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Visita pastoral a la parroquia romana de San Paolo della Croce en Corviale, 15.04.2018

Homilía del Santo Padre
Encuentro con los niños
Encuentro con los ancianos y los pobres
Saludo de despedida del Santo Padre

Hoy,  III Domingo de Pascua, el Santo Padre Francisco fue en visita pastoral a la parroquia romana de San Paolo della Croce en Corviale.

A su llegada a las 15.40, el Papa fue recibido por el arzobispo Angelo de Donatis, vicario general de la diócesis de Roma, por S.E. Mons. Paolo Selvadagi, obispo auxiliar para el sector Oeste, por el párroco, Don Roberto Cassano, por el vicario cooperador Don Gabriele Petreni; y por dos colaboradores de la parroquia.

En el pequeño campo de fútbol, el Papa Francisco se encontró con los niños del catecismo y sus familias y habló con cuatro de ellos. Sucesivamente en el salón parroquial, el Papa se encontró con un numeroso grupo de ancianos y pobres. Luego saludó a los representantes de las asociaciones locales. Más tarde, en un aula de catecismo, el Papa Francisco se encontró con los reclusos comprometidos en un programa de reintegración social a través del trabajo artesanal. Finalmente confesó algunos penitentes. A las 17,20 el Santo Padre presidió la Misa en la iglesia parroquial. Representantes de la XXXI prefectura y algunos sacerdotes amigos de la comunidad concelebraron con el Papa. Después de la proclamación del Evangelio, el Papa Francisco pronunció una homilía improvisada.

Al final, el párroco pronunció un discurso de bienvenida al Santo Padre y, después del intercambio de regalos, el Papa regresó al Vaticano.

Siguen la transcripción de la homilía y los textos de las palabras  pronunciadas por el  Papa en  las diversas reuniones durante la visita a la parroquia:

Homilía del Santo Padre

Los discípulos sabían que Jesús había resucitado porque se lo había dicho María Magdalena por la mañana; luego lo vio Pedro; después los discípulos que habían regresado de Emaús contaron su encuentro con Jesús resucitado. Lo sabían: ha resucitado y vive. Pero esa verdad no había entrado en sus corazones. Sí, sabían esa verdad, pero dudaban.  Tal vez preferían tener esa verdad en sus mentes. Es menos peligroso tener una verdad en la mente que tenerla en el corazón. Es menos peligroso.

Estaban todos reunidos y apareció el Señor. Y primero se asustaron y pensaron que era un fantasma. Pero el mismo Jesús les dijo: "No, miradme, tocadme". Mirad las llagas. Un fantasma no tiene cuerpo: ¡Mirad, soy yo! ". Pero ¿por qué no creían? ¿Por qué dudaban? Hay una palabra en el Evangelio que nos da la explicación: "Pero por alegría, todavía no creían y estaban llenos de asombro ...". Por alegría, no podían creer. ¡Esa alegría era tanta! Si esto es verdad, ¡es una inmensa alegría! "Ah, no me lo creo". No puedo ". No podían creer que hubiera tanta alegría; la alegría que lleva a Cristo

También nos pasa a nosotros  cuando nos dan  una buena noticia. Antes de recibirla en el corazón, decimos: "¿Es verdad? ¿Pero cómo lo sabes? ¿Dónde lo escuchaste? ". Lo hacemos para estar seguros, porque si es cierto, es una gran alegría. ¡Lo que a nosotros  nos sucede en lo pequeño, imagináis a los discípulos! Era tanta la  alegría que era mejor decir: "No, no lo creo". ¡Pero estaba allí! Sí, pero no podían. No podían aceptar; no podían dejar pasar al corazón la verdad que veían. Y al final, obviamente,  creyeron. Y esta es la "juventud renovada" que el Señor nos da. En la oración de colecta hablamos de ello: la "juventud renovada". Estamos acostumbrados a envejecer con el pecado ... El pecado envejece el corazón, siempre. Te hace un corazón duro, viejo y cansado. El pecado cansa el corazón y perdemos un poco de fe en Cristo resucitado: "No, no creo ... Sería una alegría tan grande ... Sí, sí, él está vivo, pero está en el cielo por sus asuntos ...". ¡Pero sus asuntos soy yo! ¡Cada uno de nosotros! Pero no somos capaces de darnos cuenta.

En la segunda lectura, el apóstol Juan dice: "Si alguien ha pecado, tenemos un abogado ante el Padre". No tengáis miedo, él perdona. Él nos renueva.  El pecado nos envejece, pero Jesús, resucitado, vivo, nos renueva. Esta es la fuerza de Jesús resucitado. Cuando nos acercamos al sacramento de la Penitencia, es para renovarnos, para  rejuvenecer Y esto lo hace Jesús resucitado. Es  Jesús resucitado el que está hoy entre nosotros: él estará aquí en el altar; está en la Palabra ... Y en el altar estará así: ¡resucitado! Es Cristo quien quiere defendernos, el Abogado, cuando hemos pecado, para rejuvenecernos.

Hermanos y hermanas, pidamos la gracia de creer que Cristo está vivo, ¡ha resucitado! Esta es nuestra fe, y si creemos esto, otras cosas son secundarias. Esta es nuestra vida, esta es nuestra verdadera juventud. La victoria de Cristo sobre la muerte, la victoria de Cristo sobre el pecado. Cristo está vivo. "Sí, sí, ahora haré comulgaré...". Pero cuando comulgas ¿estás seguro de que Cristo está vivo allí, ha resucitado? "Sí, es un poco de pan bendito ..."No, ¡es Jesús!” Cristo está vivo, ha resucitado en medio de nosotros y si no lo creemos, nunca seremos buenos cristianos, no podremos serlo ".

“Pero  porque  no creían por la alegría y estaban llenos de asombro". Pidamos al Señor la gracia de que la alegría no nos impida creer, la gracia de tocar al Jesús resucitado: tocarlo en el encuentro mediante la oración; en el encuentro a través de los sacramentos; en el encuentro con su perdón, que es la juventud renovada de la Iglesia; en el encuentro con los enfermos, cuando vamos a visitarlos, con los presos, con los más necesitados, con los niños, con los ancianos. Si sentimos el deseo de hacer algo bueno, es Jesús resucitado el que nos empuja a ello. Siempre es la alegría, la alegría lo que nos hace jóvenes.

Pidamos la gracia de ser una comunidad alegre, porque cada uno de nosotros está seguro, tiene fe, ha encontrado a Cristo Resucitado.

 

Encuentro con los niños

I.Leonardo

¡Hola Papa Francisco!

Quería saber una cosa, ¿cuál es tu paso del Evangelio preferido? ¿Por qué?

Papa Francisco:

¿Cómo te llamas?

Leonardo:

Leonardo

Papa Francisco:

Leonardo. Muy bien Leonardo. El Evangelio está lleno de pasajes hermosos. Pero tú me preguntaste cuál es el preferido. Yo te contestaré a condición de que cuando volváis a casa, busquéis en el Evangelio el pasaje y lo leáis. ¿Prometido?

Niños:

¡Sí!

Papa Francisco:

¿Todos?

Niños:

¡Sí!

Papa Francisco:

Un pasaje que me gusta mucho es el del Evangelio según Mateo, cuando Jesús encuentra a ese hombre de negocios, ese traidor de la patria que se llamaba Mateo. Estaba justo a la puerta de la ciudad, agarrado al dinero, y cobraba los impuestos a los turistas. ¿Vosotros habéis pagado algún impuesto para entrar aquí?

Niños:

¡No!

Papa Francesco:

¡No! Supongo que no hay ningún Mateo aquí, ¡gracias a Dios! No os hacen pagar la entrada. Está bien. Y ese hombre era un traidor de la patria porque pagaba impuestos y los daba al ejército que ocupaba Palestina en aquella época- era el ejército romano-; se los daba a los romanos. Y este es un pecado feo, ¿no? ¡Pero qué feo! ¡Una persona tacaña es una mala persona! Pero este más, porque se había olvidado de su pertenencia a la patria; cada vez que cobraba impuesto a cada uno, vendía la patria. Y Jesús pasa – todos despreciaban a esta gente – Jesús pasa, lo mira y le dice “Levántate, ven.” Este hombre no se lo podía creer. Un hombre despreciado, traidor, pecador...Y ese hombre se levantó y siguió a Jesús.

¿Por qué me gusta? – la segunda pregunta- porque allí se ve la capacidad que tiene Jesús de cambiar un corazón. Y este era uno de los peores, pero Jesús consiguió cambiarlo. Quizás vosotros conozcáis personas que dicen: “Ah yo nunca podré ser bueno, porque tengo muchas cosas a la espalda, nunca podré cambiar...”. Y Jesús es capaz de cambiar al más malo y hacer de él un evangelista, un apóstol y un santo. Por esta razón me gusta mucho este pasaje del Evangelio, porque se ve la fuerza que tiene Jesús para cambiar nuestros corazones, para hacerlos buenos. No os olvidéis de la promesa: ¿cuál era la promesa?

Niños:

Leer el Evangelio.

Papa Francisco:

¡Pero no entero! Leer ese pasaje. Lo buscas. Este de Mateo, se llamó Mateo, pero se llamaba Levi en ese momento. Levi, Mateo. Buscadlo, leedlo a casa y decid “Pero mira este,mira este...”. Es hermoso. Gracias Leonardo, ¡gracias!

II.Carlotta:

¡Hola Papa Francisco! Cuando nosotros recibimos el Bautismo nos volvemos hijos de Dios y las personas que no son bautizadas, ¿no son hijas de Dios?

Papa Francisco:

Quédate ahí. ¿Cómo te llamas?

Carlotta:

Carlotta.

Papa Francisco:

Carlotta. Dime Carlotta, te pregunto a tí: ¿tú qué piensas? La gente que no está bautizada, ¿es hija de Dios o no es hija de Dios? ¿Qué te dice tu corazón?

Carlotta:

Sí.

Papa Francisco:

Sí. Pues ahora explícalo. Ha contestado bien, ¡tiene olfato cristiano, esta! Todos somos hijos de Dios. Todos, todos. ¿También los que no están bautizados? Sí. ¿También los que creen en otras religiones, lejanos, que tienen ídolos? Sí, son hijos de Dios. ¿También los mafiosos son hijos de Dios? ...No estáis seguros...Sí, también los mafiosos son hijos de Dios. Prefieren comportarse como hijos del diablo, pero son hijos de Dios. Todos, todos son hijos de Dios, todos. ¿Pero cuál es la diferencia? Dios creó a todos, amó a todos y a todos les puso en el corazón la conciencia para reconocer el bien y distinguirlo del mal. Todos los hombres tienen esto. Saben, perciben lo que es bueno y lo que es sano; también las personas que no conocen a Jesús, que no conocen el cristianismo, todos tienen esto en el alma, porque esto lo sembró Dios. Pero cuando tu has sido bautizada, en esa conciencia entró el Espíritu Santo y renforzó tu pertenencia a Dios y de esa manera tú te has vuelto aún más hija de Dios, porque eres hija de Dios como todos, pero también con la fuerza del Espíritu Santo que entró dentro de ti. ¿Has entendido, Carlota? Pregunto –  que contesten todos - : ¿todos los hombres son hijos de Dios?

Niños:

¡Sí!

Papa Francisco:

Las personas buenas, ¿son hijas de Dios?

Niños:

¡Sí!

Papa Francisco:

Las personas malas, ¿son hijas de Dios?

Niños:

¡Sí!

Papa Francisco:

Sì. Las personas que no conocen a Jesús y tienen otras religiones lejanas, tienen ídolos, ¿son hijas de Dios?

Niños:

¡Sí!

Papa Francisco:

Los mafiosos, ¿son hijos de Dios?

Niños:

¡Sí!

Papa Francisco:

¡Y tenemos que rezar para que vuelvan y reconozcan realmente a Dios! Que nadie conteste ahora, sino que conteste en su corazón: ¿quién de entre vosotros reza por los mafiosos, para que se conviertan? Que cada uno conteste en su corazón. Además, cuandos nos bautizamos, ¿quién entra en nuestro corazón?...¡Más fuerte!

Niños:

¡El Espíritu Santo!

Papa Francisco:

¡Muy bien! Eres muy bueno tú. ¿Cómo te llamas?

Lorenzo:

Lorenzo.

Papa Francisco:

¡Muy bien Lorenzo! Entra el Espíritu Santo, y este Espíritu Santo nos hace aún más hijos de Dios, nos da más fuerza para comportarnos como hijos de Dios. Por esta razón San Pablo tiene una frase y a mí me gustaría que vosotros la digáis como yo. Dice: “No entristezcáis al Espíritu Santo que hay en vosotros”. ¿Por qué dice esa frase? Porque un cristiano, un bautizado que se comporta mal, entristece al Espíritu Santo que hay en nosotros. La frase es esta: “No entristezcáis al Espíritu Santo que hay en ti”. ¿La decimos?

Papa Francisco junto con los niños:

No entristezcas al Espíritu Santo que hay en ti.

Papa Francisco:

¡Otra vez!

Papa Francisco junto con los niños:

No entristezcas al Espíritu Santo que hay en tí.

Papa Francisco:

Y nosotros, hijos de Dios, que con el Bautismo tenemos al Espíritu Santo dentro, cuando nos comportamos mal, cuando pecamos, entristecemos al Espíritu Santo que hay en nosotros. ¡Gracias Carlotta!

III.Edoardo

Querido Papa Francisco, ¿cómo te sentiste cuando te eligieron Papa?

Papa Francisco:

¿Cómo te llamas?

Edoardo:

Edoardo.

Papa Francisco:

Edoardo, bien. Solo sentí que Dios quería eso, me levanté y seguí adelante. No sentí nada espectacular, pero tal vez, esta respuesta parezca un poco aburrida, pero no sentí miedo, no sentí una alegría particular. Sentí que el Señor quería eso y seguí adelante, Edoardo. El Señor  llama muchas veces. Yo saludé a uno de vosotros que está en búsqueda vocacional porque siente que el Señor le dice algo dentro. Pero cuando el Señor llama y te dice: "Ahora ve por allí, por esa parte", te da la paz. Esto es lo que uno siente cuando hay un verdadera llamada del Señor: la paz. Sentí paz. Gracias, Edoardo.

IV. Emanuele:

No puedo hacerlo! ...

Papa Francisco:

¡Ven, ven a mí, Emanuele! Ven a mí y dímela al oído. Dímela al oído. Ven, ven, ven a mí.

[Emanuele va al Papa Francisco y le hace la pregunta al oído]

Papa Francisco:

Ojalá todos nosotros, pudiéramos llorar como Emanuele cuando tenemos un dolor como lo tiene él en el corazón. Lloró por su padre y tuvo el coraje de hacerlo frente a nosotros, porque en su corazón hay amor por su padre. Pedí a Emanuele el permiso para decir la pregunta en público y me dijo que sí. Por esta razón la diré: "Hace poco tiempo, mi padre murió. Era un ateo, pero hizo bautizar a sus cuatro hijos. Era un hombre bueno. ¿Está en el Cielo papá?" Qué bonito que un hijo diga de su padre: “Él era bueno”. Hermoso testimonio de ese hombre que dio a sus hijos, porque sus hijos podrán decir: "Era un hombre bueno". Es un hermoso testimonio del hijo que heredó la fuerza de su padre y, además, tuvo el coraje de llorar delante de todos nosotros. Si ese hombre fue capaz de criar  unos hijos así, es cierto, era un hombre bueno. Él era un hombre bueno. Ese hombre no tenía el don de la fe, no era creyente, pero hizo bautizar a sus hijos. Él tenía buen corazón. Y él tiene la duda de que su padre, por no haber sido un creyente, no está en el Cielo. El que dice quiénes van al Cielo es Dios. Pero, ¿cómo es el corazón de Dios frente a un padre así? ¿Cómo es? ¿Cómo os parece a vosotros? ... ¡Un corazón de papá! Dios tiene el corazón de un papá. Y ante un padre no creyente, que fue capaz de bautizar a sus hijos y dar esa habilidad a sus hijos, ¿creéis que Dios podría dejarlo muy lejos de Él? ¿Creéis esto? ... Fuerte, con coraje ...

Todos:

¡No!

Papa Francisco:

¿Dios abandona a sus hijos?

Todos:

¡No!

Papa Francisco:

¿Dios abandona a sus hijos cuando son buenos?

Todos:

¡No!

Papa Francisco:

Aquí, Emanuele, esta es la respuesta. Dios seguramente estaba orgulloso de tu padre, porque es más fácil ser creyente y bautizar a los hijos, que bautizarlos no siendo creyente. Seguramente esto a Dios le gustó mucho. Habla con tu padre, reza a tu padre. Gracias Emanuele por tu valor.

Hablamos del papá y nuestro padre es Dios. Todos rezamos a nuestro padre, Dios.

"Padre nuestro ...".

Y ahora os daré la bendición. Que cada uno de vosotros piense en las personas que ama, en las personas que quiere, en las personas que lo aman e incluso en los que no queremos o que son un poco "enemigos". También recemos por ellos, para que el Señor también los bendiga. Que él nos bendiga a todos e ilumine el corazón.

[Bendición]

 

Encuentro con los ancianos y los pobres

Párroco:

Santidad,  nos encontramos - parafraseando a San Lorenzo- con el  tesoro de San Pablo de la Cruz, nuestra parroquia: los pobres y los ancianos. Tenemos 100 familias a las que cada mes ayudamos con el paquete mensual,  también gracias al apoyo de los Caballeros de Malta, que se encargan de ayudar a los más pobres; les ayudamos, cuando es posible, en todas las formas materiales, facturas y cosas así, pero también en las inmateriales, por ejemplo: una  necesidad desde el punto de vista psicológico, cuando es el caso, o simplemente una charla, porque uno de los principales problemas de esta parroquia es la soledad de las personas mayores. Y ya que es un barrio que se está volviendo anciano, son la mayoría.

Desgraciadamente, solo cabían unos representantes: estos son solo 100.

A Usted la palabra, Santidad.

Papa Francisco:

Estuve con los jóvenes: eran inquietos, hacían preguntas. Ahora estoy con vosotros, que estáis más tranquilos ... Seguís adelante despacio, porque la vida os ha enseñado, tenéis experiencia. Alguien dice que los jóvenes corren, pero los ancianos saben, conocen el camino. Y vosotros conocéis los caminos de la vida: muchos caminos buenos, [otros] no tan buenos, y también los sufrimientos, las privaciones ... El Señor os quiere, y ​​lo que la parroquia hace con vosotros es un deber, es un deber . Porque los que más lo necesitan están en el centro de la parroquia y en el centro del Evangelio. Y por esto  me gusta lo que dijo el párroco sobre el trabajo que está haciendo con vosotros. Sé que cada uno de vosotros tiene muchos problemas, o enfermedades, o penas, o problemas espirituales, de familia, muchas cosas que todos sabemos. Todos tienen su propio dolor, su propio flagelo, todos. Pero que esto no os quite la esperanza y no os quite la alegría, porque Jesús vino a "pagar" nuestras llagas con sus llagas. Y esto es la alegría: Jesús pagó por nosotros, está cerca de nosotros, nos ama y cuando estemos con nuestro dolor, con nuestros problemas pensemos en los problemas y en los dolores de Jesús, con los que quiso pagar por todos nosotros; y sigamos adelante. Y también hagamos algo bueno para los demás: todos podemos hacer el bien, todos. Empezando por la oración por los demás y también haciendo el bien a los demás. Todos. Y hagámoslo con alegría, la alegría de ser cristianos. Gracias por  haber venido a la parroquia. El párroco dijo que vosotros sois el tesoro de la parroquia. ¡Adelante!

Oremos la Virgen para que guarde este tesoro.

"Ave María ..."

[Bendición]

Y rezad por mí, ¡por favor! ¡Pero rezad en favor, y no en contra! [ríe, ríen]

Saludo de despedida del Santo Padre

Muchas gracias por vuestra compañía, por  haber estado ahí. Gracias.

Muchas gracias por la acogida y por las cosas que me habéis enseñado hoy. Os llevo en el corazón y os prometo rezar; y también os pido que recéis.

Y sigamos adelante, sigamos adelante. Todos necesitamos el uno del otro, todos. Juntos, adelante. ¿Pecados? Todos tenemos. ¿Ganas de servir a Jesús y ser buenos? Todos tenemos. Sigamos adelante. El Señor siempre nos espera con amor, con misericordia  para hacernos más jóvenes.

Ahora, si queréis, recemos a la Vírgen y luego os doy mi bendición.

"Ave María ..."

[Bendición]

Buenas noches!