www.vatican.va

Back Top Print Pdf


Viaggio Apostolico di Sua Santità Francesco in Messico (12-18 febbraio 2016) – Incontro con le Famiglie a Tuxtla Gutiérrez, 15.02.2016


Incontro con le Famiglie allo Stadio “Victor Manuel Reyna” di Tuxtla Gutiérrez

Discorso del Santo Padre

Traduzione in lingua italiana

Traduzione in lingua inglese

Nel pomeriggio, dopo la visita alla Cattedrale di San Cristóbal de Las Casas, il Santo Padre Francesco ha raggiunto in papamobile l’eliporto da dove è decollato alla volta di Tuxtla Gutiérrez per l’incontro con le famiglie.

Al Suo arrivo allo stadio “Victor Manuel Reyna” di Tuxtla Gutiérrez, dopo aver girato in papamobile tra i fedeli all’esterno e all’interno dell’impianto sportivo, Papa Francesco è stato accolto dal Governatore dello Stato del Chiapas che gli ha consegnato le chiavi della Città.

L’incontro con le famiglie è iniziato alle ore 16.15 ed è stato introdotto dall’indirizzo di saluto dell’Arcivescovo di Tuxtla Gutiérrez, S.E. Mons. Fabio Martínez Castillo, e da quattro testimonianze che riflettevano varie realtà familiari. Quindi il Papa ha pronunciato il discorso che riportiamo di seguito:

Discorso del Santo Padre

Queridos Hermanos y Hermanas

Doy gracias a Dios por estar en esta tierra chiapaneca. Es bueno estar en este suelo, es bueno estar en esta tierra, es bueno estar en este lugar que con ustedes tiene sabor a familia, a hogar. Le doy gracias por sus rostros y por su presencia, le doy gracias a Dios por el palpitar de su presencia en las familias de ustedes. Y también gracias a ustedes, familias y amigos, que nos han regalado sus testimonios, que nos han abierto las puertas de sus casas, las puertas de sus vidas; nos han permitido estar en sus «mesas» compartiendo el pan que los alimenta y el sudor frente a las dificultades cotidianas. El pan de las alegrías, de la esperanza, de los sueños y el sudor frente a las amarguras, la desilusión y las caídas. Gracias por permitirnos entrar en sus familias, en su mesa, en su hogar.

Manuel, antes de darte gracias a vos por tu testimonio, quiero dar gracias a tus padres, los dos de rodillas delante tuyo teniéndote el papel. ¿Vieron qué imagen es esa? Los padres de rodillas ante el hijo que está enfermo. No nos olvidemos de esa imagen. Por ahí, de vez en cuando ellos se pelean, por ahí. ¿Qué marido y qué mujer no se pelea? Y más cuando se mete la suegra, pero no importa. ¡Pero se aman!, y nos han demostrado que se aman y son capaces, por el amor que se tienen, de ponerse de rodillas delante de su hijo enfermo. Gracias amigos por ese testimonio que han dado y sigan adelante. ¡Gracias! Y a vos, Manuel, gracias por tu testimonio y especialmente por tu ejemplo. Me gustó esa expresión que usaste: «Echarle ganas», como la actitud que tomaste después de hablar con tus padres. Comenzaste a echarle ganas a la vida, echarle ganas a tu familia, echar ganas entre tus amigos; y nos has echado ganas a nosotros aquí reunidos. Gracias. Creo que es lo que el Espíritu Santo siempre quiere hacer en medio nuestro: echarnos ganas, regalarnos motivos para seguir apostando a la familia, soñando, construyendo una vida que tenga sabor a hogar y a familia. ¿Le echamos ganas? [Responden: «Sí»]. Gracias.

Y es lo que el Padre Dios siempre ha soñado y por lo que, desde los tiempos lejanos, el Padre Dios ha peleado. Cuando parecía todo perdido, esa tarde en el jardín del Edén, el Padre Dios le echó ganas a esa joven pareja y le dijo que no todo estaba perdido. Y cuando el Pueblo de Israel sentía que no daba más en el camino por el desierto, el Padre Dios le echó ganas con el maná. Y cuando llegó la plenitud de los tiempos, el Padre Dios le echó ganas a la humanidad para siempre y nos mandó a su Hijo.

De la misma manera, todos los que estamos acá hemos hecho experiencia de eso, en muchos momentos y de diferentes formas: el Padre Dios le ha echado ganas a nuestra vida. Podemos preguntarnos: ¿Por qué? Porque no sabe hacer otra cosa. Nuestro Padre Dios no sabe hacer otra cosa que querernos y echarnos ganas, y empujarnos, y llevarnos adelante, no sabe hacer otra cosa, porque su nombre es amor, su nombre es donación, su nombre es entrega, su nombre es misericordia. Eso nos lo ha manifestado con toda fuerza y claridad en Jesús, su Hijo, que se la jugó hasta el extremo para volver a hacer posible el Reino de Dios. Un Reino que nos invita a participar de esa nueva lógica, que pone en movimiento una dinámica capaz de abrir los cielos, capaz de abrir nuestros corazones, nuestras mentes, nuestras manos y desafiarnos con nuevos horizontes. Un reino que sabe de familia, que sabe de vida compartida. En Jesús y con Jesús ese reino es posible. Él es capaz de transformar nuestras miradas, nuestras actitudes, nuestros sentimientos, muchas veces aguados, en vino de fiesta. Él es capaz de sanar nuestros corazones e invitarnos una y otra vez, setenta veces siete, a volver a empezar. Él es capaz de hacer siempre todas las cosas nuevas.

Manuel, vos me pediste que rezara por muchos adolescentes que están desanimados y andan por malos pasos. Lo sabemos, ¿no? Muchos adolescentes sin ánimo, sin fuerza, sin ganas. Y, como bien dijiste, Manuel, muchas veces esa actitud nace porque se sienten solos, porque no tienen con quien hablar. Piensen los padres, piensen las madres: ¿hablan con sus hijos y sus hijas o están siempre ocupados, apurados?; ¿juegan con sus hijos y sus hijas? Y eso me recordó el testimonio que nos regaló Beatriz. Beatriz, vos dijiste: «La lucha siempre ha sido difícil por la precariedad y la soledad». ¿Cuántas veces te sentiste señalada, juzgada: «esa». Pensemos en toda la gente, todas las mujeres que pasan por lo que pasó Beatriz. La precariedad, la escasez, el no tener muchas veces lo mínimo nos puede desesperar, nos puede hacer sentir una angustia fuerte, ya que no sabemos cómo hacer para seguir adelante y más cuando tenemos hijos a cargo. La precariedad no sólo amenaza el estómago (y eso ya es decir mucho), sino que puede amenazar el alma, nos puede desmotivar, sacar fuerza y tentar con caminos o alternativas de aparente solución, pero que al final no solucionan nada. Y vos fuiste valiente, Beatriz, gracias. Existe una precariedad que puede ser muy peligrosa y que se nos puede ir colando sin darnos cuenta, es la precariedad que nace de la soledad y el aislamiento. Y el aislamiento siempre es un mal consejero.

Manuel y Beatriz usaron sin darse cuenta la misma expresión, ambos nos muestran cómo muchas veces la mayor tentación a la que nos enfrentamos es «cortarnos solos» y lejos de «echarle ganas»; esa actitud es como una polilla que nos va corroyendo el alma, nos va secando el alma.

La forma de combatir esta precariedad y aislamiento, que nos deja vulnerables a tantas aparentes soluciones –como la que Beatriz mencionaba–, se tiene que dar a diversos niveles. Una es por medio de legislaciones que protejan y garanticen los mínimos necesarios para que cada hogar y para que cada persona pueda desarrollarse por medio del estudio y un trabajo digno. Por otro lado, como bien lo resaltaba el testimonio de Humberto y Claudia, cuando nos decían que buscaban la manera de transmitir el amor de Dios que habían experimentado en el servicio y en la entrega a los demás. Leyes y compromiso personal son un buen binomio para romper la espiral de la precariedad. Y ustedes se animaron, y ustedes rezan, y ustedes están con Jesús, y ustedes están integrados en la vida de la Iglesia. Usaron una linda expresión: «Comulgamos con el hermano débil, el enfermo, el necesitado, el preso». Gracias, gracias.

Hoy en día vemos, y vivimos por distintos frentes, cómo la familia está siendo debilitada, cómo está siendo cuestionada. Cómo se cree que es un modelo que ya pasó y que no tiene espacio en nuestras sociedades y que, bajo la pretensión de modernidad, propician cada vez más un modelo basado en el aislamiento. Y se van inoculando en nuestras sociedades –se dicen sociedades libres, democráticas, soberanas–, se van inoculando colonizaciones ideológicas que la destruyen y terminamos siendo colonias de ideologías destructoras de la familia, del núcleo de la familia, que es la basa de toda sana sociedad.

Es cierto, vivir en familia no siempre es fácil, muchas veces es doloroso y fatigoso, pero creo que se puede aplicar a la familia lo que más de una vez he referido a la Iglesia: prefiero una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una familia y sociedad enferma por el encierro o la comodidad del miedo a amar. Prefiero una familia que una y otra vez intenta volver a empezar a una familia y sociedad narcisista y obsesionada por el lujo y el confort. ¿Cuántos chicos tenés? «No, no tenemos, porque, claro, nos gusta salir de vacaciones, ir a turismo, quiero comprarme una quinta». El lujo y el confort, y los hijos quedan y, cuando quisiste tener uno, ya se te pasó la hora. ¿Qué daño que hace eso, eh? Prefiero una familia con rostro cansado por la entrega a una familia con rostros maquillados, que no han sabido de ternura y compasión. Prefiero un hombre y una mujer, don Aniceto y señora, con el rostro arrugado por las luchas de todos los días, que después de más de 50 años se siguen queriendo, y ahí los tenemos; y el hijo aprendió la lección, ya lleva 25 de casado. Esas son las familias. Cuando les pregunté recién a don Aniceto y señora quién tuvo más paciencia en estos más de 50 años: «Los dos, padre». Porque en la familia para llegar a lo que ellos llegaron hay que tener paciencia, amor, hay que saber perdonarse. «Padre, una familia perfecta nunca discute». Mentira, es conveniente que de vez en cuando discutan y que vuele algún plato, está bien, no le tengan miedo. El único consejo es que no terminen el día sin hacer la paz, porque si terminan el día en guerra van a amanecer ya en guerra fría, y la guerra fría es muy peligrosa en la familia porque va socavando desde abajo las arrugas de la fidelidad conyugal. Gracias por el testimonio de quererse por más de 50 años. Muchas gracias.

Y, hablando de arrugas –para cambiar un poco el tema– recuerdo el testimonio de una gran actriz –actriz de cine latinoamericana–, cuando ya casi sesentona comenzaba a mostrarse las arrugas de la cara y le aconsejaron un «arreglo», un «arreglito» para poder seguir trabajando bien, su respuesta fue muy clara: «Estas arrugas me costaron mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucho dolor y una vida plena, ni soñando las quiero tocar, son las huellas de mi historia». Y siguió siendo una gran actriz. En el matrimonio pasa lo mismo. La vida matrimonial tiene que renovarse todos los días. Y como dije antes, prefiero familias arrugadas, con heridas, con cicatrices pero que sigan andando, porque esas heridas, esas cicatrices, esas arrugas son fruto de la fidelidad de un amor que no siempre les fue fácil. El amor no es fácil; no es fácil, no, pero es lo más lindo que un hombre y una mujer se pueden dar entre sí, el verdadero amor, para toda la vida.

Me han pedido que rezara por ustedes y quiero empezar a hacerlo ahora mismo. Ustedes, queridos mexicanos, tienen un plus, corren con ventaja. Tienen a la madre: la Guadalupana. La Guadalupana quiso visitar estas tierras y esto nos da la certeza de tener su intercesión para que este sueño llamado familia no se pierda por la precariedad y la soledad. Ella es madre y está siempre dispuesta a defender nuestras familias, a defender nuestro futuro; está siempre dispuesta a «echarle ganas», dándonos a su Hijo. Por eso, los invito –como están, sin moverse mucho–, a tomarse de las manos y decirle juntos a Ella: Dios te salve María….

Y no nos olvidemos de San José, calladito, trabajador, pero siempre al frente, siempre cuidando la familia. Gracias, que Dios los bendiga, y recen por mí.

* * *

Y ahora los quiero invitar, en este marco de fiesta familiar, a que los matrimonios aquí presentes, en silencio, renueven sus promesas matrimoniales. Y los que están de novios, pidan la gracia de una familia fiel y llena de amor. En silencio, renovar las promesas matrimoniales y los novios pedir la gracia de una familia fiel y llena de amor.

[00237-ES.03] [Texto original: Español]

Traduzione in lingua italiana

Carissimi fratelli e sorelle,

Rendo grazie a Dio per essere oggi in questa terra del Chiapas. È bello essere su questo suolo, è bello essere su questa terra, è bello essere in questo luogo che grazie a voi ha sapore di famiglia, di casa. Rendo grazie per i vostri volti e la vostra presenza, ringrazio Dio per il palpitare della Sua presenza nelle vostre famiglie. E grazie anche a voi, famiglie e amici, che ci avete regalato la vostra testimonianza, che ci avete aperto le porte delle vostre case, le porte della vostra vita; ci avete permesso di sedere alla vostra “mensa” dove condividete il pane che vi nutre e il sudore davanti alle difficoltà quotidiane. Il pane delle gioie, della speranza, dei sogni e del sudore davanti alle amarezze, alla delusione e alle cadute. Grazie per averci permesso di entrare nelle vostre famiglie, alla vostra mensa, nella vostra casa.

Manuel, prima di ringraziarti per la tua testimonianza, voglio ringraziare i tuoi genitori: tutt’e due in ginocchio davanti a te tenendoti il foglio. Avete visto che immagine è questa? I genitori in ginocchi accanto al figlio malato. Non dimentichiamo questa immagine! Poi loro ogni tanto litigano pure… Quale marito e quale moglie non litigano? E di più quando ci si mette la suocera, ma non importa… Però si amano, e ci hanno dimostrato che si amano e sono capaci, per l’amore che hanno, di mettersi in ginocchio davanti a loro figlio malato. Grazie amici per questa testimonianza che avete dato, e andate avanti. Grazie! E a te, Manuel, grazie per la tua testimonianza e soprattutto per il tuo esempio. Mi ha colpito quell’espressione che hai usato: “dare coraggio” (echarle ganas), come l’atteggiamento che hai assunto dopo aver parlato con i tuoi genitori. Hai iniziato a dare coraggio alla vita, dare coraggio alla tua famiglia, dare coraggio tra i tuoi amici e dare coraggio anche a noi qui riuniti. Grazie! Credo che questo sia ciò che lo Spirito Santo vuole sempre fare in mezzo a noi: dare coraggio, regalarci motivi per continuare a scommettere sulla famiglia, a sognare e costruire una vita che sappia di casa e di famiglia. Ce la mettiamo tutta? [“Sì!”]. Grazie!

E questo è ciò che Dio Padre ha sempre immaginato e per cui fin dai tempi antichi Dio Padre ha combattuto. Quando tutto sembrava perduto quella sera nel giardino dell’Eden, Dio Padre ha dato coraggio a quella giovane coppia e le ha mostrato che non tutto era perduto. E quando il popolo di Israele sentiva che non c’era più un senso nell’attraversare il deserto, Dio Padre lo ha incitato ad avere coraggio con la manna. E quando venne la pienezza dei tempi, Dio Padre ha dato coraggio all’umanità per sempre dandoci il suo Figlio!

Allo stesso modo, tutti noi che siamo qui abbiamo fatto esperienza che, in molti momenti e in forme differenti, Dio Padre ha dato coraggio alla nostra vita. Possiamo dunque chiederci: perché? Perché non può sa fare altro! Dio nostro Padre non sa fare altro che amarci e darci coraggio, e spingerci e farci andare avanti. Non sa fare altro! Perché il suo nome è amore, il suo nome è dono gratuito, il suo nome è dedizione, il suo nome è misericordia. Tutto ciò ce lo ha fatto conoscere in tutta la sua forza e chiarezza in Gesù, suo Figlio, che ha speso la sua vita fino alla morte per rendere possibile il Regno di Dio. Un Regno che ci invita a partecipare a quella nuova logica, che mette in moto una dinamica in grado di aprire i cieli, in grado di aprire i nostri cuori, le nostre menti, le nostre mani e ci sfida con nuovi orizzonti. Un Regno che ha il sapore di famiglia, che ha il sapore di vita condivisa. In Gesù e con Gesù questo Regno è possibile. Egli è in grado di trasformare le nostre prospettive, i nostri atteggiamenti, i nostri sentimenti, tante volte annacquati, in vino di festa. Egli è in grado di guarire i nostri cuori e ci invita più e più volte, settanta volte sette a ricominciare. Egli è sempre in grado di rendere nuove tutte le cose.

Manuel, tu mi hai chiesto di pregare per tanti adolescenti che sono scoraggiati e vivono momenti difficili. Lo sappiamo… Tanti adolescenti senza slancio, senza forza, svogliati. E come hai detto bene, Manuel, spesso questo atteggiamento nasce perché si sentono soli, perché non hanno nessuno con cui parlare. Pensateci, voi padri, pensateci, voi madri: parlate con i vostri figli e le vostre figlie? O siete sempre occupati, oberati? Giocate con i vostri figli? E questo mi ha ricordato la testimonianza che ci ha donato Beatriz. Beatriz, tu hai detto: “La lotta è sempre stata difficile per l’incertezza e la solitudine”. Quante volte ti sei sentita mostrata a dito, giudicata: “quella”. Pensiamo a tutte le persone, a tutte le donne che passano per quello che ha passato Beatriz. La precarietà, la scarsità, molto spesso il non avere neppure il minimo indispensabile può farci disperare, può farci sentire una forte ansia perché non sappiamo come fare per andare avanti, e ancora di più quando abbiamo dei figli a carico. La precarietà, non solo minaccia la stomaco (e questo è già molto), ma può minacciare perfino l’anima, ci può demotivare, toglierci forza e tentarci con strade o alternative di apparente soluzione ma che alla fine non risolvono nulla. E tu sei stata coraggiosa, Beatriz, grazie! C’è una precarietà che può essere molto pericolosa, che può insinuarsi in noi senza che ce ne accorgiamo, ed è la precarietà che nasce dalla solitudine e dall’isolamento. E l’isolamento è sempre un cattivo consigliere.

Manuel e Beatriz hanno usato, senza accorgersi, la stessa espressione, entrambi ci mostrano come tante volte la più grande tentazione che abbiamo di fronte è starcene da soli, e lungi dal darci coraggio, questo atteggiamento, come la tarma, ci corrode l’anima, ci inaridisce l’anima.

Il modo di combattere questa precarietà e questo isolamento, che ci rendono vulnerabili da tante apparenti soluzioni – come quella che menzionava Beatriz – va dato a diversi livelli. Uno è attraverso leggi che proteggano e garantiscano il minimo necessario affinché ogni famiglia e ogni persona possa crescere attraverso lo studio e un lavoro dignitoso. E l’altro, come hanno ben sottolineato le testimonianze di Humberto e Claudia quando ci hanno detto che stavano cercando di trasmetterci l’amore di Dio che avevano sperimentato nel servizio e nell’assistenza agli altri. Leggi e impegno personale sono un buon abbinamento per spezzare la spirale della precarietà. E voi vi siete fatti coraggio; e voi pregate, voi state con Gesù, voi siete inseriti nella vita della Chiesa. Avete usato una bella espressione: “Noi facciamo comunione con il fratello debole, il malato, il bisognoso, il carcerato”. Grazie, grazie!

Oggi vediamo e viviamo su diversi fronti come la famiglia venga indebolita, come viene messa in discussione. Come si crede che essa sia un modello ormai superato e incapace di trovare posto all’interno delle nostre società che, sotto il pretesto della modernità, sempre più favoriscono un sistema basato sul modello dell’isolamento. E si insinuano nelle nostre società – che si dicono società libere, democratiche, sovrane – si insinuano colonizzazioni ideologiche che le distruggono, e finiamo per essere colonie di ideologie distruttrici della famiglia, del nucleo della famiglia, che è la base di ogni sana società.

Certo, vivere in famiglia non sempre è facile, spesso è doloroso e faticoso, ma, come più di una volta ho detto riferendomi alla Chiesa, penso che questo possa essere applicato anche alla famiglia: preferisco una famiglia ferita che ogni giorno cerca di coniugare l’amore, a una famiglia e una società malata per la chiusura o la comodità della paura di amare. Preferisco una famiglia che una volta dopo l’altra cerca di ricominciare a una famiglia e una società narcisistica e ossessionata dal lusso e dalle comodità. “Quanti figli avete?” – “No, non ne abbiamo perché ci piace andare in vacanza, fare turismo, voglio comprarmi una villa…”. Il lusso e la comodità; e i figli aspettano; e quando ne vuoi uno, ormai è passato il momento. Che danno che fa questo! Preferisco una famiglia con la faccia stanca per i sacrifici a una famiglia con le facce imbellettate che non sanno di tenerezza e compassione. Preferisco un uomo e una donna, il Signor Aniceto e la Signora, con il viso rugoso per le fatiche di tutti i giorni, che da più di 50 anni continuano a volersi bene, e oggi li abbiamo qui; e il figlio ha imparato la lezione, e già fa 25 anni di matrimonio. Queste sono le famiglie! Quando prima ho chiesto al Signor Aniceto e alla Signora chi ha avuto più pazienza in questi 50 anni: “Tutt’e due, padre”. Perché in famiglia, per arrivare dove sono arrivati loro, ci vuole pazienza, amore, bisogna sapersi perdonare. “Padre, in una famiglia perfetta non ci sono mai discussioni”. Non è vero: è bene che ogni tanto si discuta, e che voli qualche piatto, va bene, non abbiate paura. L’unico consiglio è di non finire la giornata senza fare la pace, perché se finite la giornata in guerra arrivate al mattino in “guerra fredda”, e la “guerra fredda” è molto pericolosa in famiglia perché va scavando da sotto le rughe della fedeltà coniugale. Grazie per la testimonianza di volersi bene per più di 50 anni. Tante grazie!

E parlando di rughe – per cambiare un po’ argomento – ricordo la testimonianza di una grande attrice, un’attrice di cinema latinoamericana, quando già quasi sessantenne cominciavano a mostrarsi le rughe del viso e le consigliarono un “ritocco”, un “ritocchino” per poter continuare a lavorare bene, la sua risposta fu molto chiara: “Questa rughe mi sono costate molto lavoro, molto sforzo, molto dolore e una vita piena, nemmeno per sogno le voglio toccare: sono le impronte della mia storia”. E continuò ad essere una grande attrice. Nel matrimonio succede lo stesso. La vita matrimoniale deve rinnovarsi tutti i giorni. E, come ho detto prima, preferisco famiglie con le rughe, con ferite, cicatrici, ma che vanno avanti perché quelle ferite, quelle cicatrici, quelle rughe sono frutto della fedeltà di un amore che non sempre è stato facile. L’amore non è facile, non è facile, no, ma è la cosa più bella che un uomo e una donna possono darsi a vicenda, il vero amore, per tutta la vita.

Mi hanno chiesto di pregare per voi, e voglio iniziare a farlo proprio adesso. Voi, cari messicani, avete un “di più”, correte avvantaggiati. Avete la Madre, la Madonna di Guadalupe che ha voluto visitare queste terre, e questo ci dà la certezza che, attraverso la sua intercessione, questo sogno chiamato famiglia non sarà sconfitto dall’insicurezza e dalla solitudine. Lei è madre ed è sempre pronta a difendere le nostre famiglie, a difendere il nostro futuro, è sempre pronta a darci coraggio donandoci il suo Figlio. Per questo vi invito, così come state, senza muovervi molto, a prendervi per mano e insieme a dirle: “Ave Maria…”.

E non dimentichiamoci di san Giuseppe! Silenzioso, lavoratore, ma sempre sulla breccia, sempre a prendersi cura della famiglia. Grazie! Dio vi benedica, e pregate per me.

* * *

Ed ora, in questo quadro di festa familiare, voglio invitare i coniugi qui presenti a rinnovare, in silenzio, le loro promesse matrimoniali. E quelli che sono fidanzati, chiedano la grazia di una famiglia fedele e piena d’amore. In silenzio, rinnovare le promesse matrimoniali, e i fidanzati chiedere la grazia di una famiglia fedele e piena d’amore.

[00237-IT.03] [Testo originale: Spagnolo]

Traduzione in lingua inglese

Dear brothers and sisters,

I thank God for being here, on Chiapaneca soil. It feels good to be here on this soil, on this land; it is good to be here in this place which, with you here, has a family flavour, a home flavour. I give thanks for your faces and your presence; I give thanks to God because of the heart-beat of his presence in your families. I also thank you, families and friends, for giving us your witness, for opening to us the doors of your homes, the doors of your lives; you have allowed us to sit with you sharing both in the bread that nourishes you and in the sweat of your brow as you face the difficulties of every day. It is the bread representing the joys, the hopes and the hard sweat with which you confront sadness, disillusion and failings. I thank you for allowing me to enter into your families, your homes, and to sit at your tables.

Manuel, before thanking you for your testimony, I want to thank your parents who both knelt in front of you holding up the paper you read from. What a striking image! Two parents on their knees before their son who is ill. Let us never forget this image. They probably fall out now and again but which husband and wife doesn’t? And when mother-in-laws are involved, even more so, but this does not matter: they love each other. They have shown us that they love each other and, out of this love, they can kneel before their infirm son. Thank you friends for this testimony which you gave us and I encourage you to carry on forwards. Thank you! And you, Manuel, I thank you for your witness and especially for your example. I liked the expression you used “to put your heart into it” [echarle ganas] describing the attitude you took after speaking with your parents. You began to put your heart into your life, your family, your friends; you put your heart into us gathered here. Thank you. I believe that this is what the Holy Spirit always wants to do in our midst: to put a new heart into us, giving us reasons to keep on taking risks for the good of the family, dreaming and building a life that has this sense of home, of family. Do we put our heart into it? [They reply, “yes”]. Thank you!

This is something which God the Father has always dreamt of and for which God the Father has fought for a very long time. When everything seemed lost that afternoon in the Garden of Eden, God the Father put a new heart into that young couple and told them that everything was not lost. And when the people of Israel felt that they could not go on journeying through the desert, God the Father put his heart into it by giving them manna from heaven. And when the fullness of time came, God the Father put his heart into it, into humanity, by sending us his Son.

Similarly, all of us here have had this experience, in different moments and different ways; God the Father has put his heart into it for us. We can ask ourselves: why? Because he cannot do otherwise. God our Father does not know how do to anything else but love us and put his best into us, encouraging us, helping us move forward… for he can do thing else, because his name is love, his name is gift, his name is self-giving, his name is mercy. This he has shown us with complete power and clarity in Jesus, his Son, who risked everything to the end so as to once again make possible the Kingdom of God. A Kingdom that invites us to share in a new mindset, that puts into motion a dynamic power capable of opening the heavens, capable of opening our hearts, our minds, our hands and capable of challenging us with new possibilities. This is a Kingdom which has the feeling of family, the flavour of a life shared. In Jesus and with Jesus this Kingdom is possible. He is capable of changing our perspectives, attitudes, and feelings, which are often watered-down, into the wine of celebration. He can heal our hearts and invite us again and again, seventy times seven, to begin anew. He can make all things new.

Manuel, you asked me to pray for the many adolescents who are disillusioned and on a wrong path. How well we know this. Many adolescents who are deflated, tired and without aspirations. And as you yourself rightly said, this attitude often comes from a feeling of loneliness, from not having someone to talk to. Think of fathers and mothers: do they speak to their sons or daughters or are they always busy or in a rush? Do they play with their children? This reminds me of the witness which Beatrice gave us. Beatrice, you said: “the struggle has always been difficult because of uncertainty and loneliness”. How many times did you feel singled out, judged: “that one”? Let us think of all those people, of all those women who go through what Beatrice went through. Uncertainty, insufficiency, and often not having the bare essentials, can lead to despair, can make us deeply anxious because we cannot see a way to go on, especially when we have children in our care. Uncertainty is not only a threat to our stomach (which is already serious), but it can also threaten our soul, demoralizing us and taking away our energy so that we seek apparent solutions that in the end solve nothing. And you were brave Beatrice, thank you. There is a kind of uncertainty which can be very dangerous, which can creep in surreptitiously; it is the uncertainty born of solitude and isolation. And isolation is always a bad counsellor.

Manuel and Beatrice both used, without realizing it, the same expression; both showed us that very often the greatest temptation we face is to cut ourselves off, and far from putting our heart into things, this attitude of isolation ends up, like a moth, corroding and wither our souls.

The way to overcome the uncertainty and isolation which makes us vulnerable to so many apparent solutions – as Beatrice mentioned – can be found on different levels. One is through legislation which protects and guarantees the bare necessities of life so that every home and every person can develop through education and dignified employment. There is, on the other hand, what the witness of Humberto and Claudia made evident when they explained how they tried to convey to others the love of God that they experienced through service and generous giving. Laws and personal commitment make good duo that can break the spiral of uncertainty. And you have the inspiration, you pray, and you are united to Jesus, and you are involved in the life of the Church. You used a beautiful expression: “Let us take communion with the brother who is weak, ill, needy, in prison”. Thank you. Thank you.

Today we see how on different fronts the family is weakened and questioned. It is regarded as a model which has done its time, but which has no place in our societies; these, claiming to be modern, increasingly favour a model based on isolation. Societies become increasingly inoculated – they refer to themselves as societies which are free, democratic, sovereign – but they are inoculated by ideological colonizations which destroy; and we end up being ideological colonies that then have a destructive effect on families, the family cell, which is the basis of every healthy society.

It is true that living in family is not always easy, and can often be painful and stressful but, as I have often said referring to the Church, I prefer a wounded family that makes daily efforts to put love into play, to a family and society that is sick from isolationism or a habitual fear of love. I prefer a family that makes repeated efforts to begin again, to a family and society that is narcissistic and obsessed with luxury and comfort. How many children do you have? “No, we don’t have children as we like to go on holidays, be tourists, and I want to buy a villa”. Luxury and comfort without children, and yet, when you then want a child, it’s too late. This is so harmful, is it not? I prefer a family with tired faces from generous giving, to a family with faces full of makeup that know nothing of tenderness and compassion. I prefer a man and a woman, don Aniceto and his wife, with faces that are wrinkled due to the daily struggles over the 50 years of strong married love; and here we have them, and their son has learned the lesson from them and is now 25 years married. These are families. When I asked don Aniceto and his wife which of them showed more patience during these last 50 years, they replied “Both us, Father”. Because in order to get to the point they have reached after 50 years, you need patience, love and mutual forgiveness. “Father, a perfect family never gets into arguments”. This is not true, it is quite helpful when couples argue now and again and when the odd plate is thrown: it’s okay, do not be afraid. My only advice is that they never let the sun set without making peace, because if they are at odds with each other at the end of the day, they will wake up to a cold war, a cold war is very dangerous in the family because it undermines, from within, the hard earned wrinkles of conjugal fidelity. Thank you for the testimony of loving each other for over 50 years. Thank you.

And speaking of wrinkles, to change the subject a little, I remember the testimony of a great actress – an actress of Latin American films – almost in her sixties, and showing some wrinkles on her face. She was advised to have some work done on her face so as to carry on working successfully. Her response was quite clear: “These wrinkles cost me a lot of work, much effort, much pain and a full life, so I would never even dream of touching them; they are the signs of my life history. And I am still a great actress”. The same thing happens in marriage. Married life has to be renewed every day. And, as I said before, I prefer families with wrinkles, with wounds, and scars, but who carry on moving forwards; for these wounds, scars and wrinkles are the fruit of a faithful love which has had its share of difficulties. Love is not easy, it not easy, but the most beautiful thing is when a man and a woman can offer each other true love and offer it for life.

I have been asked to pray for you and I want to do so now. You Mexicans have something extra; you run ahead with an advantage. You have a Mother, la Guadalupana. La Guadalupana wanted to visit this land and this gives us the certainty of her intercession so that our dream, which we call the family, may not be lost through uncertainty or solitude. She is a Mother and is always ready to defend our families, our future; she is always ready to put her heart into it by giving us her Son. For this reason, I invite you, as you are, without moving around too much, to hold hands and address her together: “Hail Mary…”.

And let us not forget Saint Joseph, quiet, a worker, but always at the forefront looking after his family. Thank you, and may God bless you. And pray for me.

* * *

And now I would like to invite, in the context of this celebration of the family, married couples here present, in silence, to renew their marriage vows. And those who are preparing for marriage, ask for the grace of a faithful family, full of love. In silence, renew your marriage vows and fiancées pray for the grace of fidelity and love in the family.

[00237-EN.03] [Original text: Spanish]

Concluso l’incontro con le famiglie, il Santo Padre ha lasciato lo stadio e in papamobile si è diretto verso l’aeroporto “Ángel Albino Corzo” di Tuxtla Gutiérrez. Lungo il percorso, dopo circa 10 km si è fermato per svelare una targa commemorativa della visita, prima di proseguire in auto coperta. In aereo il Papa è partito quindi da Tuxtla Gutiérrez alla volta di Città del Messico per rientrare infine alla Nunziatura Apostolica.

[B0123-XX.02]