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Audiencia a la “Communauté de l’Emmanuel”, 07.04.2018

El Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia esta mañana, a las  11,35, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, a los miembros de la  Communauté de l’Emmanuel, con motivo de su encuentro anual que este año tiene lugar en Roma. Sigue el discurso dirigido por el Papa a los presentes en el acto.

Discurso del Santo Padre

Queridos amigos,

Me alegra recibiros con motivo de vuestro encuentro anual, que se celebra esta vez en Roma. Esta peregrinación es el signo de la plena participación de la Comunidad  del Emmanuel en la comunión de toda la Iglesia Católica. También es para mí una oportunidad para agradeceros vuestra fidelidad y  vuestro apego al Sucesor de Pedro, para expresaros el aprecio con que miro vuestro compromiso misionero, presente ya  en todos los continentes , y para alentaros a la perseverancia en el futuro.

Este futuro está marcado por el reciente reconocimiento de la Asociación clerical de la Comunidad del Emmanuel, el pasado 15 de agosto, estructura considerada oportuna a causa de las numerosas vocaciones suscitadas por el carisma del Emmanuel y para una mayor fecundidad de la evangelización. Lejos de aislar a los sacerdotes de  los otros miembros de la comunidad, laicos o religiosos, espero que ese reconocimiento, por el contrario, vivifique  la hermosa comunión entre los estados de vida de los que hacéis experiencia desde hace más de 40 años en la complementariedad de las diferentes vocaciones. Invito también a vuestras comunidades a mantener un vínculo cada vez más estrecho con esa realidad tan rica de la parroquia del lugar, y a que se integren gustosamente en la pastoral orgánica de la Iglesia particular (cf. ibíd., N. Evangelii gaudium, 29).

El carisma de la Comunidad del Emmanuel está inscrito en su nombre: Emmanuel, Dios con nosotros. Esencialmente, es desde la contemplación del misterio de la encarnación, en particular de la adoración eucarística, donde brota vuestro dinamismo misionero para anunciar la Buena Nueva a todos aquellos a quienes Jesús ofrece su amistad. Os aliento a que hagáis descubrir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, dondequiera que el Espíritu os envíe, la Misericordia de Dios que nos amó hasta el punto de habitar entre nosotros. Esta misericordia del Señor, siempre presente cerca de su pueblo, debe proponerse con un entusiasmo nuevo a través de una pastoral renovada, con el fin de llegar a los corazones de la personas y animarlas a encontrar su camino de vuelta al Padre (cf. Bula Misericordiae Vultus, 15) . Ojalá, que allí  donde esté presente vuestra Comunidad, se manifieste la Misericordia del Padre, especialmente hacia los más pobres, en el corazón o en el cuerpo, curando sus heridas con el consuelo del Evangelio, con la solidaridad y la debida atención (ibid.) .

Queridos amigos, la Comunidad del Emmanuel, desde sus orígenes, ha sabido expresar un dinamismo verdadero para anunciar la Buena Nueva de una manera viva y alegre. Os exhorto a permanecer enraizados en Cristo a través de una vida interior sólida y confiando en el Espíritu Santo, que  sale en ayuda  de nuestra fragilidad y nos sana de todo lo que debilita nuestro compromiso misionero; a atesorar en el corazón este ardiente deseo de transmitir la alegría del Evangelio a quienes no lo conocen o lo han perdido; a ser protagonistas de la "Iglesia en salida" que está en la cima de mis deseos. ¡La Iglesia cuenta con vosotros, con vuestra fidelidad a la Palabra, con vuestra disponibilidad para el servicio y testimonio de vidas transformadas por el Espíritu Santo!" (Discurso en la Vigilia de Pentecostés, 3 de junio de 2017).

Junto a vosotros doy gracias por todo el camino que habéis recorrido bajo el impulso del Espíritu Santo, que quiere que estemos constantemente en marcha; y os invito a permanecer siempre a su escucha, porque no hay mayor libertad que la de dejarse guiar por el Espíritu y permitirle que nos ilumine y nos guíe a donde elija.

Os encomiendo a todos a la intercesión de la Virgen María, pidiéndole que guíe vuestros pasos y sostenga vuestros esfuerzos. Os bendigo, y por favor no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.