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Audiencia a los miembros de la Asociación Teológica Italiana, 29.12.2017

A las 11.50 de esta mañana, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre Francisco ha recibido  en audiencia a los miembros de la Asociación Teológica Italiana con motivo del 50 aniversario de su fundación.

Publicamos a continuación el discurso que el Papa ha dirigido a los presentes en el encuentro:

Discurso del Santo Padre
Queridos hermanos y hermanas:

Os doy la bienvenida y agradezco las palabras de vuestro presidente. En estos días estamos inmersos en la contemplación gozosa del misterio de nuestro Dios, que se ha involucrado y comprometido tanto con nuestra pobre humanidad, hasta enviarnos a su Hijo y asumir en Él  nuestra carne frágil. Cada pensamiento teológico cristiano no puede sino comenzar incesantemente desde aquí, en una reflexión  que nunca agotará la fuente viviente del amor divino, que se ha dejado tocar, mirar y gustar en  el pesebre de Belén.
En 2017, la Asociación Teológica Italiana cumple medio siglo. Me complace unirme a vosotros para dar gracias al Señor por aquellos que tuvieron el valor, hace cincuenta años, de tomar la iniciativa de dar vida a la Asociación Teológica Italiana; por  los  que se han unido en este tiempo, ofreciendo su presencia, su inteligencia y el esfuerzo de una reflexión libre y responsable; y sobre todo por la contribución que vuestra  Asociación ha dado al desarrollo teológico y a la vida de la Iglesia, con una investigación que siempre se ha propuesto, -con el esfuerzo crítico que le compete- estar en armonía con las etapas y desafíos fundamentales de la vida eclesial italiana.


Es de destacar que la Asociación Teológica Italiana nació, como se afirma en el primer artículo de su Estatuto, "en el espíritu de servicio y comunión indicado por el Concilio Ecuménico Vaticano II". La Iglesia siempre debe referirse a ese evento, con el que comenzó "una nueva etapa de evangelización" (Bula Misericordiae vultus, 4) y con el  que asumió la responsabilidad de proclamar el Evangelio de una manera nueva , más apropiada  a un mundo y una cultura profundamente transformados. Es evidente que este esfuerzo exige que toda la Iglesia, y los teólogos en particular, lo reciban  a la enseña de la "fidelidad creativa": conscientes  de que en estos 50 años ha habido más cambios y  de la confianza en que  el Evangelio puede seguir tocando también a las mujeres y los hombres de hoy. Por lo tanto, os pido que continuéis siendo fieles y  estando anclados,  en vuestro  trabajo teológico, al Concilio y a la capacidad que la Iglesia mostró allí para dejarse fecundar  por la novedad perenne del Evangelio de Cristo; así como habéis hecho, además, en estas décadas, como se evidencia en los temas que habéis elegido y discutido en los congresos y cursos de actualización, así como en el reciente y poderoso trabajo de comentarios sobre todos los documentos del Vaticano II.
En particular, es un claro fruto del Concilio y una riqueza que no se debe dispersar  el hecho de que hayáis advertido  y sigáis  sintiendo la necesidad de "hacer teología juntos", como una Asociación, que cuenta hoy con más de 330 teólogos. Este aspecto es un dato de estilo, que ya expresa algo esencial de la Verdad al servicio de la cual surge la teología. De hecho, no podemos pensar en servir a la Verdad de un Dios que es Amor, comunión eterna del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y cuyo plan salvador es el de la comunión de los hombres con Él y con los demás, haciéndolo de manera individualista. , particularista o, peor aún, en una lógica competitiva. La de los teólogos no puede por menos que ser  una búsqueda personal; pero  de personas que están inmersas en una comunidad teológica lo más amplia posible, de la cual se sienten y en realidad son parte, involucradas en vínculos  de solidaridad y también de amistad auténtica. ¡Este no es un aspecto accesorio del ministerio teológico!

Un ministerio del cual hoy en día sigue habiendo una gran necesidad en la Iglesia. Es cierto que para ser auténticamente creyentes no es necesario haber  hecho cursos académicos de teología. Existe un  sentido de la realidad de la  fe que pertenece a todo el pueblo de Dios, incluso a aquellos que no tienen medios intelectuales particulares para expresarla, y que pide ser interceptado y escuchado. Pienso en el famoso infalible in credendo : tenemos que ir allí con frecuencia, y también hay personas muy simples que saben cómo agudizar los "ojos de la fe". Es en esta fe viva del pueblo santo y fiel de Dios que todo teólogo debe sentirse inmerso y de la cual también debe saberse sostenido, transportado y abrazado. Esto no significa, sin embargo, que  no haya siempre  necesidad de un trabajo teológico específico mediante el cual, como decía el santo doctor Buenaventura, se pueda llegar al credibile ut intelligibile, a lo que se cree porque se entiende. Es una exigencia de la plena humanidad de los  mismos creyentes, en primer lugar, para que  nuestro creer sea plenamente  humano y no escape  a la sed de conciencia y comprensión, lo más profunda y más amplia posible, de lo que creemos. Y es un requisito de la comunicación de la fe, para que demuestre siempre  y en todas partes que no solo no mutila lo que es humano, sino que siempre se presenta como un llamado a la libertad de las personas.
Sobre todo en el deseo y en la perspectiva de una Iglesia en salida misionera  el ministerio teológico es particularmente importante y urgente en esta coyuntura histórica . De hecho, una Iglesia que se replantea así  se preocupa, como dije en Evangelii gaudium, de  dejar  claro a las mujeres y los hombres cuál es el centro y el núcleo del Evangelio, es decir "la belleza del amor salvador de Dios manifestado en Jesucristo, muerto y resucitado "(n. 36). Esa tarea de esencialidad, en la era de la complejidad y del desarrollo científico y técnico sin precedentes y en una cultura que ha estado impregnada, en el pasado,  por el cristianismo pero en la cual hoy pueden serpentear  visiones distorsionadas del corazón mismo del Evangelio  hace indispensable  un gran trabajo teológico . Para que la Iglesia pueda continuar a hacer  escuchar el centro del Evangelio a las mujeres y los hombres hoy, para que el Evangelio llegue verdaderamente a las personas en su singularidad  e  impregne a la sociedad en todas sus dimensiones, es indispensable la tarea de la teología, con su esfuerzo por repensar los grandes temas de la fe cristiana dentro de una cultura profundamente cambiada.

Necesitamos una teología para ayudar a todos los cristianos a anunciar y mostrar, sobre todo, el rostro salvador de Dios, el Dios misericordioso, especialmente frente a algunos desafíos sin precedentes que  atañen  hoy a la humanidad: como  los  de la crisis ecológica, del desarrollo de neurociencias o técnicas que pueden cambiar al hombre; como el de las desigualdades sociales cada vez mayores o las migraciones de pueblos enteros; como el relativismo teórico pero también el práctico. Por eso hace falta  una teología que, como forma parte de  la mejor tradición de la Asociación Teológica Italiana, esté  hecha por cristianas y cristianos que no piensan hablar solo entre ellos, sino que saben que están al servicio de las diferentes Iglesias y de la Iglesia; y que también asumen la tarea de repensar  a la Iglesia para que sea conforme  al Evangelio que debe anunciar.

Me alegro de saber que tantas veces y de diferentes maneras, incluso recientemente, ya lo habéis hecho abordando explícitamente el tema del anuncio del Evangelio y de la forma Ecclesiae, de la sinodalidad, de la presencia eclesial en el contexto de laicidad y democracia, del poder de Iglesia. Por tanto, espero que vuestras investigaciones  fertilicen  y enriquezcan a  todo el pueblo de Dios. Y me gustaría añadir algunas reflexiones que me vinieron en mente mientras hablabas. No perdáis la capacidad de maravillaros ; haced teología en la maravilla . La maravilla que Cristo nos trae, el encuentro con Cristo. Es como el aire en el que nuestra reflexión será más fecunda. Y repito otra cosa que dije: el teólogo es quien estudia, piensa, reflexiona, pero lo hace de rodillas. Hacer teología de rodillas, como los grandes Padres. Los grandes Padres que pensaban,  rezaban, adoraban, alababan : la teología fuerte, que es la base de todo el desarrollo teológico cristiano. También repito  una tercera cosa que ya he dicho  pero la voy a repetir porque es importante: hacer teología en la Iglesia, es decir, en el santo pueblo fiel de Dios, que - voy a decir una palabra no teológica - tiene el “olfato” de la fe . Recuerdo una vez, en una confesión, el diálogo que tuve con una anciana portuguesa que se acusaba de pecados que no existían, ¡pero era muy  creyente! Y le hice algunas preguntas y  respondía bien; y al final tuve ganas de decirle: "Pero dígame, señora: ¿estudió  en la Gregoriana?". Era sólo una mujer simple, sencilla, pero tenía el "olfato", tenía el sensus fidei, ese que en la  fe no puede equivocarse. El Vaticano II  retoma esto.

Os bendigo de todo corazón  y, por favor, no os olvidéis de  rezar por mí.