zoomText
  • A
  • A
  • A
pdf
Generación de PDF en curso.....
EN  - ES  - IT

SALUDO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS MIEMBROS DE LA JUNTA DIRECTIVA DE LA UNIVERSIDAD HEBREA DE JERUSALÉN 

Sala del Consistorio
Jueves, 18 de junio de 2026

[Multimedia]

_______________________________

Estimados amigos,

me complace saludarlos a todos ustedes, quienes representan a la Junta Directiva de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en esta mañana en que visitan el Vaticano y Roma. Espero que el tiempo que van a pasar aquí les permita profundizar su conocimiento tanto de la Ciudad del Vaticano como de Roma, un lugar que no solo es fundamental para los orígenes y el crecimiento de la fe cristiana, sino que durante milenios también ha propiciado el encuentro entre culturas y pueblos.

Las universidades también han sido desde siempre lugares de encuentro, que reúnen a estudiantes y profesores para crecer en conocimiento a través del estudio académico y la investigación, así como a través de las amistades y los vínculos profesionales que se establecen de manera espontánea. Aunque no siempre es fácil, las universidades deben trabajar constantemente para garantizar que sigan existiendo oportunidades para encuentros significativos. Es una parte esencial de la vida de cualquier institución de educación superior, ya que nuestras relaciones con los demás, nuestros idiomas y nuestras culturas son sumamente importantes para lo que somos como seres humanos (cfr. Discurso a los profesores y estudiantes de la Universidad «Sapienza» de Roma, 14 de mayo de 2026).

Como lugares naturales de encuentro, por lo tanto, las universidades han sido tradicionalmente también espacios privilegiados de diálogo, en los que la búsqueda del conocimiento está intrínsecamente ligada al intercambio de ideas entre todos los miembros de la comunidad académica. En un ambiente en el que es posible el diálogo respetuoso, todos pueden enriquecerse en el conocimiento al aprender de los puntos de vista y de los testimonios vivos de los demás, incluso de aquellos con quienes se puede estar en desacuerdo. En estos entornos, con paciente perseverancia, es posible trabajar gradualmente para derribar cualquier barrera de malentendidos y desconfianza que pueda surgir.

En este sentido, en una época a menudo caracterizada por la violencia y la retórica mordaz, los miembros de su variada comunidad universitaria pueden seguir siendo «artesanos de la paz verdadera: una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante, trabajando por la concordia entre los pueblos» (Ibíd.). Los Salmos nos dicen que Dios, quien nos ama incondicionalmente, habla de paz a su pueblo y a quienes se dirigen a él en su corazón (cf. Sal 85, 8-9). Dios nos pide que seamos sus instrumentos para llevar la paz al mundo, pero debemos comenzar por nosotros mismos. Como escribió san Agustín de Hipona: «Si quieren atraer a los demás a la paz, tenganla ustedes primero; sean ustedes, ante todo, firmes en la paz. Para encender a los demás, deben tenerla ustedes, en su interior, como una luz encendida» (Discurso 357, 3). En lugar de pensar que la paz es imposible y está fuera de nuestro alcance, debemos tratar de promoverla en nuestras comunidades y de acogerla y reconocerla en nuestra vida (cfr. Mensaje para la LIX Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2026). Rezo para que, al formar artesanos de la paz, la comunidad universitaria pueda seguir siendo un faro de esperanza y de unidad en un mundo cada vez más dividido.

Mis queridos amigos, con estos sentimientos les agradezco su presencia e invoco sobre todos ustedes y sus seres queridos las bendiciones divinas de la sabiduría y la armonía.

Gracias.
___________________
Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 18 de junio de 2026