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COMUNICADO DE PRENSA
Editorial, Plaza de San Pedro.

El Papa León responde: «Fraternidad en vacaciones,
no dejemos solos a los pobres y a los adultos mayores»

En la edición de julio-agosto, la portada presenta el viaje del Papa León a Lampedusa; un especial dedicado al descanso como tiempo de regeneración del espíritu; y artículos de fondo sobre inteligencia artificial, arte y fe. Conmueve el diálogo entre Maurizio, un lector romano, y el Pontífice sobre el significado cristiano de las vacaciones.

VATICANO, 23 DE JULIO — El número de julio-agosto de Piazza San Pietro, la revista publicada por la Basílica Vaticana y dirigida por el padre Enzo Fortunato, transmite un fuerte mensaje de esperanza. Se trata de una edición de verano intensa, llena de reflexiones espirituales, análisis culturales y testimonios capaces de llegar al corazón de los lectores.

La portada está dedicada a la visita del Papa León a Lampedusa, realizada el 4 de julio, una peregrinación de oración y solidaridad en la que el Pontífice quiso centrar la atención mundial en el drama de las migraciones y en la dignidad humana, visitando los lugares emblemáticos del dolor y la esperanza a través de la «Puerta de Europa» en el corazón del Mediterráneo.

Un viaje que se convierte en un testimonio concreto de cercanía hacia los necesitados y los pueblos marcados por las migraciones y el sufrimiento.

Uno de los espacios más auténticos de la revista es la sección «Diálogo con los lectores», que presenta una conmovedora correspondencia entre Maurizio, de Roma, y el Papa León.

En su carta, Maurizio le confiesa al Pontífice su deseo de vivir las vacaciones no solo como un período de descanso, sino como una oportunidad para fortalecer su fe. «Me gustaría poder reducir el ritmo incesante y frenético de la vida cotidiana... y reencontrar un espacio auténtico de encuentro con Dios Padre», escribe el lector, preguntando cómo transformar el tiempo de verano en un auténtico camino espiritual.

La respuesta del Papa León es una invitación a mirar más allá de uno mismo. «A las familias les digo: no dejen solos a sus mayores», escribe el Pontífice, recordando también a los pobres, los enfermos, los migrantes, las víctimas de las guerras y a quienes ni siquiera pueden permitirse un tiempo de descanso. Y añade: «Aprovechen también el tiempo del verano para vivir el Evangelio de la paz y la misericordia», evitando «los excesos y el despilfarro, el materialismo y el consumismo» y redescubriendo la sobriedad como auténtico testimonio cristiano.

Un mensaje que va más allá del tiempo de las vacaciones y se convierte en un llamado universal a la fraternidad. Para el Papa León, de hecho, la verdadera regeneración pasa por la solidaridad, la cercanía a los más vulnerables y el redescubrimiento del amor como única fuerza capaz de dar un futuro al mundo. «¡Creamos en Él, esperemos en Él, sigamos a Él!», concluye el Pontífice, dejando a los lectores una reflexión que acompaña el verano e invita a cada uno a transformar el tiempo de descanso en una oportunidad de crecimiento humano y espiritual.

Dentro del número de verano, el especial «Descanso» propone una reflexión sobre las vacaciones como oportunidad para regenerar no solo el cuerpo, sino también el espíritu, redescubriendo el valor del silencio, de la contemplación y del encuentro con Dios. Entre los artículos de fondo se encuentra también el dossier dedicado a la Inteligencia Artificial, con una mirada hacia el futuro que «se construye con el ser humano», y el dedicado al Arte y la Fe, un viaje a las raíces de la Iglesia a través del patrimonio artístico que sigue narrando su historia.

LAS CARTAS

QUERIDO PAPA, ¿CÓMO SE PUEDE FORTALECER LA FE DURANTE LAS VACACIONES?

Me permito escribirle con respeto y con sincera y profunda gratitud por su constante e incansable compromiso al guiarnos a nosotros, los fieles, con palabras de paz, esperanza y luz en esta época de gran inestabilidad entre los pueblos, en la que cada día se agudizan los conflictos que, erróneamente, se relegan al pasado en detrimento del diálogo mutuo.

En los últimos tiempos me he visto reflexionando profundamente, a la luz de estos acontecimientos bélicos, sobre el significado de la fe en la vida cotidiana. En un mundo cada vez más acelerado y competitivo, pero a menudo superficial y distraído, conservar y hacer crecer una fe auténtica requiere atención, silencio, escucha y, a veces, incluso esfuerzo. A menudo me pregunto cómo es posible vivir y alimentar una espiritualidad más consciente y más auténtica, capaz de traducirse en gestos concretos de amor y de respeto responsable hacia los demás.

Con la llegada de las próximas vacaciones, siento el deseo de vivir este tiempo necesario y legítimo no solo como una pausa y un descanso, sino también como una oportunidad para redescubrir una dimensión más profunda de mi interioridad.

Me gustaría poder reducir el ritmo incesante y frenético de la vida cotidiana, observar con mayor atención lo que me rodea y reencontrar un espacio auténtico de encuentro con Dios Padre. Le estaría profundamente agradecido si pudiera ofrecernos una reflexión o un consejo sobre cómo vivir este tiempo de verano de manera que se convierta también en un camino espiritual y no solo en un paréntesis de la rutina diaria.

Le agradezco por escucharme y por el testimonio que ofrece cada día con su apostolado.

Con sincera y profunda devoción,

Maurizio, desde Roma
 

LA RESPUESTA DEL PAPA LEÓN

¡FRATERNIDAD DURANTE LAS VACACIONES, NO DEJEMOS SOLOS A LOS POBRES Y A LOS MAYORES!

Queridísimo Maurizio: gracias por su carta, que me permite reflexionar sobre las vacaciones que ya se acercan. Una primera consideración se refiere a los pobres y a todos aquellos que ni siquiera pueden disfrutar de un breve período de descanso, ya que se ven abrumados por el peso de dificultades de todo tipo. No son solo los problemas económicos los que impiden a las personas vivir, al menos por unos días, con serenidad y paz en el corazón. Pensemos en los enfermos, en las personas que han perdido la confianza en la vida, en quienes están abrumados por el dolor de la pérdida de sus seres queridos, en las víctimas de las guerras, del odio, del terrorismo y de la violencia, en los perseguidos por su fe y por la justicia, en los reclusos, en quienes se han quedado sin trabajo, sin hogar, en los migrantes a quienes no se les ha dado una acogida humana. Las vacaciones deberían ser para todos también un espacio de descanso de las ocupaciones y las preocupaciones, en el que poder vivir experiencias auténticas de amistad y de compartir, a fin de poder experimentar un anticipo de esa fraternidad y comunión que podemos vivir y viviremos en el Reino de Dios. En particular, a los cristianos, a las familias, tanto a los padres como a los hijos, a los jóvenes como a los mayores, les deseo que el verano sea una oportunidad para vivir experiencias sociales y religiosas fructíferas, para profundizar en la misión en la Iglesia y en la sociedad. Deseo, además, que a los enfermos no les falte durante estos meses de verano la cercanía de sus familiares, de los voluntarios y de aquellas personas que decidan dedicar parte de sus vacaciones a un compromiso fraternal de solidaridad. A las familias les digo: no dejen solos a sus mayores. Y a los voluntarios, jóvenes y no tan jóvenes: comprométanse a llevar humanidad y esperanza a quienes sufren y verán frutos de gracia; verán cuánto amor llenará su vida, cuánta alegría, cuánta felicidad. Este es el consejo que puedo darles para fortalecer nuestra fe: aprovechen también el tiempo del verano para vivir el evangelio de la paz y la misericordia. Pensemos en el privilegio que tenemos al apoyar a los pobres y dar testimonio de la pobreza evangélica. Este es un servicio que le rendimos a Cristo mismo. Por eso, durante las vacaciones, evitemos también los excesos y el despilfarro, el materialismo y el consumismo; eduquémonos en la sobriedad. Recordemos siempre que la acumulación de bienes obstaculiza la evangelización.

Que también las vacaciones sean coherentes con un estilo de vida cristiano. El amor y la gracia de Dios nos alcanzan cada día, siempre. Ayudémonos mutuamente, en cada comunidad, a no desperdiciar este patrimonio objetivo de humanidad y paz, la única esperanza para darle un futuro al mundo amenazado por la guerra. Ningún poder terrenal salvará al mundo, como lo dije en el Santuario de Nuestra Señora de Pompeya el pasado 8 de mayo, sino solo el poder divino del amor que Jesús, el Señor, nos ha revelado y regalado. ¡Creamos en Él, esperemos en Él, sigamos a Él!

Le agradezco sus palabras, Maurizio, y lo acompaño con mi bendición.

León XIV