّة. نختبر فرحًا –ونراه هنا- فرحًا مختلفًا، لأنه قد سنحت لنا الفرصة للعمل جنباً إلى جنب مع الآخرين كي نحقّق حلمًا مشتركًا. أعلم أنكم جميعًا قد اختبرتم هذا.

أنتم تعرفون الآن كيف يدقّ القلب عندما نحيا رسالة ما، وليس لأن أحدهم قاله لكم، بل لأنكم عشتم ذلك. لقد لمستم لمس اليد أنه "لَيسَ لأَحَدٍ حُبٌّ أَعظمُ مِن أَن يَبذِلَ نَفَسَه في سَبيلِ أَحِبَّائِه" (يو 15، 13).

كان عليكم أيضًا اختبار أوقات صعبة تطلّبت العديد من التضحيات. كما قلته لنا، بارتوز، يختبر المرء أيضًا نقاط ضعفه. الجمال هو أن نقاط الضعف هذه لم تمنعك من التزامك، ولم تصبح الأمر المركزيّ ولا الأهم. لقد اختبرتها في الخدمة، نعم؛ وأنت تحاول فهم وخدمة المتطوّعين والحجّاج الآخرين، بالطبع؛ لكن كانت لديك الشجاعة لعدم التراجع، لعدم السماح لها بأن تشلّك، ومضيت قدمًا. لا نسمحنّ لمحدوديّتنا ولضعفنا بأن يشلّانا! نمضي قدمًا، مع أخطائنا -ثم نصحّحها- مع ضعفنا ... نمضي قدمًا، وهذا هو جمال معرفة أننا مرسلون، وفرح معرفتنا أن فوق كلّ العوائق، لدينا رسالة يجب التقدّم بها. لا ندعنّ المحدوديّة، أو الضعف، أو حتى الخطايا، توقفنا وتمنعنا من عيش الرسالة، لأن الله يدعونا لنعمل كلّ ما في وسعنا، ولنطلب كلّ ما لا نستطيعه، مدركين أن حبّه يشغلنا ويحوّلنا بطريقة تدريجية (را. الإرشاد الرسولي افرحوا وابتهجوا، 49- 50). لا تخافوا عند رؤية نقاط ضعفكم؛ ولا تخافوا حتى عند رؤية خطاياكم: قوموا وسيروا دائما إلى الأمام! لا تبقوا في وضع السقوط، لا تنغلقوا، اذهبوا إلى الأمام مع أهمّ ما لديكم، تقدّموا، فالله يغفر كلّ شيء! إننا نتعلّم الكثير من أشخاص عديدين مثل بارتوش، وضعوا الخدمة والرسالة في المقام الأوّل؛ وسوف تروا أن الباقي يُزاد لكم.

شكراً للجميع، لأنكم كنتم في هذه الأيام مستعدّين ومنتبهين إلى التفاصيل الصغيرة، واليومية، وتلك التي تبدو غير ذات أهمية، مثل تقديم كوب من الماء، وتابعتم -في نفس الوقت- أكبر الأمور التي تطلّبت الكثير من التخطيط. لقد قمتم بإعداد كلّ التفاصيل بفرح وإبداع والتزام، وبكثير من الصلاة. لأن الأعمال التي نصلّي من خلالها، نعيشها بعمق. فالصلاة تعطي عمقًا وحيوية لكلّ ما نقوم به. من خلال الصلاة نكتشف أننا جزء من عائلة أكبر مما يمكننا رؤيته وتخيّله. حين نصلّي "نفتتح اللعبة" للكنيسة التي تدعمنا وترافقنا من السماء، للقدّيسات والقدّيسين الذين رسموا الطريق أمامنا، ولكننا بالصلاة، قبل كلّ شيء، "نفتتح اللعبة" لله، كي يتمكّن من التصرّف، وكي يدخل وينتصر.

أردتم أن تخصّصوا وقتكم وطاقتكم ومواردكم من أجل تخطيط هذا اللقاء وبنائه. كان بإمكانكم اختيار أشياء أخرى، لكنكم أردتم الالتزام. هذه الكلمة التي يريدون إلغاءها: الالتزام. هذا يجعلك تنمو، وهذا يجعلك تصبح عظيمًا، تمامًا كما أنتم، ولكن "الالتزام". لإعطاء أفضل ما لديكم، ليس لجعل معجزة تكثير الخبز ممكنة وحسب بل الرجاء أيضًا. وأنتم، إذ تعطون أفضل ما لديكم، عبر التزامكم، تقومون بمعجزة تكثير الرجاء. نحن بحاجة إلى تكثير الرجاء. شكرًا! شكرًا على كلّ هذا! وفي هذا تظهرون، مرّة أخرى، أنه من الممكن التخلّي عن المصالح الشخصيّة لصالح الآخرين. كما فعلتي أنت أيضًا، ستيلا ماريس. لقد قرأتُ الشهادات مسبقًا، حتى أتمكّن من كتابة هذا؛ وعندما قرأت شهادتك شعرت بشيء مثل الرغبة في البكاء. لقد تخلّيتي عن مصالحك الشخصية، وقد جمعتي قرشًا تلو الآخر كي تشاركي في اليوم العالمي للشبيبة في كراكوف، ولكنك تخلّيتي عن رغبتك من أجل تغطية تكاليف جنازات أجدادك الثلاث. لقد تخلّيتي إكرامًا لجذورك، وهذا يجعلك امرأة، يجعلك بالغة، يجعلك شجاعة. لقد تخلّيتي عن المشاركة في شيء تحبّينه وتحلمين به من أجل مساعدة عائلتك ودعمها، إكرامًا لجذورك، ومن أجل أن تكوني حاضرة؛ والربّ، دون أن تتوقّعي ذلك أو تفكّري به، كان يعدّ لك هديّة اليوم العالمي للشبيبة في أرضك. يحبّ الربّ أن يقوم بهذه النكات، يحبّ الربّ أن يبادل السخاء بهذه الطريقة: فهو يفوز دومًا في السخاء. أنت أعطيته القليل، وهو يعطيك حفنة كبيرة! الربّ هو هكذا، ماذا يمكننا أن نفعل؟، إنه يحبّنا هكذا. لقد قدّم الكثير منكم، مثل ستيلا ماريس، تضحيات من جميع الأنواع. لقد قدّم العديد منكم تضحيات ... فكّروا الآن: بماذا ضحّيت كي أصبح متطوّعة؟ فكّروا بالأمر لحظة ... أنتم، والأمر الذي فكّرتم به، كان عليكم أن تضعوا جانبًا أحلامكم من أجل رعاية أرضكم وجذوركم. الربّ يبارك هذا دائما، ولا يسمح بأن نغلبه بالسخاء. كلما نؤجّل شيئا نحبّه من أجل الآخرين، وخاصّة من أجل الأكثر ضعفًا، أو من أجل خير جذورنا مثل أجدادنا وشيوخنا، يعوضّه الربّ علينا مئة ضعف. يتفوّق عليكم في السخاء، لأنه لا يمكن لأحد أن يتفوّق عليه في السخاء، لا أحد يستطيع أن يتغلّب عليه في الحبّ. أيها الأصدقاء، أعطوا وسوف تنالوا، وسوف تختبرون كيف سيعطيكم "في أَحضانِكُم كَيْلاً حَسَناً مَركوماً مُهَزْهَزاً طافِحاً" (لوقا 6، 38)، كما يقول الإنجيل.

لقد عشتهم، أيّها الأصدقاء الأعزّاء، خبرة إيمان حيّ وواقعيّ. لقد عشتم القوةَ التي تأتي من الصلاة وجديدَ فرحةٍ مختلفة نتيجة العمل جنباً إلى جنب مع أشخاص لا تعرفونهم. والآن تأتي لحظة الإرسال: اذهبوا، وأخبروا، اذهبوا، واشهدوا، اذهبوا، وانقلوا ما رأيتم وسمعتم. ولا تقوموا بهذا من خلال كلمات كثيرة ولكن، كما فعلتم هنا، عبر أعمال بسيطة، أعمال يومية، تلك التي تحوّل كلّ شيء وتجعله جديدًا، تلك الأعمال التي تخلق "ضجّة"، "ضجّة" بنّاءة، "ضجّة" محبّة. سأخبركم بشيء: عندما وصلت، في اليوم الأوّل، كانت هناك سيّدة في الشارع مع قبّعة، سيّدة عجوز، جدّة. كانت هناك، بالقرب من السياج حيث كنت أمرّ بالسيارة، وكانت تحمل لافتة تقول: "نحن أيضًا الجدّات نعرف كيف نضجّ!" وتضيف: "بحكمة". انضمّوا إلى الأجداد لخلق "الضجّة"، فسوف تكون ضجّة قاطعة، ضجّة رائعة! لا تخافوا، اذهبوا وتحدّثوا. بدت السيّدة عجوزاً جدّاً وسألت عن عمرها: كانت أصغر منّي بأربعة عشر عامًا. يا للعار!

لنطلب بركة الربّ. ليبارك عائلاتكم وجماعاتكم وكلّ الأشخاص الذين ستلتقون بهم في المستقبل القريب. لنضع قلبنا في ظلّ حماية العذراء المباركة، وما يشعر به قلبنا. لترافقكم على الدوام. وكما قلته لكم في كراكوف، لا أعرف ما إذا كنت سأذهب إلى اليوم العالمي للشبيبة المقبل، ولكن أؤكّد لكم أن بطرس سيكون هناك بالتأكيد وسيثبّتكم في الإيمان. امضوا قدمًا، بقوّة وبشجاعة، ورجاء -أنا خاطئ- لا تنسوا أن تصلّوا من أجلي. شكرًا!

[الصلاة]

والآن أمنحكم البركة. لنضع في قلوبنا ما نحن عليه، وما نريده، والناس الذين عملنا معهم في هذه الأيام، والمتطوّعين الآخرين، والأشخاص الذين شاهدناهم. لنضع أصدقاءنا في قلوبنا، حتى ينالوا هم أيضًا البركة. لنضع في قلوبنا حتى أولئك الذين لا يحبّوننا، الأعداء -كلّ منّا لديه بعض الأعداء- كيما يباركهم أيضًا يسوع؛ وكلّنا معًا يمكننا المضيّ قدمًا.

[البركة]

[00120-AR.01] [Testo originale: Spagnolo]

[B0072-XX.02]