<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"><channel><title>vatican.va</title><link>https://www.vatican.va</link><description>vatican.va</description><language>es</language><item><title><![CDATA[Ángelus, 16 de agosto de 2026]]></title><pubDate>Sun, 16 Aug 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260816-angelus.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260816-angelus.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 16 Aug 2026 13:18:44 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;feliz domingo!</i></p> 
<p><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/8/15/messa-castelgandolfo.html">Ayer contemplamos a la Virgen Mar&iacute;a</a> en su relaci&oacute;n indisoluble con su Hijo: ni siquiera la muerte pudo interrumpir esa comuni&oacute;n de alma y cuerpo, que es vida eterna. Cada domingo nos recuerda que esa misma plenitud est&aacute; reservada a quienes siguen a Jes&uacute;s: su resurrecci&oacute;n no es un acontecimiento del pasado, sino una vida nueva que nos compromete.</p> 
<p>As&iacute; lo demuestra hoy la mujer cananea protagonista del Evangelio proclamado en la liturgia (cf. <i>Mt</i> 15,21-28). Aunque no pertenece a su pueblo y vive en una regi&oacute;n extranjera, intenta con insistencia hablar con Jes&uacute;s, sigui&eacute;ndole como una disc&iacute;pula que ya tiene un v&iacute;nculo con &Eacute;l. Probablemente nunca se hab&iacute;an encontrado, pero, misteriosamente, la fe ya hab&iacute;a surgido en ella. No desea algo para s&iacute; misma, sino la paz para su hija atormentada, y conf&iacute;a en Jes&uacute;s, a quien reconoce como el Mes&iacute;as, descendiente de David (cf. v. 22).</p> 
<p>El evangelista no oculta los obst&aacute;culos a los que se enfrenta esta mujer. Los disc&iacute;pulos la ven como una persona molesta, y el propio Jes&uacute;s se resiste a sus peticiones. De hecho, el Maestro se hab&iacute;a retirado a aquella regi&oacute;n (cf. v. 21) y podemos imaginar que, como en otras ocasiones, buscaba un lugar apartado donde orar y formar a los suyos. Sin embargo, en ese momento ocurre algo inesperado. Al meditar sobre ello, podemos comprender la obediencia de Jes&uacute;s, que cumple su misi&oacute;n dej&aacute;ndose conmover por lo que ve y lo que oye. Al final le dice: &laquo;Mujer, qu&eacute; grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas&raquo; (v. 28).</p> 
<p>Tambi&eacute;n hoy la Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de Cristo m&aacute;s all&aacute; de las fronteras ya trazadas. Su misi&oacute;n es anticipada por la gracia divina, que act&uacute;a en lo m&aacute;s rec&oacute;ndito de las conciencias, de modo que en cada encuentro, incluso en aquellos que trastocan nuestros planes, hay que aguzar el o&iacute;do, abrir los ojos y el coraz&oacute;n a lo que Dios quiere decirnos.</p> 
<p>De la mujer cananea aprendemos la humildad y la determinaci&oacute;n. Gracias a su fe, aprendemos que la mesa de Dios est&aacute; preparada para todos y que a nadie le corresponden las migajas (cf. vv. 26-27), porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre. A la luz de esta fe, resultan insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios.</p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas: somos la Iglesia de Jesucristo en un mundo atormentado, en un mundo que busca la paz. A Mar&iacute;a, nuestra Madre, le pedimos que interceda por nosotros. &laquo;De sus labios brota el himno m&aacute;s fuerte e innovador que jam&aacute;s se haya pronunciado, el Magn&iacute;ficat&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html">Magnifica humanitas</a></i>, 244): es el canto de quien ya ve la realidad con la mirada de Dios y, por eso, no pierde la esperanza y act&uacute;a con caridad.</p> 
<p>__________________</p> 
<p><b>Despu&eacute;s del &Aacute;ngelus</b></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p> 
<p>Reitero mi llamamiento para que cesen los repetidos actos de violencia contra la poblaci&oacute;n civil palestina en Cisjordania y pido con urgencia a la comunidad internacional que vele por el avance de la soluci&oacute;n de dos Estados, en pro de una paz justa y duradera.</p> 
<p>Esta semana dar&aacute;n comienzo los Juegos del Mediterr&aacute;neo, que se celebrar&aacute;n en Taranto. En ellos participar&aacute;n diversos pa&iacute;ses de &Aacute;frica, Asia y Europa que pertenecen a la cuenca mediterr&aacute;nea. Deseo que este evento deportivo sea un presagio de paz y fraternidad entre los pueblos de esta regi&oacute;n y del mundo entero.</p> 
<p>Y ahora doy la bienvenida a todos ustedes, que se han reunido aqu&iacute;, en Castel Gandolfo, para el &Aacute;ngelus dominical.</p> 
<p>Saludo con cari&ntilde;o a los peregrinos procedentes de diversos pa&iacute;ses. Al saludar a los polacos, extiendo mi bendici&oacute;n a las numerosas participantes en la tradicional peregrinaci&oacute;n al Santuario de Piekary Śląskie, en Alta Silesia.</p> 
<p>Les deseo a todos un feliz domingo.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Ángelus, 15 de agosto de 2026, <i>Santa Misa en la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María</i>]]></title><pubDate>Sat, 15 Aug 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260815-angelus.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260815-angelus.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 15 Aug 2026 12:58:38 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Hoy celebramos la <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/8/15/messa-castelgandolfo.html">solemnidad de la Asunci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a</a>. Una fiesta de gran importancia, tanto para la teolog&iacute;a cat&oacute;lica como para la piedad popular; efectivamente, es una celebraci&oacute;n muy apreciada en muchas comunidades, especialmente en donde la catedral o la iglesia parroquial est&aacute;n dedicadas a Nuestra Se&ntilde;ora de la Asunci&oacute;n.</p> 
<p>Para contemplar este misterio de la fe, podemos recurrir a los dos modelos iconogr&aacute;ficos con los que, a lo largo de los siglos, los artistas lo han representado.</p> 
<p>El primero, el m&aacute;s antiguo, que fue el &uacute;nico durante casi un milenio, es el de la &laquo;dormici&oacute;n&raquo; de la Madre de Dios: ella aparece recostada sobre un ata&uacute;d, dormida en la muerte; a su alrededor est&aacute;n los ap&oacute;stoles, quienes la veneran conmovidos en oraci&oacute;n; en el centro, de pie, se encuentra Jes&uacute;s resucitado, quien sostiene en sus brazos el alma de Mar&iacute;a, como a una ni&ntilde;a reci&eacute;n nacida. Ha venido a buscarla para llevarla consigo a la gloria de Dios, “al cielo”, como decimos simb&oacute;licamente. El Se&ntilde;or ha cumplido en su Madre aquello que prometi&oacute; a todos sus amigos: &laquo;Cuando vaya [al Padre] y les prepare un lugar, volver&eacute; y los llevar&eacute; conmigo, para que donde estoy yo est&eacute;n tambi&eacute;n ustedes&raquo; (<i>Jn</i> 14,3).</p> 
<p>Este primer modelo pone de relieve la verdad central: es Cristo, muerto y resucitado, quien nos conduce a la meta a la que desde siempre hemos sido destinados, a la vida eterna. Es lo que generaciones y generaciones de fieles han contemplado al orar frente a las im&aacute;genes de la Dormici&oacute;n, y que se puede admirar en Roma, en el gran mosaico del &aacute;bside de la Bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor.</p> 
<p>La iconograf&iacute;a m&aacute;s reciente, que se desarroll&oacute; posteriormente en Occidente, nos muestra, por el contrario, a la Virgen Mar&iacute;a de cuerpo entero, en el cielo, rodeada de luz, a menudo con &aacute;ngeles y santos alrededor. En esta, se encuentra el cuerpo glorificado de la Virgen en el centro, conforme a lo que se lee en el libro del Apocalipsis: &laquo;Un gran signo apareci&oacute; en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza&raquo; (<i>Ap</i> 12,1).</p> 
<p>Algunos artistas han juntado ambos esquemas, representando a la Virgen gloriosa en alto y su tumba vac&iacute;a abajo, frecuentemente llena de flores de diversos colores, y a los ap&oacute;stoles con la mirada fija hacia ella, en el cielo.</p> 
<p>Este segundo modelo pone de relieve la verdad de que Mar&iacute;a fue asunta en cuerpo y alma, es decir, en la integridad de su persona. Esa mujer que en la tierra dio cuerpo y sangre al Verbo encarnado y lo sigui&oacute; hasta la uni&oacute;n perfecta en el sacrificio de amor, fue atra&iacute;da por &Eacute;l a la gloria para siempre.</p> 
<p>De este modo, esta iconograf&iacute;a nos permite tambi&eacute;n contemplar nuestro destino final. La plenitud de vida, que hoy admiramos con alegr&iacute;a en Mar&iacute;a, nos espera tambi&eacute;n a nosotros, al final de los tiempos, cuando, como dice san Pablo, Cristo Resucitado &laquo;transformar&aacute; nuestro cuerpo humilde, seg&uacute;n el modelo de su cuerpo glorioso&raquo; (<i>Flp</i> 3,21), vistiendo lo que es corruptible de incorruptibilidad y lo que es mortal de inmortalidad (cf. <i>1 Co</i> 15,54). Entonces, con nuestra carne transformada por el amor del Redentor, viviremos para siempre, en la fiesta sin fin.</p> 
<p>&iexcl;Alabemos al Se&ntilde;or, que ha hecho grandes cosas en su Sant&iacute;sima Madre, que es tambi&eacute;n la nuestra!</p> 
<p>_____________________</p> 
<p><b>Despu&eacute;s del &Aacute;ngelus</b></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p> 
<p>Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, asunta en la gloria del cielo, es para todo el pueblo de Dios un signo de esperanza y consuelo. Por eso, hoy deseo invocar su intercesi&oacute;n maternal en nombre de aquellas comunidades que necesitan ser consoladas y seguir teniendo esperanza. Pienso en los hermanos y hermanas de Tierra Santa, que es tambi&eacute;n, por excelencia, la Tierra de Mar&iacute;a. Pienso en el pueblo ucraniano y en el pueblo ruso, ambos unidos por una devoci&oacute;n filial a la Santa Madre de Dios. Pienso en los cristianos que sufren discriminaci&oacute;n o incluso persecuci&oacute;n.</p> 
<p>Sigo rezando en estos d&iacute;as por la poblaci&oacute;n colombiana que sufre a causa del terremoto.</p> 
<p>Me uno a estas comunidades y a todas aquellas que viven en contextos dif&iacute;ciles, y junto con ellas exclamo: “&iexcl;Santa Mar&iacute;a, ruega por nosotros!”.</p> 
<p>Dirijo mi saludo a todos ustedes, fieles de Castel Gandolfo y peregrinos venidos de Italia y de diversos pa&iacute;ses. &iexcl;Gracias por su presencia y oraci&oacute;n!</p> 
<p>Les deseo a todos que puedan disfrutar de un tiempo de descanso, para reponer las fuerzas en el cuerpo y en el alma, tambi&eacute;n con alguna buena lectura y en contacto con la naturaleza.</p> 
<p>&iexcl;Feliz fiesta y hasta ma&ntilde;ana!</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Santa Misa en la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María (Castel Gandolfo, 15 de agosto de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 15 Aug 2026 10:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260815-omelia-castelgandolfo.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260815-omelia-castelgandolfo.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 15 Aug 2026 10:41:35 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas</i>:</p> 
<p>Con gran alegr&iacute;a celebro tambi&eacute;n este a&ntilde;o con ustedes la Solemnidad de la Asunci&oacute;n.</p> 
<p>El Magisterio de la Iglesia nos ense&ntilde;a que &laquo;Mar&iacute;a, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria Celeste&raquo; (P&iacute;o XII, Const. apost. <i>Munificentissimus Deus</i>, 1 noviembre 1950) y nos indica, en este Misterio, el cumplimiento de la plenitud de gracia que Dios le ha dado en su Concepci&oacute;n Inmaculada (cf. <i>ib&iacute;d.</i>).</p> 
<p>Por eso, muchas obras de arte la representan, al final de su vida terrena, como una joven hermosa que se eleva f&iacute;sicamente desde la tierra hacia el cielo. Se inspiran en la escena descrita en el pasaje del Apocalipsis que hemos escuchado en la primera lectura: &laquo;Una Mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies&raquo; (<i>Ap</i> 12,1), para significar que en el coraz&oacute;n de Mar&iacute;a se encuentran el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad.</p> 
<p>Esta imagen aparentemente contrasta con la experiencia de lo que produce en nosotros el paso de los a&ntilde;os. Con la edad, de hecho, nuestro cuerpo no se hace m&aacute;s &aacute;gil, sino m&aacute;s pesado; la piel no se vuelve m&aacute;s fresca, sino que muestra los signos de la vejez; el cabello no toma color ni brillo, sino que se vuelve gris y luego blanco. Entonces, &iquest;qu&eacute; tenemos en com&uacute;n con la joven maravillosa que encontramos pintada en nuestros retablos?</p> 
<p>Para comprenderlo debemos mantener unidos los dos signos que hemos mencionado: el cuerpo incorrupto de la Madre de Dios y su coraz&oacute;n inmaculado. Es la pureza del alma, en efecto, que en Mar&iacute;a ―como en nosotros― por gracia de Dios ilumina y transfigura a toda la persona, llev&aacute;ndola a la gloria del Cielo.</p> 
<p>La glorificaci&oacute;n de Mar&iacute;a en alma y cuerpo nos ense&ntilde;a que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar tambi&eacute;n en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin (cf. <i>1 Co</i> 13,8).</p> 
<p>Nos invita, de este modo, a revisar muchos de los c&aacute;nones est&eacute;ticos, predominantemente de tipo hedonista y consumista, que el mundo nos impone, y que corren el riesgo de aprisionarnos en condicionamientos pesados, haci&eacute;ndonos desperdiciar energ&iacute;as valiosas en lo que no es realmente importante ni dura para siempre. En la experiencia com&uacute;n, se pueden encontrar personas con el rostro marcado por los a&ntilde;os y los sufrimientos, pero capaces de irradiar serenidad, benevolencia y paz a su alrededor; como se pueden observar otras, quiz&aacute;s exteriormente atractivas, pero duras y fr&iacute;as en su interior. Y es f&aacute;cil entender d&oacute;nde est&aacute; la verdadera belleza y d&oacute;nde, en cambio, hay todav&iacute;a necesidad de conversi&oacute;n, perd&oacute;n y curaci&oacute;n.</p> 
<p>Si de verdad deseamos descubrir y cultivar la belleza divina que nos rodea y para la que hemos sido creados, as&iacute; como difundirla a nuestro alrededor, debemos aprender a leerla tanto en el rostro tierno de un ni&ntilde;o como en las arrugas de un anciano, en la vivacidad de un joven como en la compostura de un adulto, en los adornos de la fiesta como en la vestimenta y en las herramientas de trabajo. Debemos escuchar las historias de amor &uacute;nicas que cada una de estas realidades nos cuenta, reconoci&eacute;ndolas como peque&ntilde;os destellos en el cielo.</p> 
<p>El amor es el ornamento m&aacute;s hermoso del hombre: el amor que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto; que nos hace ligeros, libres, cercanos a Dios, incluso a trav&eacute;s de los altibajos de la vida.</p> 
<p><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html">San Pablo VI</a>, al meditar sobre el misterio de la Asunci&oacute;n de la Virgen, dec&iacute;a que para comprender su significado &laquo;debemos convertir en superlativos y absolutos los t&eacute;rminos que usamos en el lenguaje terrenal […], para imaginarnos, a peque&ntilde;a escala, lo eterno&raquo; (<i>Homil&iacute;a</i>, 15 agosto 1969). Y a prop&oacute;sito de este encuentro, en la Madre de Dios, entre lo infinito y lo finito, el <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/francesco.html">Papa Francisco</a> escrib&iacute;a: &laquo;Mar&iacute;a es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jes&uacute;s, con unos pobres pa&ntilde;ales y una monta&ntilde;a de ternura&raquo; (Exhort. ap. <i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html#El_regalo_de_Jes%C3%BAs_a_su_pueblo">Evangelii gaudium</a></i>, 286).</p> 
<p>El milagro que Mar&iacute;a, la doncella de Nazaret, vivi&oacute; en su coraz&oacute;n inocente, y que la llev&oacute; a la gloria del Cielo, es el encuentro de extremos, como ella misma da testimonio en las palabras inspiradas del Magn&iacute;ficat, que hemos escuchado en el Evangelio (cf. <i>Lc</i> 1,46-55). &nbsp;En este c&aacute;ntico, a trav&eacute;s de las humildes expresiones de su fe, la Madre del cielo nos habla de modo sencillo de grandes misterios: Dios que en ella se hace hombre para salvar a los hombres, el Eterno que en ella se manifiesta en el tiempo para abrirnos tambi&eacute;n a nosotros el camino de la eternidad, mostr&aacute;ndonos al mismo tiempo, en su condici&oacute;n de “humilde sierva”, la “peque&ntilde;a dimensi&oacute;n” en la que tambi&eacute;n nosotros podemos encontrar al Se&ntilde;or, como dec&iacute;a <a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html">san Pablo VI</a>.</p> 
<p>La sublimidad del Misterio que celebramos, entonces, no debemos buscarla lejos. Podemos encontrarla all&iacute; donde hay verdadera caridad: en los ojos de un padre y una madre que vuelven a casa despu&eacute;s de una jornada de trabajo, cansados pero felices de estar con sus hijos; en los rostros de los abuelos y las abuelas que, a pesar de las dificultades de la edad, se reactivan con energ&iacute;as inesperadas al cuidar a los nietos; o incluso en el compromiso de j&oacute;venes que se esfuerzan por crecer limpios y honestos, listos tambi&eacute;n para ir contra la corriente respecto a “lo que todos hacen”; finalmente, en la obra de tantos hombres y mujeres que diariamente, con fe y dedicaci&oacute;n, contribuyen a llevar un poco de Cielo sobre la tierra y la tierra hacia el Cielo.</p> 
<p>Queridos hermanos, el rostro bell&iacute;simo de la Asunci&oacute;n es &uacute;nico, supera toda representaci&oacute;n posible y, sin embargo, al mismo tiempo nos es conocido: es el de las personas que est&aacute;n a nuestro lado, incluso en este momento, de los hermanos y hermanas con quienes compartimos, en la fe, la ofrenda diaria de nuestra vida. Por eso, en la mujer del Apocalipsis la comunidad de los creyentes se ve a s&iacute; misma, y el <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a> describe a Mar&iacute;a como &laquo;imagen y principio de la Iglesia, […] signo de esperanza cierta y de consuelo&raquo; (Const. dogm. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html">Lumen gentium</a></i>, 68). En su humanidad santa, por gracia de Dios, est&aacute; tambi&eacute;n la nuestra, estamos llamados a vivir su misma plenitud de vida y a compartir su misma gloria.</p> 
<p>San Agust&iacute;n, hablando de la resurrecci&oacute;n de Cristo, invitaba a los cristianos de su tiempo a hacer de ella la br&uacute;jula y el punto de referencia de su existencia. Dec&iacute;a: <i>&laquo;Resucit&oacute; Cristo, y ya no morir&aacute; […]. Cambia de parecer, sigue a tu luz; lev&aacute;ntate con la que resucit&oacute;&raquo; (Comentarios a los salmos</i>126, 7).</p> 
<p>Hagamos nuestra su invitaci&oacute;n. Sigamos la luz del Resucitado, cambiando de rumbo si es necesario. Hag&aacute;moslo, particularmente hoy, mirando a Mar&iacute;a, que Dios coron&oacute; de gloria en alma y cuerpo, y que nos ha dado como Madre, gu&iacute;a, compa&ntilde;era de viaje y protectora en el camino del Cielo.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Audiencia general del 12 de agosto de 2026 - Los Documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 6. El año litúrgico]]></title><pubDate>Wed, 12 Aug 2026 10:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260812-udienza-generale.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260812-udienza-generale.html</guid><description><![CDATA[<!-- Wed, 12 Aug 2026 12:49:35 +0200 --> <p><b>Los Documentos del <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a> III. Constituci&oacute;n <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">Sacrosanctum Concilium</a></i> <i>6. El a&ntilde;o lit&uacute;rgico</i></b></p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas,</i></p> 
<p>el quinto cap&iacute;tulo de la Constituci&oacute;n conciliar <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">Sacrosanctum Concilium</a> (SC) </i>est&aacute; dedicado al a&ntilde;o lit&uacute;rgico, tema sobre el cual hoy queremos deternos, para explicar su importancia en la vida de todo creyente.</p> 
<p>En primer lugar, hay que recordar que esta manera de definir el ciclo de las celebraciones cristianas “a&ntilde;o lit&uacute;rgico” se extendi&oacute; en el lenguaje eclesial gracias a la obra del Siervo de Dios, el abad Prosper Gu&eacute;ranger (1805-1875).</p> 
<p>En la enc&iacute;clica <i><a href="https://www.vatican.va/content/pius-xii/en/encyclicals/documents/hf_p-xii_enc_20111947_mediator-dei.html">Mediator Dei</a></i>, <a href="https://www.vatican.va/content/pius-xii/en.html">Papa Pio XII</a> afirma que &laquo;no es una representaci&oacute;n fr&iacute;a e inerte de cosas que pertenecen a tiempos pasados, ni un simple […] recuerdo de una edad pret&eacute;rita. M&aacute;s bien, el a&ntilde;o lit&uacute;rgico es Cristo mismo que persevera en su Iglesia y que prosigue aquel camino de inmensa misericordia que inici&oacute; en esta vida mortal […] con el bondados&iacute;simo fin de que las almas de los hombres se pongan en contacto con sus misterios y por ellos en cierto modo vivan; misterios que est&aacute;n presentes y obran constantemente&raquo; (III Divinum Officium et Annus Liturgicus, II Cyclus Mysteriorum). Por lo tanto, el a&ntilde;o lit&uacute;rgico debe entenderse como constante actualizaci&oacute;n de la obra de salvaci&oacute;n que Cristo realiza en la historia. A lo largo de este ciclo temporal, la Iglesia permanece en contacto con la acci&oacute;n redentora del Se&ntilde;or, para que puedan los fieles llenarse de la gracia de la salvaci&oacute;n (cf. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">SC</a>,</i> 102c). El encuentro con Jes&uacute;s, que muri&oacute; y resucit&oacute; por nosostros, es el fin que la Iglesia persigue siempre, situando en el centro de cada momento la celebraci&oacute;n del acontecimiento pascual.</p> 
<p>Por esta raz&oacute;n, los padres conciliares consideran &laquo;fundamento y el n&uacute;cleo de todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico&raquo; precisamente el domingo &laquo;el d&iacute;a de la fiesta primordial&raquo; (cf. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">SC</a>, </i>106). En varios idiomas modernos, su nombre atestigua que es el “<i>dies Domini</i>”, “el d&iacute;a del Se&ntilde;or”. Incluso en aquellas lenguas en las que ha prevalecido la referencia al “d&iacute;a del sol” (Sunday, Sonntag), se vislumbra el v&iacute;nculo con Cristo: &iexcl;Cristo es el verdadero “sol de justicia” que ilumina a todo hombre!</p> 
<p><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/en.html">San Juan Pablo II</a>, en la Carta apost&oacute;lica <i><a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/en/apost_letters/1998/documents/hf_jp-ii_apl_05071998_dies-domini.html">Dies Domini</a></i> (31 de mayo de 1998), ense&ntilde;a que el domingo es el d&iacute;a del Se&ntilde;or, el d&iacute;a de la Iglesia, el d&iacute;a del hombre y, por &uacute;ltimo, “el d&iacute;a de los d&iacute;as”: &laquo;Al ser el domingo la Pascua semanal, en la que se recuerda y se hace presente el d&iacute;a en el cual Cristo resucit&oacute; de entre los muertos, es tambi&eacute;n el d&iacute;a que revela el sentido del tiempo. […] Brotando de la Resurrecci&oacute;n, atraviesa los tiempos del hombre, los meses, los a&ntilde;os, los siglos como una flecha recta que los penetra orient&aacute;ndolos hacia la segunda venida de Cristo. El domingo prefigura el d&iacute;a final, el de la <i>Parus&iacute;a</i>&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/content/john-paul-ii/en/apost_letters/1998/documents/hf_jp-ii_apl_05071998_dies-domini.html">n.75</a>), cuando todos resucitaremos.</p> 
<p>Para santificar el domingo es fundamental celebrar la Eucarist&iacute;a. La escucha de la Palabra y la participaci&oacute;n en el Cuerpo de Cristo implican, seg&uacute;n los Padres conciliares, el <i>convenire in unum </i>(cf. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">SC</a></i>, 106), es decir, la convocaci&oacute;n festiva de los fieles. En dicha asamblea, la comunidad cristiana hace visible su comuni&oacute;n con el Se&ntilde;or y da testimonio de su pertenencia a Cristo y de su fidelidad a la Iglesia. Esta asamblea no puede sustituirse por una presencia meramente virtual, ni se reduce a una reuni&oacute;n meramente pasiva. La asamblea lit&uacute;rgica se realiza, en efecto, en la participaci&oacute;n activa de hermanos y hermanas, convocados juntos para que &laquo;den gracias a Dios, que los &laquo;hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrecci&oacute;n de Jesucristo de entre los muertos (<i>1Pe</i>, 1,3)&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">ibid.</a>).</i></p> 
<p>En este sentido, os animo a todos a crear las mejores condiciones posibles para que tambi&eacute;n puedan participar en la Santa Misa aquellos que los domingos no tienen la posibilidad de ausentarse del trabajo.</p> 
<p>Queridos hermanos, el a&ntilde;o lit&uacute;rgico, marcado por los domingos, tiene una historia interesante, en la que se entrelazan la fe y la devoci&oacute;n de la Iglesia. De hecho, ya desde el siglo II d. C., a la celebraci&oacute;n de la Pascua semanal se a&ntilde;adi&oacute; la de la Pascua anual, &laquo;la m&aacute;xima solemnidad&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">SC</a></i>, 102), que se extend&iacute;a a lo que se denomina el &laquo;tiempo de gran alegr&iacute;a&raquo; de cincuenta d&iacute;as, que culminaba en Pentecost&eacute;s y se preparaba mediante el tiempo de Cuaresma con su car&aacute;cter penitencial (cf. <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">SC</a></i>, 109). El desarrollo del ciclo natalicio, que tuvo lugar posteriormente siguiendo el modelo del ciclo pascual, ha permitido revivir los misterios de la encarnaci&oacute;n del Verbo de Dios, de su nacimiento y de su manifestaci&oacute;n al mundo. La Iglesia ha incorporado adem&aacute;s en los distintos tiempos la veneraci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, &laquo;unida con lazo indisoluble a la obra salv&iacute;fica del su Hijo&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">SC</a></i>, 103), y &laquo;el recuerdo de los m&aacute;rtires y de los dem&aacute;s santos […] cantan la perfecta alabanza a Dios en el cielo e interceden por nosotros&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">SC</a></i>, 104).</p> 
<p>El a&ntilde;o lit&uacute;rgico propone as&iacute;, de forma sacramental, la pedagog&iacute;a de la historia de la salvaci&oacute;n, guiando a los fieles desde la espera del Mes&iacute;as hasta la plenitud del misterio pascual y la anticipaci&oacute;n de la gloria futura. En &eacute;l, la Iglesia celebra la actualidad salv&iacute;fica del misterio de Cristo, permitiendo a los creyentes participar en &eacute;l cada vez m&aacute;s profundamente. Por eso, el a&ntilde;o lit&uacute;rgico constituye el principio inspirador y el marco de referencia esencial de toda acci&oacute;n pastoral.</p> 
<p>____________________</p> 
<p><b>Saludos</b></p> 
<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa&ntilde;ola. Pid&aacute;mosle a la Virgen Mar&iacute;a, quien llev&oacute; a Cristo en su seno, que interceda por nosotros para que, tambi&eacute;n como ella, podamos participar de los misterios de Cristo, especialmente en la celebraci&oacute;n dominical de la Eucarist&iacute;a.</p> 
<p>Que Dios los bendiga. Muchas gracias.</p> 
<p>____________________</p> 
<p><b>Llamamiento</b></p> 
<p>Deseo expresar mi cercan&iacute;a a las hermanas y hermanos colombianos que sufrieron los efectos del reciente terremoto que caus&oacute; numerosas v&iacute;ctimas y heridos, as&iacute; como grandes da&ntilde;os materiales. Mientras ruego al Se&ntilde;or por el eterno descanso de los fallecidos, aseguro mis plegarias por sus familias y todos los que han sido golpeados por esta tragedia. Manifiesto mi gratitud a cuantos trabajan en las labores de rescate y de asistencia a los damnificados.</p> 
<p>____________________</p> 
<p><b>Resumen le&iacute;do en espa&ntilde;ol por el Santo Padre</b></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p> 
<p>Hoy he querido hablar del “a&ntilde;o lit&uacute;rgico”, para continuar nuestras catequesis sobre la <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">Sacrosanctum Concilium</a>. </i>Como explicaba mi Predecesor, el <a href="https://www.vatican.va/content/vatican/es/holy-father/pio-xii.html">Papa P&iacute;o XII</a>, “el a&ntilde;o lit&uacute;rgico no es una representaci&oacute;n de hechos del pasado, sino que es Cristo mismo, que nos quiere hacer participar de sus misterios, permanentemente presentes y operantes” (cf. <i><a href="https://www.vatican.va/content/pius-xii/es/encyclicals/documents/hf_p-xii_enc_20111947_mediator-dei.html">Mediator Dei</a></i>, 140). En otras palabras, es una actualizaci&oacute;n de la obra de salvaci&oacute;n que Cristo realiza en la historia.</p> 
<p>La finalidad de la Iglesia es que los fieles se encuentren con Cristo, poniendo al centro de cada momento la celebraci&oacute;n del evento pascual. Por eso, el domingo ocupa un lugar preponderante en el a&ntilde;o lit&uacute;rgico y en cada semana, es “el d&iacute;a del Se&ntilde;or”, que estamos llamados a santificar con la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, reunidos de manera presencial en asamblea, atentos a la escucha de la Palabra y participando de la comuni&oacute;n del Cuerpo de Cristo.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Mensaje para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2026]]></title><pubDate>Tue, 11 Aug 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/migration/documents/20260811-world-migrants-day-2026.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/migration/documents/20260811-world-migrants-day-2026.html</guid><description><![CDATA[<!-- Fri, 14 Aug 2026 11:43:10 +0200 --> <p style="text-align: center;"><b><i>Incluso uno solo de estos peque&ntilde;os (cf. Mt 18,10)</i></b></p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p>Queridos hermanos y queridas hermanas:</p> 
<p>A&ntilde;o tras a&ntilde;o, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos invita a centrar nuestra atenci&oacute;n en diferentes aspectos del complejo fen&oacute;meno migratorio. En esta 112&ordf; Jornada, el lema &laquo;Incluso uno solo de estos peque&ntilde;os&raquo; nos llama a prestar atenci&oacute;n a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de la migraci&oacute;n y la huida, a la preocupaci&oacute;n por ellos y a la promesa del Se&ntilde;or de que quien &laquo;acoge a un ni&ntilde;o como este en mi nombre, me acoge a m&iacute;&raquo; (<i>Mc</i> 9,37).</p> 
<p><i>Menores desplazados: una realidad compleja de vulnerabilidad</i></p> 
<p>Los menores son los m&aacute;s vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales. Son rostros concretos, historias &uacute;nicas, que apelan a nuestra conciencia. Cada a&ntilde;o, millones de ni&ntilde;os y adolescentes se ven obligados a abandonar su tierra a causa de guerras, pobreza, violencia, desastres medioambientales y otras tragedias; y, lamentablemente, su n&uacute;mero sigue aumentando. Las responsabilidades econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas y militares de este desastre son inmensas. El sufrimiento no se limita al desplazamiento, hay ni&ntilde;os muy peque&ntilde;os que han perdido a sus padres, hermanos, hermanas y amigos, y que son testigos de una violencia indescriptible. Otros, separados durante largos per&iacute;odos de sus familiares, intentan reunirse con ellos, viviendo entre tanto, la angustia de la distancia. Hay tambi&eacute;n menores que afrontan el viaje junto a sus padres, pero expuestos a condiciones extremas y traum&aacute;ticas. Por &uacute;ltimo, no podemos olvidar la tr&aacute;gica situaci&oacute;n de quienes son separados de sus padres a causa de la repatriaci&oacute;n.</p> 
<p>A este panorama, ya de por s&iacute; dram&aacute;tico, se suman otras tragedias: las muertes a lo largo de las rutas migratorias, la trata y la explotaci&oacute;n, el reclutamiento de menores para su participaci&oacute;n en conflictos armados, la violencia sexual, los matrimonios forzados y las atrocidades sufridas o presenciadas durante el trayecto. Su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas.</p> 
<p>El <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">papa Francisco</a>, en el <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/migration/documents/papa-francesco_20160908_world-migrants-day-2017.html">mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2017</a>, dedicada al tema &laquo;Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz&raquo;, recordaba que estos &laquo;se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia&raquo;.</p> 
<p>No obstante, en medio de tanta oscuridad, no falta la luz de la solidaridad: personas, familias, instituciones civiles y comunidades eclesiales deciden no desviar la mirada hacia otro lado (cf. <i>Lc</i> 10,29-37). Pensemos en las familias que abren las puertas de sus hogares para devolver a estos menores el calor de un hogar, en los educadores de las comunidades de acogida, en los voluntarios y en los trabajadores que, cada d&iacute;a, en las rutas y en nuestras ciudades, se dedican a curar las heridas invisibles de estos peque&ntilde;os. Con su compromiso, dan testimonio de que el amor puede vencer a la indiferencia.</p> 
<p><i>Incluso uno solo de estos peque&ntilde;os</i></p> 
<p>Esta dram&aacute;tica realidad, me hace pensar en las palabras de Jes&uacute;s que interpelan profundamente la conciencia de cada uno: &laquo;El que acoge a un ni&ntilde;o como este en mi nombre me acoge a m&iacute;&raquo; (<i>Mt</i> 18,5). No es una cuesti&oacute;n de cifras ni de estad&iacute;sticas. El Evangelio nos invita a no hacer c&aacute;lculos: <i>incluso uno solo</i>. Cada ni&ntilde;o, cada ser humano, posee una dignidad infinita. Es imagen y semejanza de Dios (cf. <i>Gn</i> 1,26), es presencia del Se&ntilde;or. Ante cada menor emigrante, estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe: en el ni&ntilde;o, de hecho, podemos acoger y encontrar al Se&ntilde;or. Esta llamada se hace a&uacute;n m&aacute;s apremiante a la luz de esta otra afirmaci&oacute;n del Se&ntilde;or en el Evangelio de Mateo: &laquo;fui forastero y me hospedaron&raquo; (<i>Mt</i> 25,35).</p> 
<p>Lamentablemente, los menores emigrantes se ven m&aacute;s f&aacute;cilmente relegados a la invisibilidad, al carecer de adultos que los protejan y los apoyen. Es necesario intervenir en los pa&iacute;ses de origen para eliminar las posibles causas que les obligan a huir, adem&aacute;s de ofrecer protecci&oacute;n y acogida en los pa&iacute;ses de tr&aacute;nsito y de llegada. El clamor de los menores desplazados se eleva hoy hacia Dios, tal y como el que se escucha en el libro del &Eacute;xodo: &laquo;He visto la opresi&oacute;n de mi pueblo en Egipto y he o&iacute;do sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo&raquo; (<i>Ex</i> 3,7-8). Dios escucha y, para liberar, interpela con fuerza la conciencia y la acci&oacute;n de cada uno de nosotros, tal y como hizo con Mois&eacute;s. No podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento.</p> 
<p><i>Un llamamiento a la responsabilidad de todos</i></p> 
<p>Incluso uno solo de estos peque&ntilde;os nos llama, <i>en nuestra vida personal</i>, a abrir los ojos y el coraz&oacute;n para escuchar en profundidad su historia, sus miedos y sus sue&ntilde;os, superando esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estad&iacute;stico que no nos afecta directamente. Es una invitaci&oacute;n a reconocer al ni&ntilde;o en su dignidad, a&uacute;n antes que en su condici&oacute;n de “migrante”, y a proteger sus derechos fundamentales: a la vida, a la educaci&oacute;n y a un nivel de vida que le permita crecer y desarrollarse plenamente desde el punto de vista f&iacute;sico, mental, espiritual, moral y social.</p> 
<p>Incluso uno solo de estos peque&ntilde;os nos llama, <i>en la vida eclesial</i>, a convertir la hospitalidad de un concepto abstracto en una pr&aacute;ctica pastoral constante. No podemos limitarnos a delegar esta tarea a instituciones o asociaciones dotadas de un carisma espec&iacute;fico: ante los rostros concretos que nos interpelan en el d&iacute;a a d&iacute;a, toda la comunidad cristiana est&aacute; llamada a sentirlos como a sus propios hijos y a acercarse a la historia concreta de cada uno. Es necesario animar a las comunidades cristianas a integrar y valorar a los refugiados e inmigrantes como miembros de pleno derecho de la familia eclesial, promoviendo nuevos itinerarios educativos y espirituales, incluso personalizados, que superen la l&oacute;gica del puro asistencialismo. En particular, es fundamental prevenir la soledad, el aislamiento y el rechazo, que no pocas veces afectan tambi&eacute;n a los hijos de los emigrantes, y promover din&aacute;micas de encuentro e integraci&oacute;n en las que los j&oacute;venes del territorio y los j&oacute;venes inmigrantes puedan fortalecerse juntos, en un camino de respeto mutuo, solidaridad y amistad.</p> 
<p>Incluso uno solo de estos peque&ntilde;os, <i>en el marco de las distintas religiones</i>, nos recuerda que la vulnerabilidad de los m&aacute;s peque&ntilde;os no conoce fronteras confesionales y nos une en una responsabilidad humanitaria y espiritual compartida. Se convierte en un terreno f&eacute;rtil para un di&aacute;logo interreligioso concreto, en el que los creyentes, inspir&aacute;ndose en el propio sentido de la trascendencia, cooperen en la creaci&oacute;n de redes de protecci&oacute;n. Las comunidades de fe est&aacute;n llamadas a crear espacios en los que cada ni&ntilde;a y cada ni&ntilde;o sean respetados y valorados en sus respectivas identidades culturales, previniendo as&iacute; el riesgo de radicalizaci&oacute;n por parte de grupos extremistas. Proteger a un menor significa, en &uacute;ltima instancia, custodiar la huella divina impresa en &eacute;l.</p> 
<p>Incluso uno solo de estos peque&ntilde;os, <i>en el contexto de las instituciones civiles</i>, nos insta a reafirmar el principio del inter&eacute;s superior del menor. Las instituciones p&uacute;blicas y privadas est&aacute;n obligadas a situar en el centro la protecci&oacute;n y la dignidad de cada ni&ntilde;o y adolescente. Esto implica la adopci&oacute;n de instrumentos jur&iacute;dicos eficaces de protecci&oacute;n, promoviendo la reunificaci&oacute;n familiar y evitando los traumas de la separaci&oacute;n. Es urgente un cambio de perspectiva: hay que desplazar el eje del debate de la mera gesti&oacute;n de los flujos migratorios a la protecci&oacute;n plena e inmediata de los derechos humanos, adoptando &laquo;una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protecci&oacute;n, acogida y oportunidades reales de integraci&oacute;n a quienes emigran&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/giugno/documents/20260608-spagna-parlamento.html">Discurso al Parlamento espa&ntilde;ol</a></i>, Madrid, 8 junio 2026).</p> 
<p>Encomendemos a los menores migrantes y refugiados a la protecci&oacute;n maternal de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, quien, junto a san Jos&eacute; y a Jes&uacute;s, a&uacute;n ni&ntilde;o, conoci&oacute; la crueldad de la violencia de Herodes y el drama del exilio en Egipto (cf. <i>Mt</i> 2,13-15); que sea Ella quien acompa&ntilde;e sus pasos y ayude a nuestras comunidades a convertirse en signos vivos y cre&iacute;bles del Evangelio.</p> 
<p><i>Vaticano, 11 de agosto de 2026, memoria de Santa Clara de As&iacute;s.<br /> &nbsp;</i></p> 
<p style="text-align: center;">LE&Oacute;N PP. XIV</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Ángelus, 9 de agosto de 2026]]></title><pubDate>Sun, 09 Aug 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260809-angelus.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260809-angelus.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 09 Aug 2026 15:14:57 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;feliz domingo!</i></p> 
<p>Hoy el Evangelio nos habla de Jes&uacute;s, quien, en el lago de Galilea, caminando sobre las aguas, se une a los disc&iacute;pulos en medio de una tormenta (cf. <i>Mt</i> 14,22-33).</p> 
<p>Tras el milagro de los panes y los peces (cf. <i>Mt</i> 14,13-21), el Maestro insta a sus disc&iacute;pulos a subir a la barca y a hacerse a la mar, mientras &Eacute;l se retira al monte a solas para orar. Lejos de la orilla, sin embargo, se encuentran a merced del viento y les cuesta avanzar. Tras una experiencia exitosa, en la que hab&iacute;an sido protagonistas de un signo prodigioso, ahora se encuentran fr&aacute;giles y asustados ante la amenaza de las olas y el viento en contra.</p> 
<p>Hacia el final de la noche, Jes&uacute;s les sale al encuentro sobre las aguas agitadas, y ellos, asustados, lo confunden con un fantasma (v. 26). Pero &Eacute;l les dice: &laquo;&iexcl;&Aacute;nimo, soy yo, no tengan miedo!&raquo; (v. 27). La presencia del Se&ntilde;or lo cambia todo: Pedro incluso logra dar unos pasos sobre las olas hacia &Eacute;l; luego se asusta, comienza a hundirse y Jes&uacute;s lo salva. Cuando el Maestro sube a la barca, la tormenta se calma, y entonces brota espont&aacute;neamente del coraz&oacute;n de los disc&iacute;pulos la profesi&oacute;n de fe: &laquo;En verdad t&uacute; eres el Hijo de Dios&raquo; (v. 33).</p> 
<p>Para llegar a esto, no les bast&oacute; haber presenciado un milagro, ni haber tenido &eacute;xito ante la gente: tuvieron que pasar por la experiencia de su debilidad y, en ella, reconocer la presencia de Dios. S&oacute;lo de este modo realmente pudieron abrir los ojos y el coraz&oacute;n a su cercan&iacute;a, encontrando paz incluso en medio de la tempestad.</p> 
<p>Tiempo despu&eacute;s, un d&iacute;a Jes&uacute;s les dir&aacute;: &laquo;Si ustedes tienen fe y no dudan […], dir&aacute;n a este monte: “&iexcl;Qu&iacute;tate y l&aacute;nzate al mar!”, y as&iacute; suceder&aacute;&raquo; (<i>Mt</i> 21,21). Y eso mismo es lo que experimentaron en el lago: la paz de Cristo, que hab&iacute;a estado en la monta&ntilde;a orando, los alcanz&oacute; en medio de la furia de las aguas.</p> 
<p>Este milagro nos ense&ntilde;a algo importante: ante todo, a no dejarnos llevar por el &eacute;xito y a no ser nunca presuntuosos; y, al mismo tiempo, a no desesperarnos, ni siquiera en los momentos de oscuridad, cuando nos sentimos impotentes ante los problemas y, a pesar de nuestros esfuerzos, nos parece que vamos m&aacute;s hacia atr&aacute;s que hacia adelante. En cualquier circunstancia, Jes&uacute;s no nos abandona y, si lo acogemos con humildad en la barca de nuestra vida —con la oraci&oacute;n, con los sacramentos, con la escucha de su Palabra—, en &Eacute;l encontraremos la paz, encontraremos luz y fuerza para nuestro camino.</p> 
<p>Que nos ayude Mar&iacute;a a vivir as&iacute;, abandonados confiadamente en Dios, ella, que fue llamada dichosa por su fe (cf. <i>Lc</i> 1,45).</p> 
<p>___________________</p> 
<p><b>Despu&eacute;s del &Aacute;ngelus</b></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p> 
<p>Sigo con preocupaci&oacute;n la tr&aacute;gica situaci&oacute;n en Sud&aacute;n, especialmente en la ciudad de El Obeid. Al expresar mi cercan&iacute;a espiritual a todos los habitantes de la naci&oacute;n, renuevo mi llamado a las Autoridades para que garanticen corredores humanitarios a la poblaci&oacute;n civil. Al mismo tiempo, insto a la comunidad internacional a apoyar los esfuerzos destinados a lograr un alto el fuego inmediato.&nbsp; Oremos pidiendo al Se&ntilde;or que sostenga a quienes sufren, convierta los corazones de quienes siembran violencia y conceda la paz tan anhelada.</p> 
<p>Siguen llegando noticias dolorosas sobre personas inocentes asesinadas y heridas en Ucrania y en Rusia. Los episodios tr&aacute;gicos se suceden, es m&aacute;s, se multiplican, causando cada vez m&aacute;s v&iacute;ctimas civiles, entre ellas tambi&eacute;n ni&ntilde;os. Me solidarizo con las familias de las v&iacute;ctimas, con los heridos y con todos aquellos que sufren a causa del conflicto en curso. Ante tanto dolor, renuevo un vehemente llamamiento para que se respete el derecho humanitario y ambas partes pongan fin a los ataques contra objetivos civiles. La guerra s&oacute;lo genera m&aacute;s guerra y provoca un enorme sufrimiento. Es hora de detener la espiral de violencia y dar cabida a la diplomacia y al di&aacute;logo para allanar el camino hacia la paz.</p> 
<p>&iexcl;Y ahora doy la bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos de distintos pa&iacute;ses!</p> 
<p>Saludo en especial a los j&oacute;venes de la Comunidad Santa Mar&iacute;a Magdalena de la Di&oacute;cesis de Mil&aacute;n, que recorrieron la V&iacute;a Franc&iacute;gena desde Siena hasta Roma; as&iacute; como a los scouts de Enna, que realizaron su campamento en las Colinas Albanas, en los alrededores de Roma, y a los j&oacute;venes de Pernumia, de la Di&oacute;cesis de Padua.&nbsp;&nbsp;</p> 
<p>La presencia de tantos grupos de j&oacute;venes, que deciden dedicar unos d&iacute;as de sus vacaciones a actividades formativas y de compa&ntilde;erismo, es un signo de esperanza; as&iacute; como lo fue el encuentro de los j&oacute;venes franciscanos, con quienes tuve la alegr&iacute;a de reunirme el jueves pasado en As&iacute;s.</p> 
<p>A todos ustedes, chicos y chicas que me escuchan, quisiera recordarles que en estos d&iacute;as el calendario lit&uacute;rgico nos presenta algunas figuras maravillosas de santos y santas que los invito a conocer mejor: ayer, el gran santo Domingo, fundador de los Frailes Predicadores; hoy, santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, carmelita asesinada en Auschwitz y copatrona de Europa; ma&ntilde;ana, san Lorenzo, di&aacute;cono de la Iglesia de Roma; pasado ma&ntilde;ana, santa Clara de As&iacute;s, quien dej&oacute; una vida acomodada para seguir a Jes&uacute;s, pobre y humilde, siguiendo el ejemplo de su conciudadano san Francisco. &iexcl;Queridos j&oacute;venes, d&eacute;jense inspirar por estos testigos ejemplares del Evangelio!</p> 
<p>&iexcl;Gracias a todos por su presencia y que tengan un feliz domingo!</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Visita pastoral a Santa María de los Ángeles – Asís: Santa Misa con los jóvenes participantes en el «Go! Franciscan Youth Meeting 2026» (Basílica de Santa María de los Ángeles, 6 de agosto de 2026)]]></title><pubDate>Thu, 06 Aug 2026 10:30:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260806-visita-assisi-messa.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2026/documents/20260806-visita-assisi-messa.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 06 Aug 2026 12:26:24 +0200 --> <p><i>Querid&iacute;simos hermanos y hermanas,<br /> querid&iacute;simos j&oacute;venes:</i></p> 
<p>La fiesta de la Transfiguraci&oacute;n, que estamos celebrando, es un misterio de luz que nos ayuda a profundizar nuestro encuentro, tan gozoso, pero tambi&eacute;n cargado de interrogantes sobre el presente y el futuro. En el relato evang&eacute;lico encontramos el contraste entre luz y sombra, silencio y palabras, estupor e incomprensi&oacute;n. Estamos en As&iacute;s, una ciudad a la que vienen, desde hace siglos, muchos peregrinos —hoy tambi&eacute;n nosotros— porque aqu&iacute; todo nos susurra que nuestra vida puede cambiar de forma, irradiar luz, reparar el mundo. Aqu&iacute; comenz&oacute; la transfiguraci&oacute;n de Francisco, de Clara y de otros miles de j&oacute;venes: acogieron el Evangelio sin glosa —nosotros dir&iacute;amos: sin descuentos— y la vida de Jes&uacute;s ha recomenzado en ellos.</p> 
<p>Hemos llegado aqu&iacute; para comprender hacia d&oacute;nde va la historia y hacia d&oacute;nde estamos yendo nosotros. En el Evangelio vemos que se puede encontrar un sentido, se puede entrever un camino. Como Pedro, Santiago y Juan somos llevados un poco aparte y Jes&uacute;s est&aacute; con nosotros. Esto es lo que cuenta: su presencia. En la monta&ntilde;a, los ap&oacute;stoles contemplan a Jes&uacute;s que se orienta hacia su propio futuro. Sobre este punto hab&iacute;a habido incomprensi&oacute;n entre ellos. Seis d&iacute;as antes, Pedro hab&iacute;a reprochado al Maestro que hubiese hablado abiertamente de la cruz (cf. <i>Mt</i> 16, 21-26): &eacute;l se esperaba la gloria para el Mes&iacute;as, tal vez incluso para s&iacute; mismo, sin tomar en cuenta las resistencias y los riesgos, pero sobre todo sin preguntarse qu&eacute; es la gloria. Ahora, en la transfiguraci&oacute;n de Jes&uacute;s, es Dios mismo quien se revela en su gloria, que tiene la apariencia de una nube que protege y envuelve. Se&ntilde;ala al Hijo, invita a escucharlo. El camino de la vida se descubre sigui&eacute;ndolo juntos. Su belleza tiene un nuevo aspecto, una intensidad sin precedentes, tanto que Pedro quisiera detener el tiempo y prolongar esa visi&oacute;n. Generosamente, se ofrece para construir tres tiendas, como si quisiera ver continuar la conversaci&oacute;n entre Jes&uacute;s, Mois&eacute;s y El&iacute;as. Sin embargo, hace falta entrar en esa conversaci&oacute;n. No se puede permanecer s&oacute;lo como espectadores. Estamos llamados a leer las Escrituras con el Maestro, a interpretar nuestro tiempo y a tomar decisiones siguiendo su camino. Estamos aqu&iacute; para vencer la resignaci&oacute;n y el miedo, para disipar las dudas que tambi&eacute;n nos frenan a nosotros, como frenaron a los ap&oacute;stoles. Jes&uacute;s nos llama a dialogar con su historia, para escribir nuevas p&aacute;ginas de la historia.</p> 
<p>Al escuchar que &laquo;su rostro empez&oacute; a brillar como el sol y su ropa se hizo blanca como la luz&raquo; (<i>Mt</i> 17,2) pensamos en la ma&ntilde;ana de Pascua, cuando un &aacute;ngel del Se&ntilde;or rod&oacute; la piedra que cerraba el sepulcro y trajo el anuncio de la resurrecci&oacute;n. &laquo;Su aspecto era como el de un rel&aacute;mpago y su vestidura tan blanca como la nieve&raquo; (<i>Mt</i> 28,3). Es la luz de un nuevo d&iacute;a, hacia el que estamos orientados, mientras que en torno a nosotros, y a veces dentro de nosotros, hay todav&iacute;a oscuridad. Vemos su aurora en los santos canonizados, como san Francisco y santa Clara, y en una mir&iacute;ada de hermanos y hermanas que responden al mal con el bien. &iexcl;No estamos solos! En estos d&iacute;as lo han experimentado: se han encontrado y escuchado, pasando del ruido de voces que contrastan y se sobreponen al arte de la conversaci&oacute;n. Hoy contemplamos a Jes&uacute;s que se transfigura precisamente en la conversaci&oacute;n con el Padre, con quienes le precedieron, Mois&eacute;s y El&iacute;as, y con sus contempor&aacute;neos, los disc&iacute;pulos.</p> 
<p>La Iglesia existe para introducirnos en este dinamismo de escucha y de decisi&oacute;n, en el cual comprendemos para qui&eacute;n vivir y c&oacute;mo vivir. Es en la comunidad en donde aprendemos a distinguir la voz de Dios, que no coincide simplemente con nuestras opiniones, y a ser obedientes al Esp&iacute;ritu Santo, que hace audaces y creativos a todos aquellos que han aceptado seguir a Jes&uacute;s: nosotros nos desfiguramos separ&aacute;ndonos de &Eacute;l y de los dem&aacute;s; nos transfiguramos, en cambio, en las relaciones que robustecen y llaman a la vida. La espiritualidad franciscana, en la que ustedes se han formado, est&aacute; muy atenta a reparar las relaciones fundamentales con Dios y con todas sus criaturas: una armon&iacute;a que hay que custodiar y cultivar, hoy m&aacute;s que nunca.</p> 
<p>En este sentido, al comienzo de mi primera Enc&iacute;clica, he sugerido que: &laquo;cada generaci&oacute;n recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada &eacute;poca se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y m&aacute;s injusto. All&iacute; donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que “el misterio del hombre s&oacute;lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”. En Jesucristo, esta magn&iacute;fica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la v&iacute;a para crecer hacia la plenitud&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html">Magnifica humanitas</a></i>, 1).</p> 
<p>Queridos amigos, la raz&oacute;n por la que san Francisco nos sigue atrayendo, ochocientos a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, radica en la magn&iacute;fica humanidad que lo llev&oacute; a abandonar los caminos ya trazados, para abrir uno nuevo, m&aacute;s coherente con el camino de Jes&uacute;s. Incluso en una ciudad cristiana desde hac&iacute;a siglos, como As&iacute;s, esto es algo revolucionario. &laquo;La elecci&oacute;n de Clara result&oacute; a&uacute;n m&aacute;s impresionante: &iexcl;una joven que quer&iacute;a ser como Francisco, que quer&iacute;a vivir, como mujer, libre como aquellos hermanos!&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2025/documents/20251004-udienza-giubilare.html">Audiencia jubilar</a></i>, 4 de octubre de 2025). Es la energ&iacute;a del cristianismo, la propia de sus comienzos y de sus m&uacute;ltiples reinicios.</p> 
<p>Y bien, queridos j&oacute;venes, hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: &iexcl;tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza! El t&iacute;tulo de su encuentro —<i>Go!</i>— es una misi&oacute;n, un env&iacute;o por caminos, de los que no tenemos mapas, porque se abren escuchando al coraz&oacute;n, obedeciendo al Esp&iacute;ritu y siguiendo al Resucitado donde ha querido precedernos. <i>Go!</i> &iexcl;Vayan! O mejor todav&iacute;a: &iexcl;vayamos! <i>Let’s go!</i> A los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sue&ntilde;os de muchos, de demasiados hijos e hijas de Dios. El <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es.html">Papa Francisco</a>, inspir&aacute;ndose en el pobrecillo de As&iacute;s, nos ha puesto en guardia frente a la &laquo;tentaci&oacute;n de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Se&ntilde;or. Pero Jes&uacute;s quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los dem&aacute;s. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana&raquo; (Papa Francisco, <i><a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html">Evangelii gaudium</a></i>, 270).</p> 
<p>Podemos incluso no ser comprendidos por los de nuestra propia casa, como le sucedi&oacute; a san Francisco. Sin embargo, sustraerse a la cultura de la fuerza y abatir los muros que separan a los seres humanos entre s&iacute;, nunca es traicionar a la familia, a la ciudad, a la tradici&oacute;n, sino liberarlas de sus fantasmas, de enemigos inventados por miedo e ignorancia, de la violencia con la que se querr&iacute;a imponer el propio orden min&uacute;sculo sobre una realidad que nos desborda por completo. Fiarse de Dios es reencontrar, como Francisco y Clara, un mundo de hermanos y hermanas para querer y servir, no para explotar y dominar. No un mundo para defender, sino para abrazar.</p> 
<p>Apuesten, queridos j&oacute;venes, por la civilizaci&oacute;n del amor, de la cual han encontrado los brotes en tantos ejemplos de gratuidad, y que transfigura —a imagen de Cristo— a innumerables art&iacute;fices de paz tambi&eacute;n hoy comprometidos con el servicio a la vida en los m&aacute;s tr&aacute;gicos escenarios de muerte. Unan las mejores energ&iacute;as de su magn&iacute;fica humanidad —los estudios, las competencias, el trabajo, las amistades, el amor, la oraci&oacute;n— actualizando de diversos modos la visi&oacute;n de Francisco. Imagino que conocen esta oraci&oacute;n frecuentemente atribuida a &eacute;l, un texto del pasado siglo:</p> 
<p>&iexcl;Se&ntilde;or, haz de m&iacute; un instrumento de tu paz!<br /> Que all&iacute; donde haya odio, ponga yo el amor;<br /> donde haya ofensa, ponga yo el perd&oacute;n;<br /> donde haya discordia, ponga yo la uni&oacute;n;<br /> donde haya error, ponga yo la verdad;<br /> donde haya duda, ponga yo la fe;<br /> donde haya desesperaci&oacute;n, ponga yo la esperanza;<br /> donde haya tinieblas, ponga yo la luz;<br /> donde haya tristeza, ponga yo la alegr&iacute;a.</p> 
<p>&iexcl;Aqu&iacute; tenemos “hacia d&oacute;nde” andar! <i>Go!</i> Pero tambi&eacute;n especialmente “c&oacute;mo” andar:</p> 
<p>&iexcl;Oh, Maestro!, que no busque yo tanto<br /> ser consolado como consolar;<br /> ser comprendido, como comprender;<br /> ser amado, como amar.<br /> Porque dando es como se recibe;<br /> olvidando, como se encuentra;<br /> perdonando, como se es perdonado;<br /> muriendo, como se resucita a la vida eterna.</p> 
<p>Queridos amigos: que estos d&iacute;as en As&iacute;s se impriman en su memoria y el retorno a casa, a diversos pa&iacute;ses de Europa a los que viajar&aacute;n, sea como el descenso de Pedro, Santiago y Juan, del monte alto de la transfiguraci&oacute;n. Un retorno reflexivo, abierto al futuro, comprometido con Jesucristo. &Eacute;l se f&iacute;a de ustedes, cuenta con ustedes, permanece siempre con ustedes.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Visita pastoral a Santa María de los Ángeles – Asís: Encuentro del Santo Padre con los jóvenes participantes en el «Go! Franciscan Youth Meeting 2026» (Plaza de Santa María de los Ángeles, 6 de agosto de 2026)]]></title><pubDate>Thu, 06 Aug 2026 08:45:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/august/documents/20260806-assisi-giovani.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/august/documents/20260806-assisi-giovani.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 06 Aug 2026 12:20:54 +0200 --> <p><b>Pregunta de Karolina (Zagreb)</b></p>
<p><i>Santo Padre:</i></p>
<p><i>Me llamo Karolina, vengo de Croacia, de la parroquia y basílica de san Antonio de Padua, en Zagreb. Hemos crecido en parroquias franciscanas, acompañados por los frailes, aprendiendo de san Francisco que el Evangelio se anuncia ante todo con la vida, a través de la alegría, la sencillez, la fraternidad y la cercanía a cada persona. Gracias a esta experiencia, hemos descubierto una fe viva, que no se queda encerrada en las iglesias, sino que se convierte en servicio, acogida y esperanza para los demás.</i></p>
<p><i>Hoy, sin embargo, vivimos en un mundo que cambia rápidamente, en el que muchos jóvenes tienen dificultades para encontrar puntos de referencia, para construir relaciones auténticas y para abrir el corazón a Dios. Nosotros también deseamos ser testigos creíbles del Evangelio en los lugares donde vivimos, estudiamos y trabajamos, llevando la luz de Cristo con el estilo sencillo y fraterno de san Francisco.</i></p>
<p><i>Santo Padre, ¿qué consejo nos daría a nosotros, los jóvenes que crecimos en la espiritualidad franciscana, para que podamos seguir siendo auténticos discípulos de Cristo y llevar esperanza a nuestros compañeros, sin perder la alegría del Evangelio, la sencillez del corazón y esa cercanía a las personas que hace creíble todo testimonio cristiano?</i></p>
<p><b>Respuesta del Santo Padre</b></p>
<p>Gracias, Karolina, por esta pregunta. Y, antes que nada, ¡Buenos días a todos ustedes! Un saludo también a los jóvenes que ya están dentro de la basílica y que, creo, nos siguen asimismo a través de las pantallas. ¡Me siento realmente contento de estar aquí con ustedes! Bueno, Carolina, gracias por esta pregunta. Creo que muchos, al escucharla, han notado que ya contenía parte de la respuesta, porque has dado testimonio del estilo de sencillez, fraternidad y cercanía que te ha convencido y te ha permitido madurar en la fe, formando parte de una comunidad, pero abierta a todos. Esto ha sucedido en una región de Europa que, hace tan solo treinta años, vivió la guerra y la peligrosa mezcla entre confesión religiosa y nacionalismo. En realidad, la presencia de los franciscanos había inspirado durante siglos el diálogo y había contribuido a la convivencia pacífica entre católicos, ortodoxos y musulmanes. Hoy en día, ser fieles a esta tradición de cercanía significa ir a contracorriente, trabajando por la purificación de la memoria y cultivando la reconciliación.</p>
<p>A los cristianos se les pedirá cada vez más que se conviertan en artífices de paz en el seno de sociedades tentadas a instrumentalizar la religión en la confrontación de identidades. Ser testigos de Cristo sigue siendo, por tanto, fascinante y exigente, porque abre la mente y el corazón más allá de las fronteras artificiales, es decir, más allá de los miedos provocados por la desinformación y los muros del prejuicio. Alejarse de la cultura del poder y construir la civilización del amor no se comprende ni se acepta de inmediato. De san Francisco, sin embargo, aprendan la radicalidad evangélica, que es lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos. No es fácil, pero da mucha alegría.</p>
<p>Intenten ahora imaginar, por un momento, cómo era el lugar en el que nos encontramos, hace ocho siglos. Aquí, en pleno campo, se habían reunido con Francisco cientos de jóvenes hermanos de toda Europa. Traten de visualizarlos, tal y como relatan las <i>Florecillas</i>: «viendo en la explanada, […] sentados a los hermanos por grupos; sesenta aquí, cien allá, doscientos o trescientos más allá, todos a una ocupados en razonar de Dios; unos llorando de consuelo, otros en oración, otros en ejercicios de caridad; y en un ambiente tal de silencio y de modestia que no se oía el menor ruido» (<i>Florecillas de san Francisco</i>, cap. XVIII). Ese silencio es lo contrario de la guerra, con su violencia, sus gritos y su crueldad. Las esteras de aquellos frailes, al igual que hoy los sacos de dormir de ustedes, hablan de paz. Esta es la Iglesia: una asamblea de hermanos y hermanas, a la que todos están invitados. Queridos jóvenes, ¡qué bonito es estar juntos para “razonar sobre Dios” y de esta manera, juntos en su luz, en su vida misma, en su belleza, en su misterio, en su seriedad! Den testimonio de este estilo en todas partes, especialmente en un tiempo en el que la tecnología hace que sea más difícil que las personas de carne y hueso compartan entre sí.</p>
<p>San Francisco descubrió que elegir la pobreza puede acercar a los alejados, fomenta el encuentro e invita al intercambio de dones. Así, intuyó que el Evangelio no se puede separar de las decisiones de Jesucristo, quien se hizo pobre para enriquecernos (cf. <i>2 Co</i> 8,9): el Evangelio es su vida, su camino, su confianza inquebrantable en el Padre. Si nos reunimos en su nombre, Él viene en medio de nosotros (cf. <i>Mt</i> 18,20) y la alegría que nos llena el corazón es libre y sincera (cf. <i>Jn</i> 20,20). Esta alegría evangeliza más que las palabras, y no se puede ocultar. Gracias.</p>
<p><b>Pregunta de Giovanni (Bolonia)</b></p>
<p><i>Santo Padre:</i></p>
<p><i>Me llamo Giovanni, tengo 27 años y vengo de Boloña.</i><b><i> </i></b><i>Los jóvenes vivimos inmersos en un mundo en el que reina la cultura de lo provisional y en el que nos asustan las decisiones definitivas sobre la vida. A pesar de ello, Dios, de una manera única y amorosa, nos habla continuamente y nos llama a seguirle, con una promesa de vida y de alegría, revelándonos poco a poco nuestra vocación.</i></p>
<p><i>Esta es mi pregunta: ¿Cómo podemos decirle un “sí” pleno y valiente, evitando “poner la mano en el arado y luego mirar atrás”, dando un peso excesivo a los cansancios y a las renuncias del camino? ¿Qué le ha ayudado a usted en su camino vocacional?</i><b></b></p>
<p><b>Respuesta del Santo Padre</b></p>
<p>Gracias, Giovanni, por esta pregunta que, diría yo, es valiente, llena del anhelo por lo que perdura. Hoy en día tendemos a hablar negativamente de lo provisional. Sin embargo, antes era la Iglesia la que educaba con insistencia en el sentido de lo provisional: este mundo pasa, el tiempo corre, las cosas terrenales son cambiantes. Sólo Dios permanece, porque Dios es eterno. Debemos preguntarnos, pues, qué ha cambiado, para no estar entre aquellos que añoran el pasado y, por ello, no afrontan el presente ni asumen responsabilidades para el futuro.</p>
<p>En casi todo el mundo está desapareciendo la estabilidad de las sociedades tradicionales; aquella, gracias a la cual, generaciones enteras solo podían ver cambios mínimos a lo largo de una vida. En su seno, todo estaba muy regulado y predeterminado. Entonces, el testimonio de la Iglesia invitaba a no acomodarse en un destino ya escrito, a discernir el valor de cada gesto individual en relación con la eternidad. Hoy, en cambio, con una interpretación a veces confusa de la libertad, nos ilusionamos pensando que la vida nunca se resuelve de una vez por todas, porque el contexto en el que vivimos cambia rápidamente y nosotros también cambiamos mucho. Con ello, sin embargo, aumentan asimismo el miedo y la posibilidad de perderse. En este contexto, el valor de tomar una decisión definitiva es quizás el acto más revolucionario.</p>
<p>Tomar una decisión para siempre no nos encierra en una jaula, sino que nos abre a un dinamismo mayor. Amar es un éxodo, un camino por descubrir, un recorrido en el que Dios anda con nosotros, y este es el verdadero sentido de toda vocación. La Biblia nos inspira a vivir así: como quienes están llamados a levantarse, a recorrer su propia historia recibiendo como un don del Señor, la orientación y el sentido, para amar según sus designios (cf. <i>1 Co </i>13 y <i>1 Jn</i> 4). La fe, la confianza y la fidelidad revelan aquí su indisoluble entrelazamiento. De este modo, en la fe desmontamos la ilusión de que los problemas se resuelven huyendo, traicionando o intentando dar unos pocos pasos por caminos siempre diferentes, sin llegar nunca muy lejos. De hecho, se pueden multiplicar las experiencias, los contactos y el consumo, pero permaneciendo siempre en el mismo punto. El coste humano es elevado y el vacío interior es profundo. No es raro que se llegue a utilizar a las personas y a ser utilizados por ellas. El “para siempre”, entonces, es una gracia a la que Dios mismo nos ayuda a responder con nuestra fidelidad, para alcanzar la plenitud de la vida (cf. <i>Jn </i>10,10).</p>
<p>Desde la adolescencia es importante, por tanto, aprender a conocerse a sí mismo, a tomar decisiones y a arriesgarse —es decir, a responder a la llamada del Señor— sin dejar de hacerlo en la edad adulta, tanto en las decisiones ya tomadas como ante las que aún quedan por tomar. Es una aventura en la que nadie debe sentirse solo y que, al igual que la fe, durará hasta el último instante. Por mi propia experiencia, puedo decir que el Señor nunca me ha abandonado: siempre me ha acompañado, regalándome incluso personas con quienes caminar juntos. Así, en mi vocación a ser sacerdote, miembro de la comunidad agustina y misionero, he encontrado una especie de luz que me ha guiado hasta hoy, hasta el momento en que tuve que decir “sí” también a una llamada muy especial: la de ser Papa.</p>
<p>En la adhesión al proyecto único que Dios manifiesta para cada uno de nosotros, la llamada fundamental, inscrita en cada corazón, es una llamada a la comunión y no se escucha una sola vez, sino cada día. El pecado enturbia la claridad sobre este punto introduciendo, en los vínculos fundamentales, desconfianza, rivalidad y recelo. En cambio, gracias a Dios, toda vocación es también un camino de redención y sanación. La invitación de Jesús, que nos llama a seguirle, ilumina nuestra dignidad y nos hace honrar la de los demás, sintiendo confianza y depositándola en los demás: esta dinámica es tan liberadora que merece toda nuestra pasión. Gracias.</p>
<p><b>Pregunta de Luigi (Paternò, Sicilia)</b></p>
<p><i>Santo Padre:</i></p>
<p><i>Me llamo Luigi, tengo 22 años y soy de Paternò, un pueblecito de Sicilia. Soy portavoz de la Juventud Franciscana de Sicilia, un grupo de jóvenes que sigue el carisma franciscano. Me gustaría plantearle una pregunta sobre un aspecto de san Francisco que me llama mucho la atención.</i></p>
<p><i>«El hermano Francisco promete obediencia y reverencia al señor papa Honorio y a sus sucesores canónicamente elegidos y a la Iglesia Romana» (Regla bulada I, 2). A pesar de vivir en una época en la que la Iglesia se veía marcada por contradicciones y dificultades internas, no elige el camino de la herejía; no ataca ni juzga a la Iglesia de aquel tiempo, sino que prefiere obedecer al Papa. La suya es una elección libre y revolucionaria, al más puro estilo «menor», cuyo único objetivo es vencer la miseria del juicio con la compasión y la reparación que sólo el Amor puede dar.</i></p>
<p><i>Hoy en día, muchos jóvenes dicen que “creen, pero no en la Iglesia” y, desde nuestras comunidades, observamos a veces una Iglesia con sus contradicciones y sus crisis internas; por eso me pregunto: ¿cómo hacemos para permanecer en este Amor reparador? ¿Por qué resulta difícil en la actualidad ver a la Iglesia como una Madre que, incluso con sus heridas, siempre está dispuesta a acogernos y a amarnos?</i></p>
<p><b>Respuesta del Santo Padre</b></p>
<p>Gracias, Luigi. Tu pregunta es una pregunta de actualidad, que nos lleva al corazón de la experiencia de san Francisco. Abordarla significa compartir un deseo: el deseo del Señor Jesús respecto a la Iglesia. Francisco lo escuchó mientras contemplaba al Crucificado. Deberíamos volver siempre a este deseo. Muchas personas a lo largo de la historia, y también ahora, no han podido experimentar la Iglesia tal y como Jesucristo quiere que ella sea. Esto causa sufrimiento, deja heridas y decepciones, y para algunos puede llegar incluso a convertirse en un obstáculo para creer.</p>
<p>En el Evangelio, Jesús nos alerta sobre este tipo de tropiezo, es decir, sobre el escándalo que sus discípulos pueden causar a los demás, especialmente a los pequeños y a los pobres. El deseo de Jesús —lo vemos en el grupo que desde el principio se forma a su alrededor— es reunir a un pueblo en el que se supere aquello que suele dividir a los seres humanos. Alrededor de Jesús se convierten en hermanos y hermanas hombres y mujeres que, de otro modo, nunca se habrían conocido o tratado. Cuando este milagro de la Iglesia sigue ocurriendo, gracias a Dios, sigue siendo sorprendente incluso hoy en día en nuestras ciudades, llenas de muros invisibles que nos separan unos de otros. ¡Cuántas discriminaciones y desigualdades podrían acabar de inmediato, en cuanto nos reconozcamos como hermanos y hermanas!</p>
<p>Hay, además, otro aspecto de esta revolucionaria unidad. Jesús dice: «¡Que no sea así entre ustedes!» (<i>Mc </i>10,43), es decir, no debe ser como entre los grandes de la Tierra y los poderosos del mundo, que buscan protagonismo y se imponen sobre los demás. Por el contrario, Jesús nos dice: «el que quiera ser importante que se haga servidor de los demás; y el que quiera ser el primero entre ustedes, que se haga esclavo de todos» (<i>ibíd</i>.). El deseo de Jesús para la Iglesia es claro: se trata de que nos convirtamos en su cuerpo y manifestemos su vida, seguir su ejemplo y ejercer un tipo diferente de fuerza, que no humilla, sino que levanta.</p>
<p>La Palabra de Dios, los sacramentos y la práctica del amor fraterno son caminos de transformación para hacer realidad en nosotros la imagen de Cristo. Francisco los recorrió: no dominar, sino servir; no aferrarse, sino recibir; no retener, sino devolver: es la vida de Dios la que repara la Iglesia y la convierte en un pueblo libre, un lugar de respiro y de salvación. «Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala» (<i>TC</i> V,13): cada uno de nosotros tiene un papel en esta obra siempre en marcha. Tenemos diferentes responsabilidades y vocaciones, pero caminamos juntos, inspirándonos, ayudándonos y corrigiéndonos mutuamente. Es importante colaborar con nuestra parte. Entonces hablaremos de la Iglesia con el cariño con el que se habla de una Madre, porque reconoceremos que le pertenecemos. Será una forma sincera de amar a esas personas y a esa historia en la que Jesucristo viene a nosotros y permanece con nosotros. «Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin de los tiempos» (<i>Mt</i> 28,20). Con humildad, este es el Evangelio que anunciamos. Para compartir el deseo del Señor, pues, no hace falta que aparentemos ser mejores de lo que somos. Es necesario reconocer y dejar que Jesús Resucitado actúe en nuestra vida, en la historia de todos nosotros. Gracias.</p>
<p>Concluyamos esta primera parte pidiendo la gracia de Dios, la bendición del Señor para cada uno y para todos nosotros. [bendición]</p>
]]></description></item><item><title><![CDATA[Visita pastoral del Santo Padre a Santa María de los Ángeles – Asís (6 de agosto de 2026)]]></title><pubDate>Thu, 06 Aug 2026 07:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/travels/2026/documents/assisi-6agosto2026.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/travels/2026/documents/assisi-6agosto2026.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 06 Aug 2026 09:38:37 +0200 --> <ul> 
 <li><b><a href="https://www.vatican.va/content/photogallery/es/eventi/assisi2026.html">Galer&iacute;a fotogr&aacute;fica&nbsp;</a></b></li> 
</ul> 
<table border="0" width="100%" cellspacing="5"> 
 <tbody>
  <tr>
   <td width="7%" valign="top">8.00 h</td> 
   <td width="91%" valign="top"><b>Despegue desde el helipuerto del Vaticano<br /> </b></td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="7%" valign="top">8.30 h.&nbsp;</td> 
   <td width="91%" valign="top"><p><b>Aterrizaje en el campo deportivo &laquo;Migaghelli&raquo; en Santa Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles</b></p> <p><b>El Santo Padre es recibido por:</b></p> <p>- S. E. Mons. Felice Accrocca, Arzobispo-Obispo de As&iacute;s</p> <p>- El Hble. Alfredo Mantovano, subsecretario de la Presidencia del Consejo de Ministros</p> <p>- La Hble. Stefania Proietti, presidenta de la Regi&oacute;n de Umbr&iacute;a</p> <p>- El Dr. Francesco Zito, prefecto de Perugia</p> <p>- El Dr. Valter Stoppini, alcalde de As&iacute;s</p> <p>- El Dr. Massimiliano Presciutti, presidente de la provincia de Perugia.</p> <p><b>Traslado inmediato en autom&oacute;vil a la Bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles;</b></p> <p><b>a su llegada al convento, el Santo Padre es recibido por los ministros generales de las &oacute;rdenes franciscanas:</b></p> <p>- Fray Massimo Fusarelli, O.F.M.</p> <p>- Fray Carlos Alberto Trovarelli, O.F.M. Conv.</p> <p><b></b>- Fray Roberto Genuin, O.F.M.&nbsp;O.F.M. Capp.</p> </td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="7%" valign="top">8.45 h.</td> 
   <td width="91%" valign="top"><p><b><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/8/6/assisi-giovani.html">Plaza de Santa Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles: Encuentro con los j&oacute;venes</a></b></p> <p><b>* El Santo Padre responde a tres preguntas de los j&oacute;venes.</b></p> </td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="7%" valign="top">9.15 h.</td> 
   <td width="91%" valign="top"><p><b>A continuaci&oacute;n: <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/8/6/assisi-ordini-francescani.html">en el claustro del convento, el Santo Padre saluda a los representantes de las &Oacute;rdenes Franciscanas</a>:</b></p> <p>- saludo a los obispos presentes</p> <p><b></b>- saludo a los miembros del Comit&eacute; Nacional para el Octavo Centenario de la muerte de San Francisco de As&iacute;s.</p> </td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="7%" valign="top">10.30 h.</td> 
   <td width="91%" valign="top"><p><a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/8/6/visita-assisi-messa.html"><b>En&nbsp;la Bas&iacute;lica: Celebraci&oacute;n de la Santa Misa</b></a></p> <p><b>* homil&iacute;a del Santo Padre</b></p> <p><b>antes de la bendici&oacute;n final: un joven agradece al Santo Padre por el encuentro.</b></p> </td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="7%" valign="top">12.00 h</td> 
   <td width="91%" valign="top"><b>El Santo Padre sale de la Bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles.</b></td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="7%" valign="top">12.15 h.</td> 
   <td width="91%" valign="top"><b>En el helic&oacute;ptero: el Santo Padre se despide de las autoridades que lo recibieron a su llegada.</b></td> 
  </tr>
  <tr>
   <td width="7%" valign="top">12.45 h.</td> 
   <td width="91%" valign="top"><b>Atterrizaje en helipuerto del Vaticano</b></td> 
  </tr>
 </tbody>
</table> 
<p>____________________________________</p> 
<p><i><a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/02/19.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede</a>, </i>19 de febrero de 2026</p> 
<p><i><a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/07/30/300726b.html">Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa</a></i>, 30 de julio de 2026</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Audiencia general del 5 de agosto de 2026 - Los Documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 5. La Oración de la Iglesia]]></title><pubDate>Wed, 05 Aug 2026 10:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260805-udienza-generale.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/audiences/2026/documents/20260805-udienza-generale.html</guid><description><![CDATA[<!-- Wed, 05 Aug 2026 12:57:59 +0200 --> <p><b>Los Documentos del <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a> III. Constituci&oacute;n <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">Sacrosanctum Concilium</a> 5. La Oraci&oacute;n de la Iglesia</i></b></p> 
<p><i>Hermanos y hermanas, &iexcl;buenos d&iacute;as y bienvenidos!</i></p> 
<p>En esta catequesis retomamos la reflexi&oacute;n sobre la Constituci&oacute;n conciliar sobre la liturgia <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">Sacrosanctum Concilium</a></i> (SC). Hoy nos detenemos en la dimensi&oacute;n eclesial de la oraci&oacute;n lit&uacute;rgica.</p> 
<p>Como sugiere el Ap&oacute;stol Pablo, es el Esp&iacute;ritu Santo el que nos ense&ntilde;a a rezar. Desde el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, el Esp&iacute;ritu habita en la Iglesia, inspirando cada una de sus actividades y, en particular, la oraci&oacute;n. La vida de la primera comunidad, nacida en Jerusal&eacute;n despu&eacute;s de la Pascua de Jes&uacute;s es una vida en el Esp&iacute;ritu entregado por el Se&ntilde;or resucitado. &laquo;Desde entonces, – dice el Concilio – la Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual: leyendo “cuanto a &eacute;l se refiere en toda la Escritura” (Lc., 24,27), celebrando la Eucarist&iacute;a, en la cual “se hacen de nuevo presentes la victoria y el triunfo de su muerte”, y dando gracias al mismo tiempo “a Dios por el don inefable” (2 Cor., 9,15) en Cristo Jes&uacute;s, “para alabar su gloria” (Ef., 1,12), por la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (SC, 6).</p> 
<p>En nuestro tiempo, en los contextos dominados por una mentalidad centrada en la eficiencia y en el consumismo, la oraci&oacute;n puede parecer algo in&uacute;til e irrisorio. En un mundo donde la ciencia y la t&eacute;cnica pretender dar todas las respuestas, rezar puede parecer una forma de evasi&oacute;n. Adem&aacute;s, incluso en muchas familias cristianas ya no se transmite la oraci&oacute;n, mientras que numerosas personas corren el riesgo de confundirla con una t&eacute;cnica m&aacute;s, de naturaleza psicol&oacute;gica y orientada al bienestar personal. La oraci&oacute;n, en cambio, en cuanto dimensi&oacute;n fundamental de nuestra humanidad, merece volver a ser descubierta en su verdad.</p> 
<p>La Constituci&oacute;n <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">Sacrosanctum Concilium</a></i> tom&oacute; en serio esta exigencia. Y esto alegraba profundamente al <a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html">Papa San Pablo VI</a>, que, promulgando este primer documento aprobado por el <a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm">Concilio Vaticano II</a>, afirm&oacute;: &laquo;Dios en el primer puesto; la oraci&oacute;n, nuestra primera obligaci&oacute;n; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/speeches/1963/documents/hf_p-vi_spe_19631204_chiusura-concilio.html">Discurso</a></i>, Bas&iacute;lica de San Pedro, 4 de diciembre de 1963).</p> 
<p>En la Constituci&oacute;n, de hecho, el t&eacute;rmino “la oraci&oacute;n” designa toda la liturgia. Esta perspectiva es decisiva, porque orient&oacute; la reforma lit&uacute;rgica d&aacute;ndole como eje portante la participaci&oacute;n activa de los fieles. La liturgia se presenta ante todo como el lugar del encuentro, de la iniciativa de Dios que se hace cercano a la humanidad en su Hijo, &laquo;el Verbo hecho carne, ungido por el Esp&iacute;ritu Santo&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">SC</a>, 5), al que podemos responder &laquo;por Cristo, con Cristo y en Cristo, en la unidad del Esp&iacute;ritu Santo&raquo;, es decir, gracias a la &laquo;la oraci&oacute;n de Cristo, con su Cuerpo, al Padre&raquo; (<a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">SC</a>, 84).</p> 
<p>Por eso, <a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html">San Pablo VI</a> deseaba ardientemente que la Liturgia de las Horas, es decir, la oraci&oacute;n p&uacute;blica cotidiana de la Iglesia, inseparable de la Eucarist&iacute;a, impregnara profundamente, reavivara, guiara y expresara toda la oraci&oacute;n cristiana y alimentara eficazmente la vida espiritual del pueblo de Dios (cf. Const. ap. <i><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_constitutions/documents/hf_p-vi_apc_19701101_laudis-canticum.html">Laudis canticum</a></i>).</p> 
<p>Para que tal deseo se haga realidad, la Liturgia de las Horas debe acogerse y vivirse cada vez m&aacute;s en la vida ordinaria de los bautizados y de las comunidades. A tantas personas que quieren aprender a rezar, en particular, a los catec&uacute;menos, les puede ofrecer el camino y la escuela de la oraci&oacute;n cristiana.</p> 
<p>Cada semana y cada d&iacute;a, la Eucarist&iacute;a y la Liturgia de las Horas son el aliento de la vida de la Iglesia que hace circular al Esp&iacute;ritu Santo a trav&eacute;s de su Cuerpo. En esta oraci&oacute;n, Cristo &laquo;une a S&iacute; la comunidad entera de los hombres y la asocia al canto de este divino himno de alabanza&raquo; (SC, 83); as&iacute;, d&iacute;a a d&iacute;a, estamos asociados cada vez m&aacute;s al misterio pascual y conformados a &Eacute;l.</p> 
<p>Afirma San Agust&iacute;n: &laquo;Cuando hablamos a Dios en la oraci&oacute;n, no debemos separar de &Eacute;l al Hijo; y cuando reza el cuerpo del Hijo, que no separe de s&iacute; mismo su cabeza; que sea, por lo tanto, el mismo &uacute;nico salvador de su cuerpo, que el Se&ntilde;or nuestro Jes&uacute;s Resucitado, Hijo de Dios, el que reza por nosotros, que reza en nosotros y que es rezado por nosotros. Reza por nosotros como sacerdote nuestro; reza en nosotros como cabeza nuestra; le rezamos nosotros como nuestro Dios. Reconocemos, entonces, en &eacute;l nuestra voz y su voz en nosotros&raquo; (Enarr. in psalmum LXXXV: PL 37, 1081).</p> 
<p>Vinculada a la Eucarist&iacute;a, cuya luz prolonga, la Liturgia de las Horas santifica el tiempo de nuestra vida cotidiana: por la ma&ntilde;ana, empezamos el d&iacute;a con alegr&iacute;a y gratitud; a mediod&iacute;a, pedimos la fuerza de la fidelidad en medio de la fatiga; por la tarde, una vez terminado el trabajo, las V&iacute;speras acompa&ntilde;an en momento del atardecer; por la noche, nos dormimos encomend&aacute;ndonos a la paz de Dios. Cada hora es un acto de esperanza: durante nuestra peregrinaci&oacute;n terrenal velamos con toda la Iglesia esperando el regreso glorioso del Se&ntilde;or.</p> 
<p>____________________</p> 
<p><b>Resumen le&iacute;do en espa&ntilde;ol por el Santo Padre</b></p> 
<p>Queridos hermanos y hermanas:</p> 
<p>Retomamos hoy las catequesis sobre la Constituci&oacute;n <i><a href="https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html">Sacrosanctum Concilium</a></i>, centr&aacute;ndonos en la dimensi&oacute;n eclesial de la oraci&oacute;n lit&uacute;rgica. La oraci&oacute;n, como dimensi&oacute;n fundamental de nuestra humanidad, necesita ser redescubierta desde la verdad. En este sentido, el Papa <a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es.html">san Pablo VI</a> afirm&oacute;: &laquo;Dios en el primer puesto; la oraci&oacute;n, nuestra primera obligaci&oacute;n; la liturgia, la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de nuestra vida espiritual&raquo; (<i><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/speeches/1963/documents/hf_p-vi_spe_19631204_chiusura-concilio.html">Discurso</a></i>, Bas&iacute;lica de San Pedro, 4 diciembre 1963).</p> 
<p>El Pont&iacute;fice, de feliz memoria, deseaba que la Liturgia de las Horas, que es inseparable de la Eucarist&iacute;a, penetrara y orientara profundamente toda la oraci&oacute;n cristiana, alimentando as&iacute; la vida espiritual de todo el Pueblo de Dios (cf. Cost. ap. <i><a href="https://www.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_constitutions/documents/hf_p-vi_apc_19701101_laudis-canticum.html">Laudis Canticum</a></i>). A este respecto, podemos afirmar que la Eucarist&iacute;a y la Liturgia de las Horas son el aliento de la vida de la Iglesia que hace circular al Esp&iacute;ritu Santo por todo su Cuerpo.</p> 
<p>____________________</p> 
<p><b>Saludos</b></p> 
<p>Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa&ntilde;ola. Los invito a valorar la Eucarist&iacute;a y la Liturgia de las Horas como grandes tesoros milenarios de la Iglesia, y que, a trav&eacute;s de nuestro amor a ellas, podamos d&iacute;a a d&iacute;a ir santificando nuestras vidas. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.</p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p>&nbsp;</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje del Santo Padre con motivo de la 144° “Supreme Convention” de los Caballeros de Colón [Denver (Estados Unidos de América), 4-6 de agosto de 2026] (4 de agosto de 2026)]]></title><pubDate>Tue, 04 Aug 2026 22:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260804-videomessaggio-cavalieri-colombo.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260804-videomessaggio-cavalieri-colombo.html</guid><description><![CDATA[<!-- Fri, 07 Aug 2026 10:08:37 +0200 --> <p>Me complace saludar a todos los que asistís a la 144.ª Convención Suprema de los Caballeros de Colón, que se celebra en Denver, Colorado. También quiero aseguraros mi cercanía espiritual a quienes participáis de forma virtual en las ceremonias de inauguración.</p>
<p>Ahora que os reunís para estos días de debate, fraternidad y oración, bajo el lema «En el Uno, somos uno», me gustaría reflexionar brevemente con vosotros sobre la importancia de promover las virtudes de la unidad y la caridad, dos principios fundamentales de vuestra Orden.</p>
<p>En primer lugar, la unidad. En la Última Cena, Jesús oró por sus apóstoles, para que todos fueran uno (cf. Jn 17, 21). Sin embargo, nuestro Señor pidió que este don de la unidad se concediera no solo a ellos, sino también a quienes creyeran en él a través de su palabra a lo largo de los siglos (cf. Jn 17, 20). No obstante, mantener la unidad no suele ser fácil y no puede darse por sentado. Debe cultivarse activamente mediante un diálogo sincero y humilde.</p>
<p>En este sentido, os animo a todos a seguir dando testimonio de esa concordia que Jesús desea tan ardientemente en vuestras familias, vuestras parroquias y en las comunidades más amplias en las que vivís y servís. En una época marcada con demasiada frecuencia por la división y la retórica agresiva, existe una gran necesidad de profetas de la armonía que busquen tender puentes y se esfuercen por reconciliar posiciones opuestas siempre que sea posible.</p>
<p>Las obras de caridad, la segunda virtud, pueden ser a menudo una forma de promover la unidad. Como probablemente muchos de vosotros habéis experimentado, cuando tendemos la mano para ayudar a los necesitados, con frecuencia se crea una cierta armonía entre quienes dan y quienes reciben, así como entre quienes colaboran para ayudar a sus hermanos y hermanas. Así, la caridad se convierte no solo en una respuesta al sufrimiento humano, sino también en un poderoso medio para fomentar la fraternidad y fortalecer la comunión que constituye el núcleo de la vida cristiana.</p>
<p>Vuestra propia historia da un elocuente testimonio de esta verdad. Partiendo de los esfuerzos iniciados por vuestro noble fundador, el beato Michael McGivney, los Caballeros de Colón han trabajado juntos durante más de un siglo para mostrar el amor de Cristo a los no nacidos, a las mujeres embarazadas, a los cristianos perseguidos, a las víctimas de la guerra y de la trata de personas, a los pobres y vulnerables, y a quienes viven al margen de la sociedad. A través de las iniciativas emprendidas por vuestros Consejos locales, así como a nivel nacional e internacional, innumerables personas se han beneficiado de vuestra bondad. Por mi parte, expreso mi profunda gratitud por la constante generosidad de vuestra Orden hacia los menos afortunados, y confío en que vuestros esfuerzos sigan dando fruto durante muchos años más.</p>
<p>Con estas breves reflexiones, os transmito mis más cordiales deseos de éxito para los trabajos de la Convención Suprema, que encomiendo a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, y a la del beato Michael McGivney. Os imparto ahora mi bendición apostólica, que extiendo de buen grado a todos los miembros de los Caballeros de Colón y a vuestras familias.</p>
<p>Que la bendición de Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y permanezca con vosotros para siempre. <i>Amén.</i></p>
<p>________________________</p>
<p><a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/08/04/260804a.html"><i>Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede</i></a>, 4 de agosto de 2026</p>
]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje del Santo Padre con motivo de la VII Jornada Nacional de la Juventud de Ecuador [Ibarra, 31 de julio - 2 de agosto 2026] (2 de agosto de 2026)]]></title><pubDate>Sun, 02 Aug 2026 19:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260802-videomessaggio-giovani-ecuador.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260802-videomessaggio-giovani-ecuador.html</guid><description><![CDATA[<!-- Mon, 03 Aug 2026 07:29:28 +0200 --> <p><i>Queridos j&oacute;venes ecuatorianos:</i></p> 
<p>Les saludo con afecto mientras se preparan para la VII Jornada Nacional de la Juventud, que se celebrar&aacute; en Ibarra, bajo el lema: &laquo;Tengan valor, yo he vencido al mundo&raquo; (<i>Jn</i> 16,33).</p> 
<p>Les animo a escuchar la llamada del Se&ntilde;or y a seguirlo con decisi&oacute;n. El encuentro con Jesucristo llena el coraz&oacute;n de alegr&iacute;a y nos da fuerza para ser testigos de su amor y de su misericordia.</p> 
<p>Queridos amigos y amigas, la Iglesia necesita hoy de su alegr&iacute;a, valent&iacute;a y testimonio para que muchos otros puedan encontrarse con Cristo. D&eacute;jense transformar por su amor y sean promotores de perd&oacute;n, reconciliaci&oacute;n y paz.</p> 
<p>Encomiendo a todos los j&oacute;venes en Ecuador a Nuestra Se&ntilde;ora de la Presentaci&oacute;n. Que Mar&iacute;a sea el modelo que les inspire a vivir el Evangelio y a entregarse, como ella hizo, al proyecto de Dios para su vida.</p> 
<p>Les bendigo de coraz&oacute;n, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo. Am&eacute;n.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Ángelus, 2 de agosto de 2026]]></title><pubDate>Sun, 02 Aug 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260802-angelus.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260802-angelus.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 02 Aug 2026 12:56:03 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas: &iexcl;feliz domingo!</i></p> 
<p>Cuando se proclama el Evangelio, con frecuencia escuchamos el relato de los signos realizados por Jes&uacute;s. Son gestos que manifiestan su especial entrega por nosotros, es decir, la salvaci&oacute;n que &Eacute;l trae al mundo. El Se&ntilde;or se presenta como Aquel que da sentido a la vida, liber&aacute;ndola del mal y del pecado.</p> 
<p>Cristo, al dar la vista a los ciegos y hacer o&iacute;r a los sordos, no s&oacute;lo realiza acciones prodigiosas, sino que anuncia a todos que el Reino de Dios est&aacute; cerca. Por eso el Evangelio de hoy (<i>Mt </i>14,13-21) da testimonio de que Jes&uacute;s no se limita a dar los sentidos a quien carece de ellos, sino que hace gustar a nuestros sentidos. Al sordo, que vuelve a o&iacute;r, el Se&ntilde;or le dirige la Buena Noticia para que escuche; al ciego, que ve nuevamente, le muestra la espl&eacute;ndida obra de la redenci&oacute;n que se realiza en &eacute;l. Del mismo modo, Jes&uacute;s da de comer al que tiene hambre. El episodio de la multiplicaci&oacute;n de los panes significa que el encuentro con el Se&ntilde;or es una experiencia que nos alimenta. En el desierto, es decir, en el lugar de nuestras necesidades, Cristo es el pan de vida. Con &Eacute;l, lo esencial es sobreabundante: &laquo;Comieron todos y se saciaron&raquo; y sobraron &laquo;doce cestos llenos&raquo; (v. 20). Este n&uacute;mero demuestra que el don del Se&ntilde;or es universal, y que su Providencia hacia nosotros nunca falla.</p> 
<p>Queridos hermanos, Cristo sacia realmente el hambre de la humanidad, nuestra hambre de verdad y de vida. Al mismo tiempo, su gesto nos ense&ntilde;a que nada se pierde cuando se comparte. La acumulaci&oacute;n y el descarte, en cambio, son las dos caras de un mismo mal: la avaricia. Esta enfermedad del alma lleva a perder los sentidos porque embriaga de riquezas, hasta el punto de olvidar a aquellos que lloran de hambre y gritan de sed. Y, de ese modo, ante la opulencia de las cosas que se corrompen, est&aacute;n las manos tendidas de quienes no tienen qu&eacute; comer, las casas destruidas de quienes no tienen paz.</p> 
<p>En el desierto de la guerra y de la arrogancia, vemos con cu&aacute;nta bondad el Se&ntilde;or, &laquo;alzando la mirada al cielo&raquo;, &laquo;pronunci&oacute; la bendici&oacute;n&raquo;, &laquo;parti&oacute; los panes y se los dio&raquo; a los disc&iacute;pulos, para que los repartieran a la gente (cf. v. 19). En este milagro de la caridad reconocemos las acciones t&iacute;picas de Jes&uacute;s, que encuentran su punto culminante en la &uacute;ltima Cena, donde el Hijo de Dios nos entrega su misma vida como nuestro hermano en humanidad. Al saborear la gracia de la Eucarist&iacute;a, compromet&aacute;monos a testimoniar su belleza en nuestros gestos cotidianos, comenzando por la bendici&oacute;n de la mesa, cuando compartimos el pan en familia y entre los amigos. En compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, tambi&eacute;n las vacaciones pueden convertirse en tiempo de serena fraternidad, incluyendo a quienes est&aacute;n a nuestro lado y pasan necesidad.</p> 
<p>Pidamos pues a la Virgen Mar&iacute;a, Madre premurosa, que nos haga crecer en la caridad, para que a nadie le falte el pan cotidiano.</p> 
<p>_______________________</p> 
<p><b>Despu&eacute;s del &Aacute;ngelus</b></p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas,</i></p> 
<p>sigo con preocupaci&oacute;n la alarmante situaci&oacute;n en Ceuta, pidiendo a Dios, por medio de la intercesi&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora de &Aacute;frica, que se puedan encontrar soluciones de paz, de estabilidad y de justicia.</p> 
<p>Continuemos rezando por la paz, para que cesen las guerras en el mundo y se encuentren soluciones diplom&aacute;ticas a los conflictos. Recordemos a todas las v&iacute;ctimas de las hostilidades, sobre todo a los m&aacute;s d&eacute;biles e indefensos: los ni&ntilde;os, los ancianos y los enfermos. Que el Se&ntilde;or consuele a quienes sufren y bendiga la labor de quienes llevan ayuda y consuelo.</p> 
<p>En estos d&iacute;as se celebra el “Perd&oacute;n de As&iacute;s”. San Francisco obtuvo esta indulgencia del papa Honorio III en 1216, inspirado, mientras oraba en la Porci&uacute;ncula, por una visi&oacute;n de Jes&uacute;s y Mar&iacute;a, rodeados de &aacute;ngeles. Demos gracias al Se&ntilde;or por este gran don y atesor&eacute;moslo, especialmente en el octavo centenario del “Tr&aacute;nsito” del <i>Poverello</i> de As&iacute;s, que falleci&oacute; precisamente en la Porci&uacute;ncula el 3 de octubre de 1226.</p> 
<p>Los saludo a todos ustedes, romanos y peregrinos procedentes de diversos pa&iacute;ses: en particular a los j&oacute;venes de las parroquias de Saccolongo y Creola (Padua), y a los de la parroquia de San Juan Bosco en Altamura y a los chicos de la Colaboraci&oacute;n Pastoral de Castelfranco Veneto, acompa&ntilde;ados por sus sacerdotes y animadores.</p> 
<p>&iexcl;Les deseo a todos un feliz domingo!</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Mensaje del Santo Padre con ocasión de la III Jornada Nacional de la Juventud [Estadio Banorte de Monterrey (México), 15-16 de agosto] (1 de agosto de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 01 Aug 2026 19:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260801-messaggio-jnj-monterrey.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260801-messaggio-jnj-monterrey.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 15 Aug 2026 18:42:47 +0200 --> <p><i>Queridos j&oacute;venes</i>:</p> 
<p>Ahora que celebran la Jornada Nacional de la Juventud en esa querida tierra mexicana, reunidos en la Arquidi&oacute;cesis de Monterrey, deseo hacerme presente entre ustedes con unas breves palabras para hacer juntos este camino de fe. Es una hermosa ocasi&oacute;n de encuentro entre todos ustedes, junto con sus Pastores, que brota de la comuni&oacute;n con Cristo, para manifestar al mundo cu&aacute;l es nuestro prop&oacute;sito de vida: unirnos a &Eacute;l y as&iacute;, participando de su vida, alcanzar la santidad a la que somos llamados. El t&iacute;tulo de este encuentro lo pone de manifiesto, ya que es el mismo Cristo que nos dice: “Ustedes tambi&eacute;n dan testimonio, porque est&aacute;n conmigo” (cf. <i>Jn</i> 15,27).</p> 
<p>Queridos j&oacute;venes, abracen estas palabras con su propia vida, porque solamente unidos a Cristo podemos hacer que el mundo crea en &Eacute;l, a&uacute;n en medio de los problemas que ven a su alrededor a causa de la violencia, la indiferencia, la falta de sentido. Sean capaces de detenerse y darse tiempo en el silencio para discernir qu&eacute; es lo que realmente conviene y edifica (cf. 1 <i>Co</i> 10,23). De este modo, unidos al Maestro, podr&aacute;n ser sus testigos, signos de esperanza.</p> 
<p>Mientras los animo a participar de esta jornada con jovial alegr&iacute;a, los encomiendo bajo el amparo maternal de Santa Mar&iacute;a de Guadalupe y les imparto de coraz&oacute;n la Bendici&oacute;n Apost&oacute;lica.</p> 
<p><i>Vaticano, 1 de agosto de 2026</i></p> 
<p style="text-align: center;">LE&Oacute;N PP. XIV</p> 
<p>&nbsp;</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje del Santo Padre a los participantes en la Jornada Nacional de la Juventud en Perú [Chulucunas, 30 de julio-2 de agosto de 2026] (1 de agosto de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 01 Aug 2026 09:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260801-videomessaggio-gioventu-peru.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260801-videomessaggio-gioventu-peru.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 01 Aug 2026 07:15:42 +0200 --> <p>Queridos jóvenes:</p>
<p>Ha llegado el momento tan esperado y que han preparado con tanto entusiasmo durante los últimos meses: la Jornada Nacional de la Juventud en Chulucanas. Gracias de corazón por haber respondido a esta iniciativa, que renueva y fortalece la vida de la Iglesia.</p>
<p>El lema que los convoca en este encuentro es: &quot;Sé valiente, Cristo vive&quot;. Precisamente la certeza de la presencia viva del Señor en medio de nosotros es el fuego interior que nos impulsa a ser valientes y a salir de la comodidad del individualismo, para formar parte de una comunidad de hermanos y hermanas en la fe, para forjar verdaderos lazos de amistad y dar así testimonio de que es posible vivir unidos en Cristo.</p>
<p>Los invito a abrir sus corazones de par en par para acoger los dones que el Señor quiera derramar sobre ustedes durante estos días. Y lo que experimenten en esta Jornada no lo guarden sólo para ustedes, que no quede sólo en las fotos de sus celulares o en videos de las redes sociales, compártanlo, refléjenlo con sus vidas, porque muchas personas necesitan hoy ese testimonio alegre y contagioso que un joven enamorado de Cristo puede transmitir. No tengan miedo de ser instrumentos de Dios para reavivar la esperanza de tantos, de tantos corazones que sufren.</p>
<p>Los encomiendo a la materna intercesión de Nuestra Señora de la Evangelización. Que ella interceda por ustedes, para que sean &quot;sal y luz&quot; de Cristo en esta querida tierra peruana. ¡Que Dios los bendiga!</p>
<p>Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, decienda sobra ustedes. Amen!</p>
]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje «Reza con el Papa» - Agosto de 2026: Por la evangelización en la ciudad]]></title><pubDate>Fri, 31 Jul 2026 15:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/prayers/documents/20260731-popesprayer-agosto.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/prayers/documents/20260731-popesprayer-agosto.html</guid><description><![CDATA[<!-- Fri, 31 Jul 2026 14:54:25 +0200 --> <p style="text-align: center;"><b>AGOSTO: Por la evangelizaci&oacute;n en la ciudad</b></p> 
<p>&nbsp;</p> 
<p>En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp&iacute;ritu Santo. Am&eacute;n.</p> 
<p>Se&ntilde;or Jes&uacute;s, Buen Pastor,<br /> T&uacute; recorres nuestras calles y plazas,<br /> entras en los edificios altos y en los barrios humildes,<br /> acompa&ntilde;as silenciosamente a millones<br /> que buscan sentido en medio del ruido y la prisa.</p> 
<p>T&uacute; conoces, Se&ntilde;or, el coraz&oacute;n de la ciudad:<br /> sus luces y sombras, su bullicio y su soledad.<br /> Sabemos que las ciudades est&aacute;n llamadas a ser lugares de libertad y oportunidad,<br /> pero tambi&eacute;n pueden transformarse en espacios de anonimato y aislamiento.<br /> Por eso hoy te pedimos una mirada nueva,<br /> capaz de descubrir en la vida urbana<br /> el terreno fecundo para anunciar tu Evangelio.</p> 
<p>Danos una fe creativa y profunda,<br /> que no se quede en las palabras,<br /> sino que se encarne en gestos sencillos y cercanos.<br /> Haznos Iglesia en salida,<br /> capaz de tender la mano en las periferias,<br /> de dar consuelo en la soledad,<br /> y de sembrar fraternidad donde reina la indiferencia.</p> 
<p>Se&ntilde;or, que nuestras comunidades urbanas<br /> sean hogares abiertos y acogedores,<br /> lugares donde se comparta la esperanza,<br /> donde nadie se sienta invisible,<br /> y donde la alegr&iacute;a de tu Evangelio ilumine<br /> la vida escondida de tantos hermanos.<br /> Haznos testigos tuyos en la ciudad,<br /> misioneros valientes y creativos,<br /> que anuncien con la vida tu Amor,<br /> capaz de superar la prisa, el ruido y el anonimato.</p> 
<p>Am&eacute;n.</p> 
<p style="text-align: center;">&nbsp;__________________________</p> 
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.popesprayer.va/it/pregaconilpapa/">Red Mundial de Oraci&oacute;n del Papa</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Encuentro de oración y fraternidad "Cántico de Paz" (29 de julio de 2026)]]></title><pubDate>Wed, 29 Jul 2026 21:30:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/july/documents/20260729-incontro-cantico-di-pace.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/july/documents/20260729-incontro-cantico-di-pace.html</guid><description><![CDATA[<!-- Thu, 30 Jul 2026 09:03:28 +0200 --> <p><i>Estimados amigos,<br /> estimados j&oacute;venes de Uganda, de Tierra Santa y de Italia,</i></p> 
<p>&iexcl;bienvenidos! Me alegra mucho que est&eacute;n aqu&iacute; con nosotros hoy. Es una alegr&iacute;a compartir estos momentos. Agradezco a todos los miembros del coro por su arduo trabajo de preparaci&oacute;n y felicito a los directores de los coros.</p> 
<p>Acabamos de escuchar su hermoso canto. La m&uacute;sica tiene la extraordinaria capacidad de unir voces diferentes en una armon&iacute;a, en la que cada una aporta algo &uacute;nico al conjunto. En este sentido, el coro se convierte en s&iacute;mbolo de concordia y cooperaci&oacute;n.</p> 
<p>Es significativo que las Sagradas Escrituras y la liturgia de la Iglesia hablen de &laquo;coros de &aacute;ngeles y santos&raquo; al describir la alegr&iacute;a del cielo, no porque canten literalmente todo el tiempo, sino porque, unidos en el amor, contemplan a Dios juntos y encuentran en &Eacute;l la plenitud de la felicidad.</p> 
<p>Mis queridos j&oacute;venes amigos, al cantar, &iquest;han notado c&oacute;mo la m&uacute;sica nos ha involucrado a todos en una experiencia nueva, algo que era m&aacute;s grande de lo que cada uno de nosotros hubiera podido crear por s&iacute; solo? Esta es la experiencia de la belleza. Nos abre un nuevo horizonte y despierta en nosotros el deseo de ir a su encuentro. Cuando nos dirigimos hacia ese horizonte, descubrimos no simplemente algo, sino a Alguien. Nos encontramos con Dios, nuestro Creador. As&iacute; como podemos seguir un arroyo hasta su manantial, as&iacute; tambi&eacute;n la belleza de la m&uacute;sica nos invita a encontrarnos con Aquel que es la Belleza misma. En este sentido, sigan cultivando los dones que Dios les ha dado y dejen que los gu&iacute;en hacia &Eacute;l.</p> 
<p>El Se&ntilde;or es todo lo que buscamos en la vida, Aquel que solo puede dar paz a nuestros corazones inquietos. Recuerden que han sido creados para grandes cosas y que el mundo entero no basta para saciar su sed de sentido y felicidad. Sepan tambi&eacute;n que el Santo Padre los ama y reza por ustedes, por sus familias y por sus pa&iacute;ses.</p> 
<p>En particular, rezo para que la paz reine en sus hogares y en todos aquellos lugares del mundo que siguen sufriendo a causa de la violencia.</p> 
<p>Por &uacute;ltimo, quisiera agradecer a la Fundaci&oacute;n <i>Andrea Bocelli</i> por la labor que realiza en favor de los j&oacute;venes que enfrentan desventajas educativas y sociales. A trav&eacute;s del poder de la m&uacute;sica, est&aacute;n contribuyendo a la misi&oacute;n de la Iglesia de promover el desarrollo integral de cada persona, al servicio del bien com&uacute;n. Que Dios bendiga sus esfuerzos.</p> 
<p>Queridos amigos, gracias nuevamente por haber venido a alegrar nuestros corazones con su hermosa m&uacute;sica. Encomend&aacute;ndolos a la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, nuestra Madre, imparto con gusto a cada uno de ustedes mi afectuosa bendici&oacute;n.</p> 
<p>Gracias.<br /> ___________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/07/29.html"><i>Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede</i>, 29 de julio de 2023</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Ángelus, 26 de julio de 2026]]></title><pubDate>Sun, 26 Jul 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260726-angelus.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260726-angelus.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 26 Jul 2026 13:06:25 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;feliz domingo!</i></p> 
<p>En el centro de la ense&ntilde;anza de Jes&uacute;s se encuentra el misterio del Reino de Dios, que el Evangelio de hoy compara con una perla y un tesoro (cf. <i>Mt</i> 13,44-52). Las par&aacute;bolas dan a entender la sorpresa de quien encuentra lo que ni siquiera pod&iacute;a esperar, hasta el punto de que vender o dejar todo ya no parece una renuncia, sino una ganancia. De hecho, desde las primeras p&aacute;ginas, los evangelistas describen el llamado de Jes&uacute;s a seguirlo como algo irresistible: libre, sin duda, pero urgente y capaz de suscitar una respuesta inmediata y movida por el deseo. Este es un primer aspecto importante de la forma en que Dios est&aacute; cerca y se deja encontrar: el encuentro con su Reino es un punto de inflexi&oacute;n que no limita, sino que ampl&iacute;a la vida. Si algo debe cambiar ahora, es para tener m&aacute;s posibilidades, no menos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</p> 
<p>Hay un segundo aspecto al que Jes&uacute;s parece darle mucha importancia: quien encuentra el tesoro escondido en el campo es probablemente un campesino; la perla, en cambio, es reconocida como de gran valor por un comerciante, tal vez un viajero. Le siguen otras dos par&aacute;bolas en las que los protagonistas son pescadores y un escriba experto en cosas antiguas y nuevas. Hay otras, adem&aacute;s, en las que el Reino se deja vislumbrar en una mujer que amasa la harina, en otra que ordena la casa, en un rey que planea la guerra, en un hombre que dise&ntilde;a una torre, en administradores que gestionan pagos o inversiones, en pastores y agricultores. En resumen, el Reino de Dios revela su inestimable belleza de diversas maneras, pero llama a todos —hombres y mujeres, j&oacute;venes y adultos mayores, pobres y ricos— a una profunda renovaci&oacute;n. Todos pueden comprenderlo y se sienten atra&iacute;dos por &eacute;l.</p> 
<p>Incluso hoy, la Iglesia es una comuni&oacute;n de personas diferentes en cuanto a origen, cultura, habilidades y nivel de responsabilidad, pero todas llamadas a reconocerse como “uno” en Jesucristo: &Eacute;l es el tesoro escondido, la perla preciosa, la red que recoge al que est&aacute; disperso. Desde el principio, de hecho, Jes&uacute;s llam&oacute; y reuni&oacute; a su alrededor a personas que, de otra manera, nunca se habr&iacute;an conocido. As&iacute; fue precisamente como demostr&oacute; que Dios no hace distinci&oacute;n de personas y que su elecci&oacute;n es una predilecci&oacute;n preferencial por los peque&ntilde;os y los descartados.</p> 
<p>Hermanos y hermanas, no nos queda m&aacute;s que pedir un don, el mismo que pidi&oacute; el joven rey Salom&oacute;n (cf. <i>1 R</i> 3,5.7-12). Es el don de identificar la perla de gran valor, de saber reconocer el tesoro por el que vale la pena venderlo todo. Mientras que la industria del consumo nos altera el gusto, creando siempre nuevas necesidades para luego vendernos respuestas que no sacian y, a veces, envenenan el coraz&oacute;n, debemos aprender a captar lo que realmente importa: el tesoro de la relaci&oacute;n con Dios, que nos abre a la alegr&iacute;a y nos ayuda a vivir mejor las relaciones entre nosotros.</p> 
<p>La intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, Sede de la Sabidur&iacute;a, oriente hacia Jes&uacute;s nuestro deseo de vida, para que se realice en plenitud.</p> 
<p>_________________________</p> 
<p><b>Despu&eacute;s del &Aacute;ngelus</b></p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Ayer, en L&iacute;bano, fue beatificado Elia Hoayek, Patriarca de Antioqu&iacute;a de los maronitas de 1899 a 1931 y fundador de la Congregaci&oacute;n de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia. Dirigi&oacute; durante m&aacute;s de treinta a&ntilde;os la Iglesia maronita con gran dedicaci&oacute;n y sensibilidad pastoral. Hombre de di&aacute;logo y de esperanza, fue un brillante referente eclesial, social y pol&iacute;tico, hasta el punto de ser llamado “Padre del Gran L&iacute;bano”. Que la oraci&oacute;n y la intercesi&oacute;n del nuevo beato acompa&ntilde;en siempre a los fieles maronitas en todo el mundo y obtengan el don de la paz para todo el pueblo del L&iacute;bano, que me es tan querido.</p> 
<p>Sigo con inquietud la persistencia y el recrudecimiento de la violencia en Tierra Santa, de la que &uacute;ltimamente han sido v&iacute;ctimas tambi&eacute;n muchos civiles, tanto en Cisjordania como en Gaza. Hago un vehemente llamamiento para que se retome la negociaci&oacute;n de una soluci&oacute;n pol&iacute;tica justa, basada en la dignidad y los iguales derechos de cada persona; y para que se rechacen nuevas acciones militares y decisiones unilaterales, en particular aquellas que violan el respeto y el <i>statu quo</i> de los lugares sagrados de todas las religiones.</p> 
<p>Reitero asimismo mi llamamiento respecto a la situaci&oacute;n en todo el Medio Oriente, donde la intensificaci&oacute;n de las operaciones militares ha tra&iacute;do de nuevo la violencia y la destrucci&oacute;n, poniendo en grave riesgo la vida de numerosos civiles y agravando la escasez de agua potable y de electricidad. Desde lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n, exhorto a todas las partes involucradas a suspender los ataques y a reabrir con urgencia los espacios de di&aacute;logo y diplomacia, para alcanzar lo antes posible la paz, tan anhelada por toda la regi&oacute;n.</p> 
<p>Sigamos orando por todos los pueblos del mundo que sufren a causa de la guerra. Que el Se&ntilde;or toque los corazones e ilumine las mentes de los responsables, para que pronto se alcance la reconciliaci&oacute;n y la paz.</p> 
<p>Ante los devastadores incendios que en estos d&iacute;as han afectado a varias localidades de Francia y Espa&ntilde;a, expreso mi cercan&iacute;a e invito a todos a orar por las personas afectadas y por la labor de los equipos de rescate.</p> 
<p>Hoy se celebra la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/grandparents/documents/20260615-messaggio-nonni-anziani.html">cuyo tema</a> se inspira en las palabras del profeta Isa&iacute;as: &laquo;Yo nunca te olvidar&eacute;&raquo; (<i>Is</i> 49,15). Agradezcamos juntos al Se&ntilde;or por el regalo que representan las personas mayores para la Iglesia y la sociedad, y compromet&aacute;monos a respetar y valorar su valioso papel, as&iacute; como a garantizarles, siempre, la atenci&oacute;n y la asistencia que merecen.</p> 
<p>&iexcl;Los saludo con afecto a todos los que est&aacute;n aqu&iacute; presentes, tanto a los residentes como a los que vienen de diversas partes de Italia y del mundo!</p> 
<p>Doy una bienvenida especial a los peregrinos de la Obra de la Iglesia y a los obispos que los acompa&ntilde;an; una bienvenida y especial saludo a los ni&ntilde;os de la “Casa de la Misericordia” de Chortkiv, en Ucrania, hu&eacute;spedes de la parroquia de San Miguel Arc&aacute;ngel de <i>Nocera Superiore</i>; a los adolescentes de la parroquia de Manerbio; a los participantes en el Encuentro Internacional de J&oacute;venes organizado con motivo del bicentenario de la muerte de santa Giovanna Antida Thouret; a los j&oacute;venes peregrinos del movimiento de estudiantes cat&oacute;licos <i>&Ouml;nze-Lieve-Vrouw Ster-Der-Zee</i> de Maldegem, en B&eacute;lgica, as&iacute; como a los alumnos de la Escuela de alumnos carabineros de <i>Velletri</i>, acompa&ntilde;ados por el capell&aacute;n y sus oficiales.</p> 
<p>Saludo a los miembros de la <i>Catholic Men Association of Cameroon.</i></p> 
<p>Dirijo un saludo especial a los participantes en la “Fiesta del durazno” de Castelgandolfo, que han venido trayendo sus frutos para ser bendecidos.</p> 
<p>Esta tarde, en Roma, a orillas del T&iacute;ber, se llevar&aacute; a cabo la procesi&oacute;n de la Virgen “<i>fiumarola</i>”. Que Mar&iacute;a, Madre de Jes&uacute;s, conceda a quienes participan en esta hermosa tradici&oacute;n, y a todos nosotros, vivir cada d&iacute;a seg&uacute;n las ense&ntilde;anzas del Evangelio.</p> 
<p>&iexcl;Les deseo de coraz&oacute;n, a todos ustedes, un feliz domingo!</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje del Santo Padre con motivo del Festival Halleluya 2026 [Fortaleza (Brasil), 22-26 de julio de 2026] (26 de julio de 2026)]]></title><pubDate>Sun, 26 Jul 2026 09:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260726-videomessaggio-halleluya.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260726-videomessaggio-halleluya.html</guid><description><![CDATA[<!-- Tue, 28 Jul 2026 13:10:55 +0200 --> <p><i>Queridos j&oacute;venes:</i></p> 
<p>Es con gran alegr&iacute;a que participo, aunque sea a distancia, en el Festival <i>Halleluya 2026</i>, una iniciativa que, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, a trav&eacute;s de la m&uacute;sica, la alabanza y la adoraci&oacute;n, ha llegado al coraz&oacute;n de tantas personas, dando buenos frutos de evangelizaci&oacute;n: confesiones, conversiones, vocaciones sacerdotales y religiosas.</p> 
<p>Hoy quisiera reiterar lo hermoso que es estar con los j&oacute;venes. Su entusiasmo es contagioso y despierta en nosotros un renovado celo apost&oacute;lico. <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/travels/2026.index.html"><u>En mis &uacute;ltimos viajes</u></a> y en el <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2025/8/3/giubileo-giovani.html"><u>Jubileo de los J&oacute;venes</u></a>, he observado que cada uno de ustedes posee un vigor misionero indispensable para transformar este mundo, que necesita tan desesperadamente el Evangelio. &iexcl;Nunca pierdan este celo misionero!</p> 
<p>De hecho, es este fervor el que el Se&ntilde;or espera de todos los bautizados en el anuncio de la Buena Nueva. En nuestros d&iacute;as, a&uacute;n son muchas las personas que necesitan saber que es Jes&uacute;s quien responde a sus deseos m&aacute;s profundos, revelando a la humanidad la verdad sobre s&iacute; misma. &iexcl;Proclamen, pues, con valent&iacute;a que una vida sin Cristo es una vida sin gracia! &Eacute;l es el Camino, la Verdad y la Vida (<i>cf.</i> <i>Jn</i> 14, 6); es &Eacute;l quien da sentido a la existencia y a todas las cosas. Esta es la fe que nos mueve y que vale la pena compartir con quienes amamos y con quienes m&aacute;s la necesitan.</p> 
<p>Sin embargo, es posible que, con el tiempo, el entusiasmo que se vivi&oacute; durante la fiesta se vaya desvaneciendo. Para mantener viva la llama de la fe y dar testimonio de la Resurrecci&oacute;n a nuestros amigos y a quienes encontramos, es necesario permanecer en la presencia de Dios, a trav&eacute;s de la oraci&oacute;n. Una relaci&oacute;n aut&eacute;ntica con el Se&ntilde;or requiere constancia, perseverancia y la firme certeza de que el Padre Celestial nunca nos abandona, sino que, por el contrario, sale a nuestro encuentro en el Hijo. &iexcl;No tengan, pues, miedo de Cristo! &Eacute;l no quita nada, lo da todo (cf. <a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es.html">Benedicto XVI</a>, <a href="https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2005/documents/hf_ben-xvi_hom_20050424_inizio-pontificato.html"><i><u>Misa por el inicio del ministerio petrino</u></i></a>, 24 de abril de 2005). Quien conf&iacute;a en el Salvador recibe cien veces m&aacute;s (<i>cf. Mc</i> 10, 29-30) y siempre sale victorioso. En el deporte vemos la alegr&iacute;a de quien gana, pero tambi&eacute;n la tristeza de quien pierde. &iexcl;Con Cristo, siempre ganamos (<i>cf. Rom </i>8, 37)! Los santos son prueba de ello.</p> 
<p>Dej&eacute;monos inspirar por el ejemplo de san Carlos Acutis: &eacute;l nos muestra c&oacute;mo mantener siempre a Cristo en el centro, incluso al utilizar la tecnolog&iacute;a. Tom&aacute;ndolo como modelo, les recomiendo que utilicen las <i>redes sociales</i> y la inteligencia artificial con moderaci&oacute;n y disciplina, porque pueden proyectarnos a un mundo irreal, en el que lo ef&iacute;mero, las meras apariencias y el enga&ntilde;o terminan por ocupar el lugar de los verdaderos valores y de lo que realmente importa.</p> 
<p>Queridos j&oacute;venes, dejen que el Esp&iacute;ritu Santo reavive en ustedes un amor m&aacute;s grande, capaz de transformar su juventud en una fuerza evangelizadora, convirtiendo a cada uno de ustedes en piedra viva en la construcci&oacute;n de la &laquo;ciudad de la paz&raquo; que tanto anhelamos, o, como dec&iacute;a san Agust&iacute;n, la Ciudad de Dios presente en medio de la ciudad de los hombres. Al rogarle a Dios que los fortalezca en las pruebas y los ayude a vivir fielmente el llamado a la santidad, imparto mi bendici&oacute;n apost&oacute;lica a todos los participantes y organizadores del <i>Halleluya Festival</i>.</p> 
<p>&iexcl;Que Dios est&eacute; siempre con ustedes!<br /> _____________________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/07/26.html"><i>Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede</i>, 28 de julio de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje del Santo Padre a los jóvenes de la Prelatura de Chota y Cutervo en Perú (25 de julio de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 25 Jul 2026 22:15:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260725-videomessaggio-giovani-peru.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260725-videomessaggio-giovani-peru.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sat, 25 Jul 2026 22:06:50 +0200 --> <p><i>Queridos j&oacute;venes de la Prelatura de Chota y Cutervo</i>. Es para m&iacute; una alegr&iacute;a inmensa dirigirme a todos ustedes, reunidos en la hermosa tierra de Cutervo para celebrar esta II Jornada Diocesana de la Juventud. Qu&eacute; hermoso es saber que, desde las 18 parroquias de la Prelatura se han congregado para compartir la fe en Jesucristo.</p> 
<p>Queridos j&oacute;venes, ustedes son la juventud de Cristo y su lema de este a&ntilde;o lo dice con total claridad: “Llamados a amar, enviados a servir”.</p> 
<p>Jes&uacute;s no los quiere “<a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2016/july/documents/papa-francesco_20160730_polonia-veglia-giovani.html">j&oacute;venes de sill&oacute;n</a>”, adormecidos o instalados en la comodidad del “siempre se ha hecho as&iacute;”. La Iglesia en Chota y Cutervo necesita de su rebeld&iacute;a santa, de su energ&iacute;a limpia, de sus ganas de transformar las realidades de dolor en espacios de esperanza. Sientan el llamado a ser misioneros en sus colegios, en sus universidades, en sus calles y en sus campos. Sirvan con alegr&iacute;a, especialmente a los m&aacute;s olvidados, porque ah&iacute; es donde se encuentra el rostro sufriente de Jes&uacute;s.</p> 
<p>Los encomiendo a la Virgen Mar&iacute;a, nuestra Se&ntilde;ora de la Asunci&oacute;n, Patrona de Cutervo. Que ella los cuide y los gu&iacute;e siempre.</p> 
<p>&iexcl;Que pasen una bonita Jornada &iexcl;Que Dios los bendiga! Y la <i>bendici&oacute;n de Dios todopoderoso</i>, <i>Padre</i>, <i>Hijo, y Esp&iacute;ritu Santo</i>, <i>descienda sobre todos ustedes</i>. <i>Am&eacute;n</i>.</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje del Santo Padre a la XII Asamblea Plenaria de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC) [Yakarta, 20-26 de julio de 2026] (25 de julio de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 25 Jul 2026 10:30:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260725-videomessaggio-fabc.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260725-videomessaggio-fabc.html</guid><description><![CDATA[<!-- Mon, 27 Jul 2026 12:27:19 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas en Cristo:</i></p> 
<p>Les dirijo un cordial saludo a todos ustedes que participan en la Asamblea Plenaria de la Federaci&oacute;n de Conferencias Episcopales de Asia en Yakarta. Al reunirse para debatir los importantes temas que ata&ntilde;en a la vida y el futuro de la Iglesia cat&oacute;lica en Asia, les aseguro mi cercan&iacute;a espiritual y rezo para que el Esp&iacute;ritu Santo inspire y gu&iacute;e su tiempo juntos.</p> 
<p>El tema elegido para su Asamblea Plenaria se inspira en las palabras de Jes&uacute;s dirigidas a Natanael: &laquo;&iexcl;Ver&aacute;s cosas m&aacute;s grandes todav&iacute;a!&raquo; (<i>Jn</i> 1, 50). Al llamar a Felipe y a Natanael a seguirlo y a convertirse en sus disc&iacute;pulos, el Se&ntilde;or se refiere a s&iacute; mismo como el &uacute;nico mediador entre Dios y la humanidad (<i>cf.</i> <i>Jn</i> 1, 51) .</p> 
<p>Como sus disc&iacute;pulos hoy, sabemos que Jes&uacute;s no es solo la fuente de nuestra comuni&oacute;n con Dios, sino tambi&eacute;n de nuestra comuni&oacute;n entre nosotros. De hecho, en la Carta Enc&iacute;clica <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html"><i>Magnifica humanitas</i></a>, publicada recientemente, escrib&iacute; que la solidaridad cristiana tiene su fuente en el misterio de Cristo y nace de nuestra comuni&oacute;n en los sacramentos, en particular en la Eucarist&iacute;a (<i>cf.</i> <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html">n. 88</a>). Por esta raz&oacute;n, deseo animarlos a seguir promoviendo una espiritualidad eucar&iacute;stica en sus Iglesias locales, es decir, una espiritualidad de unidad eclesial basada en la caridad que brota del don del Se&ntilde;or en la Eucarist&iacute;a. Espero, por lo tanto, que los lazos de comuni&oacute;n dentro de las Iglesias locales y entre ellas se fortalezcan y se conviertan en un signo cada vez m&aacute;s grande de la presencia de Dios en sus distintos pa&iacute;ses, ayud&aacute;ndoles as&iacute; a ser juntos constructores de puentes en toda Asia.</p> 
<p>Queridos amigos, al encomendar a todos ustedes y a sus deliberaciones a la intercesi&oacute;n de la Bienaventurada Virgen Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia, invoco de todo coraz&oacute;n sobre ustedes los dones de sabidur&iacute;a y fortaleza del Se&ntilde;or.</p> 
<p>Y que la bendici&oacute;n de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca siempre con ustedes.</p> 
<p>Am&eacute;n.<br /> ___________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/07/25.html"><i>Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede</i>, 25 de julio de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Videomensaje del Santo Padre con motivo del II Encuentro «Rejoice» — Jornada Nacional de la Juventud [Lamego (Portugal), 24-26 de julio de 2026] (25 de julio de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 25 Jul 2026 00:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260725-videomessaggio-rejoice.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/pont-messages/2026/documents/20260725-videomessaggio-rejoice.html</guid><description><![CDATA[<!-- Tue, 28 Jul 2026 15:19:44 +0200 --> <p><i>Queridos j&oacute;venes</i>,</p> 
<p>&laquo;&iexcl;Al&eacute;grense siempre en el Se&ntilde;or!&raquo; (<i>Fil</i> 4, 4), all&iacute;, en Lamego, y en todos los lugares: en sus familias, en las escuelas, en las parroquias, en los movimientos y en los distintos grupos juveniles de los que forman parte. Al&eacute;grense en el Se&ntilde;or junto con sus obispos y los l&iacute;deres que los acompa&ntilde;an a ustedes y a muchos otros j&oacute;venes en Portugal. Al&eacute;grense con ellos, quienes los ayudan a crecer en la fe y a abrir las puertas de su coraz&oacute;n a Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida.</p> 
<p>Me ha alegrado saber que procuran mantener viva la llama de la <a href="https://www.vatican.va/content/francesco/es/travels/2023/outside/documents/portogallo-gmg-2023.html"><u>Jornada Mundial de la Juventud 2023</u></a>. Fueron d&iacute;as espl&eacute;ndidos y felices, por la concordia entre todos; por la armon&iacute;a entre las diferentes lenguas y culturas; pero, sobre todo, por el intenso encuentro con el Se&ntilde;or Jes&uacute;s y por la experiencia de las maravillas que el Cristo Viviente obra cuando nos reunimos en su nombre. &iexcl;&Eacute;l est&aacute; con nosotros y es &Eacute;l la raz&oacute;n de nuestra alegr&iacute;a! &Eacute;l es la causa de nuestra unidad. <i><a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2025/05/14/140525c.html">In illo uno unum</a></i>: &laquo;Aunque nosotros somos muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo&raquo; (<i>Rom</i> 12, 5).</p> 
<p>Lo que viv&iacute; en Lisboa pude revivirlo <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/homilies/2025/documents/20250803-omelia-giubileo-giovani.html"><u>hace un a&ntilde;o con motivo del Jubileo</u></a> y tambi&eacute;n, recientemente, <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/events/event.dir.html/content/vaticanevents/es/2026/6/6/spagna-veglia-giovani.html"><u>durante el viaje apost&oacute;lico a Espa&ntilde;a</u></a>. Siempre es especial estar con los j&oacute;venes, &iexcl;porque el entusiasmo de su fe es contagioso! &iexcl;El amor que demuestran por Cristo es reconfortante! Es maravilloso, en nuestros d&iacute;as, ver a j&oacute;venes - &iexcl;como ustedes!- llenos de fe y sin miedo a expresarla. Es hermoso constatar que tienen una profunda sed de verdad y que la buscan con coraz&oacute;n sincero. Es hermoso ver que tienen hambre de justicia y de caridad, y que no se conforman con valores ef&iacute;meros. Es hermoso observar que aman la belleza, en particular esa belleza tan antigua y tan nueva que es nuestro Dios, quien nos espera en lo m&aacute;s profundo de nuestro ser.</p> 
<p>Con este saludo, quisiera, pues, animarlos a seguir adelante. Una de las caracter&iacute;sticas de los j&oacute;venes es ser inquietos. &iexcl;No tengan miedo de la inquietud que llevan dentro! Aprovechen ese impulso para acercarse a&uacute;n m&aacute;s a Cristo y para dar testimonio de los valores del Evangelio. Bien anclados en la Palabra de Jes&uacute;s, leyendo el Evangelio cada d&iacute;a, nunca dejen de so&ntilde;ar con una Tierra donde reine la paz y la fraternidad, de mirar el mundo con asombro, de afrontar el futuro con la luz de la esperanza. Queridos j&oacute;venes, &iexcl;no permitan que nada ni nadie les robe la esperanza!</p> 
<p>Los animo adem&aacute;s a aprovechar lo que les inquieta para —en momentos de oraci&oacute;n y silencio, en di&aacute;logo con Dios— preguntarle: Se&ntilde;or, &iquest;qu&eacute; quieres que haga en la Iglesia y en el mundo? &iquest;Cu&aacute;l es mi vocaci&oacute;n? &iquest;Me llamas a formar una familia a trav&eacute;s del matrimonio? &iquest;O me llama a la vida sacerdotal? &iquest;O a la vida religiosa? Son preguntas que es importante hacerse, sin olvidar una certeza que da unidad a nuestra vida interior. Dios siempre nos llama a ser santos, y los santos son profundamente humanos. Sean, entonces, humanos como lo es Cristo y, sin duda, cambiar&aacute;n este mundo para mejor. &iexcl;Que Nuestra Se&ntilde;ora de F&aacute;tima la Madre del Buen Consejo, los ayude!</p> 
<p>Queridos amigos, invoco ahora sobre ustedes, sobre todos los j&oacute;venes de Portugal, sobre sus pastores y sobre sus responsables de la pastoral juvenil, la abundancia de las gracias del Cielo. Que Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, los bendiga. [<i>Am&eacute;n!</i>].</p> 
<p>&iexcl;Que contin&uacute;e de la mejor manera este feliz encuentro en la ciudad de Lamego! Y espero verlos en agosto de 2027 en Se&uacute;l. &iexcl;Gracias!<br /> ______________________<br /> <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/07/25.html"><i>Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede</i>, 25 de julio de 2026</a></p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Ángelus, 19 de julio de 2026]]></title><pubDate>Sun, 19 Jul 2026 12:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260719-angelus.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/angelus/2026/documents/20260719-angelus.html</guid><description><![CDATA[<!-- Sun, 19 Jul 2026 12:38:58 +0200 --> <p><i>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;feliz domingo!</i></p> 
<p>Despu&eacute;s de la par&aacute;bola del sembrador, Jes&uacute;s sigue habl&aacute;ndole a las multitudes a trav&eacute;s de algunas im&aacute;genes: el trigo bueno y la ciza&ntilde;a, el grano de mostaza y la levadura en la harina (cf. <i>Mt </i>13,24-43).</p> 
<p>Se trata de tres peque&ntilde;as par&aacute;bolas que tienen como objetivo evocar la entrada del Reino de Dios en la historia, su acci&oacute;n en la vida de los hombres, la forma en que crece, se expande y transforma el mundo desde dentro. Con estos relatos, Jes&uacute;s quiere que no caigamos en la tentaci&oacute;n de pensar en Dios como una figura poderosa, que se impone por la fuerza, que ocupa el espacio para dominar, que llega de forma triunfal. Por el contrario, Dios prefiere la peque&ntilde;ez, signo de su amor discreto, que nos deja libres para acogerlo o rechazarlo, que busca abrirse camino incluso en medio de la ciza&ntilde;a, que act&uacute;a de forma escondida e invisible como la semilla m&aacute;s peque&ntilde;a de todas, que fermenta y hace crecer la masa sin hacer ruido.</p> 
<p>Hermanos y hermanas, con estas par&aacute;bolas Jes&uacute;s nos dice algo importante sobre la forma en que Dios act&uacute;a en nuestra vida y en la historia. A veces nos esperamos algo espectacular, deseamos un Dios que intervenga desde lo alto arrancando de inmediato la ciza&ntilde;a del mal. Nos imaginamos a un Dios fuerte y poderoso y, por desgracia, adaptamos tambi&eacute;n a esta imagen nuestra forma de ser cristianos y de ser Iglesia. En cambio, el Reino de Dios se extiende a&uacute;n en medio de la ciza&ntilde;a y nos pide una mirada capaz de percibir el bien que brota incluso en la oscuridad del mal, sin juzgarlo todo de inmediato; viene como la m&aacute;s peque&ntilde;a de las semillas y, por eso, exige la paciencia de saber acompa&ntilde;ar los procesos, reconoci&eacute;ndolo en la peque&ntilde;ez de lo cotidiano y en la sencillez de la vida ordinaria; crece de manera invisible, como la levadura en la harina, y as&iacute; nos libera del des&aacute;nimo y nos invita a tener confianza incluso cuando nos parece que Dios est&aacute; ausente. Porque, en realidad, &Eacute;l siempre nos acompa&ntilde;a y su amor siempre est&aacute; actuando en nuestro favor.</p> 
<p>Este estilo de Dios debe convertirse tambi&eacute;n en la forma en que, ya sea como personas individuales o como Iglesia, vivamos la realidad que nos rodea. Estamos llamados a adoptar un estilo evang&eacute;lico, sin oponernos precipitadamente con juicios arrogantes, sin querernos imponer con el poder y la fuerza, sin perder la confianza en la obra de Dios. Se trata —dec&iacute;a el entonces cardenal Ratzinger— de someternos a la l&oacute;gica de la semilla, que no es la del &eacute;xito ni de la grandeza, sino que nos pide que nos hagamos peque&ntilde;os y que sirvamos a la vida de las personas (cf. <i>Discurso en el Jubileo de los catequistas y de los profesores de religi&oacute;n</i>, 10 diciembre 2000). De este modo, nosotros mismos llegaremos a ser como una peque&ntilde;a semilla del Evangelio que germina y como una levadura de amor que transforma la masa del mundo.</p> 
<p>Invoquemos a Mar&iacute;a Sant&iacute;sima, que supo acoger la semilla de la Palabra en su humildad, para que nos sostenga en nuestro camino e interceda por nosotros.</p> 
<p>______________</p> 
<p><b>Despu&eacute;s del &Aacute;ngelus</b></p> 
<p><i>Queridos hermanos y hermanas:</i></p> 
<p>Mientras disfruto de unos d&iacute;as de descanso, renuevo mi saludo y mi agradecimiento a todos ustedes, habitantes de Castel Gandolfo, y doy la bienvenida con alegr&iacute;a a los peregrinos que llegan de todas partes del mundo.</p> 
<p>Seguimos observando con inquietud lo que ocurre en diversos pa&iacute;ses devastados por la guerra y la violencia. No olvidemos a quienes sufren y mueren a causa de los conflictos y, al generoso compromiso por la paz, unamos tambi&eacute;n nuestra oraci&oacute;n constante.</p> 
<p>Saludo a la Comunidad <i>Cenacolo</i> de Madre Elvira, reunida en Saluzzo, con ocasi&oacute;n de la Fiesta de la Vida; al Movimiento Familias Nuevas de los Focolares reunidos por la Escuela Internacional; a los estudiantes mexicanos que participan en la <i>APRA Summer School</i> y al grupo de la <i>Catholic Worldview Fellowship.</i></p> 
<p>As&iacute; mismo, quiero saludar a los j&oacute;venes adultos miembros del <i>Regnum Christi</i> que participan en el Curso Internacional de Formadores. Y saludo tambi&eacute;n a quienes forman parte del <i>The Lion Pilgrimage</i>, acompa&ntilde;ados por el obispo Anthony Percy, Obispo auxiliar de Sidney, Australia.</p> 
<p>Saludo tambi&eacute;n a las familias y a los ni&ntilde;os de la obra de las Hermanas de la Caridad de la Asunci&oacute;n de Roma; a los j&oacute;venes de la parroquia de San Salvador en Jerusal&eacute;n; al Grupo juvenil de la parroquia de San Agust&iacute;n de Bovolenta y a los peregrinos de la Academia Lit&uacute;rgica de Rzesz&oacute;w.</p> 
<p>&iexcl;A todos ustedes les deseo un domingo tranquilo!</p>]]></description></item><item><title><![CDATA[Concierto en Honor del Santo Padre León XIV (Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, 18 de julio de 2026)]]></title><pubDate>Sat, 18 Jul 2026 21:00:00 +0200</pubDate><link>https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/july/documents/20260718-concerto.html</link><guid isPermaLink="true">https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/july/documents/20260718-concerto.html</guid><description><![CDATA[<!-- Mon, 20 Jul 2026 16:48:09 +0200 --> <p><i>&iexcl;Buenas noches a todos! &iexcl;Bienvenidos!</i></p> 
<p>Demasiadas palabras en este momento ser&iacute;an realmente &quot;anticlim&aacute;ticas&quot;. Es mejor decir dos o tres palabras muy breves, pero que salen del coraz&oacute;n.</p> 
<p>Ante todo, un profundo agradecimiento a los artistas, que merecen otro fuerte aplauso. &iexcl;De verdad han estado magn&iacute;ficos! &iexcl;Gracias, gracias! Gracias tambi&eacute;n a la Di&oacute;cesis de Albano, que ha ofrecido este concierto, este hermoso regalo. Gracias a los benefactores y a todos ustedes que est&aacute;n aqu&iacute; presentes, porque realmente hemos podido experimentar en estos minutos de belleza algo muy grande: adentrarnos, de muchas maneras, en aquello que Dios quiso en la Creaci&oacute;n, es decir, en la belleza misma.</p> 
<p>Vivimos hoy en un mundo donde muchas veces falta la belleza: hay tantos problemas, guerras, conflictos, odio, violencia, falta de trabajo y muchas otras dificultades. Tener la oportunidad de reunirnos para una ocasi&oacute;n como esta es verdaderamente un gran don, porque nos recuerda que existe algo mejor y que el hombre y la mujer, cuando as&iacute; lo deseamos, todos juntos podemos ofrecer belleza, una belleza que, desde el coraz&oacute;n, nos ayuda a elevarnos hacia Dios.</p> 
<p>Como saben, hace poco m&aacute;s de un mes realic&eacute; un <a href="https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/travels/2026/documents/spagna-6-12giugno2026.html">viaje apost&oacute;lico a Espa&ntilde;a</a>. El lema del viaje era: &laquo;Alzad la mirada&raquo;. Elevemos los ojos, nuestra mirada, hacia el Cielo. La m&uacute;sica, el arte y la belleza son verdaderamente instrumentos que nos ayudan a mirar hacia Dios, con un movimiento que constituye una de las expresiones m&aacute;s nobles del ser humano.</p> 
<p>Por eso, una vez m&aacute;s, les agradezco de todo coraz&oacute;n por brindarnos esta oportunidad, esta noche, de experimentar la belleza y de reencontrarnos verdaderamente con aquello que Dios ha querido regalar a todos nosotros.</p> 
<p>&iexcl;Muchas gracias a todos! &iexcl;Que tengan muy buenas noches!</p> 
<p>Bien, ahora podemos concluir esta velada pidi&eacute;ndole a Dios su bendici&oacute;n sobre cada uno de ustedes y sobre todos sus seres queridos, llevando en el coraz&oacute;n y en el esp&iacute;ritu la certeza de que el Se&ntilde;or realmente est&aacute; siempre con nosotros.</p> 
<p><i>[Bendici&oacute;n]<br /> </i>___________________</p> 
<p><a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2026/07/19.html"><i>Bolet&iacute;n de la Oficina de Prensa de la Santa Sede</i>, 19 de julio de 2026</a></p>]]></description></item></channel></rss>