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Audiencia general , 03.04.2019

La audiencia general ha tenido lugar esta mañana a las 9:20 en la Plaza de San Pedro donde el Papa Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo.

El Santo Padre ha hablado de su reciente viaje apostólico a Marruecos. Se ha leído un pasaje del Evangelio según San Mateo (13, 33).

Tras resumir su discurso en diversas lenguas, el Santo Padre ha saludado en particular a los grupos de fieles presentes procedentes de todo el mundo. Después ha recordado el VI Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz convocado por las Naciones Unidas y que se celebra próximamente.

La audiencia general ha terminado con el canto del  Pater Noster  y la bendición apostólica.

 

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El sábado y el domingo pasado fui en viaje apostólico a Marruecos, invitado por Su Majestad el Rey Mohammed VI al que renuevo mi gratitud, así como a las demás autoridades marroquíes por su calurosa bienvenida y por toda la colaboración, especialmente al Rey: ha sido tan fraternal, tan amistoso, tan cercano.

Doy gracias sobre todo al Señor, que me ha permitido dar un paso más en el camino del diálogo y el encuentro con los hermanos y hermanas musulmanes, para ser, -como decía el lema del viaje,- "Siervo de la esperanza" en el mundo de hoy. Mi peregrinación ha seguido las huellas de dos santos: Francisco de Asís y Juan Pablo II. Hace 800 años, Francisco llevó el mensaje de paz y fraternidad al sultán al-Malik al-Kamil; en 1985, el Papa Wojtyła realizó su memorable visita a Marruecos, después de haber recibido en el Vaticano,- el primero entre los Jefes de Estado musulmanes-, al Rey Hassan II. Pero algunos podrían preguntarse: ¿Pero por qué el Papa va a ver a los musulmanes y no solo a los católicos? ¿Por qué hay tantas religiones? Con los musulmanes somos descendientes del mismo Padre, Abraham. ¿Por qué Dios permite que haya  tantas religiones? Dios ha querido permitirlo: los teólogos escolásticos se refirieron a la voluntas permissiva de Dios. Quería permitir esta realidad: hay tantas religiones; algunas nacen de la cultura, pero siempre miran al cielo, miran a Dios. Pero lo que Dios quiere es la fraternidad entre nosotros y de manera especial, -aquí está el motivo de este viaje- con nuestros hermanos hijos de Abraham como nosotros, los musulmanes. No debemos tener miedo de la diferencia: Dios lo ha permitido. Debemos tener miedo si no trabajamos en fraternidad, para caminar juntos en la vida.

Servir a la esperanza, en un tiempo como el nuestro, significa, ante todo, construir puentes entre las civilizaciones. Y para mí ha sido una alegría y un honor poder hacerlo con el noble Reino de Marruecos, encontrando a su pueblo y a sus gobernantes. Recordando algunas cumbres internacionales importantes que tuvieron lugar en ese país en los últimos años, reiteramos con el Rey Mohammed VI el papel esencial de las religiones en la defensa de la dignidad humana y la promoción de la paz, la justicia y el cuidado de la creación, que es nuestra casa común. Con  esta perspectiva, también firmamos un llamamiento por Jerusalén junto con el Rey, para que la Ciudad Santa se conserve como  patrimonio de la humanidad y lugar de encuentro pacífico, especialmente para los fieles de las tres religiones monoteístas.

Visité el Mausoleo de Mohammed V, rindiendo tributo a su memoria y a la de  Hassan II, así como el Instituto para la formación de los imanes, predicadores y predicadoras. Este Instituto promueve un Islam respetuoso de las otras religiones y rechaza la violencia y el fundamentalismo, es decir, subraya que todos somos hermanos y debemos trabajar por la fraternidad.

Dediqué una  atención especial a la cuestión de las migraciones, sea hablando con las autoridades, como en el encuentro dedicado específicamente a los migrantes. Algunos de ellos dieron testimonio de que la vida de quienes emigran cambia y vuelve a ser humana cuando encuentran una comunidad que los acoge como personas. Esto es fundamental. Precisamente en Marrakech, Marruecos, el pasado diciembre se ratificó el "Pacto mundial para una migración segura, ordenada y regular". Un paso importante de cara a que la comunidad internacional asuma su responsabilidad. Como Santa Sede, hemos ofrecido nuestra contribución que se resume en cuatro verbos: acoger a los migrantes, proteger a los migrantes, promover a los migrantes e integrar a los migrantes. No se trata de dejar caer desde arriba programas de asistencia social sino de recorrer  juntos un camino a través de estas cuatro acciones, para construir ciudades y países que, al tiempo que conservan sus respectivas identidades culturales y religiosas, estén abiertos a las diferencias y sepan cómo valorarlas en nombre de la fraternidad humana.  La Iglesia en Marruecos está muy comprometida en la cercanía a los migrantes. A mí no me gusta decir migrantes; me  gusta más decir personas migrantes. ¿Sabéis por qué?  Porque migrante es un adjetivo, mientras que el término persona es un sustantivo. Hemos caído en la cultura del adjetivo: usamos muchos adjetivos y a menudo olvidamos los sustantivos, esa es la sustancia. El adjetivo siempre debe estar vinculado a un sustantivo, a una persona; por lo tanto una persona migrante. Entonces hay respeto y no caemos en esta cultura de adjetivos que es demasiado líquida, demasiado gaseosa. La Iglesia en Marruecos, decía, está muy comprometida a estar cerca de las personas migrantes, por lo que quería manifestar mi agradecimiento y alentar a quienes se entregan con generosidad a  su servicio cumpliendo la palabra de Cristo: "Era forastero y me recibisteis" (Mt 25:35 ).

El domingo estuvo dedicado a la comunidad cristiana. En primer lugar, visité el Centro  Rural de Servicios Sociales, administrado por las religiosas Hijas de la Caridad, las mismas que tienen aquí en Santa Marta el dispensario y el ambulatorio para los niños y estas monjas trabajan con la colaboración de numerosos voluntarios, ofrecen varios servicios a la población.

En la catedral de Rabat encontré a los sacerdotes, a las personas consagradas y al Consejo Ecuménico de las Iglesias. Es un pequeño rebaño en Marruecos, y por eso recordé las imágenes evangélicas de la sal, de la  luz y de la levadura (ver Mt 5: 13-16; 13:33) que leímos al comienzo de esta audiencia. Lo que importa no es la cantidad, sino que la sal dé sabor,  que la luz brille y que la levadura tenga la fuerza de hacer  que toda la masa fermente. Y esto no proviene de nosotros, sino de Dios, del Espíritu Santo que nos hace testigos de Cristo allí donde estemos, en un estilo de diálogo y amistad, para vivirlo; ante todo, entre nosotros los cristianos, porque, dice Jesús, "por esto sabrán todos que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros "(Jn 13:35).

Y la alegría de la comunión eclesial encontró su fundamento y  su plena expresión en la Eucaristía dominical, celebrada en un complejo deportivo de la capital. ¡Miles de personas de unas 60 nacionalidades diferentes! Una epifanía singular del Pueblo de Dios en el corazón de un país islámico. La parábola del Padre misericordioso hizo que  brillase en medio de nosotros la belleza del diseño de Dios, que quiere que todos sus hijos participen en su alegría, en la fiesta del perdón y la reconciliación. En esta fiesta entran los que saben reconocerse necesitados de la misericordia del Padre y regocijarse con Él cuando un hermano o una hermana regresan a casa. No es casualidad que allí donde los musulmanes invocan cada día al Clemente y al Misericordioso, haya resonado la gran parábola de la misericordia del Padre. Es así: solo aquellos que renacen y viven en el abrazo de este Padre, solo aquellos que se sienten  hermanos pueden ser servidores de la esperanza en el mundo.

 

Saludos en las diversas lenguas

Saludos en francés

Me complace saludar a los peregrinos de Francia y otros países francófonos, en particular de la Facultad de Derecho Canónico de Lovaina. También saludo a los muchos jóvenes presentes. ¡Qué el Señor nos ayude a ser servidores de la esperanza, allí donde vivimos, convirtiéndonos en constructores de puentes entre los hombres! ¡Dios os bendiga!


Saludos en inglés


Saludo a los peregrinos de habla inglesa presentes en la audiencia de hoy, especialmente los de Inglaterra, Escocia, Irlanda, Australia, China, Filipinas y Estados Unidos de América. Os deseo a todos que el camino de  Cuaresma nos guíe a la Pascua con corazones purificados y renovados por la gracia del Espíritu Santo. ¡Sobre vosotros y vuestras familias invoco el gozo y la paz en Cristo nuestro Redentor!


Saludos en alemán


Una cordial bienvenida a los peregrinos procedentes de países de habla alemana. Dejémonos transformar por la misericordia del Padre, recibiendo en esta Cuaresma su perdón en el sacramento de la confesión. Así nos convertimos en servidores de la esperanza que es Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros los hombres. ¡Que el Espíritu Santo os colme con su fuerza y ​​su alegría!

Saludos en español

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y de Latinoamérica. Pidamos que Dios, el Clemente y Misericordioso —como lo invocan nuestros hermanos y hermanas musulmanes—, impulse el diálogo interreligioso y fomente los lazos de fraternidad que nos unen como hijos de un mismo Dios.

Que el Señor los bendiga.

Saludos en portugués

Extiendo un cordial saludo a los peregrinos de habla portuguesa, en particular a las escuelas portuguesas y a los grupos procedentes de Brasil, con la esperanza de que esta peregrinación sea una oportunidad para que podáis contemplar la belleza de la fe y de la unión con Cristo, para vivir plenamente vuestra vocación cristiana como testigos de la esperanza en el mundo. ¡Dios os bendiga! ¡Gracias!


Saludos en árabe

Doy una calurosa bienvenida a los peregrinos de habla árabe en particular los procedentes de Marruecos y Oriente Medio. Como hijos de Dios, estamos llamados a vivir la fraternidad humana con todos y a ver en cada hermano, especialmente en los necesitados y marginados, el rostro de Cristo Salvador. ¡El Señor os bendiga y os proteja siempre del maligno!

Saludos en polaco

Saludo a los peregrinos polacos. Os agradezco sinceramente las oraciones por mi viaje a Marruecos. Encontrando a cristianos y musulmanes juntos, los alenté de manera especial a la fraternidad, para que se difundiera por todas partes, ya que su fuente es Dios mismo. En los días de Cuaresma, durante vuestros ejercicios espirituales, en las oraciones del Vía Crucis y en otras funciones de Cuaresma, invocad este don de Dios para ellos y para toda la Iglesia. Sed servidores de la esperanza, que el mundo necesita. Os bendigo de todo corazón.


Saludos en italiano

Un cordial saludo a los peregrinos de habla italiana.

Me complace dar la bienvenida a los participantes en el Curso para Rectores y Vicerrectores de Seminarios Mayores en los Territorios de  misión; así como a los del Seminario Internacional de Estudios "La familia como lugar de crecimiento".

Doy la bienvenida a los fieles, junto con los administradores, asociaciones y grupos escolares que participan en el proyecto de paz: "Amicoulivo Albero della Amicizia".(Ámigolivo, árbol de la amistad)

Saludo a los grupos parroquiales, en particular a los de Grosseto, acompañados por el obispo, Mons. Rodolfo Cetoloni, de Fondi, de Filetto y de Gragnano; al Centro Italiano de Formación Profesional Salesiana para Mujeres; al Grupo Scout Agesci, de Villanova di Castenaso y a las  instituciones educativas.

Un pensamiento especial a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados.
La Cuaresma que vivimos favorezca el acercamiento con Dios. Es un tiempo precioso para redescubrir la importancia de la fe en la vida cotidiana que, vivida a través del ejercicio de las obras de misericordia, reaviva en nosotros el amor del Padre y nos hace más conscientes de las necesidades de los que viven momentos difíciles.

Llamamiento del Santo Padre

Recordando el  VI Día Mundial del Deporte para la Paz y el Desarrollo, convocado por las Naciones Unidas, el Santo Padre dijo: “El deporte es un lenguaje universal que abraza a todos los pueblos y contribuye a superar los conflictos y a unir a las personas. El deporte también es fuente de alegría y de grandes emociones, y es una escuela donde se forjan las virtudes para el crecimiento humano y social de las personas y las comunidades. Espero que todos “entren en juego”  en la vida como en el deporte”.