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Intervento del Santo Padre Francesco al Workshop “Modern Slavery and Climate Change: the Commitment of the Cities”, 21.07.2015


Discorso del Santo Padre

Traduzione in lingua italiana

Questo pomeriggio, alle ore 17, il Santo Padre Francesco è intervenuto nell’Aula del Sinodo in Vaticano al Workshop Modern Slavery and Climate Change: the Commitment of the Cities, organizzato dalla Pontificia Accademia delle Scienze Sociali, cui hanno preso parte i Sindaci delle grandi Città del Pianeta, per affrontare due emergenze collegate: la crisi del clima e le nuove forme di schiavitù.

Nel corso dell’incontro con Sindaci provenienti da tutto il mondo, il Papa ha pronunciato a braccio un breve discorso in lingua spagnola, del quale offriamo la trascrizione, con una traduzione in lingua italiana:

Discorso del Santo Padre

Buenas tardes, bienvenidos.

Les agradezco sinceramente, de corazón el trabajo que han hecho. Es verdad que todo giraba alrededor del tema del cuidado del ambiente, de esa cultura del cuidado del ambiente. Pero esa cultura del cuidado del ambiente no es una actitud solamente – lo digo en buen sentido- “verde”, no es una actitud “verde”, es mucho más. Es decir, cuidar el ambiente significa una actitud de ecología humana. O sea, no podemos decir: la persona está aquí y el Creato, el ambiente, está allí. La ecología es total, es humana. Eso es lo que quise expresar en la Encíclica “Laudato Si”: que no se puede separar al hombre del resto, hay una relación de incidencia mutua, sea del ambiente sobre la persona, sea de la persona en el modo como trata el ambiente; y también, el efecto de rebote contra el hombre cuando el ambiente es maltratado. Por eso, frente a una pregunta que me hicieron yo dije: “no, no es una encíclica ‘verde’, es una encíclica social”. Porque dentro del entorno social, de la vida social de los hombres, no podemos separar el cuidado del ambiente. Más aun, el cuidado del ambiente es una actitud social, que nos socializa en un sentido o en otro -cada cual le puede poner el valor que quiere- y por otro lado, nos hace recibir – me gusta la expresión italiana cuando hablan del ambiente- del “Creato”, de aquello que nos fue dado como don, o sea, el ambiente.

Por otro lado, ¿por qué esta invitación que me pareció una idea - de la Academia Pontificia de las Ciencias, de monseñor Sánchez Sorondo - muy fecunda, de invitar a los alcaldes, a los síndicos de las grandes ciudades y no tan grandes, pero invitarlos aquí para hablar de esto? Porque una de las cosas que más se nota cuando el ambiente, la Creación, no es cuidada es el crecimiento desmesurado de las ciudades. Es un fenómeno mundial, es como que las cabezas, las grandes ciudades, se hacen grandes pero cada vez con cordones de pobreza y de miseria más grandes, donde la gente sufre los efectos de un descuido del ambiente. En este sentido, está involucrado el fenómeno migratorio. ¿Por qué la gente viene a las grandes ciudades, a los cordones de las grandes ciudades, las villas miseria, las chabolas, las favelas? ¿Por qué arma eso? Simplemente porque ya el mundo rural para ellos no les da oportunidades. Y un punto que está en la encíclica, y con mucho respeto, pero se debe denunciar, es la idolatría de la tecnocracia. La tecnocracia lleva a despojar de trabajo, crea desocupación, los fenómenos desocupatorios son muy grandes y necesitan ir migrando, buscando nuevos horizontes. El gran número de desocupados alerta. No tengo las estadísticas- pero en algunos países de Europa, sobre todo en los jóvenes, la desocupación juvenil, de los 25 años hacia abajo, pasa del 40 por ciento y en algunos llega al 50 por ciento. Entre 40, 47 y –estoy pensando en otro país- 50; estoy pensando en otras estadísticas serias dadas por los jefes de gobierno, los jefes de Estado directamente. Y eso proyectado hacia el futuro nos hace ver un fantasma, o sea, una juventud desocupada que hoy ¿qué horizonte y qué futuro puede ofrecer?, ¿qué le queda a esa juventud? O las adicciones, o el aburrimiento, o el no saber qué hacer de su vida -una vida sin sentido, muy dura-, o el suicidio juvenil – las estadísticas de suicidio juvenil no son publicadas en su totalidad-, o buscar en otros horizontes, aún en proyectos guerrilleros, un ideal de vida.

Por otro lado, la salud está en juego. La cantidad de enfermedades “raras”, así se llaman que vienen de muchos elementos de fertilización de los campos - o vaya a saber, todavía no saben bien las causas-, pero de un exceso de tecnificación. Entre los problemas más grandes que están en juego es el oxígeno y el agua. Es decir, la desertificación de grandes zonas por la deforestación. Acá al lado mío está el cardenal arzobispo encargado de la Amazonia brasilera, él puede decir lo que significa una deforestación hoy día, en la Amazonia, que es el pulmón del mundo, Congo, Amazonia, grandes pulmones del mundo. La deforestación en mi patria hace unos años – hace 8 o 9 años- me acuerdo que hubo del Gobierno Federal a una Provincia, hubo un juicio para detener una deforestación que afectaba a la población. ¿Qué sucede cuando todos estos fenómenos de tecnificación excesiva, de no cuidado del ambiente, además de los fenómenos naturales, inciden sobre la migración? El no haber trabajo, y después la trata de las personas. Cada vez es más común el trabajo en negro, un trabajo sin contrato, un trabajo arreglado debajo de la mesa. ¡Cómo ha crecido! El trabajo en negro es muy grande, lo cual significa que una persona no gana lo suficiente para vivir. Eso puede provocar actitudes delictivas y todo lo que sucede en una gran ciudad por esas migraciones provocadas por la tecnificación excisiva. Sobre todo me refiero al agro o la trata de las personas en el trabajo minero, la esclavitud minera todavía es muy grande y es muy fuerte. Y lo que significa el uso de ciertos elementos de lavado de minerales – arsénico, cianuro- que inciden en enfermedades de la población. En eso hay una responsabilidad muy grande. O sea que todo rebota, todo vuelve. Es el efecto rebote contra la misma persona. Puede ser la trata de personas por el trabajo esclavo, la prostitución, que son fuentes de trabajo para poder sobrevivir hoy día.

Por eso me alegra que ustedes hayan reflexionado sobre estos fenómenos. Yo mencioné algunos, no más, que afectan a las grandes ciudades.

Finalmente, yo diría que sobre esto hay que interesar a las Naciones Unidas. Tengo mucha esperanza en la Cumbre de París, de noviembre, que se logre algún acuerdo fundamental y básico. Tengo mucha esperanza, pero sin embargo, las Naciones Unidas tienen que interesarse muy fuertemente sobre este fenómeno, sobre todo, en la trata de personas provocada por este fenómeno ambiental, la explotación de la gente. Recibí hace un par de meses a una delegación de mujeres de las Naciones Unidas encargadas de la explotación sexual de los niños en los países de guerra. O sea, los niños como objeto de explotación. Es otro fenómeno. Y las guerras son también elemento de desequilibrio del ambiente.

Quisiera terminar con una reflexión que no es mía, es del teólogo y filósofo Romano Guardini. Él habla de dos formas de “incultura”: la incultura que Dios nos entregó para que nosotros la transformáramos en cultura y nos dio el mandato de cuidar, y hacer crecer, y dominar la tierra; y la segunda incultura, cuando el hombre no respeta esa relación con la tierra, no la cuida – es muy claro en el relato bíblico que es una literatura de tipo místico allí-. Cuando no la cuida, el hombre se apodera de esa cultura y la empieza a sacar de cauce. O sea, la incultura: la saca de cauce y se le va de las manos y forma una segunda forma de incultura: la energía atómica es buena, puede ayudar, pero hasta aquí, sino pensemos en Hiroshima y en Nagasaki, o sea ya se crea el desastre y la destrucción, por poner un ejemplo antiguo. Hoy día, en todas las formas de incultura, como las que ustedes han tratado, esa segunda forma de incultura es la que destruye al hombre. Un rabino del medioevo, más o menos de la época de Santo Tomás de Aquino – y quizás alguno de ustedes me lo escuchó- explicaba en un “midrash” el problema de la torre de Babel a sus feligreses en la sinagoga, y decía que construir la torre de Babel llevó mucho tiempo, y llevó mucho trabajo, sobre todo hacer los ladrillos -suponía armar el fango, buscar la paja, amasarla, cortarla, hacerla secar, después ponerla en el horno, cocinarla, o sea que un ladrillo era una joya, valía muchísimo- y lo iban subiendo, al ladrillo, para ir poniendo en la torre. Cuando se caía un ladrillo era un problema muy grave, y el culpable o el que descuidó el trabajo y lo dejó caer, era castigado. Cuando se caía un obrero de los que estaban construyendo no pasaba nada. Este es el drama de la “segunda forma de incultura”: el hombre como creador de incultura y no de cultura. El hombre creador de incultura porque no cuida el ambiente.

Y ¿por qué ésta convocatoria de la Academia Pontificia de las Ciencias a los síndicos, alcaldes, intendentes de las ciudades? Porque ésta conciencia si bien sale del centro hacia las periferias, el trabajo más serio y más profundo, se hace desde la periferia hacia el centro. Es decir, desde ustedes hacia la conciencia de la humanidad. La Santa Sede o tal país, o tal otro, podrán hacer un buen discurso en las Naciones Unidas pero si el trabajo no viene de las periferias hacia el centro, no tiene efecto. De ahí la responsabilidad de los síndicos, de los intendentes, de los alcaldes de las ciudades. Por eso les agradezco muchísimo que se hayan reunido como periferias sumamente serias de este problema. Cada uno de ustedes tiene dentro de su ciudad cosas como las que yo he dicho y que ustedes tienen que gobernar, solucionar, etcétera. Yo les agradezco la colaboración. Me dijo monseñor Sánchez Sorondo que muchos de ustedes han intervenido y que es muy rico todo esto. Les agradezco y pido al Señor que nos dé a todos la gracia de poder tomar conciencia de este problema de destrucción que nosotros mismos estamos llevando adelante al no cuidar la ecología humana, al no tener una conciencia ecológica como las que nos fue dada al principio para transformar la primera incultura en cultura, y frenar ahí, y no transformar esta cultura en incultura.

Muchísimas gracias.

[01266-ES.01] [Texto original: Español]

Traduzione in lingua italiana

Mi permetto di parlare in spagnolo.

Buonasera, benvenuti.

Vi ringrazio sinceramente di cuore per il lavoro che avete fatto. E’ vero che tutto girava intorno al tema della cura dell’ambiente, di questa cultura della cura dell’ambiente, però questa cultura della cura dell’ambiente non è un atteggiamento solamente – lo dico nel vero senso della parola – “verde”, non è un atteggiamento “verde”, è molto di più. Prendersi cura dell’ambiente significa avere un atteggiamento di ecologia umana. Non possiamo dire, cioè, che la persona sta qui e il creato, l’ambiente stanno lì. L’ecologia è totale, è umana. E questo è quello che ho voluto esprimere nell’enciclica Laudato si’: che non si può separare l’uomo dal resto; c’è una relazione che incide in maniera reciproca, sia dell’ambiente sulla persona, sia della persona nel modo in cui tratta l’ambiente; ed anche l’effetto rimbalzo contro l’uomo quando l’ambiente viene maltrattato. Per questo di fronte ad una domanda che mi hanno fatto ho risposto: “No, non è un’enciclica “verde”, è un’enciclica sociale”. Perché nella società, nella vita sociale dell’uomo, non possiamo prescindere dalla cura dell’ambiente. In più, la cura dell’ambiente è un atteggiamento sociale, che ci socializza, in un senso o nell’altro - ognuno può dargli il valore che vuole - dall’altro lato, ci fa ricevere - mi piace l’espressione italiana, quando parlano dell’ambiente-, del Creato, di quello che ci è stato dato come dono, ossia l’ambiente.

Dall’altro lato, perché questo invito, che mi è parsa un’idea della Pontificia Accademia delle Scienze, di Mons. Sánchez Sorondo, molto feconda, di invitare i Sindaci delle città grandi, e non tanto grandi, invitarli qui per parlare di questo? Perché una delle cose che più si nota quando l’ambiente, la creazione non è curata, è la crescita a dismisura delle città. E’ un fenomeno mondiale. E’ come se le teste, le grandi città, si facessero grandi, però ogni volta con cordoni di povertà e di miseria più grandi, dove la gente soffre gli effetti della trascuratezza dell’ambiente. In questo senso è coinvolto il fenomeno migratorio. Perché la gente viene nelle grandi città, nei cordoni delle grandi città – “villas miseria”, le baracche, le favelas? Perché fa questo? Semplicemente perché il mondo rurale non dà loro opportunità. E qui un punto che sta nell’Enciclica – e con molto rispetto, però si deve denunciare – è l’idolatria della tecnocrazia. La tecnocrazia porta a distruggere il lavoro, crea disoccupazione. I fenomeni di disoccupazione sono molto grandi e le persone sono costrette a emigrare, cercando nuovi orizzonti. Il grande numero di disoccupati allarma. Non ho le statistiche, però in alcuni Paesi d’Europa, soprattutto i giovani, la disoccupazione giovanile – dai 25 anni in giù – supera il 40 per cento e in alcuni arriva al 50 per cento. Tra il 40, il 47 – sto pensando ad altri Paesi - e il 50. Sto pensando ad altre statistiche serie date dai Capi di governo, dai Capi di Stato direttamente. E questo proiettato nel futuro ci fa vedere un fantasma, ossia una gioventù disoccupata che, oggi, quale orizzonte e quale futuro può offrire? Che cosa rimane a questa gioventù: o le dipendenze, la noia, il non sapere che cosa fare della propria vita -una vita senza senso, molto dura, il suicidio giovanile –le statistiche di suicidio giovanile non sono pubblicate nella loro totalità – o cercare in altri orizzonti, anche in progetti di guerriglia, un ideale di vita.

Dall’altro lato, è in gioco la salute. La quantità di “malattie rare”, così si chiamano, che provengono da molti elementi usati per fertilizzare i campi – o chissà, ancora non si sa bene la causa – ma comunque da un eccesso di tecnicizzazione. Tra i problemi più grandi in gioco ci sono quelli dell’ossigeno e dell’acqua. Cioè la desertificazione di grandi zone per la deforestazione. Al mio fianco c’è il Cardinale Arcivescovo incaricato dell’Amazzonia brasiliana, che può dire quello che significa una deforestazione oggi in Amazzonia, che è il polmone del mondo. Il Congo, l’Amazzonia sono i grandi polmoni del mondo. La deforestazione nella mia patria da alcuni anni… 8, 9 anni fa mi ricordo che il Governo Federale fece un processo in una provincia per fermare la deforestazione che colpiva la popolazione.

Che succede quando tutti questi fenomeni di tecnicizzazione eccessiva, senza cura dell’ambiente, oltre ai fenomeni naturali, incidono sulla migrazione? Non avere lavoro e poi la tratta delle persone. Ogni volta è più frequente il lavoro in nero, un lavoro senza contratto, un lavoro “organizzato sotto banco”. Come è cresciuto! II lavoro in nero è molto diffuso, e questo significa che una persona non guadagna sufficientemente per vivere. Questo può provocare reati, tutto quello che succede in una grande città a causa di queste migrazioni provocate dalla tecnicizzazione eccessiva. Soprattutto mi riferisco all’ambiente agricolo ed anche alla tratta delle persone nel lavoro minerario. La schiavitù mineraria è vasta e molto forte. E quello che significa l’uso di certi elementi del trattamento dei minerali – arsenico, cianuro… - che fanno ammalare la popolazione. In questo c’è una responsabilità molto grande. Tutto rimbalza, tutto torna indietro, tutto... E’ l’effetto rimbalzo contro la stessa persona. Può essere la tratta di esseri umani per il lavoro schiavista, la prostituzione, che sono fonti di lavoro, per poter sopravvivere oggi.

Per questo sono contento che voi abbiate riflettuto su questi fenomeni – io ne ho menzionati alcuni, non di più - che colpiscono le grandi città. Alla fine io direi che di questo debbano interessarsi le Nazioni Unite. Ho molta speranza nel vertice di Parigi del prossimo novembre: che si raggiunga un accordo fondamentale e di base. Ho molta speranza. Tuttavia le Nazioni Unite devono interessarsi con molta forza di questo fenomeno, soprattutto della tratta delle persone provocata da questo fenomeno ambientale, lo sfruttamento della gente.

Ho ricevuto qualche mese fa una delegazione di donne delle Nazioni Unite, incaricate del problema dello sfruttamento sessuale dei bambini nei Paesi di guerra. I bambini come oggetto di sfruttamento. E’ un altro fenomeno. E le guerre sono anche elemento di squilibrio dell’ambiente.

Vorrei infine terminare con una riflessione, che non è mia, ma del teologo e filosofo Romano Guardini, che parla di due forme di “incultura”: l’incultura che Dio ci ha lasciato, perché la trasformassimo in cultura, e per questo ci ha dato il mandato di curare, far crescere e dominare la terra; e la seconda incultura, quando l’uomo non rispetta questa relazione con la terra, non la cura - è molto chiaro nel racconto biblico, che è una letteratura di tipo mistico. Quando non la cura, l’uomo si impadronisce di quella cultura e comincia a deviarla. Ossia l’incultura: la devia, ne perde il controllo e dà origine ad una seconda forma di incultura: l’energia atomica è buona, può aiutare. Fino a qui va bene, ma pensiamo a Hiroshima e a Nagasaki. Si crea cioè il disastro e la distruzione, per fare un vecchio esempio. Oggi, in tutte le forme di incultura, come quelle che avete trattato, questa seconda forma di incultura è quella che distrugge l’uomo. Un rabbino del Medio Evo, più o meno dell’epoca di San Tommaso d’Aquino – forse qualcuno me l’ha sentito dire – spiegava in un “midrash” il problema della Torre di Babele ai suoi “parrocchiani” nella Sinagoga e diceva che per costruire la Torre di Babele c’era voluto molto tempo e molto lavoro, soprattutto nel fare i mattoni. Richiedeva preparare il fango, cercare la paglia, ammassarla, tagliarla, farla seccare, poi metterla nel forno, cuocerla… Un mattone era un gioiello, valeva moltissimo. E portavano su il mattone per metterlo sulla torre. Quando cadeva un mattone era un problema molto grave e il colpevole, quello che aveva trascurato il lavoro e aveva lasciato cadere il mattone, era punito. Quando cadeva un operaio, di quelli che lavoravano nella costruzione, non succedeva niente. Questo è il dramma della seconda forma di incultura: l’uomo come creatore di incultura e non di cultura; l’uomo creatore di incultura, perché non ha cura dell’ambiente.

E perché questo invito della Pontificia Accademia delle Scienze ai Sindaci delle città, perché, anche se questa coscienza esce dal centro verso le periferie, il lavoro più serio e più profondo si fa dalle periferie verso il centro, cioè da voi verso la coscienza dell’umanità. La Santa Sede, o quel Paese o quell’altro, potrà fare un bel discorso alle Nazioni Unite, ma se il lavoro non parte dalle periferie verso il centro non ha effetto. Da qui la responsabilità dei Sindaci delle città.

Per questo vi ringrazio moltissimo che vi siate riuniti come periferie che prendono molto sul serio questo problema. Ognuno di voi ha dentro la sua città cose come quelle di cui ho parlato e che voi dovete governare, risolvere e così via. Ringrazio per la collaborazione. Mons. Sánchez Sorondo mi ha detto che molti di voi sono intervenuti e che tutto questo è molto ricco.

Vi ringrazio e chiedo al Signore che ci dia la grazia di poter prendere coscienza di questo problema di distruzione che noi stessi stiamo portando avanti nel non avere cura dell’ecologia umana, nel non avere una coscienza ecologica come quella che ci fu data al principio per trasformare la prima incultura in cultura, e fermarsi lì, e non trasformare questa cultura in incultura.

Moltissime grazie.

[01266-IT.01] [Testo originale: Spagnolo]

[B0586-XX.01]