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Audiencia a los Directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias , 01.06.2018

Esta mañana, a las 12:10, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre Francisco ha  recibido en audiencia a los Directores Nacionales de las Obras Misionales Pontificias, con motivo de su asamblea General anual que se celebra del 28 de mayo al 2 de junio en la Fraterna Domus de Sacrofano (Italia).
Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes.

Discurso del Santo Padre

Sr. Cardenal, queridos hermanos y hermanas:

Os recibo  con alegría con motivo de vuestra Asamblea General y saludo a todos cordialmente. Agradezco las palabras de introducción  del cardenal Filoni y saludo al nuevo Presidente de las Obras Misionales Pontificias, Mons. Giampietro Dal Toso, que por primera vez participa en este encuentro anual. A todos expreso un vivo sentido de gratitud por la obra de sensibilización misional del Pueblo de Dios y os aseguro mi recuerdo en la oración.

Tenemos ante nosotros un camino interesante: la preparación del Mes Misional Extraordinario en octubre 2019, que convoqué en la última Jornada Mundial de las Misiones del año 2017.  Os exhorto  a que viváis esta preparación como una gran oportunidad para renovar el compromiso misional de toda la Iglesia También es una ocasión providencial para renovar nuestras Obras Misionales Pontificias. Siempre hay que renovar las cosas: renovar el corazón, renovar las obras, renovar las organizaciones, porque, si no, acabaremos todos en un museo. Tenemos que renovarnos para no acabar en un museo. Conocéis muy bien mi preocupación por el riesgo de que vuestro trabajo se reduzca a  la mera dimensión monetaria de  la ayuda material, -es una auténtica preocupación-  transformándoos en una asociación como tantas otras, aunque estuviera inspirada cristianamente. Esto, indudablemente,  no es lo que querían los fundadores de las Obras Pontificias y el Papa Pío XI cuando las hicieron nacer y las organizaron al servicio del Sucesor de Pedro.  Por eso he vuelto a proponer,  como oportuna y urgente para la renovación de la conciencia misionera de toda la Iglesia hoy, una intuición grande y valiente del Papa Benedicto XV, que figura en su carta apostólica Maximum illud: es decir, la necesidad de volver a recalificar evangélicamente la misión de la Iglesia en el mundo.

Este objetivo común puede y debe ayudar a las Obras Misionales Pontificias a vivir una fuerte comunión de espíritu, de colaboración recíproca y apoyo mutuo. Si la renovación será auténtica, creativa y efectiva, la reforma de vuestras Obras consistirá en una verdadera refundación, una recalificación según las exigencias del Evangelio. No se trata simplemente de replantear las motivaciones para mejorar lo que ya se hace. La conversión misional de las estructuras de la Iglesia (cf. Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, 27) requiere santidad personal y creatividad espiritual. Por lo tanto  no se trata solo de  renovar el viejo, sino de permitir que el Espíritu Santo cree lo nuevo. No nosotros, el Espíritu Santo. Dar espacio al Espíritu Santo, permitir que el Espíritu Santo cree lo nuevo, haga nuevas todas las cosas (cf. Sal 104,30; Mt 9:17; 2 Pedro 3:13; Ap 21,5). Él es el protagonista de la misión: Él es el “jefe de oficina” de las Obras Misionales Pontificias. No tengáis miedo de las novedades que provienen del Señor Crucificado y Resucitado: Son hermosas estas novedades. ¡Tened miedo de otras novedades: no van bien! Esas que no vienen de allí. Sed audaces y valientes en la misión, colaborando con el Espíritu Santo siempre en comunión con la Iglesia de Cristo (cf. ibíd., N. Gaudete et Exsultate, 131). Y esta audacia significa ir con valor, con el fervor de los primeros que anunciaron el Evangelio. Que vuestro libro habitual de oración y de meditación sean los Hechos de los Apóstoles. Id allí y encontrad la inspiración. Y el protagonista de ese libro es el Espíritu Santo.

¿Qué puede significar para vosotros Obras Pontificias, que junto con la Congregación para la Evangelización de los Pueblos estáis preparando el Mes Misional Extraordinario recalificaros evangélicamente? Creo que signifique simplemente una conversión misionera Necesitamos recalificarnos –la intuición de Benedicto XV- , de recalificarnos partiendo de la misión de Jesús, recalificar  el esfuerzo de recogida y distribución de las ayudas materiales a la luz de la misión y de la formación que ésta requiere, para que la sensibilidad, la conciencia y la responsabilidad misionera vuelvan a formar parte de la vivencia  cotidiana de todo el santo Pueblo fiel de Dios.

"Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo". Este es el tema que hemos elegido para el Mes Misional de octubre de 2019 y que subraya que el envío  para la misión es una llamada inherente al Bautismo y es de todos los bautizados. Así,  la misión es envío para la salvación que obra la conversión del enviado y del destinatario: ¡Nuestra vida es, en Cristo, una misión! Nosotros mismos somos  misión porque somos amor de Dios comunicado, somos santidad de Dios creada a su imagen. La misión es por lo tanto nuestra santificación y  la del mundo entero, desde la creación (véase Efesios 1: 3-6). La dimensión misional de nuestro Bautismo se traduce así en testimonio de santidad que da vida y belleza al mundo.

Renovar las Obras Misionales Pontificias significa, por lo tanto, preocuparse, con un compromiso serio y valiente, por  la santidad de cada uno y de la Iglesia como familia y comunidad. Os pido que renovéis con creatividad la naturaleza y la acción de las OMP, poniéndolas al servicio de la misión, para que el centro de nuestras preocupaciones sea la santidad de la vida de los discípulos misioneros. En efecto, para colaborar en la salvación del mundo, hace falta amarlo (cf. Jn 3,16) y estar dispuestos a dar la vida al servicio de Cristo, único Salvador del mundo. No tenemos un producto para vender, - no tiene nada que ver aquí el proselitismo, no tenemos un producto para vender- sino una vida para comunicar: ¡Dios, su vida divina, su amor misericordioso, su santidad! Y es el Espíritu Santo quien nos envía, nos acompaña, nos inspira: es Él el autor de la misión. Es Él quien lleva adelante la Iglesia, no nosotros. Ni tampoco la institución Obras Misionales Pontificias. ¿Dejo que Él –podemos preguntarnos- dejo que Él sea el protagonista? ¿O quiero domesticarlo, enjaularlo en las tantas estructuras mundanas que, al final, nos llevan a concebir las Obras Misionales Pontificias como una firma, una empresa, algo nuestro, pero con la bendición de Dios? No, así no va. Tenemos que preguntarnos: ¿Dejo que sea Él o lo enjaulo? Él, el Espíritu Santo, hace todo; nosotros somos solamente siervos suyos.

Como ya sabéis en octubre de 2019, Mes Misional Extraordinario, celebraremos el Sínodo para Amazonia. Dando escucha a las preocupaciones de muchos fieles, laicos y pastores, he querido que nos encontremos para rezar y reflexionar sobre los desafíos de la evangelización de estas tierras de América Meridional  donde viven  Iglesias locales importantes. Me urge que esta coincidencia nos ayude a mantener la mirada fija en Jesucristo, a la hora de hacer frente a los problemas, retos, riquezas y  pobrezas; que nos ayude a renovar nuestro compromiso de servicio al Evangelio para la salvación de los hombres y las mujeres que viven en esas tierras. Oremos para que el Sínodo para la Amazonia pueda recalificar evangélicamente la misión, también en esta  región del mundo sometida a pruebas tan duras,  explotada injustamente y  necesitada de la salvación de Jesús.

María, cuando fue a casa de su prima, Isabel, no lo hizo como un gesto propio, como misionera. Fue como una sierva de aquel Señor que llevaba en su seno: no dijo nada de ella misma, solamente llevó a su hijo y alabó a Dios. Hay algo que es verdad: iba deprisa. Ella nos enseña esta prisa fiel, esta espiritualidad de la prisa. La prisa de la fidelidad y de la adoración. No era la protagonista, sino la sierva del único protagonista de la misión. Y que este icono nos ayude. Gracias.