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Viaggio Apostolico di Sua Santità Francesco in Messico (12-18 febbraio 2016) – Incontro con il mondo del lavoro a Ciudad Juárez, 17.02.2016


Incontro con il mondo del lavoro al “Colegio de Bachilleres” di Ciudad Juárez

 

Discorso del Santo Padre

Traduzione in lingua italiana

Traduzione in lingua inglese

 

Alle ore 12 di oggi, il Santo Padre Francesco ha incontrato il mondo del lavoro al “Colegio de Bachilleres” dello Stato di Chihuahua a Ciudad Juárez. Nel palazzetto dello sport erano presenti circa 3.000 tra imprenditori e lavoratori.

Dopo il saluto introduttivo di S.E. Mons. Jorge Alberto Cavazos Arizpe, Vescovo Ausiliare di Monterrey e incaricato della Pastorale del lavoro, e la testimonianza di alcuni lavoratori, sono stati consegnati al Papa alcuni doni.

Quindi il Santo Padre ha pronunciato il discorso che riportiamo di seguito:

Discorso del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

Quise encontrarme con ustedes aquí en esta tierra de Juárez, por la especial relación que esta ciudad tiene con el mundo del trabajo. No sólo les agradezco el saludo de bienvenida y sus testimonios, que han puesto de manifiesto los desvelos, las alegrías y las esperanzas que experimentan en sus vidas, sino que quisiera agradecerles también esta oportunidad de intercambio y de reflexión. Todo lo que podamos hacer para dialogar, encontrarnos, para buscar mejores alternativas y oportunidades es ya un logro a valorar y resaltar. Y hay dos palabras que quiero subrayar: diálogo y encuentro. No cansarse de dialogar. Las guerras se van gestando de a poquito por la mudez y por los desencuentros. Obviamente que no alcanza dialogar y encontrarse, pero hoy en día no podemos darnos el lujo de cortar toda instancia de encuentro, toda instancia de debate, de confrontación, de búsqueda. Es la única manera que tendremos de poder ir construyendo el mañana, ir tejiendo relaciones sostenibles capaces de generar el andamiaje necesario que, poco a poco, irá reconstruyendo los vínculos sociales tan dañados por la falta de comunicación, tan dañados por la falta de respeto a lo mínimo necesario para una convivencia saludable. Gracias, y que esta instancia sirva para construir futuro y sea una buena oportunidad de forjar el México que su pueblo y que sus hijos se merecen.

Me gustaría detenerme en este último aspecto. Hoy están aquí diversas organizaciones de trabajadores y representantes de cámaras y gremios empresariales. A primera vista, podrían considerarse como antagonistas, pero los une la misma responsabilidad: buscar generar espacios de trabajo digno y verdaderamente útil para la sociedad, y especialmente para los jóvenes de esta tierra. Uno de los flagelos más grandes a los que se ven expuestos los jóvenes es la falta de oportunidades de estudio y de trabajo sostenible y redituable que les permita proyectarse; y esto genera en tantos casos –tantos casos– situaciones de pobreza y marginación. Y esta pobreza y marginación es el mejor caldo de cultivo para que caigan en el círculo del narcotráfico y de la violencia. Es un lujo que hoy no nos podemos dar; no se puede dejar sólo y abandonado el presente y el futuro de México, y, para eso, diálogo, confrontación, fuentes de trabajo que vayan creando este sendero constructivo.

Desgraciadamente, el tiempo que vivimos ha impuesto el paradigma de la utilidad económica como principio de las relaciones personales. La mentalidad reinante, en todas partes, propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, a cualquier tipo de costo y de manera inmediata. No sólo provoca la pérdida de la dimensión ética de las empresas sino que olvida que la mejor inversión que se puede realizar es invertir en la gente, en las personas, en las familias. La mejor inversión es crear oportunidades. La mentalidad reinante pone el flujo de las personas al servicio del flujo de capitales, provocando en muchos casos la explotación de los empleados como si fueran objetos para usar y tirar, y descartar (cf. Laudato si’, 123). Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días, y nosotros hemos de hacer todo lo posible para que estas situaciones no se produzcan más. El flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas. Por eso me gustó ese anhelo que se expresó de diálogo, de confrontación.

No son pocas las veces que, frente a los planteos de la Doctrina Social de la Iglesia, se salga a cuestionarla diciendo: «Estos pretenden que seamos organizaciones de beneficencia o que transformemos nuestras empresas en instituciones de filantropía». La hemos escuchado, esa crítica. La única pretensión que tiene la Doctrina Social de la Iglesia es velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales. Cada vez que, por diversas razones, ésta se vea amenazada, o reducida a un bien de consumo, la Doctrina Social de la Iglesia será voz profética que nos ayudará a todos a no perdernos en el mar seductor de la ambición. Cada vez que la integridad de una persona es violada, toda la sociedad es la que, en cierta manera, empieza a deteriorarse. Y esto que dice la Doctrina Social de la Iglesia no es en contra de nadie, sino a favor de todos. Cada sector tiene la obligación de velar por el bien del todo; todos estamos en el mismo barco. Todos tenemos que luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro; que sea un espacio para construir sociedad y ciudadanía. Esta actitud no sólo genera una mejora inmediata, sino que a la larga va transformándose en una cultura capaz de promover espacios dignos para todos. Esta cultura, nacida muchas veces de tensiones, va gestando un nuevo estilo de relaciones, un nuevo estilo de Nación.

¿Qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos? Creo que en esto la gran mayoría podemos coincidir. Este es precisamente nuestro horizonte, esa es nuestra meta y, por ello, hoy tenemos que unirnos y trabajar. Siempre es bueno pensar qué me gustaría dejarles a mis hijos; y también es una buena medida para pensar en los hijos de los demás. ¿Qué quiere dejar México a sus hijos? ¿Quiere dejarles una memoria de explotación, de salarios insuficientes, de acoso laboral o de tráfico de trabajo esclavo? ¿O quiere dejarles la cultura de la memoria de trabajo digno, de techo decoroso y de la tierra para trabajar? Las tres “T”: Trabajo, Techo y Tierra. ¿En qué cultura queremos ver nacer a los que nos seguirán? ¿Qué atmósfera van a respirar? ¿Un aire viciado por la corrupción, la violencia, la inseguridad y desconfianza o, por el contrario, un aire capaz de generar –la palabra es clave–, generar alternativas, generar renovación o cambio? Generar es ser co-creadores con Dios. Claro, eso cuesta.

Sé que lo planteado no es fácil, pero sé también que es peor dejar el futuro en manos de la corrupción, del salvajismo y de la falta de equidad. Sé que no es fácil muchas veces armonizar todas las partes en una negociación, pero sé también que es peor, y nos termina haciendo más daño, la carencia de negociación y la falta de valoración. Una vez me decía un viejo dirigente obrero, honesto como él sólo, murió con lo que ganaba, nunca se aprovechó: «Cada vez que teníamos que sentarnos a una mesa de negociación, yo sabía que tenía que perder algo para que ganáramos todos». Linda la filosofía de ese hombre de trabajo. Cuando se va a negociar siempre se pierde algo, pero ganan todos. Sé que no es fácil poder congeniar en un mundo cada más competitivo, pero es peor dejar que el mundo competitivo termine determinando el destino de los pueblos… esclavos. El lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, están al servicio del bien común. Y, cuando el bien común es forzado para estar al servicio del lucro, y el capital la única ganancia posible, eso tiene un nombre, se llama exclusión, y así se va consolidando la cultura del descarte: ¡Descartado! ¡Excluido!

Comenzaba agradeciéndoles la oportunidad de estar juntos. Ayer, uno de los jóvenes en el Estadio de Morelia que dio testimonio dijo que este mundo quita la capacidad de soñar, y es verdad. A veces nos quita la capacidad de soñar, la capacidad de la gratuidad. Cuando un chico o una chica ve al papá y/o a la mamá solamente el fin de semana, porque se va a trabajar antes de que se despierte y vuelve cuando ya está durmiendo, esa es la cultura del descarte. Quiero invitarlos a soñar, a soñar en un México donde el papá pueda tener tiempo para jugar con su hijo, donde la mamá pueda tener tiempo para jugar con sus hijos. Y eso lo van a lograr dialogando, confrontando, negociando, perdiendo para que ganen todos. Los invito a soñar el México que sus hijos se merecen; el México donde no haya personas de primera, segunda o de cuarta, sino el México que sabe reconocer en el otro la dignidad de hijo de Dios. Y que la Guadalupana, que se manifestó a San Juan Diego, y reveló cómo los aparentemente dejados de lado eran sus testigos privilegiados, los ayude a todos, tengan la profesión que tengan, tengan el trabajo que tengan, a todos, en esta tarea de diálogo, confrontación y encuentro. Gracias.

[00241-ES.02] [Texto original: Español]

Traduzione in lingua italiana

Cari fratelli e sorelle,

ho voluto incontrarvi qui in questa terra di Juárez, per il rapporto speciale che questa città ha con il mondo del lavoro. Vi ringrazio non solo per il saluto di benvenuto e per le vostre testimonianze, che hanno rivelato le ansie, le gioie e le speranze che sperimentate nella vostra vita, ma vorrei anche ringraziarvi per questa opportunità di confronto e di riflessione. Tutto quello che possiamo fare per dialogare, incontrarci, per trovare migliori alternative e opportunità è già una conquista che merita stima e risalto. E ci sono due parole che voglio sottolineare: dialogo e incontro. Non stancarsi di dialogare. Le guerre si generano, poco a poco, per il mutismo e per la mancanza di incontro. Ovviamente non è sufficiente dialogare e incontrarsi, ma oggi non possiamo permetterci il lusso di tagliare qualsiasi possibilità di incontro, qualsiasi possibilità di discussione, di confronto, di ricerca. È l’unico modo che abbiamo per poter costruire il domani, per tessere relazioni durature in grado di generare quell’assetto necessario che, poco a poco, ricostruirà i legami sociali logorati dalla mancanza di comunicazione, logorati dalla mancanza di rispetto minimo richiesto da una sana convivenza. Grazie, e che questa istanza serva per costruire futuro, sia una buona opportunità per dare forma al Messico che il suo popolo e i suoi figli meritano.

Vorrei soffermarmi su quest’ultimo aspetto. Oggi qui ci sono diverse organizzazioni di lavoratori e rappresentanti di camere e associazioni imprenditoriali. A prima vista potrebbero essere considerati come antagonisti, ma condividono la stessa responsabilità: cercare di creare opportunità di lavoro dignitoso e veramente utile alla società e soprattutto ai giovani di questa terra. Uno dei più grandi flagelli a cui sono esposti i giovani è la mancanza di opportunità di istruzione e lavoro sostenibile e redditizio che permetta loro di fare progetti; e questo genera in tanti casi – tanti casi - situazioni di povertà e di emarginazione. E questa povertà ed emarginazione è il terreno più favorevole per cadere nella spirale del narcotraffico e della violenza. E’ un lusso che oggi non ci possiamo permettere; non si può lasciare solo e abbandonato il presente e il futuro del Messico. E per questo: dialogo, confronto, fonti di lavoro che possano creare questo percorso costruttivo.

Purtroppo, il tempo in cui viviamo ha imposto il paradigma dell’utilità economica come principio delle relazioni personali. La mentalità dominante – dappertutto - propugna la maggior quantità possibile di profitti, a qualunque costo e in modo immediato. Non solo provoca la perdita della dimensione etica delle imprese, ma dimentica che il miglior investimento che si può fare è quello di investire sulla gente, sulle persone, sulle famiglie. Il miglior investimento è quello di creare opportunità. La mentalità dominante pone il flusso di persone al servizio dei flussi di capitale provocando in molti casi lo sfruttamento dei dipendenti come oggetti da usare e gettare, e scartare. (cfr Enc. Laudato si’, 123) Dio chiederà conto agli schiavisti dei nostri giorni, e noi dobbiamo fare tutto il possibile perché queste situazioni non si verifichino più. Il flusso di capitale non può determinare il flusso e la vita delle persone. Per questo mi è piaciuto questo desiderio che è stato espresso di dialogo e di confronto.

Non sono pochi i casi in cui, di fronte alle proposte della Dottrina Sociale della Chiesa, la si mette in discussione dicendo: “Questi pretendono che siamo organizzazioni di beneficenza o che trasformiamo le nostre aziende in istituzioni filantropiche”. L’abbiamo sentita questa critica. L’unica pretesa che ha la Dottrina Sociale della Chiesa è quella di porre attenzione all’integrità delle persone e delle strutture sociali. Ogni volta che, per vari motivi, questa è minacciata, o ridotta a un bene di consumo, la Dottrina Sociale della Chiesa sarà una voce profetica che aiuterà tutti a non perdersi nel mare seducente dell’ambizione. Ogniqualvolta l’integrità di una persona viene violata, l’intera società in qualche modo, comincia a deteriorarsi. E questo che dice la Dottrina Sociale della Chiesa non è contro nessuno, ma a vantaggio di tutti. Ogni settore ha l’obbligo di preoccuparsi del bene di tutti; siamo tutti sulla stessa barca. Tutti noi dobbiamo lottare per far sì che il lavoro sia un’istanza di umanizzazione e di futuro; sia uno spazio per costruire società e cittadinanza. Questo atteggiamento non solo crea un immediato miglioramento, ma alla fine si trasforma in una cultura in grado di promuovere spazi degni per tutti. Questa cultura, nata spesso da tensioni, sta generando un nuovo stile di relazioni, un nuovo stile di Nazione.

Che mondo vogliamo lasciare ai nostri figli? Credo che su questo la grande maggioranza possiamo concordare. E’ proprio questo il nostro orizzonte, questo è il nostro obiettivo, e per questo oggi dobbiamo unirci e lavorare. E’ sempre bene pensare che cosa mi piacerebbe lasciare ai miei figli; ed è anche un buon modo per pensare ai figli degli altri. Che cosa vuole lasciare il Messico ai suoi figli? Vuole lasciare un ricordo di sfruttamento, di salari inadeguati, di molestie sul lavoro, o di traffico di lavoro schiavo? O vuole lasciare la cultura della memoria del lavoro dignitoso, di un tetto decoroso e della terra per lavorare? Le tre “t”: lavoro (trabajo), tetto (techo) e terra (tierra). In che cultura vogliamo vedere la nascita di quelli che ci seguiranno? Che atmosfera respireranno? Un’aria viziata dalla corruzione, dalla violenza, dall’insicurezza e dalla sfiducia o, al contrario, un’aria in grado di generare – è la parole-chiave – generare alternative, generare rinnovamento e cambiamento? Generare è essere co-creatori con Dio. Chiaramente, questo costa.

So che il progetto non è facile, ma so che è peggio lasciare il futuro nelle mani della corruzione, della brutalità e della mancanza di equità. So che tante volte non è facile portare tutte le parti ad una trattativa, ma so che è peggio e si finisce per fare più danni con la mancanza di trattative e la mancanza di valutazione. Una volta mi diceva un anziano dirigente operaio, onestissimo, che è morto con quello che guadagnava, mai si è approfittato: “Ogni volta che dovevamo sederci a un tavolo di negoziati, io sapevo che dovevo perdere qualcosa affinché vincessimo tutti”. Bella la filosofia di questo uomo di lavoro! Quando si negozia, sempre si perde qualcosa: ma vincono tutti! So che non è facile poter andar d’accordo in un mondo sempre più competitivo, ma è peggio lasciare che il mondo competitivo determini il destino dei popoli... schiavi. Il guadagno e il capitale non sono beni al di sopra dell’uomo, ma sono al servizio del bene comune. E quando il bene comune è piegato al servizio del profitto e il capitale è l’unico guadagno possibile, questo ha un nome: si chiama esclusione; e così si va consolidando la cultura dello scarto: scartato! escluso!

Ho iniziato ringraziandovi per l’opportunità di stare insieme. Ieri un giovane nello stadio di Morelia, che ha dato la sua testimonianza, ha detto che questo mondo fa perdere la capacità di sognare, ed è vero. A volte ci fa perdere la capacità di sognare, la capacità della gratuità. Quando un bambino o una bambina vede il papà e/o la mamma solamente nel fine settimana, perché va a lavorare prima che si svegli e torna che già sta dormendo, questa è cultura dello scarto. Voglio invitarvi a sognare, a sognare un Messico in cui un papà abbia il tempo per giocare con i propri figli, in cui la mamma abbia il tempo per giocare con i propri figli. E questo lo potete ottenere dialogando, confrontandovi, negoziando, perdendo affinché guadagnino tutti! Vi invito a sognare il Messico che i vostri figli meritano; un Messico dove non ci siano persone di prima, seconda o quarta categoria, ma un Messico che sappia riconoscere nell’altro la dignità di figlio di Dio. E che la Guadalupana, che si è manifestata a san Juan Diego, e ha rivelato che quelli apparentemente messi da parte erano i suoi testimoni privilegiati, vi aiuti tutti, qualunque professione abbiate, qualunque lavoro abbiate, tutti, in questo compito di dialogo, confronto e incontro. Grazie!

[00241-IT.02] [Testo originale: Spagnolo]

Traduzione in lingua inglese

Dear Brothers and Sisters,

I wanted to meet with you here in this land of Juárez, because of the special relationship this city has with the world of labour. I am grateful not only for your words of welcome and for your testimonies, which reveal the anxieties, joys and hopes of your lives, but also for this opportunity to share and reflect together. Anything we can do to foster dialogue, encounter, and the search for better alternatives and opportunities is already an accomplishment to be valued and highlighted. And there are two words that I want to underline: dialogue and encounter. Never tire of pursuing dialogue. Wars gradually come about due to a lack of talking and encounter. Obviously more needs to be done than dialogue and encounter, but today we do not have the luxury of missing any chance to encounter, any chance to discuss, confront or explore. This is the only way we will be able to build for tomorrow, to create sustainable relationships capable of providing the needed framework that, little by little, will rebuild the social bonds so damaged by a lack of communication and by a lack of the minimal respect necessary for a healthy coexistence. So I thank you, and I hope that this occasion may serve to build the future. May it be a good opportunity to forge the Mexico that its people and children deserve.

I would like to dwell on this latter point. Here today there are various workers’ organizations and representatives of Commerce Chambers and business associations. At first sight they could be considered as adversaries, but they are united by the same responsibility: seeking to create employment opportunities which are dignified and truly beneficial for society and especially for the young of this land. One of the greatest scourges for young people is the lack of opportunities for study and for sustainable and profitable work, which would permit them to work for the future. In many cases – many cases – this lack of opportunity leads to situations of poverty and rejection. This poverty and rejection then becomes the best breeding ground for the young to fall into the cycle of drug trafficking and violence. It is a luxury which today we cannot afford; we cannot allow the present and future of Mexico to be isolated and abandoned. And for this to happen, dialogue, speaking face to face, and work opportunities are needed to help forge a constructive path ahead.

Unfortunately, the times we live in have imposed the paradigm of economic utility as the starting point for personal relationships. The prevailing mentality, everywhere, advocates for the greatest possible profits, immediately and at any cost. This not only causes the ethical dimension of business to be lost, but it also forgets that the best investment we can make is in people, in individual persons and in families. The best investment is creating opportunities. The prevailing mentality puts the flow of people at the service of the flow of capital, resulting in many cases in the exploitation of employees as if they were objects to be used, discarded and thrown out (cf. Laudato Si’, 123). God will hold us accountable for the slaves of our day, and we must do everything to make sure that these situations do not happen again. The flow of capital cannot decide the flow and life of people. For this reason I liked that aspiration which was expressed through dialogue, talking face to face.

When faced with tenets of the Church’s Social Doctrine, it is objected frequently: “These teachings would have us be charitable organizations or that we transform our businesses into philanthropic institutions”. We have heard this criticism. The only aspiration of the Church’s Social Doctrine is to guard over the integrity of people and social structures. Every time that, for whatever reason, this integrity is threatened or reduced to a consumer good, the Church’s Social Doctrine will be a prophetic voice to protect us all from being lost in the seductive sea of ambition. Every time that a person’s integrity is violated, society, in a certain sense, begins to decline. And this Social Doctrine of the Church is against no one, but in favour of all. Every sector has the obligation of looking out for the good of all; we are all in the same boat. We all have to struggle to make sure that work is a humanizing moment which looks to the future; that it is a space for building up society and each person’s participation in it. This attitude not only provides an immediate improvement, but in the long run it will also transform society into a culture capable of promoting a dignified space for everyone. This culture, born many times out of tension, is creating a new style of relationships, a new kind of nation.

What kind of world do we want to leave our children? I believe that the vast majority of us can agree. This is precisely our horizon, our goal, and we have to come together and work for this. It is always good to think about what I would like to leave my children; it is also a good way to think of others’ children. What kind of Mexico do you want to leave your children? Do you want to leave them the memory of exploitation, of insufficient pay, of workplace harassment, of trafficking in slave labour? Or do you want to leave them a culture which recalls dignified labour, proper lodging, and land to be worked? The three “L’s”: Labour, Lodging, Land. What type of culture do we want for those who will come after us? What air will they breathe? An air tainted by corruption, violence, insecurity and suspicion, or, on the contrary, an air capable of generating – and the word is crucial – generating alternatives, renewal and change? To generate is to be co-creators with God. This, naturally, involves much effort.

I know that the issues raised are not easy, but it is worse to leave the future in the hands of corruption, brutality and the lack of equity. I know it is often not easy to bring all parties together in negotiations, but it is worse, and we end up doing more harm, when there is a lack of negotiations and appreciation. An old manager of labourers, a very honest man, who left this world having earned every penny due to him and who never took advantage of others, once said to me: “Each time we had to sit down at the negotiating table, I knew that I had to lose something in order to make us all win something”. This is a good philosophy coming from the world of labour. I know it is not easy to get along in an increasingly competitive world, but it is worse to allow the competitive world to ruin the destiny of the people. Slaves. Profit and capital are not a good over and above the human person; they are at the service of the common good. When the common good is used only at the service of profit and capital, this has a name: it is called exclusion, and through it the throwaway culture gets stronger and stronger. Throwaway and exclusion.

I began by thanking you for this opportunity to be together. Yesterday, one of the young people in the Morelia Stadium offer a testimony and said that this world robs us of the capacity to dream, and this is so true. This world does sometimes take away our ability to dream, our ability to be grateful. When a young boys or girls only see their parents at weekends because the latter set off very early to work and then return late at night during the week, this is what we mean by a throwaway culture. I want to invite you to dream, to dream of a Mexico where a father and mother can have time to play with their children. You can achieve this through dialogue, speaking face to face, negotiating, and losing out at times so that all can win. I invite you to dream in a Mexico that your children deserve; a Mexico where no one is first, second, or fourth; a Mexico where each sees in the other the dignity of a child of God. May our Lady of Guadalupe, who made herself known to Saint Juan Diego, and revealed how the seemingly abandoned were her privileged witnesses, help you all, whatever your profession, whatever your work, to take up this task of dialogue, face to face discussion, and encounter. Thank you.

[00241-EN.03] [Original text: Spanish]

Al termine, il Santo Padre si è recato in papamobile al Seminario diocesano di Ciudad Juárez.

[B0130-XX.02]