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Viaggio Apostolico di Sua Santità Francesco in Ecuador, Bolivia e Paraguay (5-13 luglio 2015) – Visita di cortesia al Presidente dello Stato e Incontro con le autorità civili della Bolivia a La Paz, 08.07.2015


Visita di cortesia al Presidente dello Stato Plurinazionale di Bolivia

Poco dopo le ore 19, il Santo Padre Francesco si è recato al Palazzo del Governo di La Paz in visita di cortesia al Presidente dello Stato Plurinazionale di Bolivia, Sig. Evo Morales Ayma.

Dopo la presentazione del Gabinetto di Governo e della Delegazione papale, ha avuto luogo l’incontro privato, cui ha fatto seguito lo scambio dei doni e la presentazione dei familiari e dei collaboratori del Presidente. Il Papa ha raggiunto quindi a piedi la vicina Cattedrale di La Paz per incontrare le Autorità civili della Bolivia.

[01194-IT.01]

Incontro con le autorità civili della Bolivia, nella Cattedrale di La Paz

Discorso del Santo Padre

Traduzione in lingua italiana

Traduzione in lingua inglese

Questa sera il Santo Padre Francesco ha incontrato le Autorità civili della Bolivia nella Cattedrale di La Paz. Erano presenti il Capo dello Stato, autorità politiche e civili, personalità del mondo della cultura e del volontariato e il Corpo Diplomatico.

Dopo il saluto dell’Arcivescovo di La Paz, S.E. Mons. Edmundo Luis Flavio Abastoflor Montero, il Santo Padre ha pronunciato il discorso che riportiamo di seguito:

Discorso del Santo Padre

Hermano Presidente,
Hermanos y hermanas:

Me alegro de este encuentro con ustedes, autoridades políticas y civiles de Bolivia, miembros del Cuerpo diplomático y personas relevantes del mundo de la cultura y del voluntariado. Agradezco a mi hermano Edmundo Abastoflor, Arzobispo de esta Iglesia de la Paz, su amable bienvenida. Les ruego que me permitan cooperar, alentando con algunas palabras, la tarea de cada uno de ustedes, la que ya realizan. Y les agradezco la cooperación que ustedes, con su testimonio de calurosa acogida, me dan a mí para que yo pueda seguir adelante. Muchas gracias.

Cada uno a su manera, todos los aquí presentes compartimos la vocación de trabajar por el bien común. Ya hace 50 años, el Concilio Vaticano II definía el bien común como «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente de la propia perfección»; gracias a ustedes por aspirar –desde su rol y misión– para que las personas y la sociedad se desarrollen, alcancen su perfección. Estoy seguro de sus búsquedas de lo bello, lo verdadero, lo bueno en este afán por el bien común. Que este esfuerzo ayude siempre a crecer en un mayor respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral, a la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva (cf. Enc. Laudato si’, 157). Que la riqueza se distribuya, dicho sencillamente.

En el trayecto hacia la catedral, desde el aeropuerto, he podido admirarme de las cumbres del Hayna Potosí y del Illimani, de ese «cerro joven» y de aquel que indica «el lugar por donde sale el sol». También he visto cómo de manera artesanal muchas casas y barrios se confundían con las laderas y me he maravillado de algunas obras de su arquitectura. El ambiente natural y el ambiente social, político y económico están íntimamente relacionados. Nos urge poner las bases de una ecología integral -es problema de salud- una ecología integral que incorpore claramente todas las dimensiones humanas en la resolución de las graves cuestiones socioambientales de nuestros días - si no los glaciares de esos mismos montes seguirán retrocediendo - y la lógica de la recepción, la conciencia del mundo que queremos dejar a los que nos sucedan, su orientación general, su sentido, sus valores también se derretirán como esos hielos (cf. ibid., 159-160). Y de esto hay que tomar conciencia. Ecología integral - y me arriesgo- supone ecología de la madre tierra, cuidar la madre tierra; ecología humana, cuidarnos entre nosotros; y ecología social, forzada la palabra.

Como todo está relacionado, nos necesitamos unos a otros. Si la política se deja dominar por la especulación financiera o la economía se rige únicamente por el paradigma tecnocrático y utilitarista de la máxima producción, no podrán ni siquiera comprender, y menos aún resolver, los grandes problemas que afectan a la humanidad. Es necesaria también la cultura, de la que forma parte no solo el desarrollo de la capacidad intelectual del ser humano en las ciencias y de la capacidad de generar belleza en las artes, sino también las tradiciones populares locales - eso también es cultura - con su particular sensibilidad al medio de donde han surgido y del que han salido, al medio que le da sentido. Se requiere de igual forma una educación ética y moral, que cultive actitudes de solidaridad y corresponsabilidad entre las personas. Debemos reconocer el papel específico de las religiones en el desarrollo de la cultura y los beneficios que puedan aportar a la sociedad. Los cristianos, en particular, como discípulos de la Buena Noticia, somos portadores de un mensaje de salvación que tiene en sí mismo la capacidad de ennoblecer a las personas, de inspirar grandes ideales capaces de impulsar líneas de acción que vayan más allá del interés individual, posibilitando la capacidad de renuncia en favor de los demás, la sobriedad y las demás virtudes que nos contienen y nos unen. Esas virtudes que en vuestra cultura tan sencillamente se expresan en esos tres mandamientos: no mentir, no robar y no ser flojo.

Pero debemos estar alerta pues muy fácilmente nos habituamos al ambiente de inequidad que nos rodea, que nos volvemos insensibles a sus manifestaciones. Y así confundimos sin darnos cuenta el «bien común» con el «bien-estar», y ahí se va resbalando de a poquito, de a poquito, y el ideal del bien común, como que se va perdiendo, termina en el bienestar, sobre todo cuando somos nosotros los que lo disfrutamos y no los otros. El bienestar que se refiere solo a la abundancia material tiende a ser egoísta, tiende a defender los intereses de parte, a no pensar en los demás, y a dejarse llevar por la tentación del consumismo. Así entendido, el bienestar, en vez de ayudar, incuba posibles conflictos y disgregación social; instalado como la perspectiva dominante, genera el mal de la corrupción que cuánto desalienta y tanto mal hace. El bien común, en cambio, es algo más que la suma de intereses individuales; es un pasar de lo que «es mejor para mí» a lo que «es mejor para todos», e incluye todo aquello que da cohesión a un pueblo: metas comunes, valores compartidos, ideales que ayudan a levantar la mirada, más allá de los horizontes particulares.

Los diferentes agentes sociales tienen la responsabilidad de contribuir a la construcción de la unidad y el desarrollo de la sociedad. La libertad siempre es el mejor ámbito para que los pensadores, las asociaciones ciudadanas, los medios de comunicación desarrollen su función, con pasión y creatividad, al servicio del bien común. También los cristianos, llamados a ser fermento en el pueblo, aportan su propio mensaje a la sociedad. La luz del Evangelio de Cristo no es propiedad de la Iglesia; ella es su servidora: la Iglesia debe servir al Evangelio de Cristo para que llegue hasta los extremos del mundo. La fe es una luz que no encandila; las ideologías encandilan, la fe no encandila, la fe es una luz que no obnubila, sino que alumbra y guía con respeto la conciencia y la historia de cada persona y de cada convivencia humana. Respeto. El cristianismo ha tenido un papel importante en la formación de la identidad del pueblo boliviano. La libertad religiosa –como es acuñada habitualmente esa expresión en el fuero civil– es quien también nos recuerda que la fe no puede reducirse al ámbito puramente subjetivo. No es una subcultura. Será nuestro desafío alentar y favorecer que germinen la espiritualidad y el compromiso de la fe, el compromiso cristiano en obras sociales, en extender el bien común, a través de las obras sociales.

Entre los diversos actores sociales, quisiera destacar la familia, amenazada en todas partes, por tantos factores, por la violencia doméstica, el alcoholismo, el machismo, la drogadicción, la falta de trabajo, la inseguridad ciudadana, el abandono de los ancianos, los niños de la calle y recibiendo pseudo-soluciones desde perspectivas que no son saludables a la familia sino que provienen claramente de colonizaciones ideológicas. Son tantos los problemas sociales que resuelve la familia, y las resuelve en silencio, son tantos, que no promover la familia es dejar desamparados a los más desprotegidos.

Una nación que busca el bien común no se puede cerrar en sí misma; las redes de relaciones afianzan a las sociedades. El problema de la inmigración en nuestros días nos lo demuestra. El desarrollo de la diplomacia con los países del entorno, que evite los conflictos entre pueblos hermanos y contribuya al diálogo franco y abierto de los problemas, hoy es indispensable. Y estoy pensando acá, en el mar: diálogo, es indispensable. Construir puentes en vez de levantar muros. Construir puentes en vez de levantar muros. Todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas. Y, en todo caso, nunca han de ser motivo de agresividad, rencor o enemistad que agravan más la situación y hacen más difícil su resolución.

Bolivia transita un momento histórico: la política, el mundo de la cultura, las religiones son parte de este hermoso desafío de la unidad. En esta tierra donde la explotación, la avaricia y múltiples egoísmos y perspectivas sectarias han dado sombra a su historia, hoy puede ser el tiempo de la integración. Y hay que caminar ese camino. Hoy Bolivia puede crear, es capaz de crear con su riqueza nuevas síntesis culturales. ¡Qué hermosos son los países que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes, y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ¡Qué lindos cuando están llenos de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro! (cf. Evangelii gaudium, 210). Bolivia, en la integración y en su búsqueda de la unidad, está llamada a ser «esa multiforme armonía que atrae» (ibid., 117), y que atrae en el camino hacia la consolidación de la patria grande.

Muchas gracias por su atención. Pido al Señor que Bolivia, «esta tierra inocente y hermosa» siga progresando cada vez más para que sea esa «patria feliz donde el hombre vive el bien de la dicha y la paz». Que la Virgen santa los cuide y el Señor los bendiga abundantemente. Y por favor, por favor les pido, que no se olviden rezar por mí. Muchas gracias.

[01172-ES.02] [Texto original: Español]

Traduzione in lingua italiana

Fratello Presidente,
fratelli e sorelle,

Sono lieto di questo incontro con voi, autorità politiche e civili della Bolivia, membri del Corpo diplomatico e personalità del mondo della cultura e del volontariato. Ringrazio il mio fratello Edmundo Abastoflor, Arcivescovo di questa Chiesa di La Paz, per il suo cordiale benvenuto. Vi chiedo di permettermi di corrispondere incoraggiando con qualche parola il compito di ciascuno di voi, che già state realizzando.

Ognuno di noi qui presenti, a modo proprio, condivide la vocazione a lavorare per il bene comune. 50 anni or sono il Concilio Vaticano II ha definito il bene comune come «l’insieme di quelle condizioni della vita sociale che permettono ai gruppi, come ai singoli membri, di raggiungere la propria perfezione più pienamente e speditamente» (Cost. past. Gaudium et spes, 26); grazie a voi per il vostro aspirare – secondo il ruolo e la missione di ciascuno – a che le persone e la società si sviluppino, raggiungano la perfezione. Sono sicuro della vostra ricerca del bello, del vero, del bene in questo impegno per il bene comune. Che tale sforzo aiuti sempre a crescere in un maggiore rispetto per la persona umana in quanto tale, con diritti fondamentali e inalienabili ordinati al suo sviluppo integrale, alla pace sociale, vale a dire, alla stabilità e alla sicurezza di un determinato certo, che non si attua senza una particolare attenzione alla giustizia distributiva (cfr Enc. Laudato si’, 157). Che la ricchezza sia distribuita, detto semplicemente.

Sulla strada verso la cattedrale, dall’aereoporto, ho potuto ammirare le vette del Hayna Potosí e dell’Illimani, di quella “giovane montagna” e di quella che indica “il luogo da dove sorge il sole”. Ho anche visto come in maniera semplice molte case e quartieri si confondevano con i pendii e ho ammirato alcune opere di architettura. L'ambiente naturale e l'ambiente sociale, politico ed economico sono strettamente correlati. Questo ci spinge a porre le basi di una ecologia integrale – è un problema di salute – un’ecologia integrale che chiaramente comprenda tutte le dimensioni umane per risolvere gravi problemi socio-ambientali dei nostri giorni - altrimenti i ghiacciai continueranno a ritirarsi da queste stesse montagne - e la logica della ricezione, la coscienza del mondo che vogliamo lasciare a chi verrà dopo di noi, il suo orientamento generale, il suo significato, e i suoi valori anch’essi si ritireranno come questi ghiacci (cfr ibid., 159-160). E di questo bisogna prendere coscienza. Ecologia integrale. E, direi di più, richiede un’ecologia della madre terra, aver cura della madre terra; ecologia umana, aver cura gli uni degli altri; e ecologia sociale - forzando il termine.

Poiché tutto è collegato, abbiamo bisogno l'uno dell'altro. Se la politica è dominata dalla speculazione finanziaria o l'economia si regge solo sul paradigma tecnocratico e utilitaristico della massima produzione, non si potranno neppure comprendere, né tantomeno risolvere i grandi problemi che affliggono l'umanità. È necessaria anche la cultura, di cui fa parte non solo lo sviluppo della capacità intellettuale dell'uomo nelle scienze e la capacità di generare bellezza nelle arti, ma anche le tradizioni popolari locali – anche questo è cultura – con la propria particolare sensibilità all’ambiente da cui sono sorte e da cui sono uscite, all’ambiente che dà loro senso. Allo stesso modo si richiede un'educazione etica e morale che coltivi atteggiamenti di solidarietà e di responsabilità tra le persone. Dobbiamo riconoscere il ruolo specifico delle religioni nello sviluppo della cultura e i benefici che esse possono apportare alla società. I cristiani, in particolare, come discepoli della Buona Notizia, siamo portatori di un messaggio di salvezza che ha in sé stesso la capacità di nobilitare le persone, di ispirare alti ideali capaci di dare impulso a linee di azione che vadano oltre l'interesse individuale, consentendo la capacità di rinuncia a favore degli altre, la sobrietà e le altre virtù che ci sostengono e ci uniscono. Quelle virtù che nella vostra cultura si esprimono tanto semplicemente nei tre comandamenti: non mentire, non rubare, non essere pigro.

Ma dobbiamo stare in guardia, perché molto facilmente ci abituiamo all'ambiente di inequità che ci circonda, che siamo diventati insensibili alle sue manifestazioni. E così confondiamo, senza accorgercene, il "bene comune" con il "benessere", e lì si scivola, a poco a poco, e l’ideale del bene comune, poiché si va perdendo, finisce nel benessere, specialmente quando siamo noi quelli che ne godiamo, e non gli altri. Il benessere che fa riferimento solamente all’abbondanza materiale tende ad essere egoista, tende a difendere gli interessi di parte, a non pensare agli altri, e a cedere al richiamo del consumismo. Così inteso, il benessere, invece di aiutare, è portatore di possibili conflitti e di disgregazione sociale; affermatosi come prospettiva dominante, genera il male della corruzione, che scoraggia e fa tanto danno. Il bene comune, invece, è superiore alla somma dei singoli interessi; è un passaggio da ciò che “è meglio per me” a ciò che “è meglio per tutti”, e comprende tutto ciò che dà coesione a un popolo: obiettivi comuni, valori condivisi, ideali che aiutano ad alzare lo sguardo al di là di orizzonti individuali.

I diversi attori sociali hanno la responsabilità di contribuire alla costruzione dell’unità e dello sviluppo della società. La libertà è sempre il contesto migliore perché i pensatori, le associazioni civili, i mezzi di comunicazione svolgano la loro funzione, con passione e creatività, al servizio del bene comune. Anche i cristiani, chiamati ad essere lievito in mezzo al popolo, apportano il proprio messaggio alla società. La luce del Vangelo di Cristo non è proprietà della Chiesa; essa piuttosto lo serve: la Chiesa deve servire il Vangelo di Cristo affinché giunga sino ai confini del mondo. La fede è una luce che non abbaglia; le ideologie abbagliano, la fede non abbaglia, la fede è una luce che non offusca, ma rischiara e orienta con rispetto la coscienza e la storia di ogni persona e di ogni società umana. Rispetto. Il cristianesimo ha svolto un ruolo importante nel formare l'identità del popolo boliviano. La libertà religiosa – così come solitamente questa espressione viene intesa in ambito civile - ci ricorda anche che la fede non può essere ridotta alla sfera puramente soggettiva. Non è una subcultura. Sarà per noi una sfida incoraggiare e promuovere che germoglino la spiritualità e l’impegno della fede, l’impegno cristiano in opere sociali, nell’estendere il bene comune attraverso le opere sociali.

Tra i diversi attori sociali, vorrei porre in risalto la famiglia, minacciata da ogni parte, da tanti fattori: da violenza domestica, alcolismo, maschilismo, droga, mancanza di lavoro, insicurezza civile, abbandono degli anziani, bambini di strada, e da pseudo-soluzioni provenienti da prospettive che non giovano alla famiglia ma che provengono chiaramente da colonizzazioni ideologiche. Sono tanti i problemi sociali che la famiglia risolve, e li risolve in silenzio, sono tanti, così che non promuovere la famiglia significa lasciare i più vulnerabili senza protezione.

Una nazione che cerca il bene comune non può chiudersi in sé stessa; le reti di relazione consolidano le società. Il problema dell'immigrazione nei nostri giorni ce lo dimostra. Lo sviluppo della diplomazia con i Paesi vicini, al fine di evitare conflitti tra popoli fratelli e contribuire al dialogo franco e aperto sui problemi, è oggi indispensabile. E sto pensando qui, sul mare: dialogo, è indispensabile. Costruire ponti invece di alzare muri. Costruire ponti invece che alzare muri. Tutti i temi, per quanto spinosi siano, hanno soluzioni condivise, hanno soluzioni ragionevoli, eque e durature. E, in ogni caso, non devono mai essere motivo di aggressività, di rancore o inimicizia che aggravano ancor più la situazione e ne rendono più difficile la risoluzione.

La Bolivia sta attraversando un momento storico: la politica, il mondo della cultura, le religioni sono parte di questa bella sfida dell'unità. In questa terra dove lo sfruttamento, l'avidità, i molteplici egoismi e le prospettive settarie hanno oscurato la sua storia, oggi può essere il tempo dell’integrazione. E bisogna camminare su questa strada. Oggi la Bolivia può creare, è capace con la sua ricchezza di creare nuove sintesi culturali. Come sono belli i Paesi che superano la diffidenza malsana e integrano i diversi, e che fanno di questa integrazione un nuovo fattore di sviluppo! Che bello quando sono pieni di spazi che collegano, interagiscono, favoriscono il riconoscimento dell’altro (cfr Esort. ap. Evangelii gaudium, 210)! La Bolivia, nell'integrazione e nella sua ricerca di unità, è chiamata ad essere «questa multiforme armonia che attrae» (ibid., 117), e che attrae sulla strada verso il consolidamento della patria grande.

Tante grazie per la vostra attenzione. Chiedo al Signore che la Bolivia, "questa terra innocente e bella", continui a progredire sempre più per essere la "patria felice dove l'umanità vive il bene della felicità e della pace". Che la Vergine santa vi protegga e che il Signore vi benedica in abbondanza. E per favore, per favore vi chiedo di non dimenticarvi di pregare per me. Grazie!

[01172-IT.02] [Testo originale: Spagnolo]

Traduzione in lingua inglese

Dear Mr President,
Dear Brothers and Sisters,

I am pleased to meet you, the political and civil authorities of Bolivia, the members of the Diplomatic Corps and representatives of the nation’s cultural institutions and volunteer organizations. I am grateful to my brother, Archbishop Edmundo Abastoflor of the Church in La Paz, for his kind welcome. With your permission, I would like to offer a few words of encouragement in support of your work, which is ongoing. And I thank you for the collaboration attested to by your warm welcome, which you are giving me so that I may keep going forward. Thank you very much.

Each of us here shares a calling to work for the common good. Fifty years ago, the Second Vatican Council defined the common good as “the sum of those conditions of social life which allow social groups and their individual members relatively thorough and ready access to their own fulfillment”. I thank you for striving – in your work and your mission – to enable individuals and society to develop and find fulfillment. I am certain that you seek what is beautiful, true and good in your service of the common good. May your efforts contribute to the growth of greater respect for the human person, endowed with basic and inalienable rights or­dered to his or her integral development, and social peace, namely, the stability and security provided by a certain order which cannot be achieved without particular concern for distributive justice (cf. Laudato Si’, 157). In a word, let wealth be shared.

On the way to the Cathedral from the airport, I was able to admire the peaks of Hayna Potosí, the “young mountain”, and Illimani, the mountain which shows “the place where the sun rises”. I also saw the ingenious way in which many houses and neighborhoods blended with the hillsides, and was struck by the architecture of some of these structures. The natural environment is closely related to the social, political and economic environment. It is urgent for all of us to lay the foundations of an integral ecology – this is a question of health – an integral ecology capable of respecting all these human dimensions in resolving the grave social and environmental issues of our time. Otherwise, the glaciers of those mountains will continue to recede, and our sense of gratitude and responsibility with regard to these gifts, our concern for the world we want to leave to future generations, for its meaning and values, will melt just like those glaciers (cf. Laudato Si’, 159-160). And we need be aware of this. An integral ecology – I am going out on a limb here – supposes an ecology of mother earth: taking care of mother earth; with a human ecology: taking care of ourselves; and a social ecology, in the strong sense of the word.

Because everything is related, we need one another. If politics is dominated by financial speculation, or if the economy is ruled solely by a technocratic and utilitarian paradigm concerned with maximum production, we will not grasp, much less resolve, the great problems of humanity. Cultural life has an important role to play in this regard, for it has to do not only with the development of the mind through the sciences and the creation of beauty through the arts, but also esteem for the local traditions of a people – this is also culture – which are so expressive of the milieu in which they arose and emerged, and the milieu which gives them meaning. There is also need for an ethical and moral education which can cultivate solidarity and shared responsibility between individuals. We should acknowledge the specific role of the religions in the development of culture and the benefits which can they can bring to society. We Christians in particular, as disciples of the Good News, are bearers of a message of salvation which has the ability to ennoble and to inspire great ideals. In this way, it leads to ways of acting which transcend individual interest, readiness to make sacrifices for the sake of others, sobriety and other virtues which develop in us the ability to live as one. These virtues which in your culture are expressed so straightforwardly: do not lie, do not steal and do not be lazy.

But we need to be on the alert because it is very easy for us to become accustomed to the atmosphere of inequality all around us, with the result that we take it for granted. Without even being conscious of it, we confuse the “common good” with “prosperity”, and so it goes, sliding bit by bit, and the ideal of the “common good” gets lost, ending up in “prosperity”, especially when we are the ones who enjoy that prosperity, and not the others. Prosperity understood only in terms of material wealth has a tendency to become selfish; it tends to defend private interests, to be unconcerned about others, and to give free rein to consumerism. Understood in this way, prosperity, instead of helping, breeds conflict and social disintegration; as it becomes more prevalent, it opens the door to the evil of corruption, which brings so much discouragement and damage in its wake. The common good, on the other hand, is much more than the sum of individual interests. It moves from “what is best for me” to “what is best for everyone”. It embraces everything which brings a people together: common purpose, shared values, ideas which help us to look beyond our limited individual horizons.

Different social groups have a responsibility to work for unity and the development of society. Freedom is always the best environment for thinkers, civic associations and the communications media to carry out their activities with passion and creativity in service of the common good. Christians too, are called to be a leaven within society, to bring it their message. The light of Christ’s Gospel is not the property of the Church; the Church is at the service of the Gospel: she must serve the Gospel of Christ, so that it can reach the ends of the earth. Faith is a light which does not blind; ideologies blind, the faith does not blind; it is a light which does not confuse, but which illuminates and respectfully guides the consciences and history of every person and society. Respectfully. Christianity has played an important role in shaping the identity of the Bolivian people. Religious freedom – a phrase we often encounter in civil discourse – also reminds us that faith cannot be restricted to a purely subjective experience. It is not a subculture. The challenge for us will be to help foster the growth of spirituality and commitment of the faith, of Christian commitment in social projects, in deepening the common good, through social projects.

Among the various social groups, I would like to mention in particular the family, which is everywhere threatened by many factors: by domestic violence, alcoholism, sexism, drug addiction, unemployment, urban unrest, the abandonment of the elderly, and children left to the streets. These problems often meet with pseudo-solutions which are not healthy for the family, but which show the clear effects of an ideological colonization... Many social problems are resolved in the family, and resolved quietly; there are so many of them. The failure to assist families would leave those who are most vulnerable without protection.

A nation which seeks the common good cannot be closed in on itself; societies are strengthened by networks of relationships. The current problem of immigration makes this clear. These days it is essential to improve diplomatic relations between the countries of the region, in order to avoid conflicts between sister peoples and to advance frank and open dialogue about their problems. And I am thinking here of the sea; dialogue is essential. Instead of raising walls, we need to be building bridges. Building bridges instead of raising walls. All these issues, thorny as they may be, can find shared solutions; solutions which are reasonable, equitable and lasting. And in any event, they should never be a cause for aggressivity, resentment or enmity; these only worsen situations and stand in the way of their resolution.

Bolivia is at an historic crossroads: politics, the world of culture, the religions are all part of this beautiful challenge to grow in unity. In this land whose history has been marred by exploitation, greed and so many forms of selfishness and sectarianism, now is the time for integration. And this is path we have to walk. Today Bolivia is capable, with its wealth, of “creating new forms of cultural synthesis. How beautiful are those cities which overcome paralyzing mistrust, integrate those who are different and make this very integration a new factor of development! How attractive it is when those cities are full of spaces which connect, relate and favor the recognition of others!” (cf. Evangelii Gaudium, 210). Bolivia in its process of integration and its search for unity, is called to be an example of such “multifaceted and inviting harmony” (ibid., 117), a harmony which invites along the path of strengthening the greater country.

I thank you for your attention. I pray to the Lord that Bolivia, “this innocent and beautiful land”, may make ever greater progress towards being “the happy homeland whose people enjoy the blessings of good fortune and peace.” May the Blessed Virgin watch over you, and the Lord bless you abundantly. Please, I ask you, please do not forget to pray for me. Thank you very much.

[01172-EN.02] [Original text: Spanish]

Concluso l’incontro nella Cattedrale di La Paz, il Santo Padre si è trasferito in auto all’aeroporto di El Alto da dove è partito, a bordo di un B737-3000 della Boliviana de Aviación, alla volta di Santa Cruz de la Sierra.

Giunto alle 22.30 all’aeroporto internazionale di Viru Viru, Papa Francesco è stato accolto dall’Arcivescovo di Santa Cruz de la Sierra, S.E. Mons. Sergio Alfredo Gualberti Calandrina e da alcune Autorità locali.
Quindi si è recato in auto alla residenza privata dell’Arcivescovo emerito, Card. Julio Terrazas Sandoval, che funge da Residenza papale durante la permanenza del Santo Padre in Bolivia.

[B0547-XX.02]