| "El Obispo: servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo" MENSAJE DE LA X ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS 1. Reunidos en Roma en nombre de Cristo Señor, desde el 30 de septiembre hasta el 27 de octubre de 2001, nosotros, patriarcas y obispos católicos de todo el mundo, hemos sido convocados por el Papa Juan Pablo II, para evaluar nuestro ministerio en la Iglesia a la luz del Concilio Vaticano II (1962‑1965). ... 11. Algunos males endémicos, subestimados durante mucho tiempo, pueden conducir a la desesperación de poblaciones enteras. ¿Cómo callarse frente al drama persistente del hambre y de la pobreza extrema en una época en la cual la humanidad posee como nunca los medios de un reparto equitativo? No podemos dejar de expresar nuestra solidaridad, entre otras, con la masa de refugiados e inmigrantes que, como consecuencia de la guerra, de la opresión política o de la discriminación económica, son forzados a abandonar su tierra, en búsqueda de trabajo y con una esperanza de paz. Los estragos del paludismo, la expansión del sida, el analfabetismo, la falta de porvenir para tantos niños y jóvenes abandonados en la calle, la explotación de las mujeres, la pornografía, la intolerancia, la tergiversación inaceptable de la religión para fines violentos, el trafico de la droga y el comercio de las armas
¡La lista no es exhaustiva! Sin embargo, en medio de todas estas calamidades los humildes levantan la cabeza. El Señor los mira y los apoya: "Por la opresión del humilde y el gemido del pobre me levantaré ‑ dice el Señor" (Sal 12, 6). ... 15. Así como existe una pobreza que aliena, y que es necesario luchar para liberar de ella a los que la padecen, también puede haber una pobreza que libera y potencia las energías para el amor y para el servicio, y es esta pobreza evangélica la que intentamos practicar. Pobres ante el Padre, como Jesús en su plegaria, sus palabras y sus actos. Pobres con María, en la memoria de las maravillas de Dios. Pobres ante los hombres, por un estilo de vida que hace atrayente la Persona del Señor Jesús. El obispo es el padre y el hermano de los pobres. Él no debe dudar, cuando es necesario, en hacerse portavoz de los que no tienen voz, para que sus derechos sean reconocidos y respetados. En particular, él debe proceder "de modo que en todas las comunidades cristianas, los pobres se sientan como en su casa " (Novo millennio ineunte, 50). Entonces, mirando unidos hacia nuestro mundo en un gran impulso misionero, podremos expresarle el gozo de los humildes y de los puros de corazón, la fuerza del perdón, la esperanza de que los hambrientos y sedientos de justicia sean plenamente saciados por Dios. ... A los responsables políticos y económicos 27. Los Padres del Concilio Vaticano II, en su Mensaje a los gobernantes, habían osado decirles: "En vuestra ciudad terrestre y temporal Dios construye su ciudad espiritual y eterna". Por esto, bien conscientes de nuestros propios límites y de nuestro papel de obispos, sin la menor pretensión de poder político, nos atrevemos a dirigirnos, por nuestra parte, a los responsables del mundo político y económico: Que el bien común de las personas y de los pueblos sea el motivo de vuestra acción. No está fuera de vuestro alcance poneros de acuerdo lo más ampliamente posible para hacer obra de justicia y de paz. Os pedimos poner vuestra atención en aquellas zonas del planeta que no ocupan la primera plana de los noticiarios televisados y en las que mueren hermanos nuestros a causa del hambre o de la falta de medicamentos. La persistencia de graves desigualdades entre los pueblos amenaza la paz. Como os lo ha pedido expresamente el Papa, aliviad el peso de la deuda externa de los países en vías de desarrollo. Defended todos los derechos del hombre, especialmente el de la libertad religiosa. Con respeto y confianza os rogamos recordéis que todo poder no tiene otro sentido que el servicio. Llamada a los jóvenes 28. Y vosotros, los jóvenes, sois "los centinelas de la mañana". El Papa Juan Pablo II os ha dado este nombre. ¿Qué os pide el Señor de la Historia para construir una civilización del amor? Vosotros tenéis un sentido agudo de las exigencias de la honestidad y de la transparencia. No os dejéis reclutar en campañas de división étnica, ni os dejéis ganar por la gangrena de la corrupción. ¿Cómo ser juntos discípulos de Jesús y actualizar su programa proclamado en el monte de las bienaventuranzas? Este programa no hace caducar los diez mandamientos, inscritos en las tablas de carne de vuestro corazón. Él los aviva y les da un esplendor irradiante, capaz de ganar los corazones para la Verdad que libera. Él os dice a cada uno y a cada una: "Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu fuerza y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo" (Lc 10, 27). Estad unidos a vuestros obispos y sacerdotes, testigos públicos de esta Verdad, que es Jesús nuestro Señor. ... |